Carrara, cuna de Malatesta y de la jornada de seis horas, que sus mineros
consiguieron en 1811, alojó al III Congreso de la Internacional de Federaciones
Anarquistas. Ni el triunfalismo de alguno de los delegados asistentes ni el
hipercriticismo de otros que no consideran allí representada sino a una mínima parte del
anarquismo mundial, ayudan a evaluar su significación.
BICICLETA, que en su número anterior ofreció una rápida reseña de sus conclusiones,
incluye ahora la resolución completa sobre «terrorismo» y una opinión, la del delegado
australiano, moderadamente crítica al par que moderadamente satisfecha *. Nuestra
insisencia en conseguir algún juicio de los españoles asistentes no se ha visto, por el
momento, recompensada.
terrorismo marginal y violencia revolucionaria
La IFA proclama para los anarquistas la libertad de
elección de cualesquiera medios de acción que no estén en contradicción con los
principios libertarios y los objetivos finales que persigue el movimiento Ya sea
individual, minoritaria o de masas, violenta o pacífica, reivindicativa o revolucionaria,
la acción anarquista debe reflejar en sí misma los valores morales de los postaulados
fundamentales del anarquismo. El derecho, individual y colectivo, a la insubordinación, a
la revuelta N, a la insurrección es imprescriptible y no codificable. Es un hecho
espontáneo y natural. Los anarquistas organizados en la IFA, que se plantean
verdaderamente el problema de la revolución, es decir, la supresión del privilegio
económico, social y cultural, tienen conciencia de que se hallan enfrentados a una
situación de violencia,
Para los anarquistas existe un problema ético en la utilización de una violencia que no
se confunda con la fuerza pública, la fuerza legal del poder estatal y del capital, que
no tienen igual por la brutalidad con que sistemáticamente se imponen todos los días a
los individuos. Esta violencia de Estado, cuyo fundamento cultural debe buscarse en el
patriarcado, causa de toda otra forma de violencia, encuentra su más completa expresión
en la militarización creciente de la sociedad.
La IFA rechaza las formas de acción política basadas en la violencia ciega e
innecesaria, la falta de respeto a la dignidad humana de los enemigos mismos, y más aún
de los neutrales o inocentes. Denuncia todas las formas de manipulación, violencia v
terrorismo militar o estatal, que con frecuencia se extienden a las acciones de las
organizaciones políticas, las cuales --hoy perseguidas y luchando por causas justas- en
su mayor parte aspiran con sus programas, métodos e ideologías a convertirse en un
futuro poder de Estado.
El recurso a la lucha armada representa la transformación del enfrentamiento de clase en
enfrentamiento militar, a través de una práctica de guerra entre aparatos
especializados, los grupos armados y bandas represivas del Estado. La cotidiana extensión
de tales prácticas no demuestra su éxito, sino, por el contrario, contribuye a reforzar
aquellas medidas represivas del capital y del estado que, además de encaminarse a hacer
pagar el coste de la crisis a los trabajadores, vuelcan sobre ellos el peso de una
represión creciente. Estimular el mecanismo de la represión sin trabajar
simultáneamente por el afianzamiento de una capacidad ofensiva en el movimiento obrero es
tanto más suicida. Los anarquistas no creemos que la propaganda por el hecho, concebida
como el despertar mítico de la conciencia del proletariado siempre dispuesto a la
respuesta, pueda tener el más mínimo éxito. Si se afirmase esta línea política, no
podría sino profundizarse la fosa entre los activistas y la población.
La radicalización de los encuentros tiene su punto de arranque en las grandes esperanzas
surgidas de las luchas de 19681969, cuando la creatividad popular chocaba con el muro de
la propia falta de preparación para la autogestión, permitiendo el renacimiento de las
burocracias reformistas de los grupúsculos. La incapacidad de hacer la revolución «de
repente y no importa a qué precio» ha impulsado a numerosos compañeros, a numerosos
militantes de izquierda y de extrema izquierda, bien a una práctica cotidiana hecha de
compromisos a la sombra de la política parlamentaria, bien a un repliegue individualista
del laissez-faire, bien a un retraimiento como concesión a la clandestinidad. Este es el
fruto de concesiones que no pueden desembocar más que en un reformismo oportunista o en
un extremismo militarizado.
Nosotros afirmamos que ya es tiempo de volver a situar la práctica del revolucionario en
el terreno que le es más adecuado, en el seno de las luchas de los trabajadores, a la vez
que se da cuerpo a la propaganda específicamente anarquista buscando dar a conocer la
profunda validez de nuestras ideas.
