Interviú: un millón de voyeurs
En los últimos años del franquismo, la
prensa es descubierta por un sector de la llamada burguesía pactista. Ante una situación
de crisis económica, ésta ve la posibilidad de utilizar parte del excedente generado por
su inserción en otras ramas de la industria, en abrir nuevos negocios como la prensa que,
en principio, pueden conllevar un cierto riesgo pero, sin embargo, ofrecen un futuro
prometedor, dada la virginidad del mercado.
Tras la muerte del dictador, con el consiguiente desplazamiento de la hegemonía en el
seno del poder y la apertura por las distintas clases que lo comparten de canales más
flexibles de expresión política, los mecanismos censores se agilizan y esto permite el
va citado sector de la burguesía apretar el acelerador del beneficio en este «virginal»
mercado.
En este caldo de cultivo florecen dos señalizaciones ideológicos que se nos aparecen
como determinantes de la apertura exitosa de una nueva región en el mercado de la prensa,
a saber:
La larga lucha contra la dictadura franquista, de un lado, y la salida dada a ésta por la
fracción de la burguesía que ha hegemonizado el poder de otro, han impregnado la
sociedad civil de una vaga conciencia progresista.
La gran pantalla en blanco que era el páramo franquista ha abocado a un fetichismo de la
información. El «nos lo han ocultado todo» es la gran losa sentida opresivamente que
espera al Supermán de turno para que, en vuelo rasante, pluma en ristre y asistido por la
magia de Mandrake, la convierta en polvo. El españolito asiste, atónito, a la invasión
burbujeante de las «cincuenta mil mujeres completamente desnudas» con las que soñara
Tip, y comprueba que el escándalo puede traspasar la frontera del consabido socabón en
la calle Zurbano.
En esta probeta del laboratorio de Frankestein se da vista a un nuevo especimen: la
«revista de tetas y política» cuyo paradigma es Interviu. Cuatro son los eslabones que
encadenan el especimen, defininiéndolo:
El sector de la burguesía que invierte en este tipo de revistas se ve atrapado en la
contradicción economía-ideología, desplazándose ésta del lado de la economía. Este
sector, en tanto que perteneciente a la burguesía, tiene unos intereses ideológicos y
económicos claros: del lado de la ideología, el mantenimiento del sistema de clasesno se
olvide que la ideología dominante, a de la clase dominante, cimenta el cuerpo social-;
del lado de la economía, la maximización del beneficio. Este sector cede, aunque sólo
aparentemente como veremos más adelante, en el terreno ideológico (la burguesía corno
clase rechaza, por ejemplo, el desvelamiento de su sistema carcelario, caso de Interviu en
su tratamiento de las luchas de la COPEL) para maximizar su beneficio.
La visión de la mujer como ser inalcanzable. Las mujeres son estatuas de papel que
jalonan el jardín de nuestra insatisfecha vida. El ojo sustituye al pene: la desnudez se
ofrece a un receptor pasivo, el ojo es el que penetra, consolidándose así el
«voyeurismo sexual».
El escandalismo como fin, no como síntoma de la «enfermedad» de todo un sistema social.
Se reafirma que vivimos en el mejor de los mundos posibles, ya que la denuncia se realiza
aceptando los códigos de tratamiento de la noticia que la burguesía impone. Se buscan
los malos de la película sin desvelar los mecanismos de producción y desarrollo del
hecho que se noticia, al mes nunca se sitúa estructuralmente. Brilla por su ausencia una
definición política (cómo se inscribe en la lucha de clases) de lo noticiado. El mundo
aparece como una cadena de irregularidades, de casos aislados, no como un todo a
transformar; favoreciendo, por tanto, la pasividad contemplativa del lector: el
«voyeurismo político».
Se mantiene el «figurismo» cultural. Las plumas más incisivas del país se incorporan
al staff de estas revistas (M. Vázquez Montalbán en Primera Plana, F. Umbral en
Interviu, ete ... ), la cultura es fruto del genio personal del artista- demiurgo-creador.
El lector se sumerge en el «saber» del otro y, vía lo cultural, se unifican las clases,
oscureciéndose la necesidad para las clases desposeídas de construir un proyecto
cultural alternativo. Se borran los atributos de clase del lector, incitándole al
«Voyeurismo cultural».
Un eje común, por tanto, vértebra el discurso ideológico de este tipo de publicaciones:
el voyeurismo en sus aspectos sexual, político y cultural. El lector que instala su ojo
en las páginas de estas revistas queda atrapado en ellas, hipoteca su ojo, lo encarcela.
El ojo encarcelado no lee (lectura como práctica decodificadora de la significación),
ojea. El ojo teje, entre sorprendido (antes no se hablaba de esto), gratificado (¡Coño.
este Umbral ... !) y satisfecho (¡Vaya hembras!), su particular tela de araña, su
cárcel.
Cada ciudadano construye una celda ideológica con los materiales que la clase detentadora
del poder le vende.
Se ha conseguido el ideal soñado por la más férrea de las dictaduras: hacer de cada
ciudadano su propio carcelero. Esas aparentes rupturas de las que hablábamos más arriba
no son sino el pan y el agua que a ningún preso se niegan.
Ya hicimos referencia a esos supermanes de la pluma, siempre en posesión de la historia
que nadie sabe, de ese último eslabón de la cadena desmantelada de la corrupción
franquista. Agentes que, acogiéndose a esas supuestas rupturas ideológicas -clavo
ardiendo de los condenados- dicen correr el velo de lo no dicho. Para nosotros no son más
que agentes casposos, satisfechos vehiculadores de discursos garbanceros, prisioneros
complacidos del «profesionalismo consciente».
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