encrucijada obrera
Para quienes rechazamos, por
sufrirlo en nuestra propia carne, un sistema de organización humana basado en riquezas
acumuladas con sudor ajeno y en órdenes despersonalizadas e inescapables, el mes de mayo
se presta tradicionalmente al activismo. Y sin embargo, en este mayo de 1978 necesitamos
evitar todo ritual y reflexionar profundamente antes de elegir nuestras acciones.
el Leviathan ha crecido
Basta una ojeada a la capacidad de iniciativa del
tinglado político posfranquista para torear el descontento popular y para imponer una
austeridad forzosa a los trabajadores: resulta desalentador, para quienes esperábamos que
la muerte del Dictador levantaría la hipoteca del miedo de las espaldas obreras vencidas
en guerra o agobiadas en paz, comprobar que el monolito del poder es ahora más fuerte y
coherente que en vida de Franco.
El sistema ha integrado a la ízquíerda política y ha tranquilizado a la derecha
militar, eclesial y económica, y eso le asegura toda una serie de mecanismos
estabilizadores. Los problemas de mantenimiento del sistema se discuten ahora de manera
más racional, con el pluralismo político, que con la intriga de intereses en la
antecámara del dictador.
Los cuadros partidistas hasta se permiten ya manipular nuestras protestas para propulsar
sus juegos de poder: los conflictos y manifestaciones obreras son capitalizadas por la
izquierda, los atentados y choques violentos con la policía producen una ansiedad que la
derecha utiliza. Mal que bien, Suárez mantiene el tipo y el disfraz adecuado para cada
decisión, jaleado, cuando se descorazona, por el espectáculo parlamentario y las
promesas del corsé constitucional.
¿les desbordaremos?
Pero, ¿no estarán jugando con fuego esos
políticos? La clase trabajadora, todos los oprimidos de esta sociedad, ¿no empezarán a
querer algo distinto?
Un ejemplo: la «eurohuelga» de abril es el prototipo de consigna centralizada (1 hora de
paro a escala europea, recuperable en muchas empresas) desde las burocracias sindicales
que ahora van a ser de rigor. Pero esa movilización de 4 millones de trabajadores, muchos
de los cuales participaban por primera vez en su vida en una huelga, y en protesta contra
el paro, los despidos y la crisis capitalista ¿no habrá asustado a sus propios
convocantes?
Otro ejemplo: los Pactos de la Moncloa, las campañas de afiliación de las centrales v
las elecciones sindicales, parecen haber dejado «atado y bien atado» el cauce de
negociaciones laborales con la patronal, para que los sindicatos puedan mediar y controlar
eficazmente los conflictos. Pero no olvidemos que la cifra total de votantes en las
elecciones sindicales aún no llega ni de lejos a los 4 millones de trabajadores que CCOO
y UGT presumían de afiliar entre ellas solitas. Además, los datos que nos van enviando
los compañeros (de los hospitales a la FASA-Renault), especialmente en Catalunya, indican
porcentajes de abstención que en varios casos igualan y aún superan al de votantes.
Considereremos además que más de 6 millones de trabajadores (o sea, la mayoría de la
población activa asalariada) tienen pendientes negociaciones o renovaciones de convenios
en lo que queda de 1978, y de ellos, casi la mitad no han participado en el montaje
electoral. ¿No puede saltársele la espoleta al muy impopular Pacto de la Moncloa en su
punto esencial, el único que el gobierno y la oposición se han esforzado en cumplir: es
decir, el pacto social, los topes salariales? La coordinación de paros a escala nacional
como presión en el textil, en artes gráficas, en el calzado, en la enseñanza, en
construcción naval, a menudo no está suficientemente controlada por las neófitas
burocracias sindicales. Y algunas federaciones de industria anarcosindicalistas empiezan
ya a funcionar. Por otra parte, la violencia de huelgas asamblearias en diversos sectores
y lugares del país en este mes de abril (construcción navarra, metal guipuzcoano, pesca
gadiana, astilleros vigueses, minería asturiana, metal madrileño, transporte
barcelonés, etc.), ¿no empieza a desbordar a los sindicatos reformistas y a sus correas
de transmisión en las empresas, los comités permanentes elegidos según la legislación
estatal?
El movimiento obrero llega así a veces al choque directo con el aparato policial, a las
barricadas, a esas acciones en que confluyen también con las luchas sociales autónomas
que desde otros sectores populares hostigan al Poder que les oprime. No, la clase obrera
está aún lejos de integrarse, con una patronal tan cerrada y dictatorial como la
española.
las dos alternativas
Ante el movimiento obrero se abren dos estrategias
contrapuestas y es preciso optar.
