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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
| Año 1 Núm. 3 Enero 1978 |
A pactar y olvidar: la clase obrera una vez más traicionada |
El electoralismo ha conseguido ya, no sólo
dividir a los trabajadores en general, sino también a los propios anarcosindicalistas,
muchos de los cuales reniegan de su tradicional confianza en las asambleas obreras ante el
miedo de que sean manipuladas. El debate sobre la relación entre asambleas y sindicatos
es vital para el futuro de la autonomía obrera en nuestro país más allá de la actual
fiebre electoralista. El pacto contra el sindicalismo Si los salarios vienen ya congelados por el Pacto, si
los «pactantes» amenazan a los trabajadores con despidos masivos y a la patronal con
restricciones crediticias caso de superarse los topes salariales preestablecidos, ¿para
qué hace falta un sindicalismo auténtico, autoorganizado como instrumento de defensa de
clase y de solidaridad desde las asambleas de trabajadores hasta las federaciones de
industria? Más bien al contrario, ese sindicalismo revolucionario es el enemigo a
destruir, porque si su resurgir incipiente se confirmara, los Pactos interclasistas de la
Moncloa serían inaplicables, y el movimiento hacia la emancipación social irrefrenable:
el Pacto (le salvación del capitalismo exige y prestipone la implantación de un
sindicalismo reformista y controlado por burócratas a sueldo, eficaz correa de
transmisión de los partidos políticos, comprometidos con el pactismo, y capaz de
perseguir a los sindicalistas revolucionarios (con el firme apoyo de la policía, la
prensa «liberal» y demás instituciones represivas) hasta arrinconarles como
«terroristas», «salvajes», «irresponsables», «irrecuperables para la legalidad»... Divisiones en la oposición obrera Pero a la hora de presentar alternativas eficaces a
las grandes maniobras electoralistas, han aparecido fieros debates y fisuras dentro y
fuera de la CNT, en el seno del movimiento obrero que se apresta a la abstención
electoral. Consejos o sindicatos Por un lado, tenemos los que oponen el asambleísmo de base a ultranza a toda forma de organización permanente de tipo sindical, y que incluso desde dentro de la CNT llaman a autodisolver el papel de todos los grupos organizados como meros «animadores» del espontaneísmo de las asambleas soberanas, que crearían desde abajo unos consejos unitarios, tan opuestos al sindicalismo en general como al electoralismo en particular. Esta posición, generalmente denominada «consejismo», tiene serios inconvenientes: 1.º Es manipulable por los partidos (y de hecho, los marxistas-leninistas del FRAP ya utilizan demagógicamente su Asociación Obrera Asamblearia como correa de transmisión anti-sindical -así ocurrió en la última huelga de la construcción de Madridque aspiran a articular burocráticamente y capitalizar un movimiento asambleario carente de la visión global que sólo un auténtico sindicalismo puede dar. 2.º Refuerza el corporativismo heredado de 40 años de dictadura, fomentando un «patriotismo de empresa» o de rama, frente a la perspectiva federalista Y solidaria de la clase, que es propia del sindicalismo revolucionario. 3.º Es poco práctica para desmarcarse del electoralismo, puesto que allí donde la asamblea decida mayoritariamente aceptar las elecciones pactictas. las minorías partidarias de la democracia directa (como la CNT y otros grupos autónomos) quedarían inermes ante tal «decisión soberana» y supuestamente tendrían que someterse y participar en las elecciones: tales aberraciones están creando sin embargo, verdaderas escisiones en la CNT del País Valencià, especialmente en los sindicatos metalúrgicos (Ford de Almusafes) y de construcción naval. Por otro lado, en sectores mayoritarios de la
«ortodoxia orgánica» de CNT (en este caso los «sindicalistas puros» parecen haberse
llevado al huerto al anarquismo vertebrado en torno a la FAI) se da la postura contraria,
con atención exclusiva a la sección sindical de tajo o empresa, al paso que se expresan
grandes reservas, cuando no condenas tajantes, al asambleísmo. Se oye decir: «la CNT es
asamblearia en su seno porque es ya el movimiento obrero organizado, la CNT es la
auténtica autoorganización de la clase», y por tanto «no necesita disolverse en
asamblea obrera alguna exterior a sus propias filas», <~son las secciones sindicales
de CNT quienes deben negociar los convenios y resolver los conflictos», es preciso que
quien quiera defenderse se afilie: «la alternativa a las elecciones es afiliarse a CNT»,
repiten sin ambages los portavoces de esta interpretación, que desde su peso en diversos
comités tratan (como ocurrió en la plenaria del Comité Nacional a fines de noviembre)
de reformular unilateralmente y «por arriba» los acuerdos del Pleno Nacional de
Regionales de septiembre, para anatematizar solemnemente a los «consejistas»,
«asambleístas», «espontaneístas» y demás ralea «neo-marxista infiltrada». Los
peligros de sectarismo y aislamiento inherentes a esta posición neo-sindicalistas,
curiosamente afín a la de UGT en su furor contra las asambleas, aunque en el caso
cenetista sea anti-electoral y bendecida con el prestigio de la FAI, son evidentes, pues
excluirían del proceso afiliatorio a los jovenes grupos autónomos que últimamente
afluían a nutrir la nueva CNT, y serían por tanto contraproducentes respecto a los
objetivos buscados de potenciación cenetista. Anarcosindicalismo, hoy Con todos sus defectos, creemos que las ponencias
aprobadas en el último Pleno Nacional de Regionales de la CNT ofrecen una perspectiva
más plural y equilibrada que estas dos posiciones hoy enfrentadas: esas ponencias
reflejaban un amplio debate en los sindicatos y en la clase trabajadora, dando a la
asamblea lo que es de la asamblea (la decisión soberana) y al sindicato lo que es del
sindicato (la capacidad de propuestas generales, y no sólo sectoriales): es absurdo
ignorar la realidad que reflejan esas ponencias, y que es sencillamente que la CNT no
está fuera, sino dentro del movimiento asambleario, creciendo con éste, apoyando siempre
la democracia obrera. Creemos que tal es ni más ni menos la posición anarcosindicalista
de siempre, en las condiciones del nuevo movimiento obrero en la España de 1978. En esta
perspectiva, las auténticas asambleas y secciones sindicales no son elementos
contradictorios, sino convergentes en la fragua de una alternativa obrera al
electoralismo. En primer lugar, frente a las elecciones del Pacto, asambleas obreras
soberanas, que son la garantía contra todo burocratismo; en segundo lugar, frente al
sindicalismo partidista, autoorganización obrera, eligiendo comités unitarios de
fábrica y coordinadoras de sector para problemas concretos, revocables y responsables
ante cada asamblea, al margen de toda disposición oficial. Se trata así, no sólo de
rechazar la imposición política electoral, sino de dar alternativas organizativas
inmediatas. En tercer lugar, y para superar la estrechez sectorial de estas asambleas,
comités y coordinadoras, vía libre a la potenciación del sindicalismo revolucionario,
que forja la perspectiva emancipadora de toda la clase. |