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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 6 Mayo 1978

¡A la huelga!: enseñanzas de la acción directa

UN AÑO DE LUCHA OBRERA TRAS LA LEGALIZACION SINDICAL

15.jpg (16215 bytes)Este Primero de Mayo de 1978 hace exactamente un año que se legalizaron los sindicatos obreros en nuestro país, después de cuarenta años de clandestinidad y represión. Su legalización, ¿ha frenado o ha impulsado la lucha de los trabajadores por una vida más digna y una sociedad más justa? Este «dossier» sugiere algunas enseñanzas, sorprendentes para muchos, extraídas de doce meses de ininterrumpidas luchas sociales.

Hemos escogido para elaborar este «dossier» un conflicto especialmente significativo y del que tuviéramos noticia directa en cada ámbito regional o nacional.

Estas informaciones proceden de los propios protagonistas, sea en comunicación personal o en crónicas publicadas en boletines del respectivo Sindicato del ramo en la CNT. Las direcciones de contacto permiten ampliar y actualizar información y solidaridad en los casos analizados (casi todos han sufrido duras sanciones y la necesidad es mucha). Se reseña por otra parte, un conflicto en Andalucía occidental y otro en la oriental, pero no tenemos datos suficientes y directos para un análisis de conflictos significativos en Murcia, Mancha o Rioja. Otra vez será; quedamos, como siempre, a la espera de nuevos datos y abiertos, por supuesto a cualquier rectificación

En todos ellos se llegó (o se llega, porque los rescoldos de estos conflictos sociales no se han apagado) a la huelga abierta y prolongada, y las formas de lucha sindicales y las asamblearias hubieron de confrontarse: las tácticas y concepciones forjadas por el joven movimiento obrero contra la dictadura contrastaban con las recogidas por la memoria histórica de la clase de antes del 36 y que ahora los recién legalizados sindicatos pretendían reanudar.

De mayo del 77 a mayo del 78, la clase obrera ibérica no ha dado tregua a los explotadores. Rotativa e intermitentemente, sector tras sector, provincia tras provincia, ha saltado a la lucha: al final del análisis de los conflictos significativos, ofrecemos una rápida panorámica de los conflictos de este año lleno de enseñanzas. Ahora queremos destacar las principales, comunes tanto a los conflictos analizados con detalle como a los simplemente enumerados.

un año de duro aprendizaje obrero

1) Asambleas y sindicatos: Allí donde la organización asamblearia del conflicto ha sido auténtica, la conciencia reivindicativa del sector ha dado un salto decisivo en sentido autogestionario. Pero si las asambleas son condición necesaria para la efectividad de las luchas, no son condición suficiente. Hacen falta además las formas de coordinación más allá del aislamiento entre las empresas, que dan las organizaciones sindicales. Allí donde asambleas y sindicatos actuaron al unísono, las reivindicaciones se ganaron. Allí donde la traición de las burocracias sindicales se impuso a un movimiento asambleario insuficientemente coordinado, las negociaciones «por arriba» trajeron frutos magros y, amargos, pagados en despidos mas vos. Ni sindicalismo ni asambleísmo a secas dotan a los trabajadores de] arma de lucha que sólo un sindicalismo revolucionario respetuoso de las asambleas unitarias proporciona.

2) No ha habido «descenso» en la lucha obrera autónoma: Ni la legalidad de los sindicatos, ni las elecciones políticas han desmovilizado a los trabajadores, que bajo la dictadura han acumulado una larga cuenta pendiente con el capital. El análisis de los conflictos y el resumen de luchas habidas en el año revela una combatividad impresionante, quizá la mayor en todo el movimiento obrero europeo. Está por ver si los nuevos «jurados de empresa» configurados tras los Pactos de la Moncloa y las elecciones sindicales asfixian la protesta obrera y la doman hacia un reformismo «europeísta». Las barricadas de Vigo y de Cádiz este mes de abril, los despidos y encierros de comités de empresa, como el de Amilco en el pueblo madrileño de Coslada, indican que liarán falta algo más que palabras para que los trabajadores ibéricos renuncien a sus reivindicaciones.

3) Sectores y formas de lucha. Los sectores laborales más combativos son también los más olvidados bajo el franquismo: construcción, hostelería, limpiezas, pero prácticamente todos los sectores han mantenido conflictos extendidos y prolongados. Las formas de lucha no han sido sólo el paro y las asambleas: los piquetes de huelga, las manifestaciones solidarias, las cajas de resistencia que atendían miles de familias obreras por zonas y que, como en la construcción de Asturias, recogieron millones de pesetas duro a duro; incluso los economatos obreros, como el formado en el calzado alicantino, todas las formas de extender la solidaridad popular han sido fundamentales. Los conflictos que no se han aislado han sido más duros de pelar para la patronal.

4) Reivindicaciones y actitud patronal: Las motivaciones indican que los trabajadores no se dejan coger ya en la trampa de la mera subida salarial, pronto anulada por la inflación. Y su enunciación revela también hasta qué punto ha sido dura la explotación capitalista en nuestro país: treinta días de vacaciones, cuarenta horas semanales, control sobre seguridad e higiene, sobre ritmos de rendimiento agotadores, son todavía reivindicaciones pendientes. Frente a las subidas porcentuales que busca la patronal para estratificar a los trabajadores, se han exigido subidas lineales, más igualitarias, y sueldos base dignos. Es evidente también la necesidad de coordinar las luchas a escala nacional para evitar las divisiones en convenios provinciales, pero cuidando de no perder el control asambleario sobre las negociaciones. En las luchas ha aparecido cada vez más clara la respuesta obrera a la crisis, la denuncia de fraudulentas suspensiones de pago, la solidaridad frente al paro forzoso, contra los destajos y las horas extra, por aumentar puestos de trabajo. Pero los casos de reivindicaciones autogestionarias, de imponer un control obrero frente a la crisis capitalista, son todavía raros (ver número 5 de BICI, abril 78, página 20). Ahora bien, la motivación a veces más directa de los conflictos fue la intransigencia patronal. Para el capital, los obreros españoles ganan demasiado. En estos conflictos, la prensa casi siempre ha estado en contra de la lucha obrera, y se ha echado en falta una auténtica prensa obrera, diaria e inmediata. La información es hoy tan importante como la organización. En cuanto a la actitud de las autoridades, cuando su mediación no era claramente manipuladora para mantener el «orden público» por encima de cualquier otra consideración, era directamente represiva. Legalidad sindical no es libertad obrera, y demasiadas asambleas han sido disueltas violentamente por los «inevitables» uniformes armados. En suma, el pulso entre el trabajo y el capital ha sido desigual porque había trampa: la trampa del Estado.

