UN
AÑO DE LUCHA OBRERA TRAS LA LEGALIZACION SINDICAL
Este Primero de Mayo de 1978 hace
exactamente un año que se legalizaron los sindicatos obreros en nuestro país, después
de cuarenta años de clandestinidad y represión. Su legalización, ¿ha frenado o ha
impulsado la lucha de los trabajadores por una vida más digna y una sociedad más justa?
Este «dossier» sugiere algunas enseñanzas, sorprendentes para muchos, extraídas de
doce meses de ininterrumpidas luchas sociales.
Hemos escogido para elaborar este «dossier» un conflicto especialmente significativo y
del que tuviéramos noticia directa en cada ámbito regional o nacional.
Estas informaciones proceden de los propios protagonistas, sea en comunicación personal o
en crónicas publicadas en boletines del respectivo Sindicato del ramo en la CNT. Las
direcciones de contacto permiten ampliar y actualizar información y solidaridad en los
casos analizados (casi todos han sufrido duras sanciones y la necesidad es mucha). Se
reseña por otra parte, un conflicto en Andalucía occidental y otro en la oriental, pero
no tenemos datos suficientes y directos para un análisis de conflictos significativos en
Murcia, Mancha o Rioja. Otra vez será; quedamos, como siempre, a la espera de nuevos
datos y abiertos, por supuesto a cualquier rectificación
En todos ellos se llegó (o se llega, porque los rescoldos de estos conflictos sociales no
se han apagado) a la huelga abierta y prolongada, y las formas de lucha sindicales y las
asamblearias hubieron de confrontarse: las tácticas y concepciones forjadas por el joven
movimiento obrero contra la dictadura contrastaban con las recogidas por la memoria
histórica de la clase de antes del 36 y que ahora los recién legalizados sindicatos
pretendían reanudar.
De mayo del 77 a mayo del 78, la clase obrera ibérica no ha dado tregua a los
explotadores. Rotativa e intermitentemente, sector tras sector, provincia tras provincia,
ha saltado a la lucha: al final del análisis de los conflictos significativos, ofrecemos
una rápida panorámica de los conflictos de este año lleno de enseñanzas. Ahora
queremos destacar las principales, comunes tanto a los conflictos analizados con detalle
como a los simplemente enumerados.
un año de duro aprendizaje obrero
1) Asambleas y sindicatos: Allí donde la
organización asamblearia del conflicto ha sido auténtica, la conciencia reivindicativa
del sector ha dado un salto decisivo en sentido autogestionario. Pero si las asambleas son
condición necesaria para la efectividad de las luchas, no son condición suficiente.
Hacen falta además las formas de coordinación más allá del aislamiento entre las
empresas, que dan las organizaciones sindicales. Allí donde asambleas y sindicatos
actuaron al unísono, las reivindicaciones se ganaron. Allí donde la traición de las
burocracias sindicales se impuso a un movimiento asambleario insuficientemente coordinado,
las negociaciones «por arriba» trajeron frutos magros y, amargos, pagados en despidos
mas vos. Ni sindicalismo ni asambleísmo a secas dotan a los trabajadores de] arma de
lucha que sólo un sindicalismo revolucionario respetuoso de las asambleas unitarias
proporciona.
2) No ha habido «descenso» en la lucha obrera autónoma: Ni la legalidad de los
sindicatos, ni las elecciones políticas han desmovilizado a los trabajadores, que bajo la
dictadura han acumulado una larga cuenta pendiente con el capital. El análisis de los
conflictos y el resumen de luchas habidas en el año revela una combatividad
impresionante, quizá la mayor en todo el movimiento obrero europeo. Está por ver si los
nuevos «jurados de empresa» configurados tras los Pactos de la Moncloa y las elecciones
sindicales asfixian la protesta obrera y la doman hacia un reformismo «europeísta». Las
barricadas de Vigo y de Cádiz este mes de abril, los despidos y encierros de comités de
empresa, como el de Amilco en el pueblo madrileño de Coslada, indican que liarán falta
algo más que palabras para que los trabajadores ibéricos renuncien a sus
reivindicaciones.
3) Sectores y formas de lucha. Los sectores laborales más combativos son también los
más olvidados bajo el franquismo: construcción, hostelería, limpiezas, pero
prácticamente todos los sectores han mantenido conflictos extendidos y prolongados. Las
formas de lucha no han sido sólo el paro y las asambleas: los piquetes de huelga, las
manifestaciones solidarias, las cajas de resistencia que atendían miles de familias
obreras por zonas y que, como en la construcción de Asturias, recogieron millones de
pesetas duro a duro; incluso los economatos obreros, como el formado en el calzado
alicantino, todas las formas de extender la solidaridad popular han sido fundamentales.
Los conflictos que no se han aislado han sido más duros de pelar para la patronal.
4) Reivindicaciones y actitud patronal: Las motivaciones indican que los trabajadores no
se dejan coger ya en la trampa de la mera subida salarial, pronto anulada por la
inflación. Y su enunciación revela también hasta qué punto ha sido dura la
explotación capitalista en nuestro país: treinta días de vacaciones, cuarenta horas
semanales, control sobre seguridad e higiene, sobre ritmos de rendimiento agotadores, son
todavía reivindicaciones pendientes. Frente a las subidas porcentuales que busca la
patronal para estratificar a los trabajadores, se han exigido subidas lineales, más
igualitarias, y sueldos base dignos. Es evidente también la necesidad de coordinar las
luchas a escala nacional para evitar las divisiones en convenios provinciales, pero
cuidando de no perder el control asambleario sobre las negociaciones. En las luchas ha
aparecido cada vez más clara la respuesta obrera a la crisis, la denuncia de fraudulentas
suspensiones de pago, la solidaridad frente al paro forzoso, contra los destajos y las
horas extra, por aumentar puestos de trabajo. Pero los casos de reivindicaciones
autogestionarias, de imponer un control obrero frente a la crisis capitalista, son
todavía raros (ver número 5 de BICI, abril 78, página 20). Ahora bien, la motivación a
veces más directa de los conflictos fue la intransigencia patronal. Para el capital, los
obreros españoles ganan demasiado. En estos conflictos, la prensa casi siempre ha estado
en contra de la lucha obrera, y se ha echado en falta una auténtica prensa obrera, diaria
e inmediata. La información es hoy tan importante como la organización. En cuanto a la
actitud de las autoridades, cuando su mediación no era claramente manipuladora para
mantener el «orden público» por encima de cualquier otra consideración, era
directamente represiva. Legalidad sindical no es libertad obrera, y demasiadas asambleas
han sido disueltas violentamente por los «inevitables» uniformes armados. En suma, el
pulso entre el trabajo y el capital ha sido desigual porque había trampa: la trampa del
Estado.
5) Finalmente, es triste comprobar hasta qué grados ha llegado el amarillismo (depender
de la política es tan amarillo como depender de la patronal) de las centrales sindicales,
cuya legalización fue acogida con júbilo afiliatorio por grandes sectores obreros.
