Sometido a
la dictadura de la nueva clase militar. la burocracia en armas, el proletariado argentino
está escribiendo nuevas páginas de heroísmo en una historia que se inicia en el seno
del internacionalismo anarquista, pero que se disociaría de sus orígenes
antiautoritarios para unirse al espejismo oportunista de Perón. Hoy, surcado su cuerpo
por cicatrices y amargas experiencias, ese proletariado está reinventando en el sabotaje
y la acción directa descentralizada, una militancia libertaria que ni las burocracias
sindicales ni el culturalismo sectario de los «anarquistas» oficiales comprenden.
De las raíces ácratas al sabotaje generalizado:
crónica de un reencuentro
Sobre el genocidio de las tribus pamperas y la
alianza entre la burguesía bonaerense y los grandes caciques latifundistas se cimenta una
nación que en 1810 se independiza formalmente del imperialismo hispano para caer años
más tarde en las cadenas comerciales del imperialismo anglosajón. Los emigrantes eran en
Argentina la fuente imprescindible del proceso de acumulación capitalista, basado en
exportar carne y cereales a las metrópolis industriales europeas.
Entre los inmigrantes italianos y españoles, muchos de ellos huidos de la represión
policiaca, como Malatesta o Pellicer, vino también la propagación del ideario ácrata.
Una de las más famosas revistas del primer movimiento obrero argentino se llamaba «El
Perseguido». y su orientación era anarco-individualista.
En 1889 se inicia la Federación de Grupos Libertarios, basada en la «autonomía completa
de los individuos y de los grupos federados», breve experiencia asociativa que se
disolvió en 1900. Pero el desarrollo del movimiento obrero bonaerense. con fuertes
huelgas desde 1894, ya influido por la nueva orientación an arco- sindicalis
ta que llega de Europa, crea una organización poderosa que en su día participará en el
relanzamiento de la Asociación Internacional de los Trabajadores.
La FORA, forjadora del proletariado militante
En 1901 se organiza tina «Federación Obrera
Argentina» (que después toma el nombre de FORA, con esa tradición de «Regionales»,
opuesta a los nacionalismos burgueses, que proviene de la primera Internacional obrera),
que pronto proclama abiertamente sus ideas anarco- sindicalistas y se dota de una
estructura federalista.
En las tres primeras décadas, el anarcosindicalismo de la FORA fuera el más formidable
movimiento de protesta contra las estructuras capitalistas y de dependencia neocolonial
del continente latinoamericano. En 1922 participó en la reconstitución de la AIT en
Berlin, con sus 200.000 afiliados.
Pero los ataques frontales contra el poder («semara trágica» de 1919, cien obreros
muertos por el ejército; 1921: fusilamiento de 800 peones rurales tras las huelgas en las
grandes haciendas de la Patagonia) fueron salvajemente aplastados, y las frecuentes
huelgas generales de Rosario y Buenos Aires dejaron una tradición de lucha junto a una
desconfianza en los tinglados políticos parlamentarios.
En 1929, un año antes de ser disuelta por el golpe militar de Uriburu, la FORA,
consciente de la dimensión internacional de la lucha obrera, convocaba en Buenos Aires a
organizaciones anarcosindicalistas de ocho países latinoamericanos, para desarrollar la
AIT en América.
La intención queda frustrada por la dictadura del general Uriburu, que en 1930 abría la
era de militarización del poder político capitalista: son fusilados muchos militantes
obreros y libertarios, y el movimiento an arcosin dic alista quedará derrotado como
organización de multitudes: en adelante la influencia libertaria se reducirá a pequeños
grupos semi-clandestinos, progresivamente disociados del caudal principal del proletariado
militante, que se orientará hacia el peronismo.
