bicicleta

REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 7 Junio-julio 1978

III Congreso de la Internacional de Federaciones anarquistas

04.jpg (19656 bytes)Carrara, cuna de Malatesta y de la jornada de seis horas, que sus mineros consiguieron en 1811, alojó al III Congreso de la Internacional de Federaciones Anarquistas. Ni el triunfalismo de alguno de los delegados asistentes ni el hipercriticismo de otros que no consideran allí representada sino a una mínima parte del anarquismo mundial, ayudan a evaluar su significación.

BICICLETA, que en su número anterior ofreció una rápida reseña de sus conclusiones, incluye ahora la resolución completa sobre «terrorismo» y una opinión, la del delegado australiano, moderadamente crítica al par que moderadamente satisfecha *. Nuestra insisencia en conseguir algún juicio de los españoles asistentes no se ha visto, por el momento, recompensada.

terrorismo marginal y violencia revolucionaria

La IFA proclama para los anarquistas la libertad de elección de cualesquiera medios de acción que no estén en contradicción con los principios libertarios y los objetivos finales que persigue el movimiento Ya sea individual, minoritaria o de masas, violenta o pacífica, reivindicativa o revolucionaria, la acción anarquista debe reflejar en sí misma los valores morales de los postaulados fundamentales del anarquismo. El derecho, individual y colectivo, a la insubordinación, a la revuelta N, a la insurrección es imprescriptible y no codificable. Es un hecho espontáneo y natural. Los anarquistas organizados en la IFA, que se plantean verdaderamente el problema de la revolución, es decir, la supresión del privilegio económico, social y cultural, tienen conciencia de que se hallan enfrentados a una situación de violencia,

Para los anarquistas existe un problema ético en la utilización de una violencia que no se confunda con la fuerza pública, la fuerza legal del poder estatal y del capital, que no tienen igual por la brutalidad con que sistemáticamente se imponen todos los días a los individuos. Esta violencia de Estado, cuyo fundamento cultural debe buscarse en el patriarcado, causa de toda otra forma de violencia, encuentra su más completa expresión en la militarización creciente de la sociedad.

La IFA rechaza las formas de acción política basadas en la violencia ciega e innecesaria, la falta de respeto a la dignidad humana de los enemigos mismos, y más aún de los neutrales o inocentes. Denuncia todas las formas de manipulación, violencia v terrorismo militar o estatal, que con frecuencia se extienden a las acciones de las organizaciones políticas, las cuales --hoy perseguidas y luchando por causas justas- en su mayor parte aspiran con sus programas, métodos e ideologías a convertirse en un futuro poder de Estado.

El recurso a la lucha armada representa la transformación del enfrentamiento de clase en enfrentamiento militar, a través de una práctica de guerra entre aparatos especializados, los grupos armados y bandas represivas del Estado. La cotidiana extensión de tales prácticas no demuestra su éxito, sino, por el contrario, contribuye a reforzar aquellas medidas represivas del capital y del estado que, además de encaminarse a hacer pagar el coste de la crisis a los trabajadores, vuelcan sobre ellos el peso de una represión creciente. Estimular el mecanismo de la represión sin trabajar simultáneamente por el afianzamiento de una capacidad ofensiva en el movimiento obrero es tanto más suicida. Los anarquistas no creemos que la propaganda por el hecho, concebida como el despertar mítico de la conciencia del proletariado siempre dispuesto a la respuesta, pueda tener el más mínimo éxito. Si se afirmase esta línea política, no podría sino profundizarse la fosa entre los activistas y la población.

La radicalización de los encuentros tiene su punto de arranque en las grandes esperanzas surgidas de las luchas de 19681969, cuando la creatividad popular chocaba con el muro de la propia falta de preparación para la autogestión, permitiendo el renacimiento de las burocracias reformistas de los grupúsculos. La incapacidad de hacer la revolución «de repente y no importa a qué precio» ha impulsado a numerosos compañeros, a numerosos militantes de izquierda y de extrema izquierda, bien a una práctica cotidiana hecha de compromisos a la sombra de la política parlamentaria, bien a un repliegue individualista del laissez-faire, bien a un retraimiento como concesión a la clandestinidad. Este es el fruto de concesiones que no pueden desembocar más que en un reformismo oportunista o en un extremismo militarizado.

Nosotros afirmamos que ya es tiempo de volver a situar la práctica del revolucionario en el terreno que le es más adecuado, en el seno de las luchas de los trabajadores, a la vez que se da cuerpo a la propaganda específicamente anarquista buscando dar a conocer la profunda validez de nuestras ideas.

