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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 9 Octubre 1978

Violencia y deseo de poder

Desde un principio, incluso si se trata de abrir un debate, conviene saber de lo que se habla. Dicho de otra forma, ¿que es lo que se entiende por violencia? Para mi, no se puede reducir el problema de la violencia al del uso de las armas. Tal simplificación es, en fin de cuentas, falsificación. La violencia existe en todos nosotros en estado latente, y se ve, de vez en cuando, cada vez mas frecuentemente, exacerbada por la otra violencia, la violencia del poder. Es entonces, y entonces sólo, que se plantea el problema estratégico-táctico del enfrentamiento y, consecuentemente, del uso de las armas. Ahí, en ese punto concreto, se situa el debate, el que nos interesa hoy por ser uno de los temas mas neurálgicos de nuestra práctica libertaria. Veamos, pues...

Creo tarea imprescindible del movimiento libertario -en el cual me reconozco a pesar de los pesares- reconsiderar lo que, hasta ahora fueron nuestros postulados revolucionarios. Entre ellos, en primera fila, está el de la violencia salvadora, luz entre las tinieblas, mito entre los mitos.

Las recientes hazañas de los "justicieros" de la RAF alemana, de las "Brigadas Rojas" italianas y demás "partidos armados" actualizaron trágicamente un tema nunca agotado. Relegados por la lucha programada de los estados mayores (del Estado y de la "Revolución") al papel de espectadores pasivos, no nos queda otro camino que el del rechazo de esa horrenda realidad, de ese siniestro circo. El día de la noticia de la muerte de Baader, Ensslin y Raspe, no pude dejar de pensar en la vida, en sus vidas, en nuestras vidas. Y esa triple muerte me conmovió. Su inutílidad la hacía mas inaceptable. Llenos de martires están los cementerios. Llenos de cementerios está la tierra.

No me reconozco ni en Schmidt, ni en Baader; ni en Curcio, ni en Moro. Y lo digo. Son diferentes caretas de la opresión. El Estado llora a sus muertos (Schlayer y Moro). La "Revolución" llora los suyos (mas numerosos, claro). La lógica es la misma, agotadoramente racional. Reinvindico, pues, la irracionalidad. Y pregunto:

¿Se puede pretender que las armas reducirán la fuerza brutal del Estado, la paranoia institucional y la dominación del aparato oficial de propaganda (TV, radio, prensa)?

¿Vale la pena correr el peligro de adoptar, lógicamente, una violencia similar a la del Estado (tribunales, cárceles populares y penas de muerte)?

Y contesto: ese terreno no es el nuestro. Es el que delimita el Estado porque, de antemano, sabe que vencerá. Desertemos pues.

violencia y autonomía

Hoy día, lo que se puede englobar bajo el apelativo de "arca de la autonomía" (particularmente en Italia, pero también en Francia y España) es una nebulosa en la cual se perfilan varias tendencias. La autonomía no tiene fronteras bien delimitadas. Ahí se mueven los -camaradas del P38" ( llamados así por su cariño por este tipo de arma), los de la inteligencia creativa, los partidarios de, una nueva "seriedad" política, los ecologistas-no violentos. En Italia, baluarte de la autonomía, revistas como "Rosso", "A/Traverso", "Wow", sólo representan, cada una, una franja de la "área de la autonomía". En Francia y España, suele ocurrir lo mismo. La autonomía encuentra terreno abonado entre los excluidos, los marginados y los disidentes de la izquierda extraparlamentaria. Los nuevos rebeldes se reunen en torno a una práctica política que rompe con los esquemas militantes tradicionales.

Espacio contradictorio, la autonomía, entendida en su sentido mas amplio, da cierto crédito al activismo de los NAP (Nucleos armados proletarios), BR y otras RAF. Lógicamente, la emergencia de esa violencia reproduce un nuevo terrorismo verbal. La aceptación o el rechazo del enfrentamiento armado con el aparato del estado son presentados hoy como dos alternativas antagónicas, delimitando los campos ("revolucionarios" y "reformistas"). ¡Insoportable maniqueismo! ¡Mentira militante!