Obsesionadas por el electoralismo y la «estabilidad democrática», boicotearon a menudo
las asambleas obreras y trataron de desplazarlas en las negociaciones. Pero si es evidente
que el sindicalismo es necesario (reducir la lucha a las asambleas dispersas en las
empresas fue una táctica patronal que rompió varias huelgas) para forjar la combatividad
solidaria de la clase, sólo un sindicalismo respetuoso de las asambleas puede ser
revolucionario aquí y ahora: es alarmante en este sentido ver qué poco han aprendido los
sectores que se presentan últimamente como la «ortodoxia de la CNT» de este año de
luchas. Aunque la trayectoria cenetista es ejemplar en los conflictos aquí analizados,
por su apoyo a la voluntad asamblearia y a la autoorganización obrera, hoy vemos que
compañeros que (como ocurrió en la huelga de la construcción de Asturias, cuando el
comité nacional de la CNT en Madrid se negó a todo protagonismo que interfiriera en las
gestiones de los delegados elegidos y controlados por las asambleas de trabajadores, en
contraste con las manipulaciones de las burocracias de otras centrales) en sus luchas
cotidianas han aprendido que asambleísmo y sindicalismo revolucionario no son
contrapuestos, sino complementarios, hoy recitan de memoria anatemas anti-asamblearios.
Este cambio no nace ni de la experiencia de lucha ni de mandatos de la inifitancia
cenetista. Nace de presiones ajenas a la CNT, ancladas en dogmas mal aprendidos hace
cuarenta años y que es preciso denunciar si no queremos que la CNT se convierta en una
central amarillista más y que se pierda ese firme bastión de la lucha obrera que el
presente «dossier» documenta. Esperamos que la atenta lectura de estas páginas y las
enseñanzas que de ellas se desprenden refresque la capacidad crítica de algunos
trabajadores que se dicen anarquistas por mera afiliación a unas siglas, y que hoy
parecen querer olvidar las auténticas fuentes del anarcosindicalismo: no los textos
clásicos ni las consignas, sino la lucha cotidiana de la clase trabajadora por su
emancipación.
construcción asturiana: la huelga más larga
triunfó
Treinta mil trabajadores de la construcción, de unas
1.300 empresas, estuvieron más de cien días en lucha por su convenio provincial.
Las asambleas de zona en Mieres, Avilés, Nalón, Gijón, Oviedo y Pola de Siero discuten
en la primavera una tabla que, al coordinarse mediante delegados, pasa a ser plataforma
reivindicativa cara al convenio, Estas asambleas decidieron desde el principio que la
negociación sería mediante representantes directamente elegidos y controlados por todos,
al margen de todo intermediario político o sindical. Ese fue su mayor acierto.
La plataforma era larga, de 28 puntos, destacando las cuarenta horas semanales, seguridad
en el trabajo, libertades sindicales y un jornal mínimo de 900 pesetas. Al negarse la
patronal a reconocer a la negociadora («comisión de los veinte»), se va a la huelga el
1 y 2 de abril.
UGT se opone al asambleísmo y exige la negociación a través de los sindicatos. CCOO
tiene varios representantes entre los elegidos por la zona (aunque comprometidos a ser
portavoces de sus asambleas y no negociar más que con el mandato de éstas), y la CNT
apoya el procedimiento asambleario elegido por los trabajadores.
La patronal sigue negándose y trata de dividir contactando con UGT: la huelga se
generaliza mediado abril, esta vez no sólo por el reconocimiento de la comisión, sino
también por la plataforma reivindicativa.
Finalmente, la patronal reconoce a los negociadores, pero no sus revindicaciones. Empiezan
las maniobras: la comisión llama a volver al trabajo mientras ellos negocian. En Gijón
rompen así la huelga en mayo, pero los trabajadores no se fían: en Oviedo y Mieres
mantienen la huelga, prganizan cajas de resistencia. En Gijón las asambleas revocan a dos
delegados.
Cuando el cansancio aislaba a las empresas más luchadoras, se conoce el 9 de mayo la
ridícula oferta patronal de 510 pesetas, y también los primeros despidos y represalias.
Mediado mayo, la huelga es total en la provincia. Las zonas coordinan sus cajas de
resistencia y sus asambleas de delegados de tajo, creando un comité de huelga con 10
delegados por zona: esta autoorganización obrera da a las asambleas el protagonismo
efectivo de la lucha, superando el aislamiento en que tenía a las zonas la negociadora.
Las grandes empresas obligan a los pequeños empresarios a una actitud de intransigencia
en sus ofertas económicas: para cargarse de razón, y después de estudiar los datos
reales, la asamblea provincial del 24 de mayo da un mandato para negociar un jornal
cotizable base de 732 pesetas, incluído el plus de asistencia, aparte de las pagas extra
y las vacaciones. Pero decide también mantener la huelga como presión.
la prueba de fuerza
El gobernador se mete a mediar, pero no
logra que la patronal suba de las 566 pesetas de jornal. Entonces, el 6 de junio, amenaza
con prohibir las de junio, amenaza con prohibir las asambleas y enviar la policía para
reprimir a los piquetes de huelga. La coordinadora vacila, sus 17 miembros responden a
zonas de combatividad muy diferente: pero no toman postura por sí, sino que se mantienen
fieles a la decisión de las asambleas, limitándose a informarlas. La presión oficial
aumenta: cargas policiales, obreros heridos, detenidos como «rehenes» para que se vuelva
al trabajo. La respuesta obrera es firme: siguen las asambleas y el paro total; el 9 de
junio hay manifestaciones. Pero la huelga se hace intermitente, clandestina y «salvaje»
como en tiempos franquistas.
En este clima vota Asturias en las elecciones del 77. Las centrales partidistas, que, a
todo esto, se habían dedicado a sabotear la huelga para «estabilizar» la democracia,
vuelven a apoyarla, negocian que el gobernador autorice las asambleas. Ahora lo que tratan
es de capitalizar la lucha para sus campañas de afiliación, y montan una manifestación
regional en Gijón y una jornada de lucha. El 25 se concentran más de 50.000 trabajadores
en la plaza de Alvargonzales, de Gijón, no sin enfrentamientos entre obreros de la
construcción y líderes políticos empeñados en un protagonismo oportunista. El 28 de
junio pararon más de 100.000 trabajadores, de Ensidesa a la minería. Once cenetistas
fueron detenidos en las manifestaciones habidas en Oviedo.
Ante la situación crítica para los miles de familias sostenidas por las cajas de
resistencia de las zonas, las asambleas de trabajadores deciden que se hable con el
ministro en Madrid. Hay promesas, y reintegro parcial al trabajo, pero sin hacer horas ni
destajos, a espera del laudo. Se proyecta una marcha sobre Madrid, y se considera la
paralización total de obras que no tuvieran fines sociales, sino de servicio al capital
(como el hipermercado de Lugones o la autopista de Huerna hacia Madrid). Finalmente, llega
el laudo, forzando a la patronal a acceder a las reivindicaciones obreras. Ante esta
solución favorable, se vuelve al trabajo, no en todos los tajos, el 15 de julio. Fue una
gran victoria de la unidad obrera desde abajo.
Contactos: Sindicato de Construcción CNT. Carpio, 8-10, bajo. Oviedo.
hostelería de Palma: el miedo guarda la viña
La asamblea de delegados, con presencia dominante de
CCOO, llama el 4 de junio a la típica huelga puntual de veinticuatro horas, como presión
por un convenio digno, en un sector con salarios muy bajos, en general no pasan de las
13.000 mensuales. Enfrente, una patronal cerrada, acostumbrada al beneficio alto y el
salario mínimo. Cuarenta mil trabajadores (el 80 por 100 del sector) fueron al paro, y
cobraron conciencia de su fuerza.
