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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
| Año 1 Núm. 10 |
Causas de la crisis en la c.n.t. |
Cuando
decimos que la CNT está en crisis, estamos refiriéndonos a lo que vemos cada día en los
sindicatos: desánimo de los más ante la lucha de tendencias por copar o desplazar a los
comités; locales semivacíos, por la deserción de una mayoría de afiliados que ayer
mismo debatía apasionadamente en esos mismos locales trabajosamente alquilados;
intolerancia personal y dogmatismo ideológico que enfrenta inútilmente a los escasos
militantes que aún entregan lo mejor de sus energías a la vida confederal; falta de
iniciativas revolucionarias, arrinconamiento en suma de la presencia cenetista en la vida
social de nuestro país... La gran ocasión perdida Pues bien, yo opino que precisamente esa desilusión
generalizada hacia la política parlamentaria y el electoralismo democrático, ese
desenmascaramiento de¡ papel integrador de partidos y sindicatos en el capitalismo
actual, ese escepticismo crítico radical de tantos militantes antifascistas que esperaban
cambios revolucionarios, hubiera debido ser la gran ocasión para la CNT, para todo el
movimiento libertario. Y la estamos perdiendo. La trayectoria truncada Hace un par de años, en circunstancias personales de
disponibilidad a una entrega militante y a un entusiasmo propagandístico del que ahora
mismo me encuentro muy lejos, fuí elegido con otros compañeros para el Secretariado del
Comité Confederal de nuestra CNT: era el primer comité nacional elegido
asambleariamente, por métodos propiamente libertarlos, sin clandestinidades ni exilios,
desde la guerra civil. Se extendía el entusiasmo por la posible alternativa que muchas
gentes, de la añeja cosecha de las colectivizaciones y de la nueva generación ácrata
forjada en el rechazo de la política autoritaria, veíamos en el prestigio revolucionario
de las viejas siglas cenetistas. Los primeros mítines desbordaban de lejos la capacidad
de convocatoria de la izquierda política. Mensajes de esperanza internacionalista
llegaban de todas las fronteras, de veteranos que aún recordaban vívidamente la
experiencia revolucionaria del 36, y de grupos juveniles de horizonte ideológico muy
variado pero que sentían que la reaparición de un movimiento libertario de centenares de
miles de personas en un país industrial habla de crear algo nuevo entre las gastadas
programaciones tecnocráticas de este último cuarto de nuestro sangriento siglo XX. La teoría y la práctica ¿Y por qué ha pasado todo eso? Anarquismo y organización En segundo lugar, al deformarse en nombre de la histórica trabazón faísta los principios organizativos anarcosindicalistas, la CNT ha sucumbido a la "ley del número", a las tendencias ofigárquicas inherentes a toda organización a gran escala. En el pequeño grupo de afinidad es fácil prevalerse contra el autoritarismo que todos hemos mamado de esta sociedad coercitiva. Pero cuando una organización afilia, a centenares de miles de personas, y sufre el acoso de las limitaciones de una legalidad clasista, los focos cegadores y narcisistas de los medios informativos, las infiltraciones provocadoras y la represión policiaca, o en fin, el enorme volumen de tareas, informaciones, demandas y recursos que hay que movilizar y encuadrar sin ningún tipo de burocracia permanente y retribuida, en tales condiciones, sólo con un respeto escrupuloso a la antigua sabiduría organizativa ácrata es posible evitar la estratificación jerárquica entre, por un lado, unos cuantos comités y militantes "influyentes" que monopolizan informaciones y controlan las finanzas de la organización, y por otro lado, la "base" dependiente de lo que aquellos decidan: si además los militantes "influyentes" andan a la greña, enfrentados por viejas divisiones históricas, o peor aún, si un grupo excluyente trata de unificarlos bajo una ortodoxa, empleando recursos propios recolectados durante décadas bajo la bandera de la solidaridad exterior y pagando "liberados" (unos directamente con una retribución efectiva, otros utilizando el seguro de paro), para ir excluyendo de los niveles dirigentes toda voz de inconformismo sin reparar en escrúpulos morales, puesto que el fin de constituir la "columna vertebral" de la organización justifica a sus ojos los "medios" de calumniar, amenazar o agredir a todo el que denuncie sus manejos, entonces, compañeros, esa organización poco tiene que envidiar en autoritarismo interno a las denostadas burocracias político-sindicales, por mucho que las proclamas externas enarbolen los más viejos clichés de la acracia. A la vista de esta experiencia, quizá sea hora de reabrir el secular debate sobre Anarquismo y Organización, para lo cual emplazo a los compañeros de BICICLETA, como tribuna abierta de libre discusión libertaria. El tema de la "CNT integral" En tercer lugar, creo que una cuestión que ninguno hemos sabido plantear acertadamente es el dilema anarcosindicalismo - organización Integral. En efecto, en este aspecto metimos la pata tanto esa ortodoxia que quería reducir el anarcosindicalismo y la CNT a los problemas