Los distintos proyectos de
acción sindical en la empresa tienen en común el proclamar verbalmente la soberanía de
la asamblea y el sustituirla, de hecho, por comités permanentes controlados por las
centrales sindicales.
Entre el Gobierno y la oposición se han lanzado a una carrera para ver quién nos otorga,
reglamenta y uniforma las elecciones en las empresas.
Lo primero que deberían enterarse es que las elecciones obreras para echar abajo los
restos del vertical hace tiempo que han empezado. Consejos de delegados y comités de
empresa están siendo elegidos por trabajadores de muchas empresas, sobre todo las
grandes, sin más requisitos que la propia voluntad soberana de las asambleas, y sin
esperar a que nadie se lo ordene.
Precisamente contra el movimiento asambleario, y su capacidad para montarle "huelgas
salvajes" (es decir, no domesticadas) a la arrogancia patronal, van dirigidas las
elecciones sindicales.
La misma terminología de "elecciones sindicales" indica que se trata de una
continuación del verticalismo en versión parlamentaria.
¿Se elige al compañero o al sindicato?
Unas "elecciones sindicales" no son para elegir compañeros a
comités revocables, en calidad de delegados temporales con mandatos expresos de la
asamblea y que responden ante nosotros al término de su gestión. No, se trata de elegir
entre "listas sindicales"; y el sindicato que se lleve más votos, ese nos
representará de manera "estable". Negociará en nuestro nombre, y su firma al
pie de un convenio nos obligará. Para eso le votamos. Los comités elegidos serán peones
de brega de la línea que les marquen sus ejecutivas, y detrás de ellas, nos mandarán
los dirigentes de los partidos que merodean para distribu irse el pastel político.
Ya no serán nuestros comités. Serán eslabones en la cadena con que las centrales
sindicales pretenden disciplinarnos.
Pero, ¿quién es el Gobierno, ni nadie, para interferir y decidir cómo elige una
asamblea a sus delegados? No hay libertad sindical mientras el Estado meta las manos en
las relaciones laborales.
Puede haber sorpresas electorales
Las centrales que, envalentonadas por una campaña de afiliación "a
la americana", pretenden decidir, con o sin el Gobierno, la relación entre las
asambleas y los comités de empresa, están preparando el camino para que el movimiento
asambleario sea definitivamente sustituido por las secciones sindicales que, hoy por hoy,
afilian a una minoría obrera.
Los trabajadores protegidos por esa afiliación a las secciones sindicales con más votos,
y especialmente los elegidos en las listas victoriosas, serían entonces mimadas por las
direcciones de las empresas, gozarán de horas libres y privilegios, y acabarían
disociándose de nuestros problemas. De estas elecciones saldrán las futuras burocracias
sindicales.
Sólo la CNT, y un hondo malestar de grupos autónomos, se han opuesto a las elecciones.
Los comentarios interesados de las "grandes" centrales señalaban que los de la
CNT rehusaban las elecciones, no por principio anarcosindicalista, sino para no ser
derrotados por los votos. Sin embargo, encuestas publicadas por "Cambio 16" a lo
largo de 1977 (y que en materia parlamentaria fueron bastante aproximadas), revelan una
popularidad (conocimiento e imagen) de la CNT mayor (48 por ciento), que la de CC.OO. (46
por ciento) y USO (38 por ciento), y solo menor que la de UGT (59 por ciento), véase
Cambio 76 del 14.8.77. Sin entrar en ese tipo de competencias, lo que está claro es que
puede haber sorpresas si las centrales "grandes", en convivencia con el
Gobierno, se empeñan en montajes electoralistas que no hayan sido previamente decididos y
asumidos por los trabajadores.
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