Los
programas de los partidos cada vez se parecen más: todos sostienen la continuidad del
poder. Así se gesto el Pacto. La discusión sobre las parcelas del poder que cada uno se
distribuye causó algunas tensiones en el Pacto. Ahora a los ciudadanos de a pie nos tocan
las consecuencias: seguír sosteniendo el aparato de poderpara que no nos caiga sobre la
cabeza.
Una vez legalizados los partidos democráticos, no perdieron ni un minuto para presentar
las diferentes alternativas. El mercado politiquero, llenó sus escaparates de mercancías
consumibles a precios de saldo, tratando de dar una imagen electoralista. Todos tenían su
receta mágica para solucionar la crisis económica caracterizada por:
- Una inflación cercana al 30 por ciento, inflación claramente desestabilizadora del
orden social, cuyo efecto más inmediato es el de poner en cuestión las decisiones que
toman los que detentan el poder; es natural que traten de limitarla a niveles más bajos,
para que pueda ser utilizada como instrumento de integración social.
- Un déficit de Balanza de Pagos, producido por la fuerte dependencia a que se encuentra
sometido nuestro país, que no sólo es comercial y financiera sino tecnológica Y de
imitación de ciertos «hábitos» en el consumo que introducen una diversificación
artificial de las mercancías y aumentan la alienación.
- Un paro cada vez mayor debido a lo que se ha venido en llamar «desarrollo>,, basado
en sectores de rendimiento a corto plazo, intensivos en capital, llevando a que se
configure una estructura productiva que cada vez necesite menos trabajadores. Es necesario
hacer notar como cada vez aumenta más el desempleo, necesitándose, por lo tanto, que el
Estado habilite fuertes sumas de dinero para que los desempleados no cuestionen el «orden
establecido».
- Una agricultura en crisis que, hoy por hoy, mantiene una estructura productiva incapaz
de adaptarse a la actual demanda de productos agrícolas y ganaderos. Creemos que su
atraso y abandono será cada vez mayor debido a que no existe una alternativa
agrícola-ganadera que venga del propio campo.
en el pacto
Con «pacto» o sin «pacto» LA DOMINACION y
explotación de hombres y mujeres van a continuar. Tratarán, eso sí, de racionalizar y
utilizar los conflictos en su provecho e, incluso, nos dejarán protestar. Pero al final
se hará lo que quieran ellos.
La verdad es que estamos cansados de que siempre nos hablen de sacrificios para superar la
crisis del sistema. Los trabajadores hemos estado en crisis siempre y todavía no hemos
visto ningún plan para solucionar nuestros problemas.
Siempre estamos pasando «crisis», siempre hemos visto que el capitalismo ha tenido y
tendrá problemas de acumulación de capital. Es por eso que hablar ahora de crisis
económica, cuando de lo que se trata es de fortalecer el capitalismo en España, nos
parece un engaño. Pero si encima esto viene avalado por partidos y sindicatos de
izquierda, es una traición a la clase que dicen defender.
después del pacto
No estamos sorprendidos de que el Gobierno quiera
aplicar el «pacto» con carácter retroactivo, lo que llevaría la anulación de todos
los convenios que tengan ya acordados incrementos salariales superiores al 22 por ciento
pactado. Esta medida agudiza mucho más la explotación de los asalariados y beneficia
enormemente el proceso de acumulación de capital.
Al aplicarse con carácter retroactivo, trabajadores y empresarios estarán obligados a
negociar de nuevo los convenios colectivos que establecen la cláusula de revisión anual
con el índice del coste de la vida y dos puntos más, y que afectan a más de dos
millones de trabajadores. Es curioso que se decrete la retroactividad del lado de los
salarios y, sin embargo, no se diga nada de los precios.
los millones del pacto
Con la famosa «retroactividad» del pacto, se quiera decir simplemente que los
trabajadores no podremos recuperar en 1978 ese 30 por ciento que oficialmente ha subido el
coste de la vida en 1977 (y que en realidad es mucho más). Nos tendremos que conformar
con el 22 por ciento que nos dejan los partidos.
La diferencia entre los dos porcentajes significa que la participación salarial en la
renta nacional va a reducirse del 60 por ciento, que era actualmente, al 56 por ciento.
Esa reducción equivale a traspasar QUINIENTOS MIL MILLONES DE PESETAS de la capacidad
adquisitiva de los trabajadores a las arcas del Capitalismo (estatal o privado). Con ese
«regalo», a lo mejor se animan a invertir. Esperemos que, al menos, no lo inviertan en
Suiza.
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