La prensa fue muy hostil. No se juega con la hostelería en Baleares. Pero los
trabajadores tampoco quieren que se siga jugando con ellos. Escalada conflictiva: nada
más pasar las elecciones y las consignas tranquilizadoras de los partidos, tres días de
huelga, del 18 al 20 de junio. La patronal amenaza con cierres y despidos. La dispersión
de los trabajadores, su falta de coordinación, favorece una hábil maniobra patronal: que
se vote por centros sobre la huelga. Centro por centro, el control y la presión patronal
es mayor. Ante la división de los trabajadores y la confusión creada, la negociadora
acude al laudo y obtiene algunas mejoras mínimas: un sueldo base de 17.500 pesetas. Pero
la combatividad despertada en muchos centros de trabajo se quedó frustrada. El conflicto
no se ha apagado. Sigue latente.
Contactos: Sindicato de Hostelería CNT. General Goded, 9, 1.1 Palma de Mallorca.
construcción de Vizcaya: secreto sindical
Este sector se nutre tradicionalmente de
emigrantes de origen campesino, muy discriminados en la sociedad vasca, y también utiliza
parados de otros sectores, obreros generalmente poco cualificados y casi siempre
eventuales: por todo ello, fue muy explotado bajo la dictadura. Ahora, con posibilidades
de asambleas y autoorganización obrera, ha pasado a ser un sector muy combativo.
En mayo de 1977, una comisión negociadora elegida por asambleas de tajo y coordinadoras
de delegados, presentó unas reivindicaciones (salario mínimo neto de 28.000 pesetas,
frente a la carestía de la vida vizcaína; eliminación de las sanciones por rendimiento,
causa frecuente de despidos injustos) que la patronal rechazó.
En un ejemplar proceso asambleario, de tajos, de zona y generales, se decide la huelga,
que comienza el 6 de junio. Las centrales partidistas (CCOO-PCE, UGT-PSOE y ELA-PNV),
comprometidas con el Gobierno a no movilizarse en período electoral, boicotean la huelga,
negando públicamente representatividad a la negociadora elegida asambleariamente. Esto
favorece la intransigencia patronal. También dificulta que se aúnen esfuerzos con la
construcción de Alava y otras provincias que discutían su convenio, lo que resta
fuerzas, pues la patronal está coordinada, en cambio, a nivel nacional.
Tras las elecciones, las centrales partidistas tratan de asumir el protago nismo de la
negociación: la patronal insiste en tablas de rendimiento alto, y contacta con las
centrales. En tal situación, la asamblea general de la construcción, reunida en
Baracaldo el 27 de junio, opta por reincorporarse al trabajo, pero no aceptar el convenio
en tales condiciones: la negociadora asamblearia denuncia que los dirigentes de CCOO, UGT
y USO firmaron el convenio a espaldas de los trabajadores, incluso de sus propios
afiliados en el sector, sin convocar una sola asamblea informativa, alegando que la
negociación era secreta: el nuevo salario mínimo neto queda en menos de 24.000 pesetas,
a cambio de una dura tabla de rendimientos y sanciones. Las centrales reformistas del
convenio no afiliaban conjuntamente ni al 10 por 100 de los 30.000 obreros del sector,
porcentaje ampliamente superado incluso por las centrales que no firmaron el convenio por
apoyo al movimiento asambleario: CNT, unitarias v nacionalistas. Apoyándose en pliegos de
firmas de los tajos, la coordinadora de delegados impugnó el convenio, pero el delegado
de Trabajo lo homologó y encima le dio vigencia hasta enero del 79, con la clara
intención de frenar la lucha de este sector. Con las elecciones sindicales, las centrales
pactistas han ti-atado de reforzar tales métodos de desmovilización, y lo malo es que
nacionalistas y unitario-maoístas les han hecho el juego en ese terreno electoralista.
Sólo CNT continuaba apoyando la autoorganización asamblearia de los trabajadores, que,
por ejemplo, en la manifestación del 5 de noviembre en Bilbao contra el paro y en otras
luchas contra reducciones de plantillas y «listas negras», ha seguido en la brecha la
coordinadora de delegados de construcción.
(Informaciones y contactos con el Sindicato de Construcción de CNT: desconocemos si sigue
siendo válida la dirección de Bilbao, dadas las expulsiones habidas últimamente en la
CNT de Euskadi.) (Puede contactarse con el indicato de Construcción de CNT en Vitoria,
Rioja, 33, bajo.)
basureros de Valladolid: el arma de la solidaridad
Los trabajadores del Servicio Municipal de Limpiezas,
con apoyo de otros obreros municipales, pedían en junio un salario base de 25.000 pesetas
y un aumento en los pluses de toxicidad. Pasadas las electorales, se deciden poi, ir a la
huelga ante la falta de respuesta y la negativa a negociar del alcalde Fernández
Santamaría. Ahora sí hay respuesta: despedidos los 350 huelguistas y petición de que el
Ejército se haga cargo de la recogida de basuras acumuladas en las calles.
No contaba el franquista Ayuntamiento con el sordo descontento vecinal, que se traduce en
solidaridad con los huelguistas, y así, el general Campano, titular de la VI Región
Militar, se lo piensa dos veces. En efecto, las asociaciones de vecinos convacaban
diariamente asambleas que acababan marchando hacia la plaza Mayor, incendiando a su paso
los montones de basuras. Los choques entre Policía Armada y vecinos fueron especialmente
violentos en el barrio de La Rondilla, con barricadas de bolsas, disparos, heridos por
ambas partes, vecinos detenidos y lluvia de macetas y otros objetos que rompieron varios
cristales de vehículos policiales.
La noche del 6 de julio, el Ejército intervino. Soldados y policías recogieron las
basuras, pero no entraron en La Rondilla, donde piquetes de vecinos esperaban bailando en
torno a las hogueras con botellas de gasolina para contestar al esquirolaje armado y
uniformado.
Los parlamentarios y las centrales (incluidos los de CSUT, principales animadores de la
huelga) acabaron negociando. Sólo CNT se negó a mediar entre trabajadores y autoridades
y exigió que decidieran en todo momento los mismos obreros. El 8 de firmó un acuerdo con
anulación de despidos, 2.000 pesetas de aumento mensual y medidas sanitarias en favor de
los trabajadores, que descubrieron en esta huelga el arma preciosa de la solidaridad
popular.
Contactos: Sindicato de Oficios Varios, CNT de Valladolid. Real de Burgos, 7, bajo.
hostelería cántabra: una subida demasiado cara
Ante la intransigencia patronal, los 2.500
trabajadores del sector mantuvieron una huelga asamblearia durante cinco días el pasado
mes de julio. Pese a las negociaciones por arriba que intentaron los verticalistas primero
y la UGT después, para frenar al movimiento asambleario, se logró un salario mínimo
garantizado de 18.600 pesetas. Pero faltó organización en la lucha y solidaridad
efectiva: hubo piquetes detenidos y muchos despidos que continuaron meses después de la
huelga. El pequeño Sindicato de Hostelería de CNT quedó afectado por la represión
gubernativa y patronal.
Contactos: Sindicato de Hostelería CNT. Peñas Redondas, 15, bajo. Santander.
hostelería en Zaragoza: la razón obrera es la
lucha
El último convenio negociado por el
Vertical había dejado los salarios en 4.500 pesetas para el aprendiz y 16.000 para un
jefe de cocina en un hotel de cinco estrellas. Se celebran en la primavera del 77 varias
asambleas, en las que una negociadora donde USO y CCOO se reparten el bacalao, pre para
una plataforma reivindicativa. Pero la patronal se niega a negociar, y la gente se cansa y
desborda a la negociadora, proclamando una huelga de dos días desde el 22 de julio.
La negociadora consigue la vuelta al trabajo, asegurando que el gobernador apoya. Un
cenetista se levanta y recuerda que en Pamplona las promesas se han quedado en 58 despidos
por la reciente huelga de hostelería. Y, en efecto, el 26 empiezan los despidos.