Por qué se perdió la semilla ácrata
Una interpretación triunfalista, pero con alguna
dosis de verdad, proclamaría que estos orígenes antiautoritarios influirían
considerablemente en los enfoques del sindicalismo revolucionario y tercermundista,
crítico tanto del capitalismo como del socialismo de Estado, que tomará en sus sectores
de base el movimiento obrero peronista. Pero otras razones, internas y no sólo debidas a
la represión militar, explican este alejamiento entre la lucha obrera Y el anarquismo en
Argentina.
En primer lugar, la «argentinización» del proletariado desde la primera guerra mundial,
nutrido ya de generaciones autóctonas que obtienen algunas ventajas de la acumulación
capitalista, facilitó las orientaciones reformistas, a lo que contribuyó el excesivo
<europeísmo» (más que internacionalismo) de la propia FORA.
En segundo lugar, la propia FORA estaba profundamente dividida desde 1915 en una rama
minoritaria comunista-anárquica, que conservará las siglas y la tradición forista, y
otra rama mayoritaria sindicalísta y orientada al reformismo, que en 1922 crea con otros
sindicatos autónomos la USA (Unión Sindical Argentina) y en 1929 se unifica con la COA
(socialista) en la CGT, cuyo grado de burocratización ya en nada recordará los orígenes
anarcosindicalistas.
Al proceso de marginación de la FORA contribuyen también las polémicas del anarquismo
puritano y pacifista de Abad de Santillán, influyente en el diario La Protesta, órgano
oficial de la FORA, que acusan de «anarcobanditismo» al ala de acción directa, al
estilo de Durruti, de Di Giovarmi v otros anarquistas «duros»: La Antorcha, es el
Órgano de estos «idealistas de la lucha», que serán masacrados por la dictadura de
Uribarri mientras la FORA oficialista será tolerada por las sucesivas oligarquías
militares.
En 1932 se celebra un Congreso Anarquista, en el que Santillán juega un papel influyente,
constituyéndose un Comité de Relaciones y fundándose el periódico «Acción
Libertaria». En octubre de 1935 se constituye la Federación Anarquista Argentina,
denominada Federación Libertaría Argentina desde 1951, que hasta nuestros días viene
realizando una minoritaria labor de difusión cultural, en lit que destacan editoriales
como Proyección y revistas como Reconstruir.
Pero en conjunto el movimiento libertario fue incapaz de comprender las nuevas
orientaciones del proletariado argentino, que tan bien supo captar en cambio el peronismo.
Las raíces obreras del peronismo
El populismo radical y sus campañas
antiimperialistas fomentan una división en las élites militares siempre cercanas al
poder político, que van marcando sus distancias respecto al dominio tradicional de las
oligarquías terratenientes y comerciales. El general Perón, ministro de Trabajo en el
gobierno golpista de 1943, marcará el punto de ruptura en esta conciencia nacionalista y
<tercermundista,,, consciente de que la nueva estructura imperialista del mundo rompe
los esquemas decimonónicos burguesía proletariado. El nacionalismo industrialista de
Perón va a apoyarse en la clase trabajadora, nutrida de inmigrantes rurales, los
«cabecitas negras», que comprenderán mejor la demagogia peronista que los tradicionales
análisis de la izquierda tanto política como ácrata, a su vez más cercana al
europeísmo de la olígarquía exportadora que al nacionalismo peronista.
Cuando el 17 de octubre de 1945 un millón de trabajadores irrumpen en la Plaza de Mayo
reivindicando el programa de Perón, arrestado por sus compañeros de Junta, el
proletariado adquiere conciencia de su fuerza: las multitudes trabajadoras que ocupan el
centro de Buenos Aires sintiéndose protagonistas del acontecer político, mientras las
clases dominantes tiemblan a su paso, presentan reivindicaciones muy simples: programa de
mejoras salariales, rebaja de alquileres, derecho a la sindicalización.
