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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 6 Mayo 1978

¡Basta de procesiones y consignas!

encrucijada obrera

01.jpg (16012 bytes)Para quienes rechazamos, por sufrirlo en nuestra propia carne, un sistema de organización humana basado en riquezas acumuladas con sudor ajeno y en órdenes despersonalizadas e inescapables, el mes de mayo se presta tradicionalmente al activismo. Y sin embargo, en este mayo de 1978 necesitamos evitar todo ritual y reflexionar profundamente antes de elegir nuestras acciones.

el Leviathan ha crecido

Basta una ojeada a la capacidad de iniciativa del tinglado político posfranquista para torear el descontento popular y para imponer una austeridad forzosa a los trabajadores: resulta desalentador, para quienes esperábamos que la muerte del Dictador levantaría la hipoteca del miedo de las espaldas obreras vencidas en guerra o agobiadas en paz, comprobar que el monolito del poder es ahora más fuerte y coherente que en vida de Franco.

El sistema ha integrado a la ízquíerda política y ha tranquilizado a la derecha militar, eclesial y económica, y eso le asegura toda una serie de mecanismos estabilizadores. Los problemas de mantenimiento del sistema se discuten ahora de manera más racional, con el pluralismo político, que con la intriga de intereses en la antecámara del dictador.

Los cuadros partidistas hasta se permiten ya manipular nuestras protestas para propulsar sus juegos de poder: los conflictos y manifestaciones obreras son capitalizadas por la izquierda, los atentados y choques violentos con la policía producen una ansiedad que la derecha utiliza. Mal que bien, Suárez mantiene el tipo y el disfraz adecuado para cada decisión, jaleado, cuando se descorazona, por el espectáculo parlamentario y las promesas del corsé constitucional.

¿les desbordaremos?

Pero, ¿no estarán jugando con fuego esos políticos? La clase trabajadora, todos los oprimidos de esta sociedad, ¿no empezarán a querer algo distinto?

Un ejemplo: la «eurohuelga» de abril es el prototipo de consigna centralizada (1 hora de paro a escala europea, recuperable en muchas empresas) desde las burocracias sindicales que ahora van a ser de rigor. Pero esa movilización de 4 millones de trabajadores, muchos de los cuales participaban por primera vez en su vida en una huelga, y en protesta contra el paro, los despidos y la crisis capitalista ¿no habrá asustado a sus propios convocantes?

Otro ejemplo: los Pactos de la Moncloa, las campañas de afiliación de las centrales v las elecciones sindicales, parecen haber dejado «atado y bien atado» el cauce de negociaciones laborales con la patronal, para que los sindicatos puedan mediar y controlar eficazmente los conflictos. Pero no olvidemos que la cifra total de votantes en las elecciones sindicales aún no llega ni de lejos a los 4 millones de trabajadores que CCOO y UGT presumían de afiliar entre ellas solitas. Además, los datos que nos van enviando los compañeros (de los hospitales a la FASA-Renault), especialmente en Catalunya, indican porcentajes de abstención que en varios casos igualan y aún superan al de votantes. Considereremos además que más de 6 millones de trabajadores (o sea, la mayoría de la población activa asalariada) tienen pendientes negociaciones o renovaciones de convenios en lo que queda de 1978, y de ellos, casi la mitad no han participado en el montaje electoral. ¿No puede saltársele la espoleta al muy impopular Pacto de la Moncloa en su punto esencial, el único que el gobierno y la oposición se han esforzado en cumplir: es decir, el pacto social, los topes salariales? La coordinación de paros a escala nacional como presión en el textil, en artes gráficas, en el calzado, en la enseñanza, en construcción naval, a menudo no está suficientemente controlada por las neófitas burocracias sindicales. Y algunas federaciones de industria anarcosindicalistas empiezan ya a funcionar. Por otra parte, la violencia de huelgas asamblearias en diversos sectores y lugares del país en este mes de abril (construcción navarra, metal guipuzcoano, pesca gadiana, astilleros vigueses, minería asturiana, metal madrileño, transporte barcelonés, etc.), ¿no empieza a desbordar a los sindicatos reformistas y a sus correas de transmisión en las empresas, los comités permanentes elegidos según la legislación estatal?

El movimiento obrero llega así a veces al choque directo con el aparato policial, a las barricadas, a esas acciones en que confluyen también con las luchas sociales autónomas que desde otros sectores populares hostigan al Poder que les oprime. No, la clase obrera está aún lejos de integrarse, con una patronal tan cerrada y dictatorial como la española.

las dos alternativas

Ante el movimiento obrero se abren dos estrategias contrapuestas y es preciso optar.

