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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 10

Causas de la crisis en la c.n.t.

Cuando decimos que la CNT está en crisis, estamos refiriéndonos a lo que vemos cada día en los sindicatos: desánimo de los más ante la lucha de tendencias por copar o desplazar a los comités; locales semivacíos, por la deserción de una mayoría de afiliados que ayer mismo debatía apasionadamente en esos mismos locales trabajosamente alquilados; intolerancia personal y dogmatismo ideológico que enfrenta inútilmente a los escasos militantes que aún entregan lo mejor de sus energías a la vida confederal; falta de iniciativas revolucionarias, arrinconamiento en suma de la presencia cenetista en la vida social de nuestro país...

Algunos compañeros, de los "inasequibles al desaliento", todo lo saben explicar: claro, es la crisis general de militancia, todos los partidos y sindicatos la están pasando, sólo que los otros tienen ayudas políticas y hasta bancarias, la CNT sólo comparte un fenómeno más general, el cansancio de tantos antifranquistas que esperaban que el final de la dictadura abriese una vía a verdaderos cambios sociales, pero que al ver que las cosas van despacio se marchan desalentados a su casa...

La gran ocasión perdida

Pues bien, yo opino que precisamente esa desilusión generalizada hacia la política parlamentaria y el electoralismo democrático, ese desenmascaramiento de¡ papel integrador de partidos y sindicatos en el capitalismo actual, ese escepticismo crítico radical de tantos militantes antifascistas que esperaban cambios revolucionarios, hubiera debido ser la gran ocasión para la CNT, para todo el movimiento libertario. Y la estamos perdiendo.

La crisis de la militancia política, y la nueva importancia reencontrada de lo cotidiano, de los problemas sexuales, culturales, ecológicos, laborales, del barrio, de la comunicación, todo eso crea y abona el campo natural de la actuación para los libertarlos, consecuentes en su denuncia de la política como opio del pueblo.

Por lo tanto, pienso que si la CNT está en crisis como parte de una desilusión generalizada hacia la política y la militancia partidista o sindical, es justamente porque esta CNT se ha ido convirtiendo en un sindicato más, en una maquinaria (y no de las que mejor funcionan) de afiliación-encuadramiento -movilización -negociación o peor aún, en una tendencia o barullo de tendencias más atentas a las votaciones para los comités que a los problemas reales de los trabajadores y de todos los oprimidos.

En resumen, la CNT está dejando de ser libertaria, por mucho que a los voceros de las tendencias en pugna se les hinche la garganta presumiendo de ser más ortodoxamente anarquistas que nadie. Quizá desde el momento en que uno se autoproclama Anarquista, enarbola siglas y banderas y defiende Estatutos, Programas y Principios Intocables, a machamartillo, se entra en el mercado de la demagogia política, aunque sea en el papel de aguafiestas, y se acaba perdiendo la autenticidad personal, la creatividad inconformista que le habla atraído a uno hacia el viejo ideario libertario.

¿Por qué ha sido así? ¿Por qué la CNT ha fallado el encuentro con esta nueva ocasión histórica de convertirse en la respuesta organizada de las aspiraciones revolucionarias aún latentes en nuestras clases oprimidas?

La trayectoria truncada

Hace un par de años, en circunstancias personales de disponibilidad a una entrega militante y a un entusiasmo propagandístico del que ahora mismo me encuentro muy lejos, fuí elegido con otros compañeros para el Secretariado del Comité Confederal de nuestra CNT: era el primer comité nacional elegido asambleariamente, por métodos propiamente libertarlos, sin clandestinidades ni exilios, desde la guerra civil. Se extendía el entusiasmo por la posible alternativa que muchas gentes, de la añeja cosecha de las colectivizaciones y de la nueva generación ácrata forjada en el rechazo de la política autoritaria, veíamos en el prestigio revolucionario de las viejas siglas cenetistas. Los primeros mítines desbordaban de lejos la capacidad de convocatoria de la izquierda política. Mensajes de esperanza internacionalista llegaban de todas las fronteras, de veteranos que aún recordaban vívidamente la experiencia revolucionaria del 36, y de grupos juveniles de horizonte ideológico muy variado pero que sentían que la reaparición de un movimiento libertario de centenares de miles de personas en un país industrial habla de crear algo nuevo entre las gastadas programaciones tecnocráticas de este último cuarto de nuestro sangriento siglo XX.