De nuevo a la huelga, pero esta vez es una reunión de los maîtres, en que estos
profesionales, manipulados por los patronos, logran romper la voluntad de lucha. Por poco
tiempo.
Harta de manejos, la CNT se retira de la negociadora. Vienen los clásicos ataques de
«desunión» por los popes de CCOO y USO, pero la asamblea del 4 de agosto aprueba la
huelga indefinida a propuesta de la CNT. A la tercera va la vencida, y esta vez los
piquetes hacen cuajar rápidamente la huelga por toda la ciudad. Los patronos ofrecen
3.000 pesetas de aumento lineal a cambio de la vuelta al trabajo. Ahora son los
trabajadores los que no ceden. Han comprendido que sólo la lucha logra resultados, y
deciden continuar la huelga con dos asambleas diarias, mañana y tarde. Se organizan cajas
de resistencia. La moral es alta.
El 11 de agosto son detenidos 17 compañeros que formaban un piquete. CNT y las centrales
se presentan ante el gobernador y exigen su libertad inmediata. Se consigue. La oferta de
la patronal sube ya a 4.000 pesetas. Una mediación del delegado de Trabajo propone un
acuerdo de 4.500 pesetas de subida lineal, treinta días de vacaciones y derechos
sindicales en las empresas. La asamblea del 17 de agosto acepta la propuesta, que la
negociadora apora. CNT advierte que debe seguir la huelga si hay sancionados. Se aprueba
así, pero esa noche la negociadora firma sin más. Y la huelga acaba. No hay sanciones, y
el resultado es positivo para los trabajadores: su participación unitaria y masiva en
asambleas y piquetes contrapesó el protagonismo de los líderes partidistas y logró
superar la nefasta labor de desconcierto fomentada por la prensa.
Contactos: Sindicato de Hostelería CNT. San Antonio, 53 (el Sindicato se reúne los
sábados por la tarde).
hostelería de Málaga: una noche en el Gobierno
Civil...
Agosto, hoteles llenos, jornadas agotadoras. Se va a
revisar el convenio. Las relaciones públicas empresariales funcionan: CCOO, UGT Y USO
advier ten a los trabajadores que hay mucha,-, empresas en crisis y que no deben
hostigarlas. CNT, por el contrario, saca propaganda recordando que éste es uno de los
sectores donde los capitalistas ganan más y los trabajadores ganan menos, y que el primer
convenio que se negocia con libertad sindical debe significar algo distinto.
Sólo unos tres mil trabajadores de los 40.000 del sector están afiliados. La mayoría lo
están en CCOO, que trata de convocar las asambleas en sus locales, y tienen que hacer
acto de presencia en las multitudinarias asambleas de Málaga, Torremolinos y Fuengirola.
Aunque logran mayoría en la comisión negociadora, la asamblea se niega a rebajar su
reivindicación de 8.000 pesetas de aumento lineal. CCOO propone 6.000; la patronal,
4.000. Las empresas no cederán, y la asamblea decide la huelga el 13 de agosto.
Piquetes de huelguistas recorren la Costa del Sol el 14 de agosto, y muchos comités de
huelga se forman espontáneamente. El Gobierno Civil, alarmado, convoca una reunión
nocturna de la negociadora, las centrales, la patronal y los representantes
parlamentarios. Hay huelga dura en la hostelería por el Norte; la CNT, presente en la
reunión, advierte que allí no se puede decidir nada, que sólo la asamblea de
trabajadores debe decidir. La patronal sube la oferta hasta 5.000 pesetas de aumento. Las
centrales lo aceptan, salvo la CNT, y la negociadora convoca asamblea general al día
siguiente. Pero el acuerdo está firmado. A espaldas de los trabajadores.
El lunes 15, la prensa y las centrales políticas llaman a romper la huelga. La mayoría
de los trabajadores, desorientados, vuelven al trabajo. La subida, después de tantos
años de explotación, satisface a muchos. A la tarde, 6.000 obreros se reúnen en
Torremolinos. Las intervenciones que llaman a continuar la huelga hasta lograr las 8.000
pesetas crean entusiasmo. La mesa, desbordada, abandona la asamblea. La Guardia Civil
disuelve a los que se manifiestan al grito de «Ocho mil, o huelga». Las centrales
partidistas sacan un panfleto tratando a la CNT de «radical», «irresponsable» y
«divisionista». La patronal sabe que el ambiente es tenso, y amenaza esa noche con el
despido inmediato a quienes no se reincorporen al día siguiente. El 16 la huelga está
rota. Los verdaderos «divisionistas» obtienen de la patronal el reconocimiento de sus
secciones sindicales como premio a sus servicios.
CNT ha de dar por concluida la huelga, aun considerando que hubiera podido ganarse las
8.000 sin la traición de las centrales pactistas. En el «Informe sobre la huelga de
hostelería» que los cenetistas reparten por toda Málaga a fines de agosto, se proclama:
«Todo el poder a las asambleas. Todo lo demás es secundario, incluso las centrales: que
en el mejor de los casos puede ser una ayuda valiosa (CNT) y en el peor traición (las
demás centrales), como se ha visto en e s t a huelga».
Contactos: Sindicato de Hostelería CNT. Dos Aceras, 20, 1.º Málaga.
calzado alicantino: las asambleas no bastan
Este sector, donde la pequeña empresa y la
explotación del trabajo a domicilio ha impuesto condiciones muy duras y escasos salarios,
que no se corresponden con los altos beneficios de las exportaciones, la gente estaba
quemada desde la huelga de febrero del 76, en que el PCE y sus CCOO fueron desbordados, y
la represión policíaca causó un obrero muerto en Elda.
Las asambleas que preparan la negociación del convenio en el verano pasado se radicaIizan
ante la noticia de que la asamblea de 15.000 personas que había decidido presionar con la
huelga es disuelta por la policía y hay trabajadores heridos. Elda para en un 90 por 100
de las empresas, y detrás se paraliza Villena y todas las fábricas que se extienden por
el valle del Vinalopó. El conflicto llega hasta Arnedo, en Rioja, y pasa a las Baleares.
En Alicante son 60.000 trabajadores los que están en huelga. Setecientas empresas cierran
y dan de baja a los obreros como medio de presión patronal.
La huelga ha sido declarada legalmente, pues los delegados tienen experiencia, pero la
acción de los piquetes ¡legales y de las cajas de resisten cia define campos. Las
asambleas tienen la soberanía en todas las decisiones, se rechaza todo protagonismo
sindical. «No queremos siglas», dicen los trabajadores.
La vinculación inicial entre las manipuladoras CCOO y la coordinadora de delegados, que
creó al principio cierta hostilidad inicial entre ésta y la embrionaria CNT, da paso en
la lucha y en las asambleas a una entrega sin reservas de los cenetistas a la extensión
de la huelga: potencian los piquetes, la propaganda, las cajas de resistencia. Se formó
una cooperativa obrera de consumo, economato que compraba directamente a campesinos y
cooperativas agrícolas. E s t a huelga asamblearia parecía indestructible a fines de
agosto.
La dirección de Comisiones Obreras califica las reivindicaciones de «maximalistas».
Treinta días de vacaciones, cuarenta horas semanales, niantenimiento de la paga durante
la «mili», igualación de salarios entre hombres y mujeres que hacen el mismo trabajo.
