La
«senda constitucional» de este país cada vez se parece más a la «senda de los
elefantes y no está claro que todo esto no termine peor que aquello de las minas del rey
Salomón. Por el momento, BIlCICLETA ejerce como puede su parcela de libertad de
expresión, sabedora de que de un momento a otro puede ser aplastada por la estampida.
Por Congresos que no quede... De CCOO a UCI), todo dios hace su congreso, el congreso de
los parlamentarios para su famosa constitución... ¿Aborto o parto? No parece
precisamente prematura, sino más bien un vejestorio, que santifica «el marco de la
economía de mercado» y «la defensa de la productividad», junto a la Monarquía, la
Familia, la venerable Enseñanza Obligatoria, las Fuerzas e Institutos Armados... El IX
Festival de la Constitución se parece demasiado al I que ya se celebró en este país
(concretamente en Cádiz) hace quince docenas de años. ¡Pues no atrasa nada la
«monarquía constitucional »! Pero los vendedores políticos parecen encantados con el
«nuevo» producto y se afanan por colocárnoslo hasta en la sopa.
¿Libertad de expresión?
Los compañeros de la revista vasca ASKATASUNA nos
avisaban que en la madrugada del 4 de junio los fachas a sueldo policial más o menos
comprobable les habían dejado el primer aviso, y concluían su llamamiento: «SALVEMOS LA
LIBERTAD DE EXPRESION. ¡ES LA GARANTIA DE LA IMPLANTACION DE NUESTRAS IDEAS EN UN FUTURO
NO MUY LEJANO! » Dos meses y medio después los locales de ASKA ardían. Por pura
casualidad (a uno le estalló una lata de gasolina en otro de sus «trabajos») están
detenidos los autores, militantes de Fuerza Nueva. No nos fiamos de la «Justicia» del
Estado, y seguimos suscribiendo el llamamiento de «Askatasuna»: la unidad solidaria de
todos los antifascistas es la única defensa que frenará el terrorismo parapolicial. No
es libertad de expresión ver a Arrabal en nuestros escenarios, ni a «Ermnanuelle» o
Abad de Santillán en nuestras pantallas, si la palabra de los libertarios sigue
perseguida.
Y ahora nos llegó el turno a nosotros: en agosto, BICICLETA se ha visto implicada (a
instancia del llamado Ministerio de Cultura) en un proceso militar que no sabemos cómo va
a terminar, por haber publicado libremente las opiniones de un objetor de conciencia que
sin duda comparte un amplio sector de nuestra juventud. Desde el proceso a «Els
Joglars», que aún siguen en prisión sin que la izquierda parlamentaria se inmute, está
claro que la Fuerza Armada se va a inmiscuir directamente en la libertad de expresión.
¿Vamos a retroceder por ello? No queremos ofender a nadie, pero cuando se nos oprime, nos
negamos a ser cómplices de esa opresión, porque es cómplice quien se calla y hace
oídos sordos a las torturas y brutalidades que en nombre del Estado se siguen cometiendo
por institutos armados.
¿Estrategia militar?
Los hechos ocurridos en Pamplona, Rentería y San
Sebastián en julio indican que militares de la escuela «provisional», de los que se for
jaron en la guerra civil en e¡ «deporte» represivo de lidiar a sus conciudadanos a
tiros en las plazas de toros, siguen en acción, más allá de las mismas caras
franquistas (Conesa, Ballesteros, el propio Martín Villa) que continúan dirigiendo la
represión policial, más allá de sus «broncas de cuerpo».
Un comunicado de ETA (la llamada rama «militar») al pueblo vasco, cuya difusión fue
prohibida expresamente a la prensa, afirmaba que tales actuaciones han obedeciedo a un
plan cuidadosamente elaborado, lo que en términos militares se denomina una operación de
castigo.
Aparte del análisis de ETA, los hechos están ahí, y en esta guerra abierta entre los
nacionalistas vascos y el ejército español va a ser muy difícil ser neutral. Los que
como libertarios queremos la paz pero también la libertad, tenemos que medir nuestros
pasos y nuestras palabras. Desde el próximo número, y mientras podamos, BICICLETA
comenzará un debate abierto sobre esta lucha de liberación nacional que se desarrolla en
Euskadi.
«Que se vayan», es un grito mayoritario en el pueblo vasco. ¿Cómo asumir nuestra
responsabilidad? Sabemos de los límites a la libertad de expresión, como prueban las
detenciones de cenetistas malagueños que pegaban carteles de solidaridad con el pueblo
vasco tras los trágicos Sanfermines.