En unos pocos meses, el entusiasmo fructificó en realidades concretas, y pasamos de unos centenares de militantes clandestinos al reorganizarse las Regionales y elegirse el Comité Nacional en el verano del 76, a más de 200.000 afiliados a poco de legalizarse la organización un año más tarde. La postura de la CNT era firme, temida por el poder y escuchada por los oprimidos: denuncia del pacto social, rechazo del electoralismo político-sindical, defensa de las asambleas unitarias y de la autoorganización obrera, apoyo crítico a las reivindicaciones autonomistas, solidaridad con todos los grupos oprimidos, reivindicación de una amnistía total que liberara también a unos presos sociales víctimas del sistema social, legislativo y penitenciario del fascismo, llamada a un Congreso confederal y a la reorganización de un movimiento libertario capaz de poner en pie las alternativas sociales, económicas y culturales de la autogestión y del comunismo libertario sentidas por la juventud ácrata de nuestros días. El Pleno confederal de septiembre de 1977 hizo restallar con las voces múltiples de una nueva generación de cenetistas la originalidad y la osadia de nuestra CNT, que al rechazar toda participación en las elecciones sindicales echaba un órdago a la grande al montaje político-social de la "transición" entre el capitalismo dictatorial y el capitalismo reformista, recordando que fuera de los engranajes y manipulaciones del poder, seguía siendo posible un camino revolucionario hacia la libertad individual y social.

Un año despues, la CNT está en plena crisis. Pese al fracaso del montaje de las elecciones sindicales (menos del 25% de votantes válidos entre los 8 millones de asalariados previstos), pese al descontento genelizado con el pactismo económico neocapitalista, pese a la radicalización de muchos autonomismos anti-centralistas que devenían antiestatistas, pese al desmarque de tantos militantes obreros y populares hacia los nuevos aparatos de poder políticosindical, la CNT está sufriendo el mismo abandono de afiliados que esos aparatos a los que antes denunciaba orgullosamente; con la diferencia de que las estructuras cenetistas, carentes de conexiones y apoyos entre los políticos, financieros y gerentes de medios de propaganda masiva, no pueden siquiera mantener esas fachadas burocráticas en que se han convertido las otrora hormigueantes y populares CCOO Y UGT. Los actuales predicadores de la ortodoxia cenetista claman otra vez en el desierto. Vamos, que se están quedando solos.

La teoría y la práctica

¿Y por qué ha pasado todo eso?

Tras algún tiempo de silencio y reflexión (luego de mi dimisión hace ocho meses del Secretariado del Comi. Nacional por repugnarme la "caza de brujas" montada por la ortodoxia faísta vinculada al "Secretariado Intercontinental de la CNT en el Exilio"), y a petición de los compañeros de BICICLETA, creo que podría resumir mi diagnóstico de la crisis confederal en base a seis causas principales, entrelazadas unas con otras.

En primer lugar, los principios organizativos del anarcosindicalismo (asambleísmo, autonomía y federalismo, solidaridad confederal, antiparlamenterismo, comités mandatarios de los sindicatos sin poderes ejecutivos ni decisorios propios, internacionalismo, apertura a todo el movimiento libertario, acción directa, autogestión de clase) no han resistido al desafío de una práctica manipulatoria, y se quedaron en el papel cuando ciertos grupos, vinculados a la vieja guardia del exilio (y que trataron de emplear como vehículo de sus manejos una burocrática reconstrucción de la FAI discutida por muchos "faístas de la base") lograron aprovecharse del desapego de tantos cenetistas hacia esas cuestiones organizativas, y especialmente hacia la elección de comités, para autoproclamarse "columna vertebral" de la CNT y reclamar una posición de "vanguardia y de ortodoxia Ideológica", plenamente convencidos de la "legitimidad" de sus manipulaciones, para lo cual alegaban el precedente histórico de la "trabazón"orgánica CNT-FAI.