¿Es esto excesivo para el secretariado de CCOO? Pero se prepara el Pacto, se apela a la
ruina de la pequeña empresa, los cientos de miIIones que se están perdiendo en
exportaciones. Comisiones Obreras pide a los trabajadores «sensatez contra las
provocaciones», y hábilmente propone que se dispersen las fuerzas en asambleas de
centro, donde se decida la vuelta al trabajo bajo la presión directa de la patronal
respectiva. CCOO supo encontrar el talón de Aquiles del movimiento asambleario: la
insuficiente coordinación frente a la disciplina del sindicato. CCOO juega a fondo la
baza del miedo, y se ve apoyada por UGT, que con menos habilidad se había opuesto pura y
simplemente a la huelga. La prensa apoya a los sindicatos reformistas frente al movimiento
asambleario, al que la patronal acusa de «irresponsable» porque sus delegados no quieren
firmar nada a espaldas de las asambleas.
La ruptura de la huelga en Elda (que pesa en Elche, punta de lanza del movimiento, pero
donde se había apreciado la solidaridad inicial y ahora no se quiere dividir las
actitudes), y la promesa de levantar todas las sanciones, acaban con la vuelta al trabajo.
El laudo aplaza la revisión del convenio. Es ahora, en la primavera del 78, cuando el
calzado tiene que sacar todas las enseñanzas de la huelga del verano, de los numerosos
despidos posteriores. Los millares de trabajadores en paro y sus acciones solidarias (como
las de la coordinadora de parados en Elda) hacen hoy más explosiva la situación que la
de aquella huelga asamblearia rota el 3 de septiembre.
Contactos: Sindicato de Piel y Calzado CNT. Gabriel Ruiz Chorro, 16. Elche (Alicante).
construcción de Cádiz: victoria de una huelga
asamblearia
La patronal no quiere revisar el convenio. Las
asambleas en los tajos deciden no echar horas extras ni destajos. Las grandes empresas
(Urbis y otras) despiden a más de 1.000 trabajadores, y advierten que sólo negociarán
con las centrales legales, no con las asambleas.
Pero USO, UGT, CCOO y CNT firman un comunicado a la prensa reconociendo a la comisión
negociadora elegida en asambleas como única representante ante el convenio. En la
comisión hay compañeros de CNT, pero elegidos como trabajadores, no como «siglas».
Ante la descarada firma de una revisión del convenio por la patronal y miembros de la UTT
del disuelto Vertical, la asamblea en Sanlúcar de Barrameda rezuma cabreo. Y, encima, la
Guardia Civil carga brutalmente. Hay varios heridos graves, y mosquetones rotos. En las
obras de toda la provincia se decide la huelga para el 18 de agosto. Se crean cajas de
resistencias y comités de huelga en todas las localidades. Sentadas, concentraciones, y
el 12 de septiembre, con más de tres semanas de huelga, 12.000 obreros marchan 17
kilómetros hasta Cádiz.
Hay afanes de protagonismo de las centrales en las asambleas, presiones del gobernador,
mediación del delegado de Trabajo, y finalmente una asamblea masiva acepta una sustancial
mejora económica, siempre que no haya ni un represaliado. Una vez levantadas las
sanciones, se vuelve al trabajo el 26 de septiembre con moral de victoria. Son las
asambleas, los piquetes, las cajas de resistencia, las formas de lucha autogestionada por
los trabajadores, lo que decidió.
Contactos: Sindicato de Construcción,CNT. San Miguel, 7. Cádiz.
construcción de Cáceres: los errores se pagan
En las asambleas semanales que organiza el
Sindicato de Construcción de CNT durante el verano se elabora una tabla de
reivindicaciones, que se presenta a una reunión conjunta con otras centrales, y
posteriormente a una asamblea provincial convocada mediante octavillas. La asamblea
elabora la tabla definitiva, basada en 25.000 pesetas para el peón, IRT y SS a cargo de
la empresa, reivindicaciones que parecen «excesivas» a los «liberados» de CCOO y UGT,
que al no poder manipular la asamblea optan por retirarse.
Octavillas repartidas en grupos por Cáceres y pueblos de las comarcas convocan a un paro
en septiembre y a una asamblea en el campo de fútbol, donde se eligió una comisión para
presentar la tabla a la patronal. Pero el presidente de los empresarios del ramo,
Valentín Pinilla, conocido especulador inmobiliario y explotador fascista, hizo saber que
sólo negociarían con los verticales... oficialmente disueltos. Pero pronto habrían de
encontrar nuevos «verticalistas».
La respuesta unánime de los obreros a la provocación patronal fue parar indefinidamente
hasta que haya negociaciones con resultados aceptados por las asambleas. El 29 de
septiembre empieza la huelga general del sector.
UGT y CCOO hicieron campaña en prensa y radio contra la «huelga salvaje», y se
presentan ante la patronal como negociadores. Muchos carnés sindicales volaron en pedazos
al aire de los tajos cacereños. En las asambleas diarias, que CNT apoya como
trabajadores, no actuando en la huelga como afiliados a unas siglas, se eligen grupos de
trabajo, propaganda, piquetes,cajas de resistencia, etc., sin poder decisorio, sólo con
funciones de coordinación. Delegados de tajos, obras y pueblos de toda la comarca, que a
su vez coordinan las asambleas decisorias de base, acuden diariamente a la asamblea de
Cáceres.
El asambleísmo no evitó la manipulación por la demagogia de los «liberados» de CSUT,
que finalmente hicieron tragar a la asamblea un acuerdo de 21.200 pesetas para el peón,
con todo tipo de descuentos (IRTP-SS) a restar. Sólo en Miajadas se siguió luchando
hasta el final, y cuando hubo despedidos no llegó la solidaridad de otros lugares.
La miseria de esta provincia lue un factor de
debilidad en la lucha, pues los sueldos anteriores (por debajo de las 15.000 pesetas)
impedían todo ahorro, con lo que las cajas de resistencia eran escuálidas.
El Sindicato de Construcción de CNT cometió errores graves que impidieron un apoyo más
eficaz a la huelga: en los treinta y cinco días que duró no se hizo ni una asamblea
general, pese a que casi diariamente acudían trabajadores a afiliarse. Así, los nuevos
afiliados no tenían dónde formarse como tales cenetistas, y los militantes con
experiencia se agotaban y no se conjuntaban, con lo que dirimían sus naturales
diferencias de criterios personales a gritos en las asambleas, confundiendo a los
trabajadores sobre cuál era la postura de CNT. El trabajo de extensión de la huelga
estaba concentrado en un puñado de compañeros desbordados de trabajo, que no supieron
repartirlo con los nuevos afiliados. Con ello, faltó información a la prensa que
contrarrestara a los «profesionales» que otras centrales trajeron para boicotear o
manipular la huelga. Tampoco hubo información rápida ni ayuda entre las regionales de
CNT ni en la propia regional extremeña... En suma, faltó una auténtica federación
anarcosindicalista que diera la perspectiva de solidaridad de clase aquel 15 de octubre en
que más de 10.000 trabajadores se manifestaban con la cabeza alta por las calles de
Cáceres por primera vez desde hacía cuarenta años.
Contactos: Sindicato de Construcción CNT. Parras, 40. Cáceres.
gasolineras de Barcelona: piquetes contra
amarillismo
Los hechos de esta huelga son bien conocidos de los
trabajadores (véase número 2 de BICICLETA, die. 77, página 8): las asambleas del sector
optaron por afiliación mayoritaria a CNT, redactaron la plataforma reivindicativa (subida
de 458 pesetas de jornal a 1.000, dada la carestía y el antecedente del convenio
nacional, y medidas contra el paro: no a horas extra, y, aumento en dos puestos de trabajo
en las plantillas de gasolineras que sobrepasaran la jornada de ocho horas), y hubieron de
soportar la enemiga «amarillista» de las CCOO. Cuando ya la patronal accedía a
negociar, la interferencia de CCOO con sus reivindicaciones más limitadas les da
esperanzas de dividir a los obreros, y rompen las negociaciones. Ante esto, la asamblea
decide la huelga.
