Extremadura, una de las regiones más deprimidas del país, con una
renta «per cápita» situada en los últimos puestos de la pobreza nacional, agobiada por
caciques y planes fascistas de desarrollo que han potenciado, aún más si cabe, el
subdesarrollo endémico de la región, cuenta con unos recursos naturales desaprovechados
y en manos de una oligarquía agrícola que maneja unos intereses de clase ajenos a una
realidad socio-económica depreciada, se ha visto incluida en el Plan Energético Nacional
que prevé la instalación de dos centrales nucleares, situadas en zonas esencialmente
agrícolas.
La central nuclear de Almaraz, promovida por Hidroeléctrica Española, Unión Eléctrica
y Sevillana de Electricidad, se encuentra en avanzadísimo estado de construcción. Dotada
con dos reactores de agua a presión, de 930 megawatios de potencia, será refrigerada con
agua procedente del arroyo Arrocampo, a partir de un embalse construido sobre el mismo.
Actualmente se haya pendiente de la autorización oficial de puesta en marcha, a fin de
entrar en funcionamiento en fecha aún no fijada, pero que se adivina próxima.
Valdecaballeros, por el contrario, es todavía un proyecto al que la Administración ha
concedido tan sólo la autorización previa. Esta central fue inicialmente promovida por
Sevillana, Hidroeléctrica Española y Unión Eléctrica, cuando comprobaron que sus
proyectos correspondientes a Almonte, Aguilas y Sestago continuaban siendo rechazados, de
tal forma que el reactor de 1.000 megawatios destinado a Aguilas, con otro de idénticas
características, se pretende instalar en Valdecaballeros. La toma de agua se efectuará
de un futuro embalse a construir sobre el río Guadalupejo, afluente del Guadiana. La
puesta en marcha de esta central se prevé para 1981-82.
Peligros reales
«Ante el encarecimiento del precio del petróleo se
hace imprescindible recurrir a otra energía que se supone más barata, la nuclear. Las
centrales son limpias, no contaminan, son seguras y disminuyen nuestra dependencia
energética exterior.» Palabras como éstas han sido repetidas hasta la saciedad por los
medios de comunicación oficiales y por la prensa sujeta a la dependencia de intereses
económicos concretos. Desde hace dos años, la oposición popular a las centrales
nucleares ha ido en aumento. Hoy, contando con la amplia información técnica que existe,
está claro que las centrales nucleares constituyen verdaderas amenazas allí donde se
instalan.
Una central nuclear es una central térmica que, a diferencia de las clásicas, usa como
combustible una sustancia radiactiva, el uranio 235.
Funcionando normalmente, una central emite cierta cantidad de radiactividad al exterior,
que se ve incrementada por los numerosos escapes que se roducen con frecuencia de forma
incontrolable. Esta radioactividad, a ravés del agua o del aire, puede deositarse en los
productos agrícolas y en el ganado en altas concentraciones, aciéndolos inservibles
desde el punto de vista económico. Los elementos radioactivos, a través de las cadenas
alimentarias, llegan a depositarse en el ombre originando enfermedades cane(rígenas en
distintos tejidos y órganos, alteraciones en las células reproductoras que son
transmisibles a generaciones futuras, etc.
Un accidente grave siempre es posible que ocurra en el reactor, bien por negligencia
humana, por fallo técnico o por alguna catástrofe natural. Un fallo en el sistema de
refrigeración del reactor produciría la rotura de la vasija del mismo, expulsándose al
exterior enormes dosis de radioactividad. Los efectos en el ambiente externo serían
similares a los causados por una bomba atómica, excluyendo las consecuencias térmicas y
expansivas. En cualquier caso, las nubes radioactivas dejarían detrás un reguero de
muerte y desolación. La tierra quedaría contaminada por centenares de años y la
población debería ser evacuada de su residencia para siempre.
Alteraciones del equilibrio ecológico
Frente a quienes suponen que la probabilidad de un
accidente grave es muy pequeña, hay que recordar que en el mundo ya se han dado muchos de
cierta importancia. Por ejemplo, el de Winscale (Inglaterra) en 1957, a resultas del cual
se prohibió el consumo de leche en una zona de 500 Km. cuadrados, el de Indian Point
(USA) en 1963, con gran contaminación de productos agrícolas de regadío, el de la Junta
de Energía Nuclear española en 1970, con amplia contaminación de la huerta de Aranjuez,
etc.
Existe, además, otro tipo de contaminación habitualmente producida por las centrales
nucleares en funcionamiento. Se trata de la contaminación térmica de las aguas
utilizadas en la refrigeración del reactor (50 metros cúbicos por segundo), que produce
importantes alteraciones en el equilibrio ecológico de dichas aguas.
Para evitar el calentamiento de dichas aguas y amortiguar el impacto ecológico, se suelen
poner torres de refrigeración. Dos torres de refrigeración son motivo suficiente para
alterar el clima local y no en sentido positivo, sino negativo. En el caso concreto de
Valdecaballeros, se darían variaciones de tipo tormentoso y de formación de nieblas
persistentes, sobre todo teniendo en cuenta la gran masa de agua del pantano García de
Sola, así como los cercanos de Cijara, Zújar y Orellana.
Los extremeños quieren la palabra
Olvidada durante años, presa de
cualquier cacique sin escrúpulos, sobre Extremadura se ha cebado el paro y la emigración
hasta extremos intolerables.
Frente a una situación de total sumisión a los intereses de la oligarquía, el pueblo
extremeño reclama hoy una industrialización racional acorde con los recursos naturales
de la región, la participación de todos para sentar las bases de un futuro desarrollo y
la distribución de las grandes fincas en manos de unas cuantas familias. Las centrales
nucleares pueden arruinar el desarrollo agrícola y no constituyen una solución al
problema del paro. Una central nuclear genera empleo sin cualificar durante su
construcción, pero al entrar en funcionamiento bastan 200 técnicos de alta
cualificación para mantenerla en marcha. Las centrales nucleares vendrían a multiplicar
a la larga el problema del paro.
Los muchos miles de millones que están invirtiendo en algo tan anti-social como son las
nucleares bien podrían dedicarse a otros fines, que redundasen en beneficio de toda la
población.
Fuente: «Nuclearizar España» de Pedro Costa Morata
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