La solidaridad de los anarquistas significa ante todo defender todos los colores que combaten al Capital y al Estado, practicando correctamente contra aquellos militantes la crítica y no la calumnia. Solidaridad y crítica son los dos aspectos de nuestra ética, porque somos conscientes de que es a partir de la liquidación física de aquellos militantes como el Estado reemprende el ataque contra todos los comportamientos antirreformistas v antiautoritarios. Los anarquistas afirmamos que la revolución social es el presupuesto de la instauración de una sociedad sin clases, ni Estado, ni patriarcado, donde todo tipo de violencia haya desaparecido. No obstante lo cual no creemos que las clases dominantes renuncien a sus privilegios económicos, sociales y culturales sin ser forzadas a ello. El encuentro violento es, pues, inevitable en la fase insurreccional, violencia que no puede ser sino colectiva, como lo han sido todas las revoluciones del pasado. En cuanto movimiento organizado, el anarquismo debe darse una estrategia de lucha basada en la inteligencia, capaz de sacar enseñanzas de la historia Y de analizar con lucidez la situación y futuro de nuestra sociedad. Aquí reside el interés fundamental del concepto de acción directa, sea ésta violenta o pacífica, medio a través del cual acelerar la toma de conciencia de la capacidad de autoorganización y de autoemancipación colectiva. El terrorismo revolucionario anarquista ha sido excepcional, ejemplar, en el sentido de que no se aplicaba a inocentes, sino a personas que cargaban con la responsabilidad de otros terrorismos, justificados por las leyes políticas o morales. Al igual que Malatesta, estamos en desacuerdo tanto con aquellos que son contrarios a toda violencia como con los compañeros siempre prontos a cualquier violencia. Nosotros no aprobamos ni condenamos en bloque cualquier forma de «terrorismo». Constatamos que estos actos terroristas están siempre provocados por otro terrorismo, el que desencadena una clase dirigente contra el pueblo, pero constatamos igualmente que las consecuencias son siempre negativas, si no nefastas, para el movimiento obrero en general y para los anarquistas en particular.

Creemos que la práctica de la violencia revolucionaria no puede ser comprendida ni aceptada si no existe paralelamente un potente movimiento obrero organizado ampliamente según las ideas libertarias.

por los pasillos del Congreso de la IFA

Si los aspectos sociales y turísticos que rodearon al Congreso han sido inmejorables, ¿qué podemos decir del Congreso en sí mismo y del movimiento anarquista allí representado? Aquí es donde surgen mis dudas.

En primer lugar, está claro que la IFA no funciona bien: sólo ha habido tres congresos en diez años a pesar de los acuerdos de los dos anteriores, con el agravante de que alguna de las resoluciones de éste ya estaban preparadas desde el habido en París en 1971. Segundo, la IFA nació en la lucha de las generaciones en presencia en 1968, pudiendo decirse que fue la mayor la que predominó. Tercero, la IFA -vista desde una perspectiva global- está formada por sólo cuatro federaciones -Italia, Francia, España (exilio) y Bulgaria (exilio)-, de las cuales hasta hace muy poco ninguna tenía una actividad real; tal es el caso de los búlgaros, que pasan su tiempo en la construcción de nuevas formas burocráticas y oponiéndose a cualquier formulación actual del anarquismo.

Este « tradicionalismo burocrático» de los búlgaros no está lejos de ese otro « tradicionalismo ecléctico» de franceses e italianos para elaborar la marca distintiva de la IFA. En su afán por mantener la tradición anarquista, quieren incluir todas las tendencias, por lo que, con tantas opiniones sobre medios y fines, tampoco pueden tener una incidencia real.

Para la FAI española debe haber unidad tanto en cuanto a los medios (anarcosindicalismo) como a los fines (comunismo libertario), ser una organización revolucionaria. Para las delegaciones de los países no latinos la IFA debería desarrollar estrategias y modos de acción anarquistas para el mundo actual, lo que se opone al tradicionalismo ecléctico y al revolucionario. Coincidían, sí, en la necesidad de no crear una iglesia anarquista para la transmisión de las tradiciones sagradas, de lo que da cuenta la comprensión de la FAI del interior y de la CNT hacia el «nuevo anarquismo» surgido en los países nórdicos a finales de los sesenta. Por el contrario, muchos anarquistas jóvenes veían el anarcosindicalismo si no como algo histórico, sí al menos como una cosa todavía por hacer. Así las cosas, con experiencias, ideologías y concepciones organizativas tan distintas, el Congreso fue posible aunque, a mi juicio, no muy útil.

la «cosa nostra»

