El
País Valencià es la única Confederación Regional que, desde el Pleno Nacional de
septiembre, ha duplicado sus efectivos, superando actualmente los 30.000 afiliados. El
proceso organizativo avanza en el campo y se consolida en metalurgia, textil,
construcción, y más lentamente en industrias químicas y gráficas. Es comprensible la
prioridad que esta Regional da a la potenciación de la sección sindical, a la vista de
los resultados logrados en los dos convenios ya firmados por la CNT como principal
representación obrera del sector, el de almacenes y manipulación de agrios, y el de
recogida de la naranja. Este último, con una jornada de 5 horas y prohibición de
destajos y horas extras mientras exista paro, es de los mejores de Europa en el sector
agrario.
La constitución de la Federación de Camperols de la CNT valenciana, aguerrida en el
«conflicte de la taronja», aunque no revistiera la espectacularidad de las huelgas en el
sector transporte de Barcelona, de los portuarios a las gasolineras, ha sido un paso
quizá más importante en la reorganización de un auténtico sindicalismo en la clase
trabajadora de nuestro país, obstáculo insalvable para las burocracias políticas y los
explotadores insaciables.
Paralelamente a este conjunto de procesos esperanzadores, no cabe ignorar que la
polétnica en torno al papel respectivo de las asambleas y las secciones sindicales de
empresa se ha tornado agria en varios sectores de la CNT valenciana, traduciéndose en
medidas disciplinarias.
Giro táctico
Como subraya el Pleno regional de sindicatos del
Metal, «ofrecer a todos los trabajadores un instrumento de lucha para su defensa, es
decir, un auténtico sindicato», es el objetivo principal que hoy asume esta Regional. Se
contrapone así la potenciación de secciones anarcosindicalistas en las empresas, con
capacidad negociadora reconocida por la patronal, al reconocimiento general que de la
soberanía asamblearia y de la necesidad de defender a todos los trabajadores, sindicados
o no, viene haciendo la Confederación en toda España, y en el propio País Valencià, en
las huelgas de la Ford, construcción y calzado.
La principal razón de este viraje táctico respecto a los acuerdos del Pleno Nacional de
septiembre es el peligro de que las asambleas sean manipuladas por las centrales pactistas
para formar un «patriotismo de empresa» que lleve a participar en las elecciones
sindicales, «si lo decide la asamblea», y a que los comités de empresa así elegidos se
transformen en «sindicatos unitarios de empresa», base de una nueva maniobra unicitaria,
y dóciles a fórmulas de congestión para salvar la crisis a costa de los trabajadores
según lo previsto en el Pacto de la Moncloa.
El último número de Fragua Social, órgano de la CNT del País Valencià abunda en
análisis de este tipo: «ni los intentos de transformación de los comités de empresa se
presentan viables, ni debe ser ésta una tarea que pueda llevarse desde el seno de los
mismos; es necesario mantener el carácter independiente de nuestros sindicatos y combatir
hasta el final estos nuevos urados de empresa que tratan de perdurar el verticalismo en
todas aquellas factorías en que les sea posible».
Las expulsiones
Este nuevo énfasis táctico de la CNI valenciana ha
dado lugar a expulsiones en la sección de Ford del Sindicato del Metal de militantes que
decidieron participar en las elecciones, alegando mandatos de sus asambleas. Más dudos es
la situación en el Sindicato del Metal de Quart de Poblet, expulsados en pleno sus 300
militantes (la mayoría trabajadores de AESA Elcano) que se enteraron por la prensa de la
decisión administrativa de su Federación Local que incluye otros dos sindicatos que no
superan en total los 50 afiliados), en virtud de una interpretación especialmente
autoritaria de los nuevos acuerdos regionales. El pretexto fue una manifestación en
noviembre que partía de la crisis de construcción naval y se convirtió en un acto
multitudinario contra el Pacto de la Moncloa por trabajadores de diversos sectores, al
parecer sin demasiado entusiasmo de los ex-cenetistas de AESA.
La cuestión de fondo parece ser el deseo de algún comité de ejemplarizar
disciplinariamente las nefastas consecuencias a que puede llegar la participación en los
comités unitarios de fábrica. «Quedaba al mismo tiempo demostrado el papel que los CUF
estaban jugando y que es el que en definitiva debe tener, pues para ésto se han
construido: para aplicar los acuerdos del pacto social», afirma el n.º 9 de Fragua
Social. Quizá parezca un tanto forzada la tesis, visto que los seis cenetistas que
figuraban en el consejo de empresa respondían a un largo proceso de autoorganización
obrera en Elcano, que se remonta a no menos de 4 años, ya bajo la dictadura, culminado
por la elección en julio pasado de 50 trabajadores según las formas decididas por las
propias asambleas de fábrica. Pero como la cuestión aún sigue discutiéndose en
Valencia, en la calle y en la prensa, y afecta a toda la actitud presente de CNT,
suponiendo tácticas distintas a las hasta ahora adoptadas, esperamos más datos antes de
ofrecer información más concluyente, limitándonos a reiterar que estas páginas siguen
abiertas a todo debate obrero, sin pedir más que un mínimo de tolerancia propia de los
libertarios.
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