Por un lado, puede ser el f¡el, y algún día unitario, «frente sindical de masas» de las direcciones políticas de la izquierda que movilizan y aglutinan su descontento en simbólicos desfiles procesionarios, encuadrados por servicios de orden y líderes en cabeza del cortejo, con muchos centenares de miles de personas: sea para acompañar las cenizas de Largo Caballero al cementerio civil madrileño como recuerdo sentimental de una posibilidad revolucionaria (que aquel obrero-gobernante contribuyó a frustrar, como no podía dejar de hacer en cuanto «hombre de Estado», ambiguo elogio tributado por los actuales políticos de izquierda v derecha); sea para celebrar el «Aberri Eguna» o alguna de las fiestas «preautonómicas» dirigidas por burguesías y burocracias centralistas o periféricas; sea para reclamar nuevos tinglados electoralistas, esta vez a nivel municipal, que acaben por liquidar el renqueante movimiento vecinal; sea incluso para festejar un Primero de Mayo en la calle a voz en grito y sin tener enfrentarse a tortazos con la «gristapo» y los «incontrolados»... Pero todas esas movilizaciones utilizan a las masas como carne de cañón para las grandes operaciones políticas, por mucho que embriaguen a los participantes con un sentimiento «unitario», con esa irreal fuerza de las multitudes enfervorizadas por los líderes.

Por otro lado, el movimiento obrero, que aún mantiene e incluso forja su conciencia de explotado, descubre posibilidades muy distintas: menos brillantes, más fragmentarias, enlazando con la diversidad múltiple de los diversos movimientos, no estrictamente laborales, que partiendo de reivindicaciones peculiares, rechazan el mundo de la política y pasan a la acción directa contra quienes les impiden realizar sus propias alternativas. Y en la autonomía y la liberación personal de esos movimientos puede encontrar la suya propia.

luchas multidimensionales

¿Por qué no hubo más presencia obrera en los actos que los movimientos feministas organizaron el 8 de marzo (fecha histórica de 1910 en que 129 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton, neoyorquina, morían abrasadas en la factoría donde se habían encerrado en demanda de la jornada de diez horas, salario igual al de los hombres y condiciones dignas de higiene? ¿Por qué no participar en las múltiples luchas de los barrios por una vivienda y un entorno habitable en el que podamos convivir y respirar? ¿Por qué no defender el medio ambiente natural amenazado por la industrialización irracional del capitalismo, y muy especialmente por las centrales nucleares') ¿Por qué no asumir críticamente la lucha por la liberación de todos los pueblos y comarcas oprimidos por las fronteras estatales? Si los generales nos advierten que no tolerarán «atentados contra la unidad de España», si la izquierda oficial aplaude y la prensa burguesa advierte sesudamente que «España es una nación con siglos de existencia», ¿ignoraremos que los Estados cercenan a los pueblos fronterizos que, como Euskadi, tienen milenios de historia? ¿Por qué no defender la plenitud de los derechos humanos como límite al pulpo estatal, que prepara ya nuevas «leyes anti-terroristas» por las que la policía seguirá escuchando teléfonos, violando correspondencia, irrumpiendo y registrando domicilios, manteniendo detenidas a personas sin mandato judicial, imponiendo su propia censura a la prensa, etc? ¿Por qué no ejercer la libertad de expresión, como esos actores, periodistas o músicos que tanto molestan a las autoridades que hasta les organizan consejos de guerra') ¿Por qué negar que en las luchas de toda minoría (presos, homosexuales, minusválidos, inmigrantes, jubilados, etc.) hay el afán de dignidad de un ser humano que afirma su peculiaridad diferencial que resuena en nuestra insatisfacción con la uniformidad de la «sociedad de masas»?

¿Por qué disociar tales luchas de nuestros propios objetivos autogestionarios por nuestra emancipación de la condición de asalariados? Quizá el problema es que esas luchas desbordan fácilmente la incomprensible frontera de la legalidad, que en nuestra misma lucha en las empresas ignoramos siempre que podemos: entonces nos vemos aun más expuestos a la violencia estatal, y corremos el riesgo de ser utilizados por otras «vanguardias armadas>> que pretenden sustituir o «guiar» nuestra acción directa, ejecutando o secuestrando a políticos, policías o incluso a trabajadores.

No, esa alternativa «multidimensional» no es fácil, Y habrá que pensar, cine explorar, antes de adentrarse en ella. Pero ¿hay otro camino si queremos echar abajo el sistema de explotación en que vivimos?

primavera triste

02.jpg (14645 bytes)Las lluvias de abril trajeron flores que el compañero Agustín no verá, pero esas lluvias no borraron la sangre que siguió fluyendo en esta tensa «transición» democrática.

Tras los muros de las cárceles, en Mislata, la Modelo, Carabanchel, nos llega el latido desesperado de los compañeros de Agustín, un mes ya en silenciada huelga de hambre: y, en Yeserías, la compañera Virginia Cativielas, detenida el 2 de febrero en Galapagar, que tras su paso por la Comandancia de la Guardia Civil está ahora internada y sometida a tratamiento psiquiátrico en la prisión. Mujer, libertaria, autónoma, presa, Virginia encarna todas las rebeldías contra las discriminaciones ante las que tiene que definirse solidariamente un movimiento obrero auténticamente revolucionario.

Nos sentimos angustiados al ver que muchos compañeros de CNT cortan ciegamente las conexiones vitales entre el anarcosindicalismo y la multiplicidad de esas luchas por la liberación personal sin las que la emancipación social sería una consigna vacía.

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