El paro fue total en Barcelona desde el 21 de octubre, y la moral subió y logró la
huelga casi total en toda la provincia gracias a los piquetes informativos que extendieron
la huelga en las comarcas. La solidaridad militante de compañeros de otros sindicatos de
CNT suplio con creces la falta de coordinación entre las federaciones locales o de una
federación de industria en la provincia. Dada la inexperiencia de lucha de los
gasolineros, y las amenazas oficiales (despidos, Guardia Civil, etcétera), sin la
actuación espontánea de los cenetistas que respondían a las amenaza- y obligaban a
retirarse a la policía y a la Guardia Civil, advirtiéndoles que esas amenazas oficiales
eran meros rumores, es probable que se hubiera roto la huelga. Pero desde el tercer día,
la huelga adquirió su dinámica propia y el poder de las asambleas fue real.
El boicot de CCOO llegó a propiciar asaltos de consumidores, como el de Sta. Eulalia de
Ronsana, con grandes tensiones, y el peligro ciudadano ante el reparto de carburante por
cisternas de CAMPSA en las calles sin medidas de seguridad, mercado negro, pescado que se
pudría por la paralización total del transporte por carretera, etc. Se advierte que «no
se puede dejar sin gasolina a Tarradellas», que ese día llegaba a Barcelona.
La situación estaba bajo el control de la CNT: los gasolineros despachaban gasolina a los
casos de urgencia si llevaban vales del sindicato de transporte, y los casos de extrema
urgencia los solucionaban directamente pero tomaban los datos e informaban al sindicato.
En esta situación, «el presidente de las asociaciones de servicio manifestó que estaban
dispuestos a ceder las gasolineras al Estado, pero nunca a CNT» (Ya, 23 octubre 1977).
Las presiones políticas sé precipitan, y el Gobernador se encierra con el comité de
huelga (presencia mayoritaria de CNT, pero también afiliados a CCOO contrarios a las
consignas de su central) y la representación patronal, advirtiendo que nadie saldrá de
allí sin firmar un acuerdo.
Contraluces de una huelga
El voto de confianza que el comité de huelga había
solicitado a la asamblea, y que gobernador y patronal conocían, se volvía así contra
los trabajadores, pues permitía que se coaccionase al comité: tal no habría ocurrido si
el comité no hubiera sido sino portador de los acuerdos de la asamblea, sin «gestiones
por arriba». El caso es que el comité firmó las mejoras obtenidas antes de que la
asamblea se hubiera pronunciado, y aunque ésta los ratificó después, los principios
anarcosindicalistas qu e d a r on malparados. Tampoco fue útil a los trabajadores que
representantes de CNT, sin mandato de su sindicato, negociaran con jefes de la policía
que la guardia civil se retirase de las gasolineras, dando pie a negociaciones en que se
insinuó la posible aceptación de una oferta patronal de 850 pts., dando así pie a las
coacciones del gobernador.
En cambio, los éxitos superan con mucho los errores: se superaron los topes de la Moncloa
en cuanto a subidas salariales, se planteó una alternativa autónoma de los trabajadores
en la lucha contra el paro forzoso, se potenció la asamblea como único órgano de
decisiones, se eligió libremente la opción sindical que los trabajadores quisieron, y la
decisión por la CNT fue correspondida por sus militantes para volcarse en una huelga en
que las centrales políticas tuvieron muy pocas posibilidades de manipulación. La
elección por la asamblea de un comité de huelga, la preparación de la huelga (incluso
legal) aún antes de conocer la postura patronal, fueron también aciertos en la lucha. Se
demostró la eficacia de un sindicato como organizador de la solidaridad, especialmente en
esta huelga en un sector disperso, inexperto en la lucha, que actúa en la calle ante el
público, sin la solidaridad masiva de la huelga en local cerrado, y todo eso y el boicot
de CCOO se venció aunque las estructuras de coordinación comarcal aún sean
insuficientes. La huelga y sus importantes subidas salariales mostró la importancia de
apoyar el movimiento obrero en sus dos pies fundamentales: la asamblea v el sindicato.
Contactos: Sindicato de Transportes CNT, Plaza Duque de Medinaceli, 6. Barcelona (Tel. 317
23 47).
Madrid: traición burocrática en el transporte de
mercancías
Las asambleas de empresa en el verano 77 van
perfilando unas tablas reivindicativas que CCOO trató de unificar sobre su propio
anteproyecto en una asamblea en sus locales que congregó a menos de 500 trabajadores. En
ningún momento se dejó intervenir más que a oradores de CCOO, que traían pliegos de
firmas apovando como reivindicación 25.000 pts. de salario mínimo. Al ver este atentado
contra la unidad obrera, los militantes de las demás centrales con presencia en el sector
unifican un anteproyecto conjunto y lo presentan a una asamblea general el 1 de octubre.
Asisten 2.000 trabajadores, y tras debate punto por punto se elabora una plataforma
reivindicativa, que exige un salario mínimo de 30.000 ptas. y se elige una comisión
negociadora. CNT apoya sin reservas este proceso asambleario y unitario.
La patronal (que es quizá la más mafiosa y franquista del país) decide aprovecharse de
la grieta abierta por el sectarismo de CCOO para torear a la negociadora unitaria. Ofrece
provocativamente 18.000 pts. como salario mínimo en una ciudad con la carestía de
Madrid. Ante esto, los trabajadores cierran filas y en asambleas conjuntas deciden ir a la
huelga por sus reivindicaciones. En noviembre el paro en el sector es total. Son detenidos
algunos piquetes informativos. Cuando CCOO, alarmada por el radicalismo de la situación,
boicotea las asambleas en los locales de la AISS y convoca sus propias asambleas, muchos
de sus afiliados rompen en público sus carnés.
En las negociaciones interviene el delegado de Trabajo, Marcos Peña, descaradamente
favorable a CCOO, advirtiendo que los Pactos de la Moncloa no admiten que el sueldo
mínimo suba de las 23.000 pts. Las asambleas optan por continuar la huelga. Pero los
despidos patronales y sobre todo el esquirolaje impulsado por CCOO, junto a la represión
de la Guardia Civil contra los piquetes de huelguistas, le van restando fuerza al paro. A
raíz de algún choque, los locales de CCOO en la calle Ancora hubieron de ser protegidos
por la policía contra los huelguistas.
Finalmente, la patronal, presionada por CCOO y el gobierno, subió su oferta hasta las
23.000 de mínimo, y ahí se acabó la huelga. Todas las centrales firmaron el convenio,
salvo la CNT, por no haberse conseguido las reivindicaciones exigidas por las asambleas,
sobre todo las 40 horas semanales. Continúa la lucha por conseguir estos puntos empresa
por empresa, aumentan los despidos y la escalada en los precios traerá muy pronto la
revisión del convenio. Para entonces es preciso afrontar la camisa de fuerza surgida de
las elecciones sindicales.
Contactos: Sindicato de Transporte CNT. Magdalena, 29, 2.º Madrid.
