En las grandes a glomeraciones de la paga «extra», la «elegancia
social del regalo» y las jornadas agotadoras del personal del comercio, los trabajadores
que vamos de compras olvidamos que esos compañeros que tratan de atendernos están
sometidos a una alienación maquinizante por sus empresas. La carta que recibimos de una
empleada en unos grandes almacenes madrileños denuncia esas cadenas
donde se montan las férreas sonrisas destinadas a morder los bolsillos de los clientes y
engrandecer a quienes supieron aprovecharse de las trampas legales de la Seguridad Social
franquista para financiarse un imperio comercial sin competencia posible.
Van pasando los días sin sentirse y cada vez me siento más cansada. Pierdo trozo a trozo
mi vida y me encuentro moviéndome y actuando como una máquina en un lugar sin sol, donde
pudro casi todas las horas del día, donde nadie me aprecia como persona, nadie me
sonríe, nadie me acaricia... donde mi única valoración consiste en medir la abundancia
y cuantía de lo que eres capaz de vender, en un lugar en que debo de forzar sonrisas en
los momentos más amargos y tristes, donde te menean y trasladan como a un objeto, te
asfixian de órdenes y reproches, te vigilan cada paso e intentan aplastar constantemente
cualquier ansia de indignación, de rebeldía... Tan sólo me resta por momentos una gran
desesperación y la más triste de las tristezas, de sentir 'cómo se acerca, cómo se
convive con la muerte, cómo se apagan los sueños, las ansias de volar, y lo que es peor,
cómo se integra como parte de !u propia vida ese sentimiento de muerte.
Las horas, los días, los años... pasan iguales sin que nada cambie, se carece casi de
más tiempo que el que ocupa el horario de trabajo, y es curioso comprobar a final de mes
que apenas tienes nada que cobrar.
Este es uno de los grandes trucos: los sueldos, en su mayor parte, se invierten en compras
(con el 15 por 100 de descuento) en la misma empresa: a esto contribuye, además del poco
tiempo libre que resta a los trabajadores, el martilleo de la propaganda de los artículos
que tienes delante, y cuyas primeras víctimas somos nosotros, pues se nos convence para
que así convenzamos a otros. Es corriente que la persona que vende toallas tenga en su
casa veinte juegos diferentes, y que nunca usará, y que el 90 por 100 de «sus cosas»
sean compradas allí. El Corte Inglés, como una gran madre, ya tiene todo esto previsto,
y estudiado, y cuenta con sus trabajadores como sus primeros clientes fijos, lo que le
permite invertir de antemano más de la mitad del valor de las nóminas en sus numerosos y
despersonal izados servicios.
vender muriendo
Al final de la jornada, hay que sumar el valor de las
ventas del día, y el jefe de departamento (siempre un macho para imponer más a las
trabajadoras, casi todas mujeres) lo anotará con la de tus compañeros, siendo costumbre
alabar al que más vende y bromear con desprecio a los que siempre «venden poco». Como
en la escuela, premios y castigos, aplicados y tontos.
La comisión que se cobra sobre las ventas (aproximadamente un 12 por 100 la cual tú no
puedes llevar en cuenta) hace furor entre los vendedores, que luchan entre sí por atender
a los clientes, con lo que la rivalidad entre nosotros es la relación normal que se da.
Somos enemigos ante una presa: el cliente.
Es corriente además ver cómo todo esto hace que se desee un mayor trabajo para realizar
un volumen mayor de ventas, así en los momentos de auténtica histeria son muchos a los
que vemos realizar el trabajo de varias personas, multiplicarse para que así la empresa
asegure un rendimiento máximo de sus trabajadores: con lo cual, además de ahorrar en
sueldos, asegura las ventas y las ganancias, Y hay que denunciar que además se ahorra
otros sueldos que los pagan directamente ciertas marcas (cosméticos, juguetes,
electrodomésticos, etc.) a las personas que trabajan vendiendo sus productos: por
ejemplo, en Navidad en juguetes casi una cuarta parte del personal eventual contratado era
pagado de esta forma.
