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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 11

Presencia libertaria en Latinoamérica

05.jpg (6664 bytes)Indagar y rescatar la presencia en el pasado y en el presente, de aspectos, hechos o movimientos que la cultura dominante oculta, censura o destruye, no es nada fácil. Mucho menos para quienes, como nosotros, ex¡liados políticos latinoamericanos, sufrimos una situación que perturba nuestra memoria y que nos ha despojado casi completamente de documentación. Allanamientos, incautaciones y quemas, así corno las salidas apresurados, hacen que la responsabilidad por fijar lo vivido, el recuperar nuestra memoria histórica, se haya incrementado.

La reacción unánime y orquestada de los regímenes militares que a lo largo y ancho de toda América Latina reajustan hoy la propiedad de la economía y del Estado, nos ha arrojado, aquí en Suecia, en un intento definitivo de acallar nuestras voces y hacer inútiles nuestros esfuerzos. En muchísimos otros lugares, otros compañeros viven las mismas vicisitudes, paralelas y complementarias de las que sufren más duramente los que soportan cárcel y persecución en nuestros países.

Las notas que siguen fueron tomadas en reuniones realizadas a partir de esas dos necesidades: recuperar y recuperarnos. Han participado compañeros de PERÚ, ARGENTINA, CHILE, URUGUAY, COLOMBIA, BOLIVIA ... con un claro predominio uruguayo, y en especial de algunos que participaron en la experiencia de la Comunidad de¡ Sur. Ello puede explicar sobreabundancias y ausencias u omisiones.


Hablar de las corrientes libertarias, de su presencia en la historia reciente de América Latina es una tarea difícil desde esta ausencia que es el exilio. Por otra parte lo más significativo se dio y de da al margen de las "formas oficiales'', es decir, fuera de los movimientos o grupos que se autodefinen como libertarios o anarquistas. Incluso podríamos señalar que algunos de estos últimos han bordeado posiciones claramente regresivas: el movimiento libertarlo cubano, casi meramente anticomunista; la Federación Libertarla Argentina colaborando con el golpe militar de Aