Quizá
viéndole las orejas al lobo avive el seso tanto anarco de boquilla como anda por este
país, dedicados unos a sestear (y no es que tengamos nada contra una buena siesta, pero
es que hibernar a cal y canto en pleno verano, eso, ni los osos, vamos) y otros a
practicar o corear la caza de brujas y las excomuniones oficiadas por fantasmales exilios
(ahora reencarnados en Secretariado de la AIT). Quizá así recuperemos entre todos los
libertarios de todas las tendencias una tolerancia mutua y una moral de apoyo común
frente al enemigo insaciable, frente al terrorismo organizado y codificado del estado
capitalista.
Entre rejas
La lista de libertarios encarcelados que damos a
continuación no es exhaustiva, y continúa engrosando: en Barcelona, Murcia y otros
lugares se está deteniendo a compañeros que habían sido puestos en libertad tras el
indulto de 1977. Con los libertarios comparten la persecución política de los mismos
funcionarios de la Dictadura, de los mismos uniformes Y los mismos interrogadores,
revolucionarios de otras ideas (maoístas, nacionalistas vascos, gallegos y catalanes,
antifascistas), y sobre todo los presos comunes, que pese a la demagogia televisiva del
director reformista García Valdés, siguen encarcelados por leyes fascistas, que condenan
a muchos más años por robar un kilo de fruta o transportar un kilo de grifa, que por
estafar a miles de familias obreras o por asesinar a un preso en un interrogatorio.
Brutalizados por la policía, que metralleta en mano patrulla las cárceles, todos los
presos del estado son otras tantas denuncias a tanta declaración de derechos humanos.
La muerte del joven ácrata Agustín Rueda, asesinado a palos en Carabanchel por los
mismos funcionarios, hizo parecer casi humanitarios los procedimientos alemanes d e
«suicidar presos anarquistas».
El juicio celebrado en Madrid el 4 de julio ante la Audiencia Nacional (que hace ahora las
funciones del TOP) contra Antonio Cativiela, Ignacio Sebastián y Virginia Cativiela,
acusados de atentar contra el Corte Inglés, por lo que se les pedía treinta y tres años
y seis millones, sirvió para denunciar que las declaraciones (sin prueba alguna) habían
sido arrancadas mediante tortura «democrática», de la que no deja huella (semiasfixia
con bolsas de plástico y bañeras, corrientes eléctricas, tirones de pelo hasta arrancar
mechones, amenazas de aplicar ley de fugas). Virginia acabó en el psiquiátrico, y allí
siguieron los interrogatorios.
La represión y difamación contra el movimiento libertario es responsabilidad personal y
notoria del ministro Martín Villa, fascista de relumbrón y hábil chaquetero, hoy
dirigente de UCI) y ayer como dirigente del SEU y de los Verticales. Sus técnicas de
infiltración y provocación contra grupos libertarios fueron denunciadas pública y
minuciosamente en INTERVIU el pasado mes de julio por un documentado equipo de
periodistas. ¿Y este señor necesita todavía «leyes de excepción»?
Sesenta libertarios
En Yescrías, además de Virginia Cativiela Alfós,
se encuentran encarceladas María Teresa Fabres Oliveras, Pilar Alvarez Alvarez y Rosa
López Hernández, del sumario «Scala», que se verá en noviembre ante el tribunal. En
Madrid (Carabanchel) están Antonio Cativiela Alfós, Ignacio Sebastián de Erice, Luis
Guillardine Gonzalo, Guillermo González García, Máximo Casas Gonzá
lez, y José Luis Martín Díez, de los grupos autónomos madrileños, y de los autónomos
catalanes, Fernando Simón Fernández (del sumario Agustín Rueda, condenado a dos años y
en espera de pronta excarcelación); también en Carabanchel, los cenetistas catalanes
Arturo Palma Segura y Luis Muñoz García, implicados en el asunto Scala. De Alcalá se
llevaron a la Modelo de Barcelona a otros dos combatientes autónomos, Andrés Mira
Barnés y Vicente Domínguez Medina, tras larga huelga de hambre en abril. En la Modelo
estaban ya Angel Vergel Ardite, José Cuevas Casado, F. Javier Cañadas Gascón y los
anarquistas franceses Victor Simal y Bernard Pensiot, internados en la cárcel desde
febrero y aún sin auto de procesamiento. En la cárcel barcelonesa de Trinidad retienen a
María Fernanda Fernández Rodiño y Concepción Martínez Serón. En la cárcel de
Mislata (Valencia), cuatro detenidos acusados de pertenecer a los grupos autónomos de
combate, Fernando García Morales, Rafael Simón Gómez, Eugenio Asensio Nogues y
Anastasio Rubio Bravo, tuvieron que recurrir en marzo a la huelga de hambre para poder
estar en la misma galería. Desde mayo están detenidos en Valladolid los cenetistas
Martín Biruega Rodríguez, Inocencio Onecha Martínez, Pedro Chamorro Martínez, Fidel
Manrique, Moisés Magdaleno Alonso, Alfonso Morales Calvo, José Ramón Cotena Díez, y
los libertarios Fernando Merino del Río, José Luis Piquero Pérez, F. José Ríos Toval,
Angel Antón Busnariego, y Miguel Angel Muñoz Montes (ver BICI número 7).
Si a ellos sumamos los diez detenidos en Córdoba y los siete de SEAT acusados en abril de
«expropiaciones armadas», de los que no tenemos noticia directa, hay más de 60
libertarios entre las rejas de la España juancarlista, preconstitucional, preautonómica
y represiva.
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