Mucho podría decirse y se ha dicho ya (léanse los escritos de Vernon Richards, Mintz, Tellez, Alberola y un largo etc.) sobre esa "trabazón", que lejos de evitar, intensificó la entrega de la revolución colectivizadora del 36 a los pactos políticos y a las carteras ministeriales; que, al ser sucesivamente marginados los sectores de acción, los antimilitaristas y los "amigos de Durruti" en la guerra, y ya en la postguerra los grupos guerrilleros al estilo Facerías o Sabaté, amén de las individualidades o sectores inconformistas, de muy diversa índole, desde Abad de Santillan a Cipriano Mera pasando por el grupo que editaba -Frente Libertario", acabó por imponer una ortodoxia definida desde Toulouse por determinados líderes carismáticos y ex-ministros; y que hoy se ha convertido, pese a sus buenas intenciones de "guiar por el buen camino a la nueva CNT", en "vanguardia" al estilo leninista que obstaculiza de hecho (porque sabido es que de buenas intenciones y de guías paternalistas están empedrados todos los autoritarismos) la auténtica expansión libertaria de la propia CNT y de todo el movimiento ácrata.

Así, en lugar de asambleísmo hemos visto imponer absurdas "leyes de mayorías", fácilmente manipulables por reducidísimas minorías que utilizan el peso numérico de una afiliación ya aburrida (contabilizando miles de votos donde sólo lo han ejercido una docena) para disfraza de "mayoritarias" sus consignas "vanguardistas"; así, en lugar de autonomía y federalismo, hemos visto desfederar caprichosamente a sindicatos enteros, expulsar militantes y disolver federaciones locales según el antojo intolerante de ciertos "popes" contra la disconformidad ajena; así, en lugar de solidaridad confederal, hemos visto agotarse luchas obreras locales y hasta regionales, desasistidas de apoyos vitales, mientras la propaganda y las cotizaciones se centralizaban en los núcleos de poder "confedera¡" de Madrid y Barcelona; así, en lugar de internacionalismo, asistimos a la conversión de la AIT en una marioneta burocrática del exilio ---faístaortodoxo" para vigilar y controlar a la propia CNT, cercenando de hecho la solidaridad libertaria y sindicalista revolucionaria que fluye naturalmente entre la CNT y tantos núcleos rebeldes del mundo entero; así, en lugar de respeto a los mandatos recibidos de la militancia, vemos a los comités aplazar indefinidamente la organización y convocatoria del ansiado, Congreso confedera¡, en espera de lograr un control total de la información por parte de la ortodoxia; así, en lugar de impulsar solidariamente todas las corrientes del movimiento libertario, vemos desconvocar manifestaciones pro-amnístia, disolver comités pro-presos, denegar la solidaridad a jornadas de reivindicación feminista y a la memoria de Agustín Rueda y la presencia de otros compañeros suyos, libertarios autónomos, ante los tribunales, etc., etc., hasta reducir la CNT a un Sindicato más, con orejeras laboralistas que desfiguran los mismos problemas del trabajo como una abstracción aislada de la vida real (puesto que la explotación alienante se da hoy en la vivienda, el urbanismo, la sanidad y la previsión social, en la inflación, la información, la cultura y "enseñanza", tanto o más que en el campo estrictamente productivo: pero sobre este tema volveremos luego)...

Anarquismo y organización

En segundo lugar, al deformarse en nombre de la histórica trabazón faísta los principios organizativos anarcosindicalistas, la CNT ha sucumbido a la "ley del número", a las tendencias ofigárquicas inherentes a toda organización a gran escala. En el pequeño grupo de afinidad es fácil prevalerse contra el autoritarismo que todos hemos mamado de esta sociedad coercitiva. Pero cuando una organización afilia, a centenares de miles de personas, y sufre el acoso de las limitaciones de una legalidad clasista, los focos cegadores y narcisistas de los medios informativos, las infiltraciones provocadoras y la represión policiaca, o en fin, el enorme volumen de tareas, informaciones, demandas y recursos que hay que movilizar y encuadrar sin ningún tipo de burocracia permanente y retribuida, en tales condiciones, sólo con un respeto escrupuloso a la antigua sabiduría organizativa ácrata es posible evitar la estratificación jerárquica entre, por un lado, unos cuantos comités y militantes "influyentes" que monopolizan informaciones y controlan las finanzas de la organización, y por otro lado, la "base" dependiente de lo que aquellos decidan: si además los militantes "influyentes" andan a la greña, enfrentados por viejas divisiones históricas, o peor aún, si un grupo excluyente trata de unificarlos bajo una ortodoxa, empleando recursos propios recolectados durante décadas bajo la bandera de la solidaridad exterior y pagando "liberados" (unos directamente con una retribución efectiva, otros utilizando el seguro de paro), para ir excluyendo de los niveles dirigentes toda voz de inconformismo sin reparar en escrúpulos morales, puesto que el fin de constituir la "columna vertebral" de la organización justifica a sus ojos los "medios" de calumniar, amenazar o agredir a todo el que denuncie sus manejos, entonces, compañeros, esa organización poco tiene que envidiar en autoritarismo interno a las denostadas burocracias político-sindicales, por mucho que las proclamas externas enarbolen los más viejos clichés de la acracia. A la vista de esta experiencia, quizá sea hora de reabrir el secular debate sobre Anarquismo y Organización, para lo cual emplazo a los compañeros de BICICLETA, como tribuna abierta de libre discusión libertaria.