La izquierda tanto marxista como anarquista fue incapaz de comprender cómo este sencillo
programa fue capaz de recoger también el eco de la protesta indica, pampera, rural,
contra la ciudad capitalista y dependiente de las metrópolis imperialistas: frente a
aquella «civilización impuesta a sangre y fuego, los descamisados de los suburbios
adquieren conciencia de clase a través del peronismo. Entre 1943 y 1952 el número de
obreros organizados en sindicatos pasa de 200.000 a más de 3 millones este movimiento
clasista y combativo no será integrado por la burocracia política que se beneficia del
paternalismo peronista, sino que será una amenaza constante para la dominación de la
nueva clase tecnoburocrática que a partir del militarismo peronista se implanta en el
poder en Argentina.
En los sindicatos de la CGT se incorporan muchos militantes anarcosindicalistas, que
estarán presentes en esa peculiar dinámica del peronismo hasta 1955, en que los obreros
presionan y logran conquistas, que Perón concede para mantenerse en el poder, pero que la
inflación va minando. Ya antes de la caída de Perón, los llamados de la CGT al
«sacrificio, de los trabajadores minan su confianza en la burocracia peronista.
Resistencia obrera contra el militarismo
La etapa más interesante de la peculiar combinación
de populismo nacionalista y acción directa obrera que hay en el sindicalismo peronista,
va a comenzar precisamente en la resistencia a la dictadura militar desde 1955.
Mientras la burocracia de la CGT, intervenida por el Gobierno, se divide entre las «62
organizaciones» que con Vandor se orientarán hacia el colaboracionismo con la dictadura,
y los «32 gremios democráticos», de orientación liberal - reformista y antiperonista,
los trabajadores en la base pract¡can la acción directa y descentralizada como forma de
resistir los ataques que todas las dictaduras militares dirigen contra el nivel de vida
obrero.
En esta resistencia obrera, Perón es simplemente un mito que capitalizan las
organizaciones de izquierda peronista (programa revolucionario de Huerta Grande, «62 en
Pie», «CGT de los Argentinos», corrientes clasistas que expresan y recogen el
movimiento obrero de base, pero que no lo dirigen porque el movimiento es alérgico a toda
dirección burocrática), que desde su exilio en Madrid alientan ambiguamente la
resistencia: lo importante son las huelgas como la del Frigorífico Nacional en 1961, en
Tucumán, en SITRACSITRAM, con ocupaciones de fábricas, insurrecciones obreras de
Córdoba y Rosario: la democracia directa que se crea en la base del movimiento obrero, no
sólo constituye la forma más eficaz de resistencia antimilitarista en todo el
continente, sino que además crea una conciencia autogestionaria entre los trabajadores.
El slogan peronista «sólo el pueblo salvará al pueblo» se transforma en 1973 en el
lema del Frente Antiimperialista formulado en Córdoba: «La liberación de los
trabajadores será obra de los trabajadores mismos». Ni más ni menos que el mensaje
antiautoritario de la Primera Internacional.
Sin embargo, el peronismo oficial seguirá siendo un marco burocratizado que entrega a los
trabajadores a las corruptas maniobras políticas de una dirección reaccionaria. El
retorno electoralista de Perón, última esperanza oligárquica de calmar la resistencia
obrera peronista, potencia brevemente la burocracia de la CGT, principal obstáculo al
desarrollo del movimiento obrero de base y sustento político de la confusa orientación
derechista de la etapa final de Perón y de su sucesión en la presidencia y en la
jefatura del peronismo por su mujer Isabelita.
El coloso peronista revelé tener los pies de barro: la derecha burocrática es desplazada
por los militares en los que ya se estaba apoyando, mientras la izquierda peronista
montonera era incapaz de defender eficazmente al régimen frente a la maquinaria del
Ejército oficial. Y en las corrientes peronistas de base, la lucha anónima, sin el afán
de protagonismo político de los montoneros o el ERP (guerrilleros trotskistas), no se
preocupa ya de la suerte de los últimos epígonos del peronismo político.