Tenerife: transportistas unidos no fueron vencidos
Las «guaguas rojas», explotadas por
empresarios franquistas que obtuvieron pingües beneficios pero no reinvirtieron, paran el
13 de octubre. Los trabajadores se han hartado de abusos: suspensión de pagos y abandono
de servicio por la patronal que ni siquiera abonó a la S. Social los descuentos que
hacía a los obreros y que un buen día dejó de pagarles la mensualidad debida, promesas
del Estado... y los trabajadores currando y sin cobrar. (Sobre los orígenes de esta
huelga y sus consecuencias en la huelga general del 12 de diciembre, véase BICI n.º 3,
enero 78, págs. 16-17.)
Los trabajadores están unidos en un Sindicato Obrero Unitario del Transporte (antes P 0 U
B : arraigado también entre los portuarios), apolítico y estrictamente reivindicativo:
conviene no confundirlo con los «unitarios» maoístas.
UGT trata de boicotear la huelga para echar abajo la estructura del Un¡tarío. CNT apoya
la lucha, cuyo objetivo es conseguir una empresa pública del transporte interurbano en la
isla, que garantice el futuro laboral de los trabajadores y ofrezca un servicio digno,
eficaz y a precios populares. Pero para conseguirlo, los trabajadores ya no se fían de
los políticos.
La huelga es larga, pero los obreros resisten. La policía reprime una manifestación
pacífica de los trabajadores a primeros de diciembre. Los ánimos se encienden. Asambleas
de trabajadores del Transporte, así como del Tabaco y del Frío, en dura huelga desde
noviembre, con despidos y sanciones, llaman a la huelga general para el 12 de diciembre.
Tienen el apoyo, más teórico que efectivo, de algunas sindicales, CNT entre ellas, y en
cambio la enemiga declarada de UGT y CCOO, cuyos intentos de convocar concentraciones
paralelas fracasan rotundamente. Por otro lado, la manipulación de la huelga por
intereses políticos de los grupos independentistas restó apoyo entre los trabajadores.
La represión policial sembró el terror en las calles tinerfeñas y culminó con la
muerte de un joven estudiante por disparos de la Guardia Civil, amén de varios heridos
graves.
Más de un mes tardó aún la Administración en facilitar una solución: pero a fines de
enero, tras 104 días de huelga, los trabajadores lograron sus objetivos: la empresa TITSA
se hace cargo del servicio, se mantienen los puestos de trabajo y un aumento salarial del
22 por 100. No es flaco éxito si se piensa que los trabajadores se vieron acosados por el
boicot amar¡llista de UGT, asentada en los cuadros administrativos, y por una represión
policial insólita. Pero el famoso Pacto de la Moncloa, el cansancio y la escasa
incidencia organizativa de una sindical revolucionaria como la CNT en el sector impidieron
a los obreros obtener en la recta final las mejoras reales que estuvieron a su alcance en
una negociación efectiva con la nueva empresa, que aún no se ha dado.
Contactos: Sindicato de Transporte CNT. Progreso, 45, bajo. Sta. Cruz de Tenerife.
Vigo: montajes de Ascón, a las barricadas
La crisis del sector naval, las dificultades en la
pesca, y sobre todo la huelga de inversiones que practican los capitalistas desde que
desapareció la dictadura, ha echado abajo uno de los negocios más prósperos de la
época en que los astilleros eran el sector productivo mimado por el régimen de Franco:
se trata de las contratas, sistemas de «negreros» intermediarios que empleaban gente en
paro para sus empresas subsidiarias auxiliares que así aligeraban la nómina de los
astilleros para los que en realidad trabajaban. Los resquemores entre trabajadores de
plantilla en astilleros y eventuales de contratas permitían a la patronal dividir a los
obreros y despedir impúnemente. Pero también esto se ha acabado.
Así, en julio empiezan los despidos en Montaxes Ría cuando los trabajadores se niegan a
ver reducido su sueldo en un 25 por 100, y ante la huelga solidaria imponen el cierre
patronal en Sto. Domingo: el grupo de oligarcas Pérez Maura que dominan las contratas
Ascón desde marzo, dejan en la calle a 600 obreros. Comienzan las ocupaciones y encierros
de trabajadores de Ascón y Ría, que por su carácter unitario, demuestran una voluntad
obrera de resistir a la crisis capitalista con la lucha.
Los despidos vienen en cadena: Vulcano, Aycasa, Freyre, las subsidiarias de Astano y
Bazán en Ferrol, y de nada vale a los despedidos ganar juicios en Magistratura. El
despido libre se compra en este país. Pero se extienden las asambleas y ocupaciones de
fábricas a los trabajadores fijos de plantilla ante la crisis de los astilleros, las
acciones de los despedidos en la calle muestran una voluntad de defender el puesto de
trabajo. Concretamente, saben que Pérez Maura tienen contratados para Ascón 24 barcos, y
que el último cierre, en febrero del 78, de dos factorías por inflexibilidad patronal
ante los paros por solidaridad con un trabajador despedido, es una muestra de
autoritarismo que los obreros ya no quieren tolerar. Entre los despedidos hay cargos
sindicales de CCOO y USO. 1850 trabajadores de Ascón, en la calle desde hace mes y medio
por su solidaridad, se enteran ahora que Pérez Maura pretende la suspensión de pagos.
¡Arde Vigo! Hogueras y barricadas en puntos estratégicos de la ciudad advierten que las
elecciones sindicales no han-barrido la lucha de clases. Los anarcosindicalistas actúan,
el PCE denuncia a los «irresponsables», las centrales pactistas median con el Ministerio
en Madrid, la oligarquía gallega se indigna ante el «salvajísmo» obrero y se apresta a
despidos masivos. Cuando se escribe este informe a primeros de abril, las asambleas de
trabajadores no están dispuestas a admitir el despido y el cierre por intransigencia
patronal.
Contactos: Sindicato del Metal, CNT de Vigo. Ramón Nieto, 51, bajo.
panorámica general: el movimiento obrero no se ha
detenido
Visto con la perspectiva de un año, es claro que los
señuelos burgueses de la política parlamentaria no han frenado la larga marcha del
movimiento obrero en nuestro país hacia su emancipación.
Tanto si lo enumeramos por sectores como por ámbitos geográficos, la trayectoria del
conflicto obrero evidencia con rotundidad su rechazo de la crisis y la integración
capitalista o reformista.
todos los ramos laborales en lucha
Sectores hay que incluso alcanzaron en estos
doce meses cotas reivindicativas nunca alcanzadas, ni en los duros años del franquismo ni
en ese período «áureo de la autonomía obrera» que algunos intentan mitificar y que
iría de la huelga general en Madrid a principios del 76 a la huelga de la Roca de Gavá,
pasando por las luchas de V i t o r i a sangrientamente aplastadas por el primer año de
la reforma monárquica, que al revelarse insuficiente y rígida la «troika»
Arias-Areilza-Fraga, deja paso al pragmatismo pactista de Suárez.
Así, el campo logra ganar un cierto pulso al
gobierno tras muchas semanas de tractores en las carreteras y mejorar sustancialmente los
precios agrarios. Así, los jornaleros inician marchas y ocupaciones de latifundios como
solución autogestionaria al problema del paro. Así, los pensionistas pasan a la acción
directa y se manifiestan hasta lograr un mínimo de justicia que el gobierno les
regateaba.