El tema de la "CNT integral"

En tercer lugar, creo que una cuestión que ninguno hemos sabido plantear acertadamente es el dilema anarcosindicalismo - organización Integral. En efecto, en este aspecto metimos la pata tanto esa ortodoxia que quería reducir el anarcosindicalismo y la CNT a los problemas laborales (para que la vanguardia faísta dirigiera el resto de los frentes de acción social, cultura¡, juvenil, ecologista, etc.), como los que defendimos una concepción de la CNT como organización integralmente libertaria, que no fuera meramente un sindicato ni necesitara "columnas vertebrales" ajenas a su propia organización: los unos alegaban que el mundo obrero es el primer frente de batalla, y que de su pérdida se seguiría la marginación de los anarquistas como en tantos países; pero no sólo desconocían que 3/4 de la población no pueden clasificarse como asalariados, sino que empobrecían además la propia lucha en el campo laboral, que en la nuevas generaciones obreras no se separa (sin ceder entonces el terreno al consumismo reformista que escinde lo reivindicativo-económico de los demás aspectos sociales) de las opresiones que sufren en sus aspiraciones sexuales, culturales y vitales en general, junto con muchos otros sectores de la población; y además, reproducían as! el esquema vanguardia -masas (FAI-CNT) que los partidos de izquierda han impuesto a sus respectivos sindicatos. Ahora bien, los que tratábamos de plantear en cambio una CNT y un anarcosindicalismo abierto a todo lo libertario, global -y no sectorial- en sus propias luchas (porque veíamos convenio tras convenio, incluso los que se ganaban conjugando adecuadamente asambleas y sindicatos, reducirse finalmente a mejoras económicas, peseteras, en sectores aislados, rapidamente anuladas por la inflación general y la productividad programada en beneficio de las empresas, mientras, las reivindicaciones sociales, la solidaridad con los parados, la reconversión tecnológica de las fábricas e instituciones hacia fines socialmente útiles y no productivistas no consumistas o represivos, y la perspectiva de una revolución autogestionaría, se iban quedando en palabras), cometimos por nuestra parte el inmenso error de volcar todos nuestros esfuerzos organizativos en la CNT, con la amenaza de una centralización del propio movimiento U-. bertario, en lugar de repartir nuestra inifitancia en función de nuestros intereses reales, entre el sindicato o la cooperativa, el grupo de afinidad en el barrio, el ateneo, el ecologismo, el aprendizaje permanente de la liberación cultura¡, corporal, artística, y tantos otros aspectos de nuestra vida personal que se iban empobreciendo con la entrega unilateral al activismo cenetista... Y el resultado es que, en lugar de un amplio, plural, descentralizado e indomeñable movimiento de colectivos libertarios y autónomos, tenemos un raquitismo en esos frentes de acción, casi monopolizados por la izquierda autoritaria, y encima la amenaza de ver nuestra CNT reducida a lo laboral y manipulada por una "elite" faísta que pontifica sobre todos esos demás aspectos que previamente ha excluido del radio cenetista. Personalmente, he optado por un cambio de rumbo, y me importa ahora mucho más mi contribución al agrupamiento antiautoritarío en todos los aspectos de mi vida cotidiana, que las batallas de poder en la CNT, donde me limito a un relativo interés por los problemas de mi sindicato de enseñanza. Y he constatado que casi todos mis amigos han optado as!, es más, diría que la mayoría de la gente libertaria que conozco ha decidido "pasar de CNT". ¿Pero no- descuidaremos entonces el campo vital de la producción, como alegan los "anarco sindicalistas ortodoxos"?