Dictadura militar contra la clase obrera
La junta militar que toma el poder el 24 de marzo de
1976 se presentó ante el país y ante el mundo con una imagen «moralizadora», tanto
frente al «terrorismo subversivo» que hostigaba desde abajo al peronismo oficial, como
contra la propia corrupción de la burocracia peronista. Videla y sus acólitos prometen
que el golpe «sólo afectará a las personas ligadas a la administración anterior»,
para obtener la conformidad de un pueblo ciertamente defraudado por la mafia instalada en
torno a Perón y López Rega.
Pero en el poder se implanta la misma oligarquía militar que desde Uribarri venía
reprimiendo al pueblo obrero. Se acentúa además la orientación pro-imperialista en el
equipo económico al servicio de los militares.
Los secuestros, torturas, asesinatos y otras violaciones de los derechos humanos por las
policías paralelas y los «gorilas» uniformados contra militantes obreros e
izquierdistas, que eran ya práctica habitual bajo Isabel de Perón, adquieren carta de
naturaleza: el terrorismo de Estado no es ya ocasional, sino un sistema represivo cada vez
más perfeccionado según el modelo que con el asesoramiento del Pentágono se venía
ensayando en Brasil, Uruguay, Chile y otros países latinoamericanos.
Los trabajadores descubren en seguida que a ellos les corresponde, como siempre, pagar la
factura del golpe militar: la participación de los asalariados en la renta nacional (en
un país donde más del 70% de la población es asalariada) cae del 40% de la época
peronista al 20% actual. Es decir, la clase trabajadora ha visto reducirse a la mitad su
participación comparativa en el ingreso argentino. Este es el sentido del golpe militar.
Es cierto que el retorno a la «mentalidad exportadora» y la congelación salarial han
reducido la inflación y aumentado las reservas de divisas, pero son los ricos los que se
benefician del sacrificio de los pobres. Un millón y medio de personas quedan sin empleo
o en semidesocupación (15% de la población activa), decenas de miles de trabajadores son
despedidos en el sector público en los primeros meses después del golpe.
La estrategia militar ataca fundamentalmente a las organizaciones sindicales: más de
300.000 centros de trabajo y más de 3.000 federaciones y gremios están declarados
«objetivos de interés militar» (comunicado n.º 4 de la Junta, 24-3-76), 68 sindicatos
están además expresamente intervenidos por miembros de las fuerzas armadas. En esos
sindicatos intervenidos se afiliaba el 75% de los trabajadores argentinos. Contra esta
intervención militar se centra hoy la lucha de la CGT en la resistencia.
Sabotaje a la Argentina
Pero más allá de este último eslabón del
peronismo (la CGT en la resistencia es el frente obrero del MPM, Movimiento Peronista
Montonero), la resistencia obrera se basa hoy en la creatividad de cada trabajador en cada
fábrica, en el sabotaje anónimo que es la última expresión de la protesta cuando los
salarios están congelados, los precios suben y las huelgas están prohibidas como
sedición militar.
Penas de hasta 10 años de prisión afronta quien protagonice huelgas «así como toda
otra medida de fuerza, paro, interrupción o disminución del trabajo o su desempeño en
condiciones que de cualquier manera puedan afectar la producción» (Leyes 21.261 y 21.400
de la Junta Militar). Toda detención, aun sin proceso pensión del contrato de trabajo y
el despido, el paro forzoso, la amenaza de secuestro y asesinato para toda la familia por
las policías paralelas. Es el reino del terror, lo que explica el exilio masivo que se
está registrando hoy en Argentina.