5) Finalmente, es triste comprobar hasta qué grados ha llegado el amarillismo (depender de la política es tan amarillo como depender de la patronal) de las centrales sindicales, cuya legalización fue acogida con júbilo afiliatorio por grandes sectores obreros. Obsesionadas por el electoralismo y la «estabilidad democrática», boicotearon a menudo las asambleas obreras y trataron de desplazarlas en las negociaciones. Pero si es evidente que el sindicalismo es necesario (reducir la lucha a las asambleas dispersas en las empresas fue una táctica patronal que rompió varias huelgas) para forjar la combatividad solidaria de la clase, sólo un sindicalismo respetuoso de las asambleas puede ser revolucionario aquí y ahora: es alarmante en este sentido ver qué poco han aprendido los sectores que se presentan últimamente como la «ortodoxia de la CNT» de este año de luchas. Aunque la trayectoria cenetista es ejemplar en los conflictos aquí analizados, por su apoyo a la voluntad asamblearia y a la autoorganización obrera, hoy vemos que compañeros que (como ocurrió en la huelga de la construcción de Asturias, cuando el comité nacional de la CNT en Madrid se negó a todo protagonismo que interfiriera en las gestiones de los delegados elegidos y controlados por las asambleas de trabajadores, en contraste con las manipulaciones de las burocracias de otras centrales) en sus luchas cotidianas han aprendido que asambleísmo y sindicalismo revolucionario no son contrapuestos, sino complementarios, hoy recitan de memoria anatemas anti-asamblearios. Este cambio no nace ni de la experiencia de lucha ni de mandatos de la inifitancia cenetista. Nace de presiones ajenas a la CNT, ancladas en dogmas mal aprendidos hace cuarenta años y que es preciso denunciar si no queremos que la CNT se convierta en una central amarillista más y que se pierda ese firme bastión de la lucha obrera que el presente «dossier» documenta. Esperamos que la atenta lectura de estas páginas y las enseñanzas que de ellas se desprenden refresque la capacidad crítica de algunos trabajadores que se dicen anarquistas por mera afiliación a unas siglas, y que hoy parecen querer olvidar las auténticas fuentes del anarcosindicalismo: no los textos clásicos ni las consignas, sino la lucha cotidiana de la clase trabajadora por su emancipación.

construcción asturiana: la huelga más larga triunfó

Treinta mil trabajadores de la construcción, de unas 1.300 empresas, estuvieron más de cien días en lucha por su convenio provincial.

Las asambleas de zona en Mieres, Avilés, Nalón, Gijón, Oviedo y Pola de Siero discuten en la primavera una tabla que, al coordinarse mediante delegados, pasa a ser plataforma reivindicativa cara al convenio, Estas asambleas decidieron desde el principio que la negociación sería mediante representantes directamente elegidos y controlados por todos, al margen de todo intermediario político o sindical. Ese fue su mayor acierto.

La plataforma era larga, de 28 puntos, destacando las cuarenta horas semanales, seguridad en el trabajo, libertades sindicales y un jornal mínimo de 900 pesetas. Al negarse la patronal a reconocer a la negociadora («comisión de los veinte»), se va a la huelga el 1 y 2 de abril.

UGT se opone al asambleísmo y exige la negociación a través de los sindicatos. CCOO tiene varios representantes entre los elegidos por la zona (aunque comprometidos a ser portavoces de sus asambleas y no negociar más que con el mandato de éstas), y la CNT apoya el procedimiento asambleario elegido por los trabajadores.

La patronal sigue negándose y trata de dividir contactando con UGT: la huelga se generaliza mediado abril, esta vez no sólo por el reconocimiento de la comisión, sino también por la plataforma reivindicativa.

Finalmente, la patronal reconoce a los negociadores, pero no sus revindicaciones. Empiezan las maniobras: la comisión llama a volver al trabajo mientras ellos negocian. En Gijón rompen así la huelga en mayo, pero los trabajadores no se fían: en Oviedo y Mieres mantienen la huelga, prganizan cajas de resistencia. En Gijón las asambleas revocan a dos delegados.

Cuando el cansancio aislaba a las empresas más luchadoras, se conoce el 9 de mayo la ridícula oferta patronal de 510 pesetas, y también los primeros despidos y represalias. Mediado mayo, la huelga es total en la provincia. Las zonas coordinan sus cajas de resistencia y sus asambleas de delegados de tajo, creando un comité de huelga con 10 delegados por zona: esta autoorganización obrera da a las asambleas el protagonismo efectivo de la lucha, superando el aislamiento en que tenía a las zonas la negociadora.

Las grandes empresas obligan a los pequeños empresarios a una actitud de intransigencia en sus ofertas económicas: para cargarse de razón, y después de estudiar los datos reales, la asamblea provincial del 24 de mayo da un mandato para negociar un jornal cotizable base de 732 pesetas, incluído el plus de asistencia, aparte de las pagas extra y las vacaciones. Pero decide también mantener la huelga como presión.

la prueba de fuerza

16.jpg (14926 bytes)El gobernador se mete a mediar, pero no logra que la patronal suba de las 566 pesetas de jornal. Entonces, el 6 de junio, amenaza con prohibir las de junio, amenaza con prohibir las asambleas y enviar la policía para reprimir a los piquetes de huelga. La coordinadora vacila, sus 17 miembros responden a zonas de combatividad muy diferente: pero no toman postura por sí, sino que se mantienen fieles a la decisión de las asambleas, limitándose a informarlas. La presión oficial aumenta: cargas policiales, obreros heridos, detenidos como «rehenes» para que se vuelva al trabajo. La respuesta obrera es firme: siguen las asambleas y el paro total; el 9 de junio hay manifestaciones. Pero la huelga se hace intermitente, clandestina y «salvaje» como en tiempos franquistas.

En este clima vota Asturias en las elecciones del 77. Las centrales partidistas, que, a todo esto, se habían dedicado a sabotear la huelga para «estabilizar» la democracia, vuelven a apoyarla, negocian que el gobernador autorice las asambleas. Ahora lo que tratan es de capitalizar la lucha para sus campañas de afiliación, y montan una manifestación regional en Gijón y una jornada de lucha. El 25 se concentran más de 50.000 trabajadores en la plaza de Alvargonzales, de Gijón, no sin enfrentamientos entre obreros de la construcción y líderes políticos empeñados en un protagonismo oportunista. El 28 de junio pararon más de 100.000 trabajadores, de Ensidesa a la minería. Once cenetistas fueron detenidos en las manifestaciones habidas en Oviedo.

Ante la situación crítica para los miles de familias sostenidas por las cajas de resistencia de las zonas, las asambleas de trabajadores deciden que se hable con el ministro en Madrid. Hay promesas, y reintegro parcial al trabajo, pero sin hacer horas ni destajos, a espera del laudo. Se proyecta una marcha sobre Madrid, y se considera la paralización total de obras que no tuvieran fines sociales, sino de servicio al capital (como el hipermercado de Lugones o la autopista de Huerna hacia Madrid). Finalmente, llega el laudo, forzando a la patronal a acceder a las reivindicaciones obreras. Ante esta solución favorable, se vuelve al trabajo, no en todos los tajos, el 15 de julio. Fue una gran victoria de la unidad obrera desde abajo.

Contactos: Sindicato de Construcción CNT. Carpio, 8-10, bajo. Oviedo.

hostelería de Palma: el miedo guarda la viña

La asamblea de delegados, con presencia dominante de CCOO, llama el 4 de junio a la típica huelga puntual de veinticuatro horas, como presión por un convenio digno, en un sector con salarios muy bajos, en general no pasan de las 13.000 mensuales. Enfrente, una patronal cerrada, acostumbrada al beneficio alto y el salario mínimo. Cuarenta mil trabajadores (el 80 por 100 del sector) fueron al paro, y cobraron conciencia de su fuerza.