La solidaridad de los anarquistas significa ante todo defender todos los colores que
combaten al Capital y al Estado, practicando correctamente contra aquellos militantes la
crítica y no la calumnia. Solidaridad y crítica son los dos aspectos de nuestra ética,
porque somos conscientes de que es a partir de la liquidación física de aquellos
militantes como el Estado reemprende el ataque contra todos los comportamientos
antirreformistas v antiautoritarios. Los anarquistas afirmamos que la revolución social
es el presupuesto de la instauración de una sociedad sin clases, ni Estado, ni
patriarcado, donde todo tipo de violencia haya desaparecido. No obstante lo cual no
creemos que las clases dominantes renuncien a sus privilegios económicos, sociales y
culturales sin ser forzadas a ello. El encuentro violento es, pues, inevitable en la fase
insurreccional, violencia que no puede ser sino colectiva, como lo han sido todas las
revoluciones del pasado. En cuanto movimiento organizado, el anarquismo debe darse una
estrategia de lucha basada en la inteligencia, capaz de sacar enseñanzas de la historia Y
de analizar con lucidez la situación y futuro de nuestra sociedad. Aquí reside el
interés fundamental del concepto de acción directa, sea ésta violenta o pacífica,
medio a través del cual acelerar la toma de conciencia de la capacidad de
autoorganización y de autoemancipación colectiva. El terrorismo revolucionario
anarquista ha sido excepcional, ejemplar, en el sentido de que no se aplicaba a inocentes,
sino a personas que cargaban con la responsabilidad de otros terrorismos, justificados por
las leyes políticas o morales. Al igual que Malatesta, estamos en desacuerdo tanto con
aquellos que son contrarios a toda violencia como con los compañeros siempre prontos a
cualquier violencia. Nosotros no aprobamos ni condenamos en bloque cualquier forma de
«terrorismo». Constatamos que estos actos terroristas están siempre provocados por otro
terrorismo, el que desencadena una clase dirigente contra el pueblo, pero constatamos
igualmente que las consecuencias son siempre negativas, si no nefastas, para el movimiento
obrero en general y para los anarquistas en particular.
Creemos que la práctica de la violencia revolucionaria no puede ser comprendida ni
aceptada si no existe paralelamente un potente movimiento obrero organizado ampliamente
según las ideas libertarias.
por los pasillos del Congreso de la IFA
Si los aspectos sociales y turísticos que rodearon
al Congreso han sido inmejorables, ¿qué podemos decir del Congreso en sí mismo y del
movimiento anarquista allí representado? Aquí es donde surgen mis dudas.
En primer lugar, está claro que la IFA no funciona bien: sólo ha habido tres congresos
en diez años a pesar de los acuerdos de los dos anteriores, con el agravante de que
alguna de las resoluciones de éste ya estaban preparadas desde el habido en París en
1971. Segundo, la IFA nació en la lucha de las generaciones en presencia en 1968,
pudiendo decirse que fue la mayor la que predominó. Tercero, la IFA -vista desde una
perspectiva global- está formada por sólo cuatro federaciones -Italia, Francia, España
(exilio) y Bulgaria (exilio)-, de las cuales hasta hace muy poco ninguna tenía una
actividad real; tal es el caso de los búlgaros, que pasan su tiempo en la construcción
de nuevas formas burocráticas y oponiéndose a cualquier formulación actual del
anarquismo.
Este « tradicionalismo burocrático» de los búlgaros no está lejos de ese otro «
tradicionalismo ecléctico» de franceses e italianos para elaborar la marca distintiva de
la IFA. En su afán por mantener la tradición anarquista, quieren incluir todas las
tendencias, por lo que, con tantas opiniones sobre medios y fines, tampoco pueden tener
una incidencia real.
Para la FAI española debe haber unidad tanto en cuanto a los medios (anarcosindicalismo)
como a los fines (comunismo libertario), ser una organización revolucionaria. Para las
delegaciones de los países no latinos la IFA debería desarrollar estrategias y modos de
acción anarquistas para el mundo actual, lo que se opone al tradicionalismo ecléctico y
al revolucionario. Coincidían, sí, en la necesidad de no crear una iglesia anarquista
para la transmisión de las tradiciones sagradas, de lo que da cuenta la comprensión de
la FAI del interior y de la CNT hacia el «nuevo anarquismo» surgido en los países
nórdicos a finales de los sesenta. Por el contrario, muchos anarquistas jóvenes veían
el anarcosindicalismo si no como algo histórico, sí al menos como una cosa todavía por
hacer. Así las cosas, con experiencias, ideologías y concepciones organizativas tan
distintas, el Congreso fue posible aunque, a mi juicio, no muy útil.