Los «quites de colaboración» y diversas formas de sabotaje sustituyen a las huelgas
como formas de luchar por mejores salarios y de responder a los despidos. Sólo en 1976,
225 locomotoras fueron incendiadas accidentalmente, 109 coches de pasajeros diese¡ y 206
vagones de mercancía destruidos por «descuidos,> de los trabajadores, 69.092 asientos
y 145.882 ventanas destruidas por el público: estos antecedentes explican la virulencia
que ha tenido en el otoño de 1977 la huelga ferroviaria. Cuando los salarios están
congelados, las huelgas prohibidas, los sindicatos intervenidos, los precios suben y los
beneficios capitalistas se incrementan, el sabotaje es la única salida efectiva para una
clase obrera militante que la dictadura no ha podido someter a la obediencia ciega.
Las plantas metalúrgicas, los ferroviarios organizados a través de una clandestina
Coordinadora de Base, las usinas de luz y fuerza, los talleres de Rosario y Córdoba, los
complejos siderúrgicos, registran acciones anticapitalistas, trabajo lento, mezclas que
explotan, tornillos que se aflojan, pintura que se agrieta, pintadas en las paredes,
ocupaciones cuando hay despidos, huelga total cuando el ejército con tanques incluidos
entra en las fábricas.
1978: año decisivo
El ministro de Economía argentino Martínez de la
Hoz, ligado a la ITT, a la US Steel y la banca Morgan, afirmó en septiembre pasado que
era imposible otorgar nuevos aumentos salariales si se aplicaba el plan de
«recuperación» dictado por la Junta Militar con el asesoramiento de las
multinacionales. En noviembre de 1977, ante las huelgas de ferroviarios, de¡ transporte
urbano, de los portuarios, la electricidad, las comunicaciones y otras empresas estatales,
que resistieron la intimidación y el asesinato por balas del Ejército, el gobierno se ha
visto obligado a conceder aumentos salariales que oscilan entre el 40 y el 100 por 100.
Esto significa lisa y llanamente que la política económica de la Junta es inaplicable.
El «trabajo a tristeza» está saboteando la dictadura. Decenas de trabajadores se
«enferman» al mismo tiempo y en el mismo taller, y con esta táctica las prohibiciones
contra las huelgas son inútiles.
La solidaridad internacional de los trabajadores empieza a resonar hasta en los foros
burocráticos de la OIT. Recientemente todas las organizaciones representativas de la
clase obrera de España, de la CNT a las CCOO, coincidieron por primera vez en un acto
conjunto para airear las luchas laborales contra las dictaduras que intervienen los
sindicatos y que son recibidas solemnemente por las autoridades españolas.
Si las empresas dejan de ser rentables y se desorganiza la producción, si la gran
operación propagandística que prepara la Junta sobre los mundiales de fútbol se
convierten en un altavoz de la solidaridad obrera internacional, la forma militarizada del
poder político puede resultar incómoda a la oligarquía. Empezarían de nuevo las
grandes maniobras de los partidos electoralistas y la burocracia peronista. Pero esta vez
la clase obrera argentina ha aprendido mucho: en sus formas de acción directa y
descentralizada, ha encontrado formas irresistibles de confianza en su propio poder, de
coordinación desde la base y al margen de los sindicatos intervenidos.
El sindicalismo que resurja de las cenizas de la dictadura de Videla puede estar mucho
más próximo al anarcosindicalismo de sus orígenes de lo que puedan figurarse los
propios «libertarios oficiales» argentinos y de lo que sería deseable para la pesada
burocracia cegetista.
RUGEN LOS MOTORES
«En la planta cordobesa del IKARenault (fábrica
de autos, seis mil obreros) cuando los bonos de la cantina subieron de precio, recrudeció
el conflicto. Requisas, secuestros, detenciones, operaciones de «rastrillaje», no
pudieron contener la resistencia de los trabajadores. La producción, gracias al trabajo a
desgano y a los sabotajes, descendió a niveles mínimos. En el «banco de pruebas» los
motores estallaban. Las paredes interiores de la fábrica se cubrieron de consignas,
llamando a la lucha y a la movilización por reivindicaciones salariales, contra los
despidos, por la libertad de enlaces y dirigentes del gremio presos. «Tenemos hambre».