La prensa fue muy hostil. No se juega con la hostelería en Baleares. Pero los trabajadores tampoco quieren que se siga jugando con ellos. Escalada conflictiva: nada más pasar las elecciones y las consignas tranquilizadoras de los partidos, tres días de huelga, del 18 al 20 de junio. La patronal amenaza con cierres y despidos. La dispersión de los trabajadores, su falta de coordinación, favorece una hábil maniobra patronal: que se vote por centros sobre la huelga. Centro por centro, el control y la presión patronal es mayor. Ante la división de los trabajadores y la confusión creada, la negociadora acude al laudo y obtiene algunas mejoras mínimas: un sueldo base de 17.500 pesetas. Pero la combatividad despertada en muchos centros de trabajo se quedó frustrada. El conflicto no se ha apagado. Sigue latente.

Contactos: Sindicato de Hostelería CNT. General Goded, 9, 1.1 Palma de Mallorca.

construcción de Vizcaya: secreto sindical

17.jpg (11215 bytes)Este sector se nutre tradicionalmente de emigrantes de origen campesino, muy discriminados en la sociedad vasca, y también utiliza parados de otros sectores, obreros generalmente poco cualificados y casi siempre eventuales: por todo ello, fue muy explotado bajo la dictadura. Ahora, con posibilidades de asambleas y autoorganización obrera, ha pasado a ser un sector muy combativo.

En mayo de 1977, una comisión negociadora elegida por asambleas de tajo y coordinadoras de delegados, presentó unas reivindicaciones (salario mínimo neto de 28.000 pesetas, frente a la carestía de la vida vizcaína; eliminación de las sanciones por rendimiento, causa frecuente de despidos injustos) que la patronal rechazó.

En un ejemplar proceso asambleario, de tajos, de zona y generales, se decide la huelga, que comienza el 6 de junio. Las centrales partidistas (CCOO-PCE, UGT-PSOE y ELA-PNV), comprometidas con el Gobierno a no movilizarse en período electoral, boicotean la huelga, negando públicamente representatividad a la negociadora elegida asambleariamente. Esto favorece la intransigencia patronal. También dificulta que se aúnen esfuerzos con la construcción de Alava y otras provincias que discutían su convenio, lo que resta fuerzas, pues la patronal está coordinada, en cambio, a nivel nacional.

Tras las elecciones, las centrales partidistas tratan de asumir el protago nismo de la negociación: la patronal insiste en tablas de rendimiento alto, y contacta con las centrales. En tal situación, la asamblea general de la construcción, reunida en Baracaldo el 27 de junio, opta por reincorporarse al trabajo, pero no aceptar el convenio en tales condiciones: la negociadora asamblearia denuncia que los dirigentes de CCOO, UGT y USO firmaron el convenio a espaldas de los trabajadores, incluso de sus propios afiliados en el sector, sin convocar una sola asamblea informativa, alegando que la negociación era secreta: el nuevo salario mínimo neto queda en menos de 24.000 pesetas, a cambio de una dura tabla de rendimientos y sanciones. Las centrales reformistas del convenio no afiliaban conjuntamente ni al 10 por 100 de los 30.000 obreros del sector, porcentaje ampliamente superado incluso por las centrales que no firmaron el convenio por apoyo al movimiento asambleario: CNT, unitarias v nacionalistas. Apoyándose en pliegos de firmas de los tajos, la coordinadora de delegados impugnó el convenio, pero el delegado de Trabajo lo homologó y encima le dio vigencia hasta enero del 79, con la clara intención de frenar la lucha de este sector. Con las elecciones sindicales, las centrales pactistas han ti-atado de reforzar tales métodos de desmovilización, y lo malo es que nacionalistas y unitario-maoístas les han hecho el juego en ese terreno electoralista. Sólo CNT continuaba apoyando la autoorganización asamblearia de los trabajadores, que, por ejemplo, en la manifestación del 5 de noviembre en Bilbao contra el paro y en otras luchas contra reducciones de plantillas y «listas negras», ha seguido en la brecha la coordinadora de delegados de construcción.

(Informaciones y contactos con el Sindicato de Construcción de CNT: desconocemos si sigue siendo válida la dirección de Bilbao, dadas las expulsiones habidas últimamente en la CNT de Euskadi.) (Puede contactarse con el indicato de Construcción de CNT en Vitoria, Rioja, 33, bajo.)

basureros de Valladolid: el arma de la solidaridad

Los trabajadores del Servicio Municipal de Limpiezas, con apoyo de otros obreros municipales, pedían en junio un salario base de 25.000 pesetas y un aumento en los pluses de toxicidad. Pasadas las electorales, se deciden poi, ir a la huelga ante la falta de respuesta y la negativa a negociar del alcalde Fernández Santamaría. Ahora sí hay respuesta: despedidos los 350 huelguistas y petición de que el Ejército se haga cargo de la recogida de basuras acumuladas en las calles.

No contaba el franquista Ayuntamiento con el sordo descontento vecinal, que se traduce en solidaridad con los huelguistas, y así, el general Campano, titular de la VI Región Militar, se lo piensa dos veces. En efecto, las asociaciones de vecinos convacaban diariamente asambleas que acababan marchando hacia la plaza Mayor, incendiando a su paso los montones de basuras. Los choques entre Policía Armada y vecinos fueron especialmente violentos en el barrio de La Rondilla, con barricadas de bolsas, disparos, heridos por ambas partes, vecinos detenidos y lluvia de macetas y otros objetos que rompieron varios cristales de vehículos policiales.

La noche del 6 de julio, el Ejército intervino. Soldados y policías recogieron las basuras, pero no entraron en La Rondilla, donde piquetes de vecinos esperaban bailando en torno a las hogueras con botellas de gasolina para contestar al esquirolaje armado y uniformado.

Los parlamentarios y las centrales (incluidos los de CSUT, principales animadores de la huelga) acabaron negociando. Sólo CNT se negó a mediar entre trabajadores y autoridades y exigió que decidieran en todo momento los mismos obreros. El 8 de firmó un acuerdo con anulación de despidos, 2.000 pesetas de aumento mensual y medidas sanitarias en favor de los trabajadores, que descubrieron en esta huelga el arma preciosa de la solidaridad popular.

Contactos: Sindicato de Oficios Varios, CNT de Valladolid. Real de Burgos, 7, bajo.

hostelería cántabra: una subida demasiado cara

Ante la intransigencia patronal, los 2.500 trabajadores del sector mantuvieron una huelga asamblearia durante cinco días el pasado mes de julio. Pese a las negociaciones por arriba que intentaron los verticalistas primero y la UGT después, para frenar al movimiento asambleario, se logró un salario mínimo garantizado de 18.600 pesetas. Pero faltó organización en la lucha y solidaridad efectiva: hubo piquetes detenidos y muchos despidos que continuaron meses después de la huelga. El pequeño Sindicato de Hostelería de CNT quedó afectado por la represión gubernativa y patronal.

Contactos: Sindicato de Hostelería CNT. Peñas Redondas, 15, bajo. Santander.

hostelería en Zaragoza: la razón obrera es la lucha

18.jpg (10635 bytes)El último convenio negociado por el Vertical había dejado los salarios en 4.500 pesetas para el aprendiz y 16.000 para un jefe de cocina en un hotel de cinco estrellas. Se celebran en la primavera del 77 varias asambleas, en las que una negociadora donde USO y CCOO se reparten el bacalao, pre para una plataforma reivindicativa. Pero la patronal se niega a negociar, y la gente se cansa y desborda a la negociadora, proclamando una huelga de dos días desde el 22 de julio.

