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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 2 Diciembre 1977

Nuestro horror de cada día

15.jpg (10240 bytes)La carta de un torturado. Otra más. Esto ya empieza a resultar monótono. Y ahí está la auténtica tragedia: la tortura ha llegado a aburrirnos. Justo ahí empezamos a ser cómplices, a convertirnos también cada uno en torturadores: es bien sabido que la eficacia de estos métodos es mucho mayor cuando el que los sufre sabe que la indiferencia de la población, como ocurre en la URSS o Alemania.

Sólo la incesante solidaridad por encima de las fronteras puede frenar la bárbara orgía rutinaria de los Estados modernos. El caso de Alejandro Coronel Montoya son todos los casos.


Yo, el abajo firmante, Alejandro Coronel Montoya, de nacionalidad boliviana, pasaporte n.º 1247454, certifico haber sido arrestado el 18 de julio de 1976 en Cochabamba y mantenido en prisión hasta el 14 de septiembre de 1977, fecha en la que fui expulsado de mi país en calidad de turista.

» El 18 de julio de 1976 a las 7,30 fui obligado a dejar mi trabajo por los agentes del DOP de Cochabamba. Me condujeron a «los despachos» del DOP para los primeros interrogatorios. Cuando llegué fui obligado a quitarme la ropa y el jefe de la DOP, M. Linares, empezó a golpearme con un bastón de un metro de largo y unos cuatro centímetros de ancho.

» Después fui conducido a mi casa. Durante el trayecto, nuevos agentes me golpearon en la cara, y como consecuencia perdí dos dientes. Mi casa fue totalmente revisada, los muebles y otros objetos quedaron totalmente destruidos. Como es habitual en estos casos, los policías robaron algunas de mis pertenencias, mis libros de ingeniería y mi reloj entre otras. El registro se hizo delante de mis padres, que no recibieron ninguna explicación, y fueron amenazados por los policías cuando intentaron protestar contra esta violación. Todo esto duró aproximadamente una hora.

» Después fui conducido de nuevo al DOP, donde fui interrogado; esta vez ~<Coquito,>, conocido por su sadismo y por haber asesinado a varios prisioneros políticos, tomó parte en el interrogatorio. De nuevo fui golpeado con un bastón por todo el cuerpo, especialmente en las piernas. Después «Coquito», cuyo verdadero nombre es Víctor Balbián, me agarraba por los pectorales y retorcía la piel, lo que me provocó intensos dolores. Aún con más fuerza me golpeó después en los oídos, estaba casi inconsciente. Siguieron golpeándome en la cabeza, sobre todo en la nuca con codos y puños. M. Linares me tiró un líquido que me produjo quemaduras en la cara y el cuello.

» Después de esta sesión de interrogatorio, fui conducido a una celda sucia, húmeda y oscura, sin colchón ni mantas. Habían pasado ocho horas desde mi arresto.

» Al día siguiente me llevaron a las 6 de la mañana a La Paz, directamente al ministerio del Interior, al despacho del Jefe de Inteligencia Militar, M. Carlos Mena. Allí me interrogaron y me amenazaron con llevarme a la Parrilla (cama mecánica en la que se acuesta al prisionero y se le aplican descargas eléctricas).

» Durante este interrogatorio, volví a ser golpeado en todo el cuerpo. Seguía estando semi -inconsciente. M. Carlos Mena participó activamente en el interrogatorio, que duró casi una hora. Cuando acabaron de interrogarme me llevaron a los sótanos del ministerio, a una celda que apenas tenía ventilación. Estuve en esta celda siete días, durante los cuales tuve que sufrir otros interrogatorios. Me trasladaron después al DOP de La Paz donde, a pesar de mi precario estado de salud, no fui atendido por ningún médico.

» Conmigo había unas 35 personas, casi todos detenidos a consecuencia de la huelga de las minas. Estábamos todos en una celda común, sin ventana ni condiciones higiénicas, con el WC en la misma celda y sin agua. Allí encontré a Julio Mercado, que estaba destruido moralmente; todo su cuerpo estaba lleno de hematomas y llagas además de tener varias costillas rotas. Hacía mes y medio que había sido encarcelado y aún no había recibido ninguna asistencia médica. Fui trasladado al penal Panóptico Nacional donde conocí todo tipo de torturas, y después al campo de concentración de Chonchorro. No había luz ni médico, la comida era insuficiente y el trato de los policías era de constantes insultos y amenazas.

» El 1 de Junio 1977 me trasladaron a Achocalla y el día 9 otra vez al DOP, donde me fui impuesto el exilio como condición a mi liberación.

» Durante los 17 meses que duró mi detención, no me han juzgado ni se me ha imputado ningún cargo.

» Mi propia experiencia y lo que he podido observar en estos 17 meses de detención me llevan a pensar que es necesario que dé testimonio de ello. Con objeto de que vosotros, consecuentes defensores de la libertad y los derechos humanos, hagáis todo lo posible para que cesen todos estos atentados a los derechos más elementales, que son moneda corriente en mi país desde 1971.

» Mi caso no es único ni puede ser aislado. Miles de bolivianos han sufrido y sufren actualmente violaciones de su integridad física y de sus derechos.

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