Por una Confederación Natural del Trabajo

Aquí llegamos a la cuarta razón que encuentro para la actual crisis de la CNT: su repetición ritual de consignas y modos de actuación de hace medio siglo. Esto se debe tanto a la "reconstrucción por arriba" (con escasas excepciones, como la CNT aragonesa, canaria o gallega), dirigida por viejos militantes históricos, muchos de ellos provinentes del exilio, como sobre todo al sucesivo aplazamiento de un Congreso Confederal que renovara y actualizara las tesis de aquél revolucionario de 1936 en Zaragoza. Todo ésto se concreta en una incomprensión del desplazamiento de las relaciones de opresión en el capitalismo contemporáneo, que ya no se centran en la explotación del obrero por una burguesía propietaria de los medios de producción, sino que se difuminan en la marginación de grupos sociales muy diversos, por el control totalitario de la cultura, la comunicación, la vida cotidiana, la salud corporal y mental, la propia naturaleza y la misma actividad productiva, por unas élites teconoburocráticas cuyo aparente pluralismo o competencia apenas encubre una estrategia mundial de convergencia en la dominación "científica", con sectores de influencia espacial o funciona¡ previamente distribuidos Las empresas multinacionales y las llamadas "transideológicas" (que son capital y tecnología occidental, y disciplinada mano de obra "socialista", exportan bienes de equipo, refinería o plantas nucleares enteras a los expoliados países del "subdesarrollo'% la penetración cultural imperialista, la carrera de armamentos, los organismos políticos y financieros internacionales, la combinación de negocios, diplomacia y "guerras limitadas", están creando un sistema político en el que la dominación es mundial. Los viejos eslogans contra el estado y el capitalismo no nos sirven frente a esta tecnoburocracia cosmopolita si no van acompañados de una conciencia lúcida de esta nueva opresión a escala planetaria que Orwell intuyera en su novela "1984": una conciencia de este tipo, no reducida a luchas sectoriales, sean éstas laborales, feministas, autonomistas, etc., sino enfocada a los problemas globales del mundo actual (crisis de la energía y consecuencias políticorepresivas de la opción nuclear, antimilitarismo y carrera de armamentos, internacionalismo en la denuncia del modelo de sociedad desarrollo-productivista) sólo lo encontramos en grupos ecologistas más o menos coordinados, muchos de ellos con lógicas y crecientes simpatías, implícitas y a veces explícitas hacia lo libertario.

En efecto, el ideal ácrata de una sociedad descentralizada y autogestionaria, de comunas libres federadas a escala mundial, iguafitarias y sin jerarquías sociales o políticas, aparece hoy como una alternativa ecológica para que la especie humana pueda volver a encontrar su perdido equilibrio armónico con la naturaleza. En cambio, el acento productivista e industrializador entusiasta del racionalismo progresista, del viejo anarcosindicalismo (y un análisis critico y no apologético de las colectivizaciones del 36 nos la muestra llena de ejemplos de esa orientación economicista, que muy bien podía prefigurar la victoria del estado sindical obsesionado por el desarrollo econornico y de una burocracia "anarquista" que silenciara desde sus ministerios todos los planteamientos de revolución cultural y sexual definidos en el concepto de comunismo libertario formulado por el Congreso de Zaragoza) poco o nada entiende de tales cambios. Es en este sentido que he propuesto en varias reuniones, artículos y mítines confederales, hasta ahora con escaso fruto, la conveniencia de reformular las siglas (cuyo prestigio internacional y fidelidad sentimental a un historia¡ revolucionario no son aspectos despreciables) como Confederación NATURAL del Trabajo, de manera que superásemos de una vez tanto la absurda definición "Nacional" (según recuerdo me sugirió ya hace años mi buen amigo Jose Martín Artajo) que nos vincula a una concepción histórica del Estado Español -y sobre ese tema habría tanto que decir-, como la identificación con una concepción casi bíblica del Trabajo como deber moral, cuando una sociedad humana equilibrada tiene deberes de respeto y amor a la Naturaleza incluida su propia naturaleza humana, pletórica de aspectos lúcidos y contemplativos, hoy reprimidos o semiatrofiados, salvo en sociedades primitivas y orientales que aún no han sucumbido al imperialismo productivista) no menos poderosos que el de su transformación racionalizadora mediante la actividad laboral; en tal contexto, por ejemplo, una reivindicación de la semana de 20 horas sería tan revolucionaria (por adecuada a las necesidades sociales más amplia y radicalmente sentidas) como lo fuera hace un siglo la de la jornada de 8 horas, todavía incumplida, pero que una teoría reformista de las "etapas" no ha de imponérnosla como única posible.