La negociadora consigue la vuelta al trabajo, asegurando que el gobernador apoya. Un cenetista se levanta y recuerda que en Pamplona las promesas se han quedado en 58 despidos por la reciente huelga de hostelería. Y, en efecto, el 26 empiezan los despidos.

De nuevo a la huelga, pero esta vez es una reunión de los maîtres, en que estos profesionales, manipulados por los patronos, logran romper la voluntad de lucha. Por poco tiempo.

Harta de manejos, la CNT se retira de la negociadora. Vienen los clásicos ataques de «desunión» por los popes de CCOO y USO, pero la asamblea del 4 de agosto aprueba la huelga indefinida a propuesta de la CNT. A la tercera va la vencida, y esta vez los piquetes hacen cuajar rápidamente la huelga por toda la ciudad. Los patronos ofrecen 3.000 pesetas de aumento lineal a cambio de la vuelta al trabajo. Ahora son los trabajadores los que no ceden. Han comprendido que sólo la lucha logra resultados, y deciden continuar la huelga con dos asambleas diarias, mañana y tarde. Se organizan cajas de resistencia. La moral es alta.

El 11 de agosto son detenidos 17 compañeros que formaban un piquete. CNT y las centrales se presentan ante el gobernador y exigen su libertad inmediata. Se consigue. La oferta de la patronal sube ya a 4.000 pesetas. Una mediación del delegado de Trabajo propone un acuerdo de 4.500 pesetas de subida lineal, treinta días de vacaciones y derechos sindicales en las empresas. La asamblea del 17 de agosto acepta la propuesta, que la negociadora apora. CNT advierte que debe seguir la huelga si hay sancionados. Se aprueba así, pero esa noche la negociadora firma sin más. Y la huelga acaba. No hay sanciones, y el resultado es positivo para los trabajadores: su participación unitaria y masiva en asambleas y piquetes contrapesó el protagonismo de los líderes partidistas y logró superar la nefasta labor de desconcierto fomentada por la prensa.

Contactos: Sindicato de Hostelería CNT. San Antonio, 53 (el Sindicato se reúne los sábados por la tarde).

hostelería de Málaga: una noche en el Gobierno Civil...

Agosto, hoteles llenos, jornadas agotadoras. Se va a revisar el convenio. Las relaciones públicas empresariales funcionan: CCOO, UGT Y USO advier ten a los trabajadores que hay mucha,-, empresas en crisis y que no deben hostigarlas. CNT, por el contrario, saca propaganda recordando que éste es uno de los sectores donde los capitalistas ganan más y los trabajadores ganan menos, y que el primer convenio que se negocia con libertad sindical debe significar algo distinto.

Sólo unos tres mil trabajadores de los 40.000 del sector están afiliados. La mayoría lo están en CCOO, que trata de convocar las asambleas en sus locales, y tienen que hacer acto de presencia en las multitudinarias asambleas de Málaga, Torremolinos y Fuengirola. Aunque logran mayoría en la comisión negociadora, la asamblea se niega a rebajar su reivindicación de 8.000 pesetas de aumento lineal. CCOO propone 6.000; la patronal, 4.000. Las empresas no cederán, y la asamblea decide la huelga el 13 de agosto.

Piquetes de huelguistas recorren la Costa del Sol el 14 de agosto, y muchos comités de huelga se forman espontáneamente. El Gobierno Civil, alarmado, convoca una reunión nocturna de la negociadora, las centrales, la patronal y los representantes parlamentarios. Hay huelga dura en la hostelería por el Norte; la CNT, presente en la reunión, advierte que allí no se puede decidir nada, que sólo la asamblea de trabajadores debe decidir. La patronal sube la oferta hasta 5.000 pesetas de aumento. Las centrales lo aceptan, salvo la CNT, y la negociadora convoca asamblea general al día siguiente. Pero el acuerdo está firmado. A espaldas de los trabajadores.

El lunes 15, la prensa y las centrales políticas llaman a romper la huelga. La mayoría de los trabajadores, desorientados, vuelven al trabajo. La subida, después de tantos años de explotación, satisface a muchos. A la tarde, 6.000 obreros se reúnen en Torremolinos. Las intervenciones que llaman a continuar la huelga hasta lograr las 8.000 pesetas crean entusiasmo. La mesa, desbordada, abandona la asamblea. La Guardia Civil disuelve a los que se manifiestan al grito de «Ocho mil, o huelga». Las centrales partidistas sacan un panfleto tratando a la CNT de «radical», «irresponsable» y «divisionista». La patronal sabe que el ambiente es tenso, y amenaza esa noche con el despido inmediato a quienes no se reincorporen al día siguiente. El 16 la huelga está rota. Los verdaderos «divisionistas» obtienen de la patronal el reconocimiento de sus secciones sindicales como premio a sus servicios.

CNT ha de dar por concluida la huelga, aun considerando que hubiera podido ganarse las 8.000 sin la traición de las centrales pactistas. En el «Informe sobre la huelga de hostelería» que los cenetistas reparten por toda Málaga a fines de agosto, se proclama: «Todo el poder a las asambleas. Todo lo demás es secundario, incluso las centrales: que en el mejor de los casos puede ser una ayuda valiosa (CNT) y en el peor traición (las demás centrales), como se ha visto en e s t a huelga».

Contactos: Sindicato de Hostelería CNT. Dos Aceras, 20, 1.º Málaga.

calzado alicantino: las asambleas no bastan

Este sector, donde la pequeña empresa y la explotación del trabajo a domicilio ha impuesto condiciones muy duras y escasos salarios, que no se corresponden con los altos beneficios de las exportaciones, la gente estaba quemada desde la huelga de febrero del 76, en que el PCE y sus CCOO fueron desbordados, y la represión policíaca causó un obrero muerto en Elda.

Las asambleas que preparan la negociación del convenio en el verano pasado se radicaIizan ante la noticia de que la asamblea de 15.000 personas que había decidido presionar con la huelga es disuelta por la policía y hay trabajadores heridos. Elda para en un 90 por 100 de las empresas, y detrás se paraliza Villena y todas las fábricas que se extienden por el valle del Vinalopó. El conflicto llega hasta Arnedo, en Rioja, y pasa a las Baleares. En Alicante son 60.000 trabajadores los que están en huelga. Setecientas empresas cierran y dan de baja a los obreros como medio de presión patronal.

La huelga ha sido declarada legalmente, pues los delegados tienen experiencia, pero la acción de los piquetes ¡legales y de las cajas de resisten cia define campos. Las asambleas tienen la soberanía en todas las decisiones, se rechaza todo protagonismo sindical. «No queremos siglas», dicen los trabajadores.

La vinculación inicial entre las manipuladoras CCOO y la coordinadora de delegados, que creó al principio cierta hostilidad inicial entre ésta y la embrionaria CNT, da paso en la lucha y en las asambleas a una entrega sin reservas de los cenetistas a la extensión de la huelga: potencian los piquetes, la propaganda, las cajas de resistencia. Se formó una cooperativa obrera de consumo, economato que compraba directamente a campesinos y cooperativas agrícolas. E s t a huelga asamblearia parecía indestructible a fines de agosto.

