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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 2 Diciembre 1977

Datos que no conviene olvidar

Los programas de los partidos cada vez se parecen más: todos sostienen la continuidad del poder. Así se gesto el Pacto. La discusión sobre las parcelas del poder que cada uno se distribuye causó algunas tensiones en el Pacto. Ahora a los ciudadanos de a pie nos tocan las consecuencias: seguír sosteniendo el aparato de poderpara que no nos caiga sobre la cabeza.

Una vez legalizados los partidos democráticos, no perdieron ni un minuto para presentar las diferentes alternativas. El mercado politiquero, llenó sus escaparates de mercancías consumibles a precios de saldo, tratando de dar una imagen electoralista. Todos tenían su receta mágica para solucionar la crisis económica caracterizada por:

- Una inflación cercana al 30 por ciento, inflación claramente desestabilizadora del orden social, cuyo efecto más inmediato es el de poner en cuestión las decisiones que toman los que detentan el poder; es natural que traten de limitarla a niveles más bajos, para que pueda ser utilizada como instrumento de integración social.

- Un déficit de Balanza de Pagos, producido por la fuerte dependencia a que se encuentra sometido nuestro país, que no sólo es comercial y financiera sino tecnológica Y de imitación de ciertos «hábitos» en el consumo que introducen una diversificación artificial de las mercancías y aumentan la alienación.

- Un paro cada vez mayor debido a lo que se ha venido en llamar «desarrollo>,, basado en sectores de rendimiento a corto plazo, intensivos en capital, llevando a que se configure una estructura productiva que cada vez necesite menos trabajadores. Es necesario hacer notar como cada vez aumenta más el desempleo, necesitándose, por lo tanto, que el Estado habilite fuertes sumas de dinero para que los desempleados no cuestionen el «orden establecido».

- Una agricultura en crisis que, hoy por hoy, mantiene una estructura productiva incapaz de adaptarse a la actual demanda de productos agrícolas y ganaderos. Creemos que su atraso y abandono será cada vez mayor debido a que no existe una alternativa agrícola-ganadera que venga del propio campo.

en el pacto

Con «pacto» o sin «pacto» LA DOMINACION y explotación de hombres y mujeres van a continuar. Tratarán, eso sí, de racionalizar y utilizar los conflictos en su provecho e, incluso, nos dejarán protestar. Pero al final se hará lo que quieran ellos.

La verdad es que estamos cansados de que siempre nos hablen de sacrificios para superar la crisis del sistema. Los trabajadores hemos estado en crisis siempre y todavía no hemos visto ningún plan para solucionar nuestros problemas.

Siempre estamos pasando «crisis», siempre hemos visto que el capitalismo ha tenido y tendrá problemas de acumulación de capital. Es por eso que hablar ahora de crisis económica, cuando de lo que se trata es de fortalecer el capitalismo en España, nos parece un engaño. Pero si encima esto viene avalado por partidos y sindicatos de izquierda, es una traición a la clase que dicen defender.

después del pacto

No estamos sorprendidos de que el Gobierno quiera aplicar el «pacto» con carácter retroactivo, lo que llevaría la anulación de todos los convenios que tengan ya acordados incrementos salariales superiores al 22 por ciento pactado. Esta medida agudiza mucho más la explotación de los asalariados y beneficia enormemente el proceso de acumulación de capital.

Al aplicarse con carácter retroactivo, trabajadores y empresarios estarán obligados a negociar de nuevo los convenios colectivos que establecen la cláusula de revisión anual con el índice del coste de la vida y dos puntos más, y que afectan a más de dos millones de trabajadores. Es curioso que se decrete la retroactividad del lado de los salarios y, sin embargo, no se diga nada de los precios.


los millones del pacto


Con la famosa «retroactividad» del pacto, se quiera decir simplemente que los trabajadores no podremos recuperar en 1978 ese 30 por ciento que oficialmente ha subido el coste de la vida en 1977 (y que en realidad es mucho más). Nos tendremos que conformar con el 22 por ciento que nos dejan los partidos.

La diferencia entre los dos porcentajes significa que la participación salarial en la renta nacional va a reducirse del 60 por ciento, que era actualmente, al 56 por ciento. Esa reducción equivale a traspasar QUINIENTOS MIL MILLONES DE PESETAS de la capacidad adquisitiva de los trabajadores a las arcas del Capitalismo (estatal o privado). Con ese «regalo», a lo mejor se animan a invertir. Esperemos que, al menos, no lo inviertan en Suiza.

 

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