La lucha de generaciones

En quinto lugar, y en directa relación con el problema anterior, el enfrentamiento intergeneracional en la CNT ha desbordado los límites lógicos: la brutalidad represiva de la Dictadura impidió que madurase una generación intermedia entre supervivientes del 36 y jóvenes ácratas de hoy; la falta de tolerancia, de comunicación y comprensión mutua ("anarcomomias" y "anarcopasotas" son epítetos habituales en nuestros sindicatos) se han debido en gran parte a las tensiones organizativas y a los intentos de control ideológico que ya he referido: en demasiados casos, las luchas e imprecaciones entre venerables ancianos jubilados e imberbes estudiantes o aprendices, alejaban de las federaciones locales a esa generación obrera intermedia que, nutrida en buena parte del marxismo militante (que lógicamente se adaptó mejor a las décadas de autoritarismo y acción clandestina restrictiva de toda práctica democrática, que las diezmadas huestes ácratas), se ha ido acercando a la CNT por su propia práctica asamblearia y de acción directa que ven hoy negada por el pactismo autoritario de las centrales sindicales marxistas, pero que al encontrar en la CNT dogmatismo de unos y falta de trabajo práctico de otros, verbalismo inoperante en suma que reina en tantos plenos confederales, ha acabado por rechazar, individual y colectivamente, y con escasas excepciones (como las concentraciones fabriles catalanas o últimamente el campo andaluz) como escasamente convincente la opción cenetista, que así está perdiendo la ocasión histórica que todo ensanchamiento de las libertades ofrece para un movimiento que necesita de la libertad como el aire para organizarse y avanzar. Sin embargo, en demasiadas agrupaciones confederales, y en Regionales enteras (las de Centro y el País Valenciá se han llevado en ésto un triste palmarés) se ha llegado a negar hasta la libertad de expresión para las opiniones discrepantes de la ortodoxia, en especial para las que provenían de un pasado marxista crítico. ¿En nombre de qué libertad puede Imponerse el ideario ácrata?

De esta manera, y termino con la sexta razón básica por la que creo se ha perdido este primer tren en el andén de¡ postfranquismo, la CNT ha sido Incapaz de presentar una alternativa revolucionaria coherente a las múltiples contradicciones explosivas heredadas por la sociedad española de la Dictadura: pues no bastan sólo los viejos conceptos y experiencias de¡ 36 para la problemática de una sociedad, no ya rural sino industrializada, e incluso descomunalmente urbanizada, dependiente de¡ destructivo maná turístico tanto como de¡ imperialismo yanqui, con una posición estratégica de los estamentos militares y policiales en los procesos de decisión política difícilmente compatible con las apetencias de las elites tecnoburocráticas y partidistas, con el resurgir imparable de las viejas nacionalidades celtibéricas reprimidas por el secular centralismo borbónico, con unas demandas educativas, culturales, sanitarias, etc., que vienen a sumarse a los viejos problemas sociales del latifundismo absentista y de la explotación asalariada, acentuados por una coyuntura de crisis económica, paro y agravación de las corrientes migratorias a que se han visto sometidos nuestros pueblos...

La CNT necesita un Congreso

Ante este cúmulo de desafíos, y en lugar de venerables voces paternalistas que aconsejan a la "irresponsable juventud" moderación anarcosindicalista, como en los últimos editoriales del "CNT" en su etapa madrileña, pienso que sólo un Congreso confederal verdaderamente preparado por todos los militantes, nacido de amplios y libres debates, y abierto sin suspicacias a la realidad multiforme de un movimiento libertario con nuevas ideas y soluciones irreverentes y muy críticas hacia el pasado, podría movilizar los entusiasmos y aportar las alternativas autogestionarias que convertirían a esa CNT renovada en una auténtica posibilidad revolucionaria en nuestro país. Todo lo que sea aplazar tal Congreso equivale a agravar la crisis de la CNT y a mermar la perspectiva de una salida realmente transformadora a la crisis final de cuarenta años de dictadura militar. ¿Qué estoy planteando una utopía? Precisamente el afirmar que la utopía es posible nos caracteriza a los libertarios.

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