La dirección de Comisiones Obreras califica las reivindicaciones de «maximalistas». Treinta días de vacaciones, cuarenta horas semanales, niantenimiento de la paga durante la «mili», igualación de salarios entre hombres y mujeres que hacen el mismo trabajo. ¿Es esto excesivo para el secretariado de CCOO? Pero se prepara el Pacto, se apela a la ruina de la pequeña empresa, los cientos de miIIones que se están perdiendo en exportaciones. Comisiones Obreras pide a los trabajadores «sensatez contra las provocaciones», y hábilmente propone que se dispersen las fuerzas en asambleas de centro, donde se decida la vuelta al trabajo bajo la presión directa de la patronal respectiva. CCOO supo encontrar el talón de Aquiles del movimiento asambleario: la insuficiente coordinación frente a la disciplina del sindicato. CCOO juega a fondo la baza del miedo, y se ve apoyada por UGT, que con menos habilidad se había opuesto pura y simplemente a la huelga. La prensa apoya a los sindicatos reformistas frente al movimiento asambleario, al que la patronal acusa de «irresponsable» porque sus delegados no quieren firmar nada a espaldas de las asambleas.

La ruptura de la huelga en Elda (que pesa en Elche, punta de lanza del movimiento, pero donde se había apreciado la solidaridad inicial y ahora no se quiere dividir las actitudes), y la promesa de levantar todas las sanciones, acaban con la vuelta al trabajo. El laudo aplaza la revisión del convenio. Es ahora, en la primavera del 78, cuando el calzado tiene que sacar todas las enseñanzas de la huelga del verano, de los numerosos despidos posteriores. Los millares de trabajadores en paro y sus acciones solidarias (como las de la coordinadora de parados en Elda) hacen hoy más explosiva la situación que la de aquella huelga asamblearia rota el 3 de septiembre.

Contactos: Sindicato de Piel y Calzado CNT. Gabriel Ruiz Chorro, 16. Elche (Alicante).

construcción de Cádiz: victoria de una huelga asamblearia

La patronal no quiere revisar el convenio. Las asambleas en los tajos deciden no echar horas extras ni destajos. Las grandes empresas (Urbis y otras) despiden a más de 1.000 trabajadores, y advierten que sólo negociarán con las centrales legales, no con las asambleas.

Pero USO, UGT, CCOO y CNT firman un comunicado a la prensa reconociendo a la comisión negociadora elegida en asambleas como única representante ante el convenio. En la comisión hay compañeros de CNT, pero elegidos como trabajadores, no como «siglas». Ante la descarada firma de una revisión del convenio por la patronal y miembros de la UTT del disuelto Vertical, la asamblea en Sanlúcar de Barrameda rezuma cabreo. Y, encima, la Guardia Civil carga brutalmente. Hay varios heridos graves, y mosquetones rotos. En las obras de toda la provincia se decide la huelga para el 18 de agosto. Se crean cajas de resistencias y comités de huelga en todas las localidades. Sentadas, concentraciones, y el 12 de septiembre, con más de tres semanas de huelga, 12.000 obreros marchan 17 kilómetros hasta Cádiz.

Hay afanes de protagonismo de las centrales en las asambleas, presiones del gobernador, mediación del delegado de Trabajo, y finalmente una asamblea masiva acepta una sustancial mejora económica, siempre que no haya ni un represaliado. Una vez levantadas las sanciones, se vuelve al trabajo el 26 de septiembre con moral de victoria. Son las asambleas, los piquetes, las cajas de resistencia, las formas de lucha autogestionada por los trabajadores, lo que decidió.

Contactos: Sindicato de Construcción,CNT. San Miguel, 7. Cádiz.

construcción de Cáceres: los errores se pagan

19.jpg (8591 bytes)En las asambleas semanales que organiza el Sindicato de Construcción de CNT durante el verano se elabora una tabla de reivindicaciones, que se presenta a una reunión conjunta con otras centrales, y posteriormente a una asamblea provincial convocada mediante octavillas. La asamblea elabora la tabla definitiva, basada en 25.000 pesetas para el peón, IRT y SS a cargo de la empresa, reivindicaciones que parecen «excesivas» a los «liberados» de CCOO y UGT, que al no poder manipular la asamblea optan por retirarse.

Octavillas repartidas en grupos por Cáceres y pueblos de las comarcas convocan a un paro en septiembre y a una asamblea en el campo de fútbol, donde se eligió una comisión para presentar la tabla a la patronal. Pero el presidente de los empresarios del ramo, Valentín Pinilla, conocido especulador inmobiliario y explotador fascista, hizo saber que sólo negociarían con los verticales... oficialmente disueltos. Pero pronto habrían de encontrar nuevos «verticalistas».

La respuesta unánime de los obreros a la provocación patronal fue parar indefinidamente hasta que haya negociaciones con resultados aceptados por las asambleas. El 29 de septiembre empieza la huelga general del sector.

UGT y CCOO hicieron campaña en prensa y radio contra la «huelga salvaje», y se presentan ante la patronal como negociadores. Muchos carnés sindicales volaron en pedazos al aire de los tajos cacereños. En las asambleas diarias, que CNT apoya como trabajadores, no actuando en la huelga como afiliados a unas siglas, se eligen grupos de trabajo, propaganda, piquetes,cajas de resistencia, etc., sin poder decisorio, sólo con funciones de coordinación. Delegados de tajos, obras y pueblos de toda la comarca, que a su vez coordinan las asambleas decisorias de base, acuden diariamente a la asamblea de Cáceres.

El asambleísmo no evitó la manipulación por la demagogia de los «liberados» de CSUT, que finalmente hicieron tragar a la asamblea un acuerdo de 21.200 pesetas para el peón, con todo tipo de descuentos (IRTP-SS) a restar. Sólo en Miajadas se siguió luchando hasta el final, y cuando hubo despedidos no llegó la solidaridad de otros lugares.

La miseria de esta provincia lue un factor de debilidad en la lucha, pues los sueldos anteriores (por debajo de las 15.000 pesetas) impedían todo ahorro, con lo que las cajas de resistencia eran escuálidas.

El Sindicato de Construcción de CNT cometió errores graves que impidieron un apoyo más eficaz a la huelga: en los treinta y cinco días que duró no se hizo ni una asamblea general, pese a que casi diariamente acudían trabajadores a afiliarse. Así, los nuevos afiliados no tenían dónde formarse como tales cenetistas, y los militantes con experiencia se agotaban y no se conjuntaban, con lo que dirimían sus naturales diferencias de criterios personales a gritos en las asambleas, confundiendo a los trabajadores sobre cuál era la postura de CNT. El trabajo de extensión de la huelga estaba concentrado en un puñado de compañeros desbordados de trabajo, que no supieron repartirlo con los nuevos afiliados. Con ello, faltó información a la prensa que contrarrestara a los «profesionales» que otras centrales trajeron para boicotear o manipular la huelga. Tampoco hubo información rápida ni ayuda entre las regionales de CNT ni en la propia regional extremeña... En suma, faltó una auténtica federación anarcosindicalista que diera la perspectiva de solidaridad de clase aquel 15 de octubre en que más de 10.000 trabajadores se manifestaban con la cabeza alta por las calles de Cáceres por primera vez desde hacía cuarenta años.

Contactos: Sindicato de Construcción CNT. Parras, 40. Cáceres.

gasolineras de Barcelona: piquetes contra amarillismo

Los hechos de esta huelga son bien conocidos de los trabajadores (véase número 2 de BICICLETA, die. 77, página 8): las asambleas del sector optaron por afiliación mayoritaria a CNT, redactaron la plataforma reivindicativa (subida de 458 pesetas de jornal a 1.000, dada la carestía y el antecedente del convenio nacional, y medidas contra el paro: no a horas extra, y, aumento en dos puestos de trabajo en las plantillas de gasolineras que sobrepasaran la jornada de ocho horas), y hubieron de soportar la enemiga «amarillista» de las CCOO. Cuando ya la patronal accedía a negociar, la interferencia de CCOO con sus reivindicaciones más limitadas les da esperanzas de dividir a los obreros, y rompen las negociaciones. Ante esto, la asamblea decide la huelga.