Por un lado, puede ser el f¡el, y algún día unitario, «frente sindical de masas» de
las direcciones políticas de la izquierda que movilizan y aglutinan su descontento en
simbólicos desfiles procesionarios, encuadrados por servicios de orden y líderes en
cabeza del cortejo, con muchos centenares de miles de personas: sea para acompañar las
cenizas de Largo Caballero al cementerio civil madrileño como recuerdo sentimental de una
posibilidad revolucionaria (que aquel obrero-gobernante contribuyó a frustrar, como no
podía dejar de hacer en cuanto «hombre de Estado», ambiguo elogio tributado por los
actuales políticos de izquierda v derecha); sea para celebrar el «Aberri Eguna» o
alguna de las fiestas «preautonómicas» dirigidas por burguesías y burocracias
centralistas o periféricas; sea para reclamar nuevos tinglados electoralistas, esta vez a
nivel municipal, que acaben por liquidar el renqueante movimiento vecinal; sea incluso
para festejar un Primero de Mayo en la calle a voz en grito y sin tener enfrentarse a
tortazos con la «gristapo» y los «incontrolados»... Pero todas esas movilizaciones
utilizan a las masas como carne de cañón para las grandes operaciones políticas, por
mucho que embriaguen a los participantes con un sentimiento «unitario», con esa irreal
fuerza de las multitudes enfervorizadas por los líderes.
Por otro lado, el movimiento obrero, que aún mantiene e incluso forja su conciencia de
explotado, descubre posibilidades muy distintas: menos brillantes, más fragmentarias,
enlazando con la diversidad múltiple de los diversos movimientos, no estrictamente
laborales, que partiendo de reivindicaciones peculiares, rechazan el mundo de la política
y pasan a la acción directa contra quienes les impiden realizar sus propias alternativas.
Y en la autonomía y la liberación personal de esos movimientos puede encontrar la suya
propia.
luchas multidimensionales
¿Por qué no hubo más presencia obrera en los actos
que los movimientos feministas organizaron el 8 de marzo (fecha histórica de 1910 en que
129 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton, neoyorquina, morían abrasadas en
la factoría donde se habían encerrado en demanda de la jornada de diez horas, salario
igual al de los hombres y condiciones dignas de higiene? ¿Por qué no participar en las
múltiples luchas de los barrios por una vivienda y un entorno habitable en el que podamos
convivir y respirar? ¿Por qué no defender el medio ambiente natural amenazado por la
industrialización irracional del capitalismo, y muy especialmente por las centrales
nucleares') ¿Por qué no asumir críticamente la lucha por la liberación de todos los
pueblos y comarcas oprimidos por las fronteras estatales? Si los generales nos advierten
que no tolerarán «atentados contra la unidad de España», si la izquierda oficial
aplaude y la prensa burguesa advierte sesudamente que «España es una nación con siglos
de existencia», ¿ignoraremos que los Estados cercenan a los pueblos fronterizos que,
como Euskadi, tienen milenios de historia? ¿Por qué no defender la plenitud de los
derechos humanos como límite al pulpo estatal, que prepara ya nuevas «leyes
anti-terroristas» por las que la policía seguirá escuchando teléfonos, violando
correspondencia, irrumpiendo y registrando domicilios, manteniendo detenidas a personas
sin mandato judicial, imponiendo su propia censura a la prensa, etc? ¿Por qué no ejercer
la libertad de expresión, como esos actores, periodistas o músicos que tanto molestan a
las autoridades que hasta les organizan consejos de guerra') ¿Por qué negar que en las
luchas de toda minoría (presos, homosexuales, minusválidos, inmigrantes, jubilados,
etc.) hay el afán de dignidad de un ser humano que afirma su peculiaridad diferencial que
resuena en nuestra insatisfacción con la uniformidad de la «sociedad de masas»?
¿Por qué disociar tales luchas de nuestros propios objetivos autogestionarios por
nuestra emancipación de la condición de asalariados? Quizá el problema es que esas
luchas desbordan fácilmente la incomprensible frontera de la legalidad, que en nuestra
misma lucha en las empresas ignoramos siempre que podemos: entonces nos vemos aun más
expuestos a la violencia estatal, y corremos el riesgo de ser utilizados por otras
«vanguardias armadas>> que pretenden sustituir o «guiar» nuestra acción directa,
ejecutando o secuestrando a políticos, policías o incluso a trabajadores.
No, esa alternativa «multidimensional» no es fácil, Y habrá que pensar, cine explorar,
antes de adentrarse en ella. Pero ¿hay otro camino si queremos echar abajo el sistema de
explotación en que vivimos?
primavera triste
Las lluvias de abril trajeron flores que el
compañero Agustín no verá, pero esas lluvias no borraron la sangre que siguió fluyendo
en esta tensa «transición» democrática.
Tras los muros de las cárceles, en Mislata, la Modelo, Carabanchel, nos llega el latido
desesperado de los compañeros de Agustín, un mes ya en silenciada huelga de hambre: y,
en Yeserías, la compañera Virginia Cativielas, detenida el 2 de febrero en Galapagar,
que tras su paso por la Comandancia de la Guardia Civil está ahora internada y sometida a
tratamiento psiquiátrico en la prisión. Mujer, libertaria, autónoma, presa, Virginia
encarna todas las rebeldías contra las discriminaciones ante las que tiene que definirse
solidariamente un movimiento obrero auténticamente revolucionario.
Nos sentimos angustiados al ver que muchos compañeros de CNT cortan ciegamente las
conexiones vitales entre el anarcosindicalismo y la multiplicidad de esas luchas por la
liberación personal sin las que la emancipación social sería una consigna vacía.
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