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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 2 Diciembre 1977

Estos mundos

06.jpg (19284 bytes)Ya no queda rincón en el planeta sobre cuyos animales, plantas, máquinas, hombres y paisajes no ejerza su dominio algún Estado. Donde una frontera se acaba, empieza otra, sin el menor resquicio entre ellas.

Aquellos territorios indefinidos -tierras de nadie- que se extendían más allá de los límites de un Imperio o del ámbito de «protección» de un señor, han venido a ser todos propiedad privada de este o aquel Estado. Y así, esa forma particular de organización, que nació en un momento concreto de la historia y a la que muchos no concedían el menor futuro, fue arrancando a otras organizaciones tan particulares como ella misma (tribus, iglesias, señoríos, comunidades .... ) el dominio sobre toda la superficie del globo. El Estado ha llegado a ser Señor absoluto, y a muchos hasta les parece «natural». Pero también muchos -más de los que consiguen saltar a los medios de comunicación (?) cuando su presencia ya no puede ser por más tiempo silenciada-, desperdigados por todos los rincones del planeta, no creen en tan artificiosas «naturalezas». De ellos son estas páginas.

«Estos mundos» quiere gritar a los cuatro vientos -a ellos, precisamente, que no conocen fronteras- que un día se abolirán todas, que ya las estamos aboliendo. No, por cierto, en favor de Estados más amplios sino hacia la supresión de cualquier forma de gobierno; no, por cierto, en favor de un orden mundial más justo (que bastante ajustado nos queda ya éste) sino más bien holgado.

«La existencia -proclama Ricardo Mella- de una sola agrupación de hombres fuera del sufragio y del sistema gubernamental, prueba la posibilidad de que la sociedad entera viva sin gobernantes y sin votaciones». Dar fe de esa existencia y afianzar, por tanto, esa posibilidad, es nuestro propósito.

En el vigente -sí- «internacionalismo de las clases laboriosas»; en el no menos prometedor desclasamiento de tantos como prefieren renegar desde ya del universo del salario y del comercio, para reconstruir el suyo propio en granjas, amores o poemas; en la multitud de acciones que desbordan los arbitrarios marcos interestatales; en la proliferación de mundos diversos que, existiendo junto al Mundo, hacen manifiesta su mentira de pretenderse único; en cualquier iniciativa anárquica que contribuya al des-concierto de las Naciones; y al concierto de las gentes; en el cómo -y esto es importante- hablan de ello los propios protagonistas, a través de su prensa o sus voces directas; en todo esto encuentran su razón de ser estas páginas.

Su internacionalismo no es, pues, gigantista ni totalitario; la solidaridad transnacional a que quieren prestar voz no apunta a ningún propósito descomunal. Por el contrario, en lo comunal encuentra sus raíces; se sustenta en lo nacional, si por tal entendemos el lugar donde se nace o renace y no el espacio donde a uno lo gobiernan.

Cada modo de vida concreto y singular, que en su disparidad se sostiene a sí mismo y no sucumbe a la uniformización burocrática o mercantil, es el universo todo. La infinita diversidad de las diferencias locales, la gozosa presencia de todos «estos mundos» sin más ley común que la de sólo meterse a las prácticas que cada uno acuerda, la apasionada atracción que entre todos ellos fluye, es la que niega toda frontera, la que dice de su internacionalismo, promesa viva de un planeta sin clases ni gobiernos.

Así, estas páginas no quieren tanto analizar como mostrar, pedir a cada uno su palabra -ojalá no fuera necesario ni siquiera traducirla- y reflejarla, como en un espejo de mil caras, hacia cada universo más o menos anárquico. Sabemos que no es esto lo que por ahora nos sale: sobran vicios, no es que falten ganas. Es cosa de todos el que, si de algo vale, «estos mundos» sean cada vez más y estén más próximos. Que desde aquí lo consigamos o no, depende sólo del apoyo de todos y de nuestra virtud para ello, no de los merecimientos del empeño.

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