El paro fue total en Barcelona desde el 21 de octubre, y la moral subió y logró la huelga casi total en toda la provincia gracias a los piquetes informativos que extendieron la huelga en las comarcas. La solidaridad militante de compañeros de otros sindicatos de CNT suplio con creces la falta de coordinación entre las federaciones locales o de una federación de industria en la provincia. Dada la inexperiencia de lucha de los gasolineros, y las amenazas oficiales (despidos, Guardia Civil, etcétera), sin la actuación espontánea de los cenetistas que respondían a las amenaza- y obligaban a retirarse a la policía y a la Guardia Civil, advirtiéndoles que esas amenazas oficiales eran meros rumores, es probable que se hubiera roto la huelga. Pero desde el tercer día, la huelga adquirió su dinámica propia y el poder de las asambleas fue real.

El boicot de CCOO llegó a propiciar asaltos de consumidores, como el de Sta. Eulalia de Ronsana, con grandes tensiones, y el peligro ciudadano ante el reparto de carburante por cisternas de CAMPSA en las calles sin medidas de seguridad, mercado negro, pescado que se pudría por la paralización total del transporte por carretera, etc. Se advierte que «no se puede dejar sin gasolina a Tarradellas», que ese día llegaba a Barcelona.

La situación estaba bajo el control de la CNT: los gasolineros despachaban gasolina a los casos de urgencia si llevaban vales del sindicato de transporte, y los casos de extrema urgencia los solucionaban directamente pero tomaban los datos e informaban al sindicato. En esta situación, «el presidente de las asociaciones de servicio manifestó que estaban dispuestos a ceder las gasolineras al Estado, pero nunca a CNT» (Ya, 23 octubre 1977). Las presiones políticas sé precipitan, y el Gobernador se encierra con el comité de huelga (presencia mayoritaria de CNT, pero también afiliados a CCOO contrarios a las consignas de su central) y la representación patronal, advirtiendo que nadie saldrá de allí sin firmar un acuerdo.

Contraluces de una huelga

El voto de confianza que el comité de huelga había solicitado a la asamblea, y que gobernador y patronal conocían, se volvía así contra los trabajadores, pues permitía que se coaccionase al comité: tal no habría ocurrido si el comité no hubiera sido sino portador de los acuerdos de la asamblea, sin «gestiones por arriba». El caso es que el comité firmó las mejoras obtenidas antes de que la asamblea se hubiera pronunciado, y aunque ésta los ratificó después, los principios anarcosindicalistas qu e d a r on malparados. Tampoco fue útil a los trabajadores que representantes de CNT, sin mandato de su sindicato, negociaran con jefes de la policía que la guardia civil se retirase de las gasolineras, dando pie a negociaciones en que se insinuó la posible aceptación de una oferta patronal de 850 pts., dando así pie a las coacciones del gobernador.

En cambio, los éxitos superan con mucho los errores: se superaron los topes de la Moncloa en cuanto a subidas salariales, se planteó una alternativa autónoma de los trabajadores en la lucha contra el paro forzoso, se potenció la asamblea como único órgano de decisiones, se eligió libremente la opción sindical que los trabajadores quisieron, y la decisión por la CNT fue correspondida por sus militantes para volcarse en una huelga en que las centrales políticas tuvieron muy pocas posibilidades de manipulación. La elección por la asamblea de un comité de huelga, la preparación de la huelga (incluso legal) aún antes de conocer la postura patronal, fueron también aciertos en la lucha. Se demostró la eficacia de un sindicato como organizador de la solidaridad, especialmente en esta huelga en un sector disperso, inexperto en la lucha, que actúa en la calle ante el público, sin la solidaridad masiva de la huelga en local cerrado, y todo eso y el boicot de CCOO se venció aunque las estructuras de coordinación comarcal aún sean insuficientes. La huelga y sus importantes subidas salariales mostró la importancia de apoyar el movimiento obrero en sus dos pies fundamentales: la asamblea v el sindicato.

Contactos: Sindicato de Transportes CNT, Plaza Duque de Medinaceli, 6. Barcelona (Tel. 317 23 47).

Madrid: traición burocrática en el transporte de mercancías

Las asambleas de empresa en el verano 77 van perfilando unas tablas reivindicativas que CCOO trató de unificar sobre su propio anteproyecto en una asamblea en sus locales que congregó a menos de 500 trabajadores. En ningún momento se dejó intervenir más que a oradores de CCOO, que traían pliegos de firmas apovando como reivindicación 25.000 pts. de salario mínimo. Al ver este atentado contra la unidad obrera, los militantes de las demás centrales con presencia en el sector unifican un anteproyecto conjunto y lo presentan a una asamblea general el 1 de octubre. Asisten 2.000 trabajadores, y tras debate punto por punto se elabora una plataforma reivindicativa, que exige un salario mínimo de 30.000 ptas. y se elige una comisión negociadora. CNT apoya sin reservas este proceso asambleario y unitario.

La patronal (que es quizá la más mafiosa y franquista del país) decide aprovecharse de la grieta abierta por el sectarismo de CCOO para torear a la negociadora unitaria. Ofrece provocativamente 18.000 pts. como salario mínimo en una ciudad con la carestía de Madrid. Ante esto, los trabajadores cierran filas y en asambleas conjuntas deciden ir a la huelga por sus reivindicaciones. En noviembre el paro en el sector es total. Son detenidos algunos piquetes informativos. Cuando CCOO, alarmada por el radicalismo de la situación, boicotea las asambleas en los locales de la AISS y convoca sus propias asambleas, muchos de sus afiliados rompen en público sus carnés.

En las negociaciones interviene el delegado de Trabajo, Marcos Peña, descaradamente favorable a CCOO, advirtiendo que los Pactos de la Moncloa no admiten que el sueldo mínimo suba de las 23.000 pts. Las asambleas optan por continuar la huelga. Pero los despidos patronales y sobre todo el esquirolaje impulsado por CCOO, junto a la represión de la Guardia Civil contra los piquetes de huelguistas, le van restando fuerza al paro. A raíz de algún choque, los locales de CCOO en la calle Ancora hubieron de ser protegidos por la policía contra los huelguistas.

Finalmente, la patronal, presionada por CCOO y el gobierno, subió su oferta hasta las 23.000 de mínimo, y ahí se acabó la huelga. Todas las centrales firmaron el convenio, salvo la CNT, por no haberse conseguido las reivindicaciones exigidas por las asambleas, sobre todo las 40 horas semanales. Continúa la lucha por conseguir estos puntos empresa por empresa, aumentan los despidos y la escalada en los precios traerá muy pronto la revisión del convenio. Para entonces es preciso afrontar la camisa de fuerza surgida de las elecciones sindicales.

Contactos: Sindicato de Transporte CNT. Magdalena, 29, 2.º Madrid.