¿Pero es viable otra respuesta? Los asesinatos de militares y policías que se vienen
sucediendo, ¿son la protesta popular contra una opresión injusta o jugadas políticas de
profesionales de las armas? La espectacular amnistía lograda en Nicaragua por el Frente
Sandinista contra la dictadura de Somoza tras secuestrar nada menos que al congreso de
diputados prueba que puede haber utilizaciones de la violencia más populares y eficaces,
para quienes decidan tomar esa vía, que el asesinato por la espalda, que por muy
torturador que sea el asesinado, repugna a toda conciencia libre.
La policía se prepara
En julio fue aprobada una llamada «ley
anti-terrorista» que multiplica los terroríficos poderes de la policía franquista, sin
que se oyeran más protestas activas que la huelga de hambre en la cárcel de Valladolid
de unos cuantos presos comunes y ácratas. La policía armada cuenta ya con un Grupo
Especial de Operaciones. La Constitución aprobó un artículo bis para prever el estado
de excepción permanente.
Los ultras y la poli se alternan repartiendo leña de La Unión a Galicia, de Euskadi a
Andalucía. Los incontrolados en nómina que antes volaban librerías, ahora vuelan
cafetines donde se reúne la acracia y locales sindicales. El ministro del ramo tuvo la
caradura de presidir el 10 de junio en Sevilla un «homenaje a las fuerzas de orden
público», organizado por las fuerzas vivas, horas después de que la poli repartiera
leña entre los trabajadores sevillanos en huelga. De la popularidad de la poli en tierras
andaluzas da idea el que en Málaga se haya incendiado por tercera vez consecutiva el
local La Virreina, donde el poder quiere instalar otra comisaría más, sin que nunca se
supiera quién fue.
Siguen las torturas, y las últimas páginas de cada número de INTERVIU en agosto
mostraban fotografías de moraduras realizadas por funcionarios que cobran del presupuesto
que pagamos todos los contribuyentes. Pero al menos ahora la gente se atreve a presentar
denuncias por malos tratos.
¿Quién miente y quién manda en este país?
Los ministros y parlamentarios se llaman a voces
«mentirosos» en el Parlamento, y a la policía nadie puede demostrarle nada, porque ella
es quien hace las pruebas, y quien presiona al gobierno a cada tímido intento de
«reforma». No seremos nosotros quienes dictaminemos quién miente más en este país, si
los políticos o los policías.
Lo que está claro es que cada vez está más oscuro quién manda real. mente en el país.
La Legión desfila por su cuenta en el Valle de los Caídos ante la momia del dictador y
su respetable Señora, los ultras abuchean a Juan Carlos, el führer Blas Piñar ataca al
monarca en sus discursos. En cambio, por un artículo sobre la objeción de conciencia o
una obra de teatro sobre un proceso militar de hace cuatro años, la «Justícia Militar»
se desencadena.
La verdad es que ese odio de los fascistas, tras su viaje a Pekín y la complicada
carambola de las dictaduras argentina y cubana, es lo que necesitaba el Rey para darle
aureola «arco-iris» a una imagen a lo que sólo le faltaría un viejo obrero con
«pedigree» anarquista que acudiera a felicitarle para lograr lo que ningún Borbón. Nos
tememos que no faltan candidatos, tal como van las cosas en la ortodoxia
anarcosindicalista.
La verdad es que la banca sigue cortando el bacalao. Una restricción del crédito, y toda
la política económica gubernamental se tambalea. Lo único claro de los Pactos de la
Moncloa es que el aumento de parados y la reducción del poder adquisitivo de los salarios
superan todas las previsiones. Los currantes (especialmente los jóvenes y las mujeres) no
tienen un duro, y ni BICICLETA (lo mejorcito del mercado, oiga) aumenta sus tiradas. Y sin
embargo, los sobornos, robos y «apropiaciones indebidas» de miles de millones por gente
relacionadísima con el Banesto, primer banco del país, se saldan con libertades
provisionales, mientras quienes robaron para satisfacer sus primeras necesidades, sin
sofisticados métodos bancarios y tributarios, se pudren en las cárceles. Aunque parece
que a los presos les ha dado por autoamnistiarse con fugas masivas, lo que siempre es más
sano que auto-lesionarse para impresionar a un director general que tiene la cara de
cemento armado.
En fin, el último temor es... ¡que viene la banca yanqui! Los yanquis ya controlan
instalaciones militares en Canarias, mientras Gutiérrez Mellado viaja y se prepara
«nuestra» integración en la OTAN. Si son los yanquis quienes de verdad mandan aquí,
¿a qué tanto agitarse y matarse por bandera de más o de menos? Dan ganas de pasar de
todo, pero algo nos huele a chamusquina en todo el tinglado, y por curiosidad malsana
seguiremos informando. Mientran se pueda.
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