En realidad, la alienación en el Corte Inglés comienza cuando te avisan que acudas a la
primera entrevista para entrar a trabajar. Ya para eso es necesario no haber sido
despedido de cualquier empresa, ni por supuesto detenido nunca, además suelen elegir
gente sin experiencia de trabajo, que necesite hacerlo con urgencia, que apenas haya
estudiado, pues piensan que la cultura ocasiona problemas de inadaptación en el trabajo.
Y lo mejor para ser seleccionado es tener antecedentes familiares «de derechas» (abundan
los hijos de ex-combatientes franquistas, policías, guardia civil, etc.). Estas
entrevistas las realizan «psicólogos-detectives» que lo único que ignoran de ti es el
color de las bragas, y ante los que firmas y afirmas que te comprometes a efectuar tu
trabajo «sin realizar ninguna actividad que vaya en contra de la empresa y sus
intereses».
la venta es el mensaje
Si pasas la entrevista y te seleccionan, vas a un
cursillo de unos días, a cuenta del PPO (que los del Corte Inglés saben chupar del
Estado), donde te contarán como aventura la biografía del Corte Inglés desde 1940 en
que tenían siete empleados, hasta llegar hoy («en plena crisis», te subrayarán, sin
explicarte si la crisis es económico o por la muerte de Franco) a inaugurar el centro
número 12 de venta al público en Las Palmas, y superar los 30.000 trabajadores fijos
(vendedores, ficinistas, transportistas, etc.). Sumando a estos 30.000 los eventuales y
los trabajadores de sus fábricas, se roza la cifra de 50.000 personas dependiendo del
Corte Inglés laboralmente, que se sitúa entre las primeras empresas del país. Tienes
que saber que «tú también estás entre los primeros».
El cursillo seguirá con normas sobre la venta, y terminará con las famosas normas de
disciplina y educación recogidas en el «Reglamento interno,», y que son de este estilo:
Lo PRIMERO y más importante: PERFECTO SERVICIO al cliente.
Nuestra consigna: VENDER = SERVIR (no te preocupes, no te pondrán cofia, sólo un
modelito de delantal).
Corrección dentro y FUERA del trabajo (no olvides que estás entre los elegidos).
No hablar ni discutir en corrillos.
Responsabilidad.
No divulgar las cuestiones internas de la empresa. El incumplimiento de esta norma
(«difundir SECRETOS DE EMPRESA») será considerado falta muy grave y será causa de
despido. (Si me encuentran, va sabes a qué me arriesgo.)
No llamar a voces. Compostura siempre.
UNIFORMIDAD: traje y corbata obligatorios para los hombres, prohibida la barba, el pelo
largo, las sandalias, etc.; a las mujeres, falda, y por bajo de la rodilla, zapato de
medio tacón, siempre peinadas y arregladas, etc. ante todo: ELEGANCIA Y DISCRECION.
Limpieza y aseo, no fumar ni comer chicle.
No usar el teléfono por motivos personales. (Los «motivos personales» no existen si no
favorecen a la empresa.)
Etc., etc., etc.
Cuando llegues al final del cursillo sabrás ya eso de que «vender es la mayor forma de
comunicación con la gente, es practicar y ampliar relaciones, aprender a convivir ... ».