Pero sector por sector de la producción y los servicios son también protagonistas en ese
año de luchas: conflictos de la construcción recorren toda la geografía española
(cuatro de ellos se analizan en el presente «dossier») de Granada en julio del 77,
conmemorando el asesinato de varios obreros por la policía en la huelga del 70, al actual
de Palencia en esta primavera del 78. Correos y telégrafos no ha cesado de luchar en todo
el año, estableciendo coordinaciones estatales. Todo el sector de la administración
pública, que en julio del 77 responde a la reforma Suárez con una huelga por la igualdad
retributiva, contra los privilegios corporativos y la democratización del sector
público, protagoniza el largo conflicto del personal laboral de Obras Públicas el
enfrentamiento con el Pacto de la Moncloa, que niega a los trabajadores un salario de
supervivencia, luchan también los obreros bajo patrón militar (véase BICI, n.o 4,
página 14) que han conseguido la libertad sindical, y también una dura huelga los del
PMM contra un mísero salario base de 10.200 pts. Enseñanza realiza paros a escala de
todo el país entre los interinos de la estatal en la primavera del 77 y de nuevo en
febrero del 78 (ver BICI, n.os 3, pág. 19, y 4, pág. 14), el personal de limpiezas
municipales establece huelgas de Tenerife (donde el Ejército interviene en septiembre del
77 como «esquirol» armado) a Valencia, y también las limpiadoras de contratas privadas
luchan en los hospitales andaluces en el verano. La Sanidad y Seguridad Social conocen una
huelga general en diciembre del 77, con escandaloso boicot ugetista. El calzado levantino
(ver dossier), el comercio de Madrid y Asturias en diciembre, los espectáculos públicos
paran en Madrid y Barcelona también en diciembre por la libertad de expresión, como lo
había hecho la prensa y medios informativos en noviembre en protesta contra los atentados
fascistas que tratan de ahogar esa libertad. La tremenda huelga «rotativa» de la
hostelería por toda la geografía costera española despierta un sector tradicionalmente
explotado y víctima del «milagro turístico». Los trabajadores del mar y de la pesca
luchan contra el Estado tanto o más que la patronal, de las negociaciones de las flotas
de altura y bajura del invierno a los violentos enfrentamientos habidos en Cádiz esta
primavera. El metal conoce duras negociaciones y paros por los convenios en Madrid,
Barcelona, Guipúzcoa y registra largas huelgas por un sueldo decente (3 meses en Acerinox
de Algeciras, enero-marzo del 78) o por el puesto de trabajo (3 meses también en
Tornillería del Nalón el pasado verano). La minería, además de los conflictos de
Hunosa y de los silicóticos asturianos, registra la importante victoria en Carbones de
Berga (ver BICI, número 4, pág. 13). El textil tiene muchos conflictos por la crisis en
Catalunya, destacando la experiencia en la Eurostil de Sta. Coloma (BICI, n.º 5) y la
larga huelga de Lois en el pueblo valenciano de Navarrés (BICI, no 4, página 14). A los
diversos conflictos del transporte que se analizan en el anterior «dossier», habría que
añadir finalmente huelgas como la de Aviación Civil, avasallada por los efectos
retroactivos del Pacto de la Moncloa, o el encierro en Coches-Cama en septiembre del 77.
ni un rincón sin conflicto
Si bien la anterior relación cubre prácticamente la
geografía española, queremos reseñar brevemente algunos de los conflictos que tuvieron
especial repercusión en su ámbito local, comarcal o regional, además de los que
analizamos con detalle en el «dossier».
En Andalucía, la marcha del 27 de mayo del 77, organizada por la Federación de
Campesinos de la CNT y el SOC-CSUT, interceptada a los 8 kms. por la Guardia Civil cuando
marchaban de Utrera a Sevilla, fue la primera marcha de jornaleros por la tierra desde la
guerra civil. Las otras centrales la boicotearon por «interferir el proceso electoral El
olivar de estos pueblos de Sevilla, la huelga de la Santana-Land Rover en Linares, las
luchas en Astilleros gaditanos contra el paro y la crisis capitalista, son también
jalones llenos de enseñanzas para el movimiento obrero en este año que queda atrás.
Aragón registró luchas significativas en torno al convenio del Metal zaragozano,
especialmente en Montajes. Asturias tuvo un año de grandes huelgas en las que los 100
días de la Camocha y las movilizaciones solidarias con los trabajadores de Ensidesa y
Duro-Felguera forjaron nuevas conciencias obreras. Tenerife, además de los ya
mencionados, tuvo duros conflictos en agua, luz y gas en el verano, y en hostelería en el
invierno. Muchas enseñanzas dejaron las huelgas de construcción de Zamora y Palencia por
tierras castellano-leonesas. En la «primavera caliente» del 78, y tras un año que dejó
experiencias de huelgas autogestionadas en muchos ramos y empresas catalanes (de Numax,
Roselson o Teixits de Esparraguera a la victoria en Clausor, donde los despedidos tuvieron
que encadenarse pat-a lograr la amnistía laboral), la derrota parcial de los trabajadores
de Bimbo ha dejado paso a luchas victoriosas en Olivetti, Lámparas Z-Miniwatt,
construcción, comercio del metal y transporte de mercancías, en largas y duras luchas
por sus convenios sobre las que volveremos. En Euskadi, tierra de solidaridad varias veces
movilizada por la amnistía Y por el puesto de trabajo de otros compañeros, la triste
experiencia y aislamiento de Tarabusi o Aurrerá hace reflexionar en esta hora de crisis
en muchas grandes empresas de la ría bilbaína, habitualmente manipuladas por las
centrales pactistas hoy ensorbecidas con sus éxitos electorales. La Extremadura obrera ha
conocido conmociones como las de Zafra en lucha contra el desmantelamiento de la Díter o
la huelga de la construcción de noviembre en Badajoz traicionada por las centrales
pactistas y que ha dejado un rastro de despidos y una tabla de rendimientos agotadores.
Una de las luchas gallegas más largas y combativas fue la victoriosa huelga de los 2.000
obreros de Alúmina en Lugo, de junio a agosto pasados. La metrópoli madrileña se vio
sorprendida por el descaro de CCOO que en diciembre organizó una huelga para canalizar el
descontento del sector de construcción... ¡en apoyo al Pacto de la Moncloa! Las mezclas
de sindicalismo y política suelen acabar así. La lucha en construcción no ha terminado,
pero las divisiones trajeron muchos despidos. En la Mancha continúa la lucha de los
trabajadores de Hulleras de Puertollano. En el País Valencià la primavera tuvo un
momento álgido de luchas asamblearias en el metal, en Ford, en Astilleros, que el
protagonismo sindical ha encauzado después hacia negociaciones más dudosas. En la
región murciana deben destacarse las luchas en los astilleros de la Bazán y la actual en
construcción. Y en la Rioja, los conflictos del metal sirvieron también para que el
«pasotismo» juvenil incorporado a la CNT hiciera sus pruebas de fuego y se convirtieran
en anarcosindicalistas auténticos.
De toda esta panorámica podríamos sacar ya muchas, muchísimas enseñanzas para la
fragua de un sindicalismo revolucionario en las nuevas condiciones de la sociedad
española: en todos y cada uno de estos conflictos ha habido militancia
anarcosindicalista, con mejor o peor suerte. Pero preferimos no abrumar más al lector que
haya llegado hasta aquí con nuevos datos e interpretaciones, y dejamos paso a las
opiniones -Y A LA ACCION- de los compañeros que, ante este año de luchas, tengan algo
que decir, Y QUE HACER. Porque cerrar los ojos a doce meses de experiencias asamblearias
sería echar por la borda el mejor aliado que tienen los luchadores del movimiento obrero
autónomo contra el nuevo corsé de los comités de empresa impuestos por la legislación
estatal y las maniobras políticas. Veremos si el Primero de Mayo de 1979 podemos decir
que estas enseñanzas no fueron en vano.
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