la «cosa nostra»
Por otra parte, las sesiones se presentaron como de
trabajo y no de discusión. Muchos documentos habían circulado antes -demasiado antes
para la mayoría- y el trabajo se relegó a comisiones para puntos específicos, de modo
que sólo las grandes delegaciones (las cuatro ya mencionadas) con posiciones ya
preparadas pudieron participar efectivamente. Las dificultades con el idioma (el francés
era el oficial) agravaron para muchos esta situación. Las resoluciones preparadas en las
comisiones no se proponían para su discusión en sesión plenaria (aunque tres delegados
de países marginales tuvieron la desvergüenza de pretender discutirlas) ni siquiera para
su votación. Desde el principio del congreso ya estaba claro que el método de decisión
sería un consenso manipulado o impuesto para evitar enfrentamientos que pudieran destruir
lo que el secretariado de la IFA llegó a llamar cosa nostra. Por este motivo la mesa
controló todo el desarrollo del congreso, como, por ejemplo, cuando pocos minutos
después de la adopción por «consenso» de» una resolución criticada por un compañero
danés, el mismo secretario dijo que no había sido una buena resolución e hizo sus
propios cambios, adoptados por el mismo método.
Esta práctica manipuladora, no democrática y hasta autoritaria a veces, tiene ciertas
raíces en la IFA, tanto ideológicas como históricas. Por un lado, las bases orgánicas
de la IFA exigen adoptar decisiones por consenso, votándose sólo en casos extremos. Por
otro lado, para la mayoría de los viejos -y para algunos jóvenes- lo principal es que la
IFA sea una sola y prefieren anteponer la ilusión de la unidad del anarquismo mundial
(por más que excluyan en muchos países a tendencias que no les gustan) a resoluciones
estratégicas y tácticas claras. Finalmente, los congresos anteriores habían sido muy
conflictivos, por lo que la intención para éste era organizarlo de modo que se evitara
toda discusión en las sesiones abiertas, restringiendo al máximo el número de personas
con derecho a hablar y llevando todas las discusiones a las comisiones, donde se ejercía
una gran presión para forzar un acuerdo -cualquier acuerdo- sobre cada texto. Así ha
ocurrido que las resoluciones son a menudo inadecuadas o confusas, de tanto intentar aunar
opiniones opuestas en un texto único. Pero tal vez no sea posible hacer las cosas de otro
modo, porque sean imposibles unas discusiones serias para llegar a unas resoluciones
claras si cada contribución debe ser traducida a cinco idiomas. El problema sólo Puede
mejorarse con un desarrollo independiente de las diferentes federaciones para llegar a un
entendimiento común, desde el que ya sí serán posibles discusiones útiles y
resoluciones claras.
dos resoluciones de cada
De las resoluciones sólo quiero aquí mencionar
cuatro: dos mal hechas y dos bien hechas (a mi juicio, claro). De las primeras, la que
define las bases ideológicas de¡ anarquismo es una revisión tradicionalista de la que
en 1968 se adoptó sobre el mismo tema, sustituyendo el detallado análisis de ésta por
una afirmación ideológica simple de la incompatibilidad entre marxismo y anarquismo.
Peor es la resolución sobre movimiento obrero. Resultado de un compromiso
Francia-España-Italia, refleja bien las confusiones de la Federación Anarquista Francesa
(que si anarcosindicalismo, que si federación de consejos ... ), pero no representa la
realidad de la IFA, donde la mayoría está por construir sindicatos anarcosindicalistas
en cuanto sea posible. Tampoco refleja el hecho de que algunos suecos, franceses e
italianos no quieren ningún tipo de sindicato, por anarcosindicalista que sea. Los
españoles, por su parte, pretendían una resolución clara en favor del
anarcosindicalismo o un reconocimiento de las diferencias y una discusión abierta.
De las que me parecen buenas, la española sobre la dinámica técnico-científica de la
producción, a pesar de estar escrita en 1971, es de una gran modernidad. La otra, la
resolución sobre terrorismo, era particularmente necesaria en un momento en que los
gobiernos quieren criminalizar el anarquismo mientras que grupos terroristas ajenos al
movimiento organizado se autotitulan «anarquistas».
Es difícil la evaluación de estos congresos. Si la IFA pudiera tomar decisiones claras
sobre los problemas del anarquismo hoy, estaría bien. Pero para ello habrían de cambiar
las federaciones francesas e italiana, en su ideología y también en su concepción de
una federación anarquista. Sobre esta base sí sería posible un funcionamiento
democrático y quizá la entrada en la IFA de los grupos y organizaciones excluidos o
auto-excluidos por el reglamento burocrático que exige una sola federación por país
(¿qué es un país?) y el eclecticismo oficial que en Francia e Italia se añade a este
reglamento.
Claro que los congresos siempre valen para conocer a gente de los diferentes países y por
las discusiones que hay fuera de las salas de sesiones, pero dado que siempre llegan a
ellos muchas personas a las que no se permite participar, habría que organizar debates y
charlas al margen de los mismos para poder aprovechar las posibilidades. En fin, esperemos
que el próximo sea mejor.
Andrew
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