Tenerife: transportistas unidos no fueron vencidos

20.jpg (11706 bytes)Las «guaguas rojas», explotadas por empresarios franquistas que obtuvieron pingües beneficios pero no reinvirtieron, paran el 13 de octubre. Los trabajadores se han hartado de abusos: suspensión de pagos y abandono de servicio por la patronal que ni siquiera abonó a la S. Social los descuentos que hacía a los obreros y que un buen día dejó de pagarles la mensualidad debida, promesas del Estado... y los trabajadores currando y sin cobrar. (Sobre los orígenes de esta huelga y sus consecuencias en la huelga general del 12 de diciembre, véase BICI n.º 3, enero 78, págs. 16-17.)

Los trabajadores están unidos en un Sindicato Obrero Unitario del Transporte (antes P 0 U B : arraigado también entre los portuarios), apolítico y estrictamente reivindicativo: conviene no confundirlo con los «unitarios» maoístas.

UGT trata de boicotear la huelga para echar abajo la estructura del Un¡tarío. CNT apoya la lucha, cuyo objetivo es conseguir una empresa pública del transporte interurbano en la isla, que garantice el futuro laboral de los trabajadores y ofrezca un servicio digno, eficaz y a precios populares. Pero para conseguirlo, los trabajadores ya no se fían de los políticos.

La huelga es larga, pero los obreros resisten. La policía reprime una manifestación pacífica de los trabajadores a primeros de diciembre. Los ánimos se encienden. Asambleas de trabajadores del Transporte, así como del Tabaco y del Frío, en dura huelga desde noviembre, con despidos y sanciones, llaman a la huelga general para el 12 de diciembre. Tienen el apoyo, más teórico que efectivo, de algunas sindicales, CNT entre ellas, y en cambio la enemiga declarada de UGT y CCOO, cuyos intentos de convocar concentraciones paralelas fracasan rotundamente. Por otro lado, la manipulación de la huelga por intereses políticos de los grupos independentistas restó apoyo entre los trabajadores.

La represión policial sembró el terror en las calles tinerfeñas y culminó con la muerte de un joven estudiante por disparos de la Guardia Civil, amén de varios heridos graves.

Más de un mes tardó aún la Administración en facilitar una solución: pero a fines de enero, tras 104 días de huelga, los trabajadores lograron sus objetivos: la empresa TITSA se hace cargo del servicio, se mantienen los puestos de trabajo y un aumento salarial del 22 por 100. No es flaco éxito si se piensa que los trabajadores se vieron acosados por el boicot amar¡llista de UGT, asentada en los cuadros administrativos, y por una represión policial insólita. Pero el famoso Pacto de la Moncloa, el cansancio y la escasa incidencia organizativa de una sindical revolucionaria como la CNT en el sector impidieron a los obreros obtener en la recta final las mejoras reales que estuvieron a su alcance en una negociación efectiva con la nueva empresa, que aún no se ha dado.

Contactos: Sindicato de Transporte CNT. Progreso, 45, bajo. Sta. Cruz de Tenerife.

Vigo: montajes de Ascón, a las barricadas

La crisis del sector naval, las dificultades en la pesca, y sobre todo la huelga de inversiones que practican los capitalistas desde que desapareció la dictadura, ha echado abajo uno de los negocios más prósperos de la época en que los astilleros eran el sector productivo mimado por el régimen de Franco: se trata de las contratas, sistemas de «negreros» intermediarios que empleaban gente en paro para sus empresas subsidiarias auxiliares que así aligeraban la nómina de los astilleros para los que en realidad trabajaban. Los resquemores entre trabajadores de plantilla en astilleros y eventuales de contratas permitían a la patronal dividir a los obreros y despedir impúnemente. Pero también esto se ha acabado.

Así, en julio empiezan los despidos en Montaxes Ría cuando los trabajadores se niegan a ver reducido su sueldo en un 25 por 100, y ante la huelga solidaria imponen el cierre patronal en Sto. Domingo: el grupo de oligarcas Pérez Maura que dominan las contratas Ascón desde marzo, dejan en la calle a 600 obreros. Comienzan las ocupaciones y encierros de trabajadores de Ascón y Ría, que por su carácter unitario, demuestran una voluntad obrera de resistir a la crisis capitalista con la lucha.

Los despidos vienen en cadena: Vulcano, Aycasa, Freyre, las subsidiarias de Astano y Bazán en Ferrol, y de nada vale a los despedidos ganar juicios en Magistratura. El despido libre se compra en este país. Pero se extienden las asambleas y ocupaciones de fábricas a los trabajadores fijos de plantilla ante la crisis de los astilleros, las acciones de los despedidos en la calle muestran una voluntad de defender el puesto de trabajo. Concretamente, saben que Pérez Maura tienen contratados para Ascón 24 barcos, y que el último cierre, en febrero del 78, de dos factorías por inflexibilidad patronal ante los paros por solidaridad con un trabajador despedido, es una muestra de autoritarismo que los obreros ya no quieren tolerar. Entre los despedidos hay cargos sindicales de CCOO y USO. 1850 trabajadores de Ascón, en la calle desde hace mes y medio por su solidaridad, se enteran ahora que Pérez Maura pretende la suspensión de pagos. ¡Arde Vigo! Hogueras y barricadas en puntos estratégicos de la ciudad advierten que las elecciones sindicales no han-barrido la lucha de clases. Los anarcosindicalistas actúan, el PCE denuncia a los «irresponsables», las centrales pactistas median con el Ministerio en Madrid, la oligarquía gallega se indigna ante el «salvajísmo» obrero y se apresta a despidos masivos. Cuando se escribe este informe a primeros de abril, las asambleas de trabajadores no están dispuestas a admitir el despido y el cierre por intransigencia patronal.

Contactos: Sindicato del Metal, CNT de Vigo. Ramón Nieto, 51, bajo.

panorámica general: el movimiento obrero no se ha detenido

Visto con la perspectiva de un año, es claro que los señuelos burgueses de la política parlamentaria no han frenado la larga marcha del movimiento obrero en nuestro país hacia su emancipación.

Tanto si lo enumeramos por sectores como por ámbitos geográficos, la trayectoria del conflicto obrero evidencia con rotundidad su rechazo de la crisis y la integración capitalista o reformista.

todos los ramos laborales en lucha

21.jpg (20986 bytes)Sectores hay que incluso alcanzaron en estos doce meses cotas reivindicativas nunca alcanzadas, ni en los duros años del franquismo ni en ese período «áureo de la autonomía obrera» que algunos intentan mitificar y que iría de la huelga general en Madrid a principios del 76 a la huelga de la Roca de Gavá, pasando por las luchas de V i t o r i a sangrientamente aplastadas por el primer año de la reforma monárquica, que al revelarse insuficiente y rígida la «troika» Arias-Areilza-Fraga, deja paso al pragmatismo pactista de Suárez.

Así, el campo logra ganar un cierto pulso al gobierno tras muchas semanas de tractores en las carreteras y mejorar sustancialmente los precios agrarios. Así, los jornaleros inician marchas y ocupaciones de latifundios como solución autogestionaria al problema del paro. Así, los pensionistas pasan a la acción directa y se manifiestan hasta lograr un mínimo de justicia que el gobierno les regateaba.