laborales (para que la vanguardia faísta dirigiera el resto de los frentes de acción social, cultura¡, juvenil, ecologista, etc.), como los que defendimos una concepción de la CNT como organización integralmente libertaria, que no fuera meramente un sindicato ni necesitara "columnas vertebrales" ajenas a su propia organización: los unos alegaban que el mundo obrero es el primer frente de batalla, y que de su pérdida se seguiría la marginación de los anarquistas como en tantos países; pero no sólo desconocían que 3/4 de la población no pueden clasificarse como asalariados, sino que empobrecían además la propia lucha en el campo laboral, que en la nuevas generaciones obreras no se separa (sin ceder entonces el terreno al consumismo reformista que escinde lo reivindicativo-económico de los demás aspectos sociales) de las opresiones que sufren en sus aspiraciones sexuales, culturales y vitales en general, junto con muchos otros sectores de la población; y además, reproducían as! el esquema vanguardia -masas (FAI-CNT) que los partidos de izquierda han impuesto a sus respectivos sindicatos. Ahora bien, los que tratábamos de plantear en cambio una CNT y un anarcosindicalismo abierto a todo lo libertario, global -y no sectorial- en sus propias luchas (porque veíamos convenio tras convenio, incluso los que se ganaban conjugando adecuadamente asambleas y sindicatos, reducirse finalmente a mejoras económicas, peseteras, en sectores aislados, rapidamente anuladas por la inflación general y la productividad programada en beneficio de las empresas, mientras, las reivindicaciones sociales, la solidaridad con los parados, la reconversión tecnológica de las fábricas e instituciones hacia fines socialmente útiles y no productivistas no consumistas o represivos, y la perspectiva de una revolución autogestionaría, se iban quedando en palabras), cometimos por nuestra parte el inmenso error de volcar todos nuestros esfuerzos organizativos en la CNT, con la amenaza de una centralización del propio movimiento U-. bertario, en lugar de repartir nuestra inifitancia en función de nuestros intereses reales, entre el sindicato o la cooperativa, el grupo de afinidad en el barrio, el ateneo, el ecologismo, el aprendizaje permanente de la liberación cultura¡, corporal, artística, y tantos otros aspectos de nuestra vida personal que se iban empobreciendo con la entrega unilateral al activismo cenetista... Y el resultado es que, en lugar de un amplio, plural, descentralizado e indomeñable movimiento de colectivos libertarios y autónomos, tenemos un raquitismo en esos frentes de acción, casi monopolizados por la izquierda autoritaria, y encima la amenaza de ver nuestra CNT reducida a lo laboral y manipulada por una "elite" faísta que pontifica sobre todos esos demás aspectos que previamente ha excluido del radio cenetista. Personalmente, he optado por un cambio de rumbo, y me importa ahora mucho más mi contribución al agrupamiento antiautoritarío en todos los aspectos de mi vida cotidiana, que las batallas de poder en la CNT, donde me limito a un relativo interés por los problemas de mi sindicato de enseñanza. Y he constatado que casi todos mis amigos han optado as!, es más, diría que la mayoría de la gente libertaria que conozco ha decidido "pasar de CNT". ¿Pero no- descuidaremos entonces el campo vital de la producción, como alegan los "anarco sindicalistas ortodoxos"? Por una Confederación Natural del Trabajo Aquí llegamos a la cuarta razón que encuentro para
la actual crisis de la CNT: su repetición ritual de consignas y modos de actuación de
hace medio siglo. Esto se debe tanto a la "reconstrucción por arriba" (con
escasas excepciones, como la CNT aragonesa, canaria o gallega), dirigida por viejos
militantes históricos, muchos de ellos provinentes del exilio, como sobre todo al
sucesivo aplazamiento de un Congreso Confederal que renovara y actualizara las tesis de
aquél revolucionario de 1936 en Zaragoza. Todo ésto se concreta en una incomprensión
del desplazamiento de las relaciones de opresión en el capitalismo contemporáneo, que ya
no se centran en la explotación del obrero por una burguesía propietaria de los medios
de producción, sino que se difuminan en la marginación de grupos sociales muy diversos,
por el control totalitario de la cultura, la comunicación, la vida cotidiana, la salud
corporal y mental, la propia naturaleza y la misma actividad productiva, por unas élites
teconoburocráticas cuyo aparente pluralismo o competencia apenas encubre una estrategia
mundial de convergencia en la dominación "científica", con sectores de
influencia espacial o funciona¡ previamente distribuidos Las empresas multinacionales y
las llamadas "transideológicas" (que son capital y tecnología occidental, y
disciplinada mano de obra "socialista", exportan bienes de equipo, refinería o
plantas nucleares enteras a los expoliados países del "subdesarrollo'% la
penetración cultural imperialista, la carrera de armamentos, los organismos políticos y
financieros internacionales, la combinación de negocios, diplomacia y "guerras
limitadas", están creando un sistema político en el que la dominación es mundial.