Por lo cual deduces que la sociedad es un puro mercado, y que hablando con alguien de ropa
llegarás al fondo de sus sentimientos.
morir vendiendo
Pero el mayor motivo de desesperación es ver como
casi todos los compañeros acaban por asumir todo esto, son ya parte de la empresa, y ven
a los compañeros nuevos o eventuales con desagrado, como alguien que les puede «quitar
las ventas». Aquí es habitual hacer regalos a los jefes por Navidad. Las conversaciones
no trascienden más allá del ajuar que todas las empleadas se están haciendo en la
propia empresa, de los novios, los coches, y un pequeño y similar etcétera. Todo esto
enlaza naturalmente con un desconocimiento absoluto de cualquier
asunto laboral o político que va va más allá de lo que cuentan en el telediario. Como
ejemplo, he comprobado que el 90 por 100 de las chicas ignora qué significan términos
como «convenio colectivo», o qué quieren centrales sindicales que no sean CCOO (que
domina las relaciones laborales en mi centro), alguno de UGT y los que se llaman
«independientes » -y son todos de Alianza Popular: todos estos «representantes» se
pasan la mitad del día en dirección «tomando contacto con la patronal».
Claro, siempre hay quien se desmarca y ocasiona algún problema a la empresa,
reivindicando un derecho laboral, cuestionando unas nóminas o tratando de promover
mejoras sociales que no se les hayan ocurrido «a ellos». La empresa suele resolver el
caso ofreciendo una fuerte suma a esa persona, a cambio de su baja «voluntaria»,
después de haberle hecho del trabajo un martirio diario. Este caso se ha dado tanto en el
Corte Inglés como en Induyco, y en ocasiones las cifras de indemnización han sobrepasado
el millón de pesetas. Hasta el despido se vende. El caso es vender.
En las tiendas del Corte Inglés venimos trabajando desde las 9 o 9,30 hasta las 8,30 o 9,
con dos horas y media para comer, pero además hay que sumar prolongaciones de jornada,
colocación de escaparates, etc., todo esto hace de la empresa uno de los sitios en que la
gente disfruta de menos horas libres, lo cual se ha solucionado por el momento logrando un
día libre entre semana y salarios «por encima del convenio» (18.000 pesetas de base
inicial), con lo que el Corte se coloca como «la élite del comercio», no olvides que
está entre los primeros, y se evita problemas laborales. Así, en la huelga de comercio
en Navidades, el Corte fue el eje del esquirolaje. La empresa previene inteligentemente
(la represión refinada requiere inteligencia) toda reivindicación, con los «regalos»,
con la imagen de que el Corte es una «empresa diferente» de todo el comercio y de los
demás grandes almacenes.
HISTERIA
Las centrales, agradecidas y con burócratas
privilegiados que apenas trabajan, colaboran. Por ejemplo, cuando el intento de huelga
general del comercio por un convenio único, que convocaron en diciembre USO, UGT (bueno,
la base, que fue expulsada por la dirección), SU y CNT, y mientras los piquetes de huelga
predominantemente cenetistas eran detenidos, el Secretariado del Corte
Inglés-Generalísimo de CCOO sacó una hoja informativa, explicando que: «CCOO queda al
margen por creer que es una huelga histérica por no haber agotado todas las posibilidades
legales antes de convocarla. El sindicato de CCOO de Comercio (la hoja no especificaba si
era todo el «sindicato» o su encarnación en algún «líder») está en estos momentos
reunido con el gobernador civil y el delegado de trabajo, al que se le va a exigir la
puesta en libertad de los compañeros de CNT detenidos (lo cual, claro, no es motivo para
ninguna solidaridad «histérica»). Pedimos a los compañeros del centro serenidad ante
las intimidaciones que puedan surgir en el transcurso del día por parte de estas
centrales.»
Pero, a pesar de todo, aunque nuestros representantes no crean en la solidaridad y los
compañeros sólo piensen en vender, aunque no existan ventanas para algún momento de
angustia y desesperación, incluso dentro de esas siniestras moles grises queremos deciros
que existimos alguno, seres que, con los ojos tristes y crispados, esperamos el amanecer
que vamos forjando en cada dolor, y guardamos alguna sonrisa de verdad, para ofrecerla
cuando sentirnos que LA UTOPIA NACE EN CADA INSTANTE, que todo es posible porque todo
cambia, que a pesar de todo, todo está cambiando...
PEPITA GRILLADA
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