«Fuera los militares asesinos». «Resistir por el sabotaje a la explotación». Por
último, en la fábrica entraron tropas al mando de un teniente. Bastó que irrumpieran
para que el trabajo se abandonase por completo. El teniente amenazó con reprimir: la
respuesta fue un coro de protestas y silbidos. «Entiendan la situación, vamos a echar a
varios de ustedes», replico el oficial enfurecido. La mayoría de los.obreros, como en
Fuenteovejuna, contestaron: «No tendrán otro remedio que meternos en la cárcel a los
seis mil». El teniente dio orden a los soldados. Cuando la represión parecía inminente,
los obreros empezaron a juntar martillos, gruesas vigas de acero, hachas... Las tropas se
marcharon».
De Argentina: genocidio y resistencia, Cuaderno Aesla 1, editado en Madrid, ZYX, 1977.
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De la extensión a intensidad de la resistencia de los trabajadores argentinos, da
una precisa idea la siguiente cronología, referida a un mes escaso del último otoño y
extraída de la propía prensa argentina.
DATOS A TENER EN CUENTA
Octubre - Noviembre
21. Despedidos 800 trabajadores de Lezadur por efectuar presiones. Negativa de empleados
de Correos a hacer horas extra.
26. Paro de señaleros de ferrocarril.
27. Una bomba reduce a escombros el 2.0 piso del M. 0 de Trabajo.
28. La Fraternidad y Unión Ferroviaria se suma al paro de señaleros.
29. Paralización del metro. El ejército ocupa los ferrocarriles.
31. Paros sorpresivos en Aerolíneas Argentinas y, durante la 5.1 carrera, de los
pagadores de boletos. Paros en YPF y Correos. Lock-out en frigoríficos Wilson y abandono
de tareas en Agua y Energía de Rosario.
1. Liberados dos trabajadores presos, se normaliza el metro.
2. Militarización del metro, tras nuevas detenciones y huelga. El Comando de Zona I mata
a un ferroviario que llamaba a la huelga. Incendio de un «colectivo» en la capital.
Miles de cesantías a los ferroviarios en paro: se reinicia la huelga.
3. Cede la empresa subterránea. Abandono de actividades en el puerto del Rosario, río
Paraná y embotelladora Saenz-Briones. Pastillas de gas insecticida en el Banco Nación
(en conflicto) provocan su desalojo.
4. Tres poderosas explosiones en el ferrocarril previa evacuación de la estación por sus
autores. Plante de carteros en Mar del Plata, gráficos y empleados municipales en B.A.
Fuerzas militares imponen la reincorporación en Correos.
5. El Comando de la Zona I mata a dos personas junto a la Peugeot, cuando repartían
volantes sobre el paro. Trabajo «a tristeza» de los portuarios y huelga en químicas de
San Lorenzo. Secuestro de un delegado del gremio luz y Fuerza: paro en Segba.
7. Shell y los comerciales de Santa Fe ceden los aumentos solicitados.
8. Paro en Alpargatas y desalojo de la policía.
10. Los trabajadores de Peugeot «retiran su colaboración», perdiéndose la mitad de la
producción. Cierre en Alpargatas. Huelgas en Austral, varios bancos, industrias
cárnicas, puerto de B.A. y transporte de Mendoza. Cesantías y quita de colaboración en
YPF.
11. Desalojo policial de los huelguistas en bancos.
LA LARGA NOCHE ARGENTINA
- Presos políticos: Más de 30.000.
- Secuestrados y desaparecidos: 17.000.
- Exiliados políticos y económicos desde que se instaló la junta: medio millón de
argentinos.
- Militantes populares asesinados desde 1976: 5.000. (Datos de Amnesty International y de
Cospa).
- Campos de concentración: veintisiete.
- Promedio diario de muertes por razones políticas en 1976-77: 7 por día.
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