Por otra parte, las sesiones se presentaron como de trabajo y no de discusión. Muchos documentos habían circulado antes -demasiado antes para la mayoría- y el trabajo se relegó a comisiones para puntos específicos, de modo que sólo las grandes delegaciones (las cuatro ya mencionadas) con posiciones ya preparadas pudieron participar efectivamente. Las dificultades con el idioma (el francés era el oficial) agravaron para muchos esta situación. Las resoluciones preparadas en las comisiones no se proponían para su discusión en sesión plenaria (aunque tres delegados de países marginales tuvieron la desvergüenza de pretender discutirlas) ni siquiera para su votación. Desde el principio del congreso ya estaba claro que el método de decisión sería un consenso manipulado o impuesto para evitar enfrentamientos que pudieran destruir lo que el secretariado de la IFA llegó a llamar cosa nostra. Por este motivo la mesa controló todo el desarrollo del congreso, como, por ejemplo, cuando pocos minutos después de la adopción por «consenso» de» una resolución criticada por un compañero danés, el mismo secretario dijo que no había sido una buena resolución e hizo sus propios cambios, adoptados por el mismo método.

Esta práctica manipuladora, no democrática y hasta autoritaria a veces, tiene ciertas raíces en la IFA, tanto ideológicas como históricas. Por un lado, las bases orgánicas de la IFA exigen adoptar decisiones por consenso, votándose sólo en casos extremos. Por otro lado, para la mayoría de los viejos -y para algunos jóvenes- lo principal es que la IFA sea una sola y prefieren anteponer la ilusión de la unidad del anarquismo mundial (por más que excluyan en muchos países a tendencias que no les gustan) a resoluciones estratégicas y tácticas claras. Finalmente, los congresos anteriores habían sido muy conflictivos, por lo que la intención para éste era organizarlo de modo que se evitara toda discusión en las sesiones abiertas, restringiendo al máximo el número de personas con derecho a hablar y llevando todas las discusiones a las comisiones, donde se ejercía una gran presión para forzar un acuerdo -cualquier acuerdo- sobre cada texto. Así ha ocurrido que las resoluciones son a menudo inadecuadas o confusas, de tanto intentar aunar opiniones opuestas en un texto único. Pero tal vez no sea posible hacer las cosas de otro modo, porque sean imposibles unas discusiones serias para llegar a unas resoluciones claras si cada contribución debe ser traducida a cinco idiomas. El problema sólo Puede mejorarse con un desarrollo independiente de las diferentes federaciones para llegar a un entendimiento común, desde el que ya sí serán posibles discusiones útiles y resoluciones claras.

dos resoluciones de cada

De las resoluciones sólo quiero aquí mencionar cuatro: dos mal hechas y dos bien hechas (a mi juicio, claro). De las primeras, la que define las bases ideológicas de¡ anarquismo es una revisión tradicionalista de la que en 1968 se adoptó sobre el mismo tema, sustituyendo el detallado análisis de ésta por una afirmación ideológica simple de la incompatibilidad entre marxismo y anarquismo. Peor es la resolución sobre movimiento obrero. Resultado de un compromiso Francia-España-Italia, refleja bien las confusiones de la Federación Anarquista Francesa (que si anarcosindicalismo, que si federación de consejos ... ), pero no representa la realidad de la IFA, donde la mayoría está por construir sindicatos anarcosindicalistas en cuanto sea posible. Tampoco refleja el hecho de que algunos suecos, franceses e italianos no quieren ningún tipo de sindicato, por anarcosindicalista que sea. Los españoles, por su parte, pretendían una resolución clara en favor del anarcosindicalismo o un reconocimiento de las diferencias y una discusión abierta.

De las que me parecen buenas, la española sobre la dinámica técnico-científica de la producción, a pesar de estar escrita en 1971, es de una gran modernidad. La otra, la resolución sobre terrorismo, era particularmente necesaria en un momento en que los gobiernos quieren criminalizar el anarquismo mientras que grupos terroristas ajenos al movimiento organizado se autotitulan «anarquistas».

Es difícil la evaluación de estos congresos. Si la IFA pudiera tomar decisiones claras sobre los problemas del anarquismo hoy, estaría bien. Pero para ello habrían de cambiar las federaciones francesas e italiana, en su ideología y también en su concepción de una federación anarquista. Sobre esta base sí sería posible un funcionamiento democrático y quizá la entrada en la IFA de los grupos y organizaciones excluidos o auto-excluidos por el reglamento burocrático que exige una sola federación por país (¿qué es un país?) y el eclecticismo oficial que en Francia e Italia se añade a este reglamento.

Claro que los congresos siempre valen para conocer a gente de los diferentes países y por las discusiones que hay fuera de las salas de sesiones, pero dado que siempre llegan a ellos muchas personas a las que no se permite participar, habría que organizar debates y charlas al margen de los mismos para poder aprovechar las posibilidades. En fin, esperemos que el próximo sea mejor.

Andrew

Inicial - Índice