«Negras
tormentas agitan los aires...»
Las gigantescas concentraciones obreras del 18 de mayo en Barcelona culminaban
semanas de conflictos laborales en ascenso. Entre las burocracias que allí mismo
desconectaron los altavoces, temerosas de que se declarara una huelga general, y el
activísmo anarcosindicalista, que marchó banderas desplegadas hasta las Ramblas
denunciando a unos «líderes» cuYa máxima preocupación es mantener sus sinecuras
orgánicas, las multitudes trabajadoras despiertan al recuperar su protagonismo social.
Antes y después del 1 de mayo, la geografía de las luchas obreras continuó
extendiéndose por todos los ramos. Huelgas asamblearias, manifestaciones callejeras,
encierros de delegados, intervención militar en algunos casos, cargas policíacas en casi
todos, negociaciones tensas por la base obrera y por la patronal franquista, finalmente
facilitadas por las burocracias prestas a la « reconciliación »: el cuadro es común a
los diversos conflictos; las energías obreras, pese a todo su empuje, acaban por ser
represadas por la acción conjunta de los aparatos del Estado y del sindicalismo
integrador, que acomodan las reivindicaciones sociales a las necesidades políticas de un
capitalismo en crisis.
perspectivas tensas
Duras luchas en construcción de Badajoz, Murcia y
Barcelona, metalúrgicos en las calles sevillanas, viguesas, cántabras y catalanas,
sensibilización de las barriadas madrileñas a conflictos como los de Amilco y Garza,
huelgas mineras de Asturias a Huelva, tensiones y paros a escala nacional en la vetusta
industria textil, importantes reivindicaciones sociales en la huelga nacional de las
industrias gráficas. Crisis y manifestaciones en las grandes empresas siderúrgicas y de
bienes de equipo de la ría bilbaína.
Los servicios registran también una sensibilización laboral en aumento: no se han
resuelto las reivindicaciones del profesorado, protagonista en abril de una larga huelga
en la enseñanza primaria que tuvo a 5 millones de niños pendientes de la cerrazón de la
patronal pública y privada. Los sanitarios lucharon en todo el país por equiparación
salarial y dotaciones adecuadas. Los portuarios canarios y barceloneses reclamaron sueldos
dignos.
Otra vez la hostelería malagueña, y también la burgalesa, y la catalana, el largo
conflicto en los cines de Bilbao' el comercio sevillano, los trabajadores de limpiezas
alicantinos, protagonizaron paros y concentraciones.
Del peligroso (por insuficiente y congestionado) Metro madrileño, a la huelga patronal de
inversiones en la industria naval y la siderometalurgia, reivindicaciones populares de
incautación bajo control obrero empiezan a surgir como alternativas autogestionarias al
despilfarro social de los recursos del país por los capitalistas o por la burocracia
estatal.
el paro crece
Este aborrascado panorama social, con un proletariado
desilusionado por la democracia y una patronal añorante de la dictadura, se ennegrece
además ante el horizonte ciclónico del paro: «Con millón y medio de parados (de ellos,
un millón con menos de 25 años), el país va a la revolución o la contrarrevolución...
si no se actúa en serio después de la Constitución, será inevitable que al final de
1979 estemos rozando esa cifra», afirma, así de claro, quien puede hacerlo: el asesor
económico de Suárez, Lasuén. Las perspectivas a largo plazo son meridianas: o una
estabilización capitalista «en serio» (y a su lado el Pacto de la Moncloa resultará
una broma reformista), o de la manga derecha y engalonada del Poder saldrá un abrupto
«pintan bastos»... o bien las fuerzas obreras de este país rechazan el chantaje de
quienes con sus huelgas de inversiones y evasión de capitales han fomentado el paro y el
terrorismo, y se deciden a una estrategia revolucionaria... en serio. La seriedad no puede
ser privilegio del capital, cuando sabemos que la comedia parlamentaria no nos guarecerá
de las tempestades.
Inicial - Índice |