Pero sector por sector de la producción y los servicios son también protagonistas en ese año de luchas: conflictos de la construcción recorren toda la geografía española (cuatro de ellos se analizan en el presente «dossier») de Granada en julio del 77, conmemorando el asesinato de varios obreros por la policía en la huelga del 70, al actual de Palencia en esta primavera del 78. Correos y telégrafos no ha cesado de luchar en todo el año, estableciendo coordinaciones estatales. Todo el sector de la administración pública, que en julio del 77 responde a la reforma Suárez con una huelga por la igualdad retributiva, contra los privilegios corporativos y la democratización del sector público, protagoniza el largo conflicto del personal laboral de Obras Públicas el enfrentamiento con el Pacto de la Moncloa, que niega a los trabajadores un salario de supervivencia, luchan también los obreros bajo patrón militar (véase BICI, n.o 4, página 14) que han conseguido la libertad sindical, y también una dura huelga los del PMM contra un mísero salario base de 10.200 pts. Enseñanza realiza paros a escala de todo el país entre los interinos de la estatal en la primavera del 77 y de nuevo en febrero del 78 (ver BICI, n.os 3, pág. 19, y 4, pág. 14), el personal de limpiezas municipales establece huelgas de Tenerife (donde el Ejército interviene en septiembre del 77 como «esquirol» armado) a Valencia, y también las limpiadoras de contratas privadas luchan en los hospitales andaluces en el verano. La Sanidad y Seguridad Social conocen una huelga general en diciembre del 77, con escandaloso boicot ugetista. El calzado levantino (ver dossier), el comercio de Madrid y Asturias en diciembre, los espectáculos públicos paran en Madrid y Barcelona también en diciembre por la libertad de expresión, como lo había hecho la prensa y medios informativos en noviembre en protesta contra los atentados fascistas que tratan de ahogar esa libertad. La tremenda huelga «rotativa» de la hostelería por toda la geografía costera española despierta un sector tradicionalmente explotado y víctima del «milagro turístico». Los trabajadores del mar y de la pesca luchan contra el Estado tanto o más que la patronal, de las negociaciones de las flotas de altura y bajura del invierno a los violentos enfrentamientos habidos en Cádiz esta primavera. El metal conoce duras negociaciones y paros por los convenios en Madrid, Barcelona, Guipúzcoa y registra largas huelgas por un sueldo decente (3 meses en Acerinox de Algeciras, enero-marzo del 78) o por el puesto de trabajo (3 meses también en Tornillería del Nalón el pasado verano). La minería, además de los conflictos de Hunosa y de los silicóticos asturianos, registra la importante victoria en Carbones de Berga (ver BICI, número 4, pág. 13). El textil tiene muchos conflictos por la crisis en Catalunya, destacando la experiencia en la Eurostil de Sta. Coloma (BICI, n.º 5) y la larga huelga de Lois en el pueblo valenciano de Navarrés (BICI, no 4, página 14). A los diversos conflictos del transporte que se analizan en el anterior «dossier», habría que añadir finalmente huelgas como la de Aviación Civil, avasallada por los efectos retroactivos del Pacto de la Moncloa, o el encierro en Coches-Cama en septiembre del 77.

ni un rincón sin conflicto

Si bien la anterior relación cubre prácticamente la geografía española, queremos reseñar brevemente algunos de los conflictos que tuvieron especial repercusión en su ámbito local, comarcal o regional, además de los que analizamos con detalle en el «dossier».

En Andalucía, la marcha del 27 de mayo del 77, organizada por la Federación de Campesinos de la CNT y el SOC-CSUT, interceptada a los 8 kms. por la Guardia Civil cuando marchaban de Utrera a Sevilla, fue la primera marcha de jornaleros por la tierra desde la guerra civil. Las otras centrales la boicotearon por «interferir el proceso electoral El olivar de estos pueblos de Sevilla, la huelga de la Santana-Land Rover en Linares, las luchas en Astilleros gaditanos contra el paro y la crisis capitalista, son también jalones llenos de enseñanzas para el movimiento obrero en este año que queda atrás.

Aragón registró luchas significativas en torno al convenio del Metal zaragozano, especialmente en Montajes. Asturias tuvo un año de grandes huelgas en las que los 100 días de la Camocha y las movilizaciones solidarias con los trabajadores de Ensidesa y Duro-Felguera forjaron nuevas conciencias obreras. Tenerife, además de los ya mencionados, tuvo duros conflictos en agua, luz y gas en el verano, y en hostelería en el invierno. Muchas enseñanzas dejaron las huelgas de construcción de Zamora y Palencia por tierras castellano-leonesas. En la «primavera caliente» del 78, y tras un año que dejó experiencias de huelgas autogestionadas en muchos ramos y empresas catalanes (de Numax, Roselson o Teixits de Esparraguera a la victoria en Clausor, donde los despedidos tuvieron que encadenarse pat-a lograr la amnistía laboral), la derrota parcial de los trabajadores de Bimbo ha dejado paso a luchas victoriosas en Olivetti, Lámparas Z-Miniwatt, construcción, comercio del metal y transporte de mercancías, en largas y duras luchas por sus convenios sobre las que volveremos. En Euskadi, tierra de solidaridad varias veces movilizada por la amnistía Y por el puesto de trabajo de otros compañeros, la triste experiencia y aislamiento de Tarabusi o Aurrerá hace reflexionar en esta hora de crisis en muchas grandes empresas de la ría bilbaína, habitualmente manipuladas por las centrales pactistas hoy ensorbecidas con sus éxitos electorales. La Extremadura obrera ha conocido conmociones como las de Zafra en lucha contra el desmantelamiento de la Díter o la huelga de la construcción de noviembre en Badajoz traicionada por las centrales pactistas y que ha dejado un rastro de despidos y una tabla de rendimientos agotadores. Una de las luchas gallegas más largas y combativas fue la victoriosa huelga de los 2.000 obreros de Alúmina en Lugo, de junio a agosto pasados. La metrópoli madrileña se vio sorprendida por el descaro de CCOO que en diciembre organizó una huelga para canalizar el descontento del sector de construcción... ¡en apoyo al Pacto de la Moncloa! Las mezclas de sindicalismo y política suelen acabar así. La lucha en construcción no ha terminado, pero las divisiones trajeron muchos despidos. En la Mancha continúa la lucha de los trabajadores de Hulleras de Puertollano. En el País Valencià la primavera tuvo un momento álgido de luchas asamblearias en el metal, en Ford, en Astilleros, que el protagonismo sindical ha encauzado después hacia negociaciones más dudosas. En la región murciana deben destacarse las luchas en los astilleros de la Bazán y la actual en construcción. Y en la Rioja, los conflictos del metal sirvieron también para que el «pasotismo» juvenil incorporado a la CNT hiciera sus pruebas de fuego y se convirtieran en anarcosindicalistas auténticos.

De toda esta panorámica podríamos sacar ya muchas, muchísimas enseñanzas para la fragua de un sindicalismo revolucionario en las nuevas condiciones de la sociedad española: en todos y cada uno de estos conflictos ha habido militancia anarcosindicalista, con mejor o peor suerte. Pero preferimos no abrumar más al lector que haya llegado hasta aquí con nuevos datos e interpretaciones, y dejamos paso a las opiniones -Y A LA ACCION- de los compañeros que, ante este año de luchas, tengan algo que decir, Y QUE HACER. Porque cerrar los ojos a doce meses de experiencias asamblearias sería echar por la borda el mejor aliado que tienen los luchadores del movimiento obrero autónomo contra el nuevo corsé de los comités de empresa impuestos por la legislación estatal y las maniobras políticas. Veremos si el Primero de Mayo de 1979 podemos decir que estas enseñanzas no fueron en vano.

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