La violencia de los autónomos procede de un doble rechazo: el rechazo de la mediación, y el rechazo de la recuperación. Las evaluaciones tácticas de los "P 38" constituyen, sin embargo, una forma de instrumentalización de la violencia, de nuestra violencia. Esa violencia, existente en todos nosotros como agresividad, no puede ser instrumentalizada, sino subyectivizada en todo lo que contiene nuestra rebeldía tanto como rechazo de la autoridad, conquista de identidad y búsqueda de una nueva sensibilidad no mediatizada por el Estado. Pretendo que la inteligencia creativa del movimiento puede oponerse al Estado sin adoptar su metodología, saliéndose del cuadro táctico en el que nos encierran las instituciones, rechazando la falsa alternativa reformismo (luchas en el frente de la producción) / terrorismo (luchas armadas), experimentando esa nueva sensibilidad antipolitica. Partiendo de esa inteligencia no centralizada y omnipresente, capaz de intervenir en todos los terrenos de la vida¡ podremos romper los viejos mitos, esas camisas de fuerza que nos obligan a aceptar el terreno del Estado y el enfrentamiento que nos impone. Con todo eso, quiero decir que la violencia, considerada como enfrentamiento, es una fuerza opresiva, cuya expresión mas racionalizada es la represión. La agresividad, nuestra agresividad, tiene que ser una fuerza de convergencia, de encuentro, la expresión de una positividad y de una identidad. Por lo tanto, no puede ser reducida al terreno del enfrentamiento armado, donde no hace mas que repetir el poder, manifestarse como identificación al Estado.

el mito de la violencia

La relación a la violencia suele ser una relación de inhibición. A partir de esa simple constatación, cabe decir que la respuesta violenta a la violencia institucional no permite romper la inhibición. La fortalece, al contrario. La violencia ciega y premeditada de los brigadistas italianos o de los soldaditos alemanes mete miedo y convierte al pueblo en espectador de un enfrentamiento paranoico.

Otra actitud consiste en revelar la opresión del Estado, presente en todas las manifestaciones de la vida cotidiana, haciendo ver que la inhibición excluye la desobediencia. Actitud pedagogica, cierto es, pero quizas mas eficaz que la actitud de exclusión de la autonomia armada.

Los nucleos armados llevan a cabo una guerra elitista. Con su organización militarizada y jerarquizado, se presentan efectivamente, como "partidos armados clandestinos" (BR, RAF, etc). No dejan de ser, en fin de cuentas, la versión modernizada del viejo esquema lanino-blanquista de la vanguardia organizada y dirigente. Y no pueden ser otra cosa. Prefiguran hoy lo que seran mañana si, por desgracia, consiguen dar vida al modelo político por el que luchan. Seran jueces, carceleros y policías. Seguiran su lógica. También Stalin fue, en su tiempo, atracador y guerrillero...

En una situación de confrontación con la violencia, el primer reflejo consiste en responder a la violencia por la violencia. Pero existen infinidad de posibilidades y de respuestas. Se pretende, erroneamente, que la violencia es un fenómeno colectivo. Actualmente, por el contrario, se presenta como una actitud primaria e individual. Nuestras ideas (llamesen anarquismo u otra cosa) se desarrollaron en la lucha contra todas las formas de opresión y de alienación. En las condiciones mas diversas, manifestaron la constancia de su comportamiento: primordiafidad de la acción directa (entendida como rechazo de la mediatización y de la delegación), confianza en la espontaneidad (individual y colectiva), voluntad de cambiar simultaneamente el mundo y la vida, rechazando los medios que contradigan los fines... Es, pues, en nuestras luchas y en el tipo de relaciones humanas que sepamos crear que se tiene que vislumbrar la sociedad que llevamos en nuestros corazones...

a modo de conclusión

Asumir nuestra agresividad no consiste en saber disparar ni en creer que cada lucha armada reduce le poder del estado. Este se propone aislar los movimientos antiinstitucionales no controlados por los partidos, mediante su criminalización . Hoy día, el ciclo "provocación/represión" es una de las armas predilectas del Estado, pues le permite institucionalizar cada vez mas la represión leyes represivas, convención europea antiterrorista). El Estado sabe perfectamente can~ este tipo de lucha en su propio movimiento de reproducción. El Estado reacciona según lo que es, un arma. El pueblo, sin embargo, no puede reaccionar según lo que no es, y el pueblo no es un arma.

Quizás haya llegado la hora de no aceptar el papel de víctimas en la globalidad de las relaciones de fuerza. Quizas haya llegado el momento de abandonar el terreno defensivo para anticipar y desplazar esas relaciones de fuerza en una creatividad cuyo efecto consistirá en dar identidad y espacios infinitos de libertad a nuestra utopía.

FREDDY GOMEZ

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