Los viejos eslogans contra el estado y el capitalismo no nos sirven frente a esta
tecnoburocracia cosmopolita si no van acompañados de una conciencia lúcida de esta nueva
opresión a escala planetaria que Orwell intuyera en su novela "1984": una
conciencia de este tipo, no reducida a luchas sectoriales, sean éstas laborales,
feministas, autonomistas, etc., sino enfocada a los problemas globales del mundo actual
(crisis de la energía y consecuencias políticorepresivas de la opción nuclear,
antimilitarismo y carrera de armamentos, internacionalismo en la denuncia del modelo de
sociedad desarrollo-productivista) sólo lo encontramos en grupos ecologistas más o menos
coordinados, muchos de ellos con lógicas y crecientes simpatías, implícitas y a veces
explícitas hacia lo libertario. La lucha de generaciones En quinto lugar, y en directa relación con el
problema anterior, el enfrentamiento intergeneracional en la CNT ha desbordado los
límites lógicos: la brutalidad represiva de la Dictadura impidió que madurase una
generación intermedia entre supervivientes del 36 y jóvenes ácratas de hoy; la falta de
tolerancia, de comunicación y comprensión mutua ("anarcomomias" y
"anarcopasotas" son epítetos habituales en nuestros sindicatos) se han debido
en gran parte a las tensiones organizativas y a los intentos de control ideológico que ya
he referido: en demasiados casos, las luchas e imprecaciones entre venerables ancianos
jubilados e imberbes estudiantes o aprendices, alejaban de las federaciones locales a esa
generación obrera intermedia que, nutrida en buena parte del marxismo militante (que
lógicamente se adaptó mejor a las décadas de autoritarismo y acción clandestina
restrictiva de toda práctica democrática, que las diezmadas huestes ácratas), se ha ido
acercando a la CNT por su propia práctica asamblearia y de acción directa que ven hoy
negada por el pactismo autoritario de las centrales sindicales marxistas, pero que al
encontrar en la CNT dogmatismo de unos y falta de trabajo práctico de otros, verbalismo
inoperante en suma que reina en tantos plenos confederales, ha acabado por rechazar,
individual y colectivamente, y con escasas excepciones (como las concentraciones fabriles
catalanas o últimamente el campo andaluz) como escasamente convincente la opción
cenetista, que así está perdiendo la ocasión histórica que todo ensanchamiento de las
libertades ofrece para un movimiento que necesita de la libertad como el aire para
organizarse y avanzar. Sin embargo, en demasiadas agrupaciones confederales, y en
Regionales enteras (las de Centro y el País Valenciá se han llevado en ésto un triste
palmarés) se ha llegado a negar hasta la libertad de expresión para las opiniones
discrepantes de la ortodoxia, en especial para las que provenían de un pasado marxista
crítico. ¿En nombre de qué libertad puede Imponerse el ideario ácrata? La CNT necesita un Congreso Ante este cúmulo de desafíos, y en lugar de venerables voces paternalistas que aconsejan a la "irresponsable juventud" moderación anarcosindicalista, como en los últimos editoriales del "CNT" en su etapa madrileña, pienso que sólo un Congreso confederal verdaderamente preparado por todos los militantes, nacido de amplios y libres debates, y abierto sin suspicacias a la realidad multiforme de un movimiento libertario con nuevas ideas y soluciones irreverentes y muy críticas hacia el pasado, podría movilizar los entusiasmos y aportar las alternativas autogestionarias que convertirían a esa CNT renovada en una auténtica posibilidad revolucionaria en nuestro país. Todo lo que sea aplazar tal Congreso equivale a agravar la crisis de la CNT y a mermar la perspectiva de una salida realmente transformadora a la crisis final de cuarenta años de dictadura militar. ¿Qué estoy planteando una utopía? Precisamente el afirmar que la utopía es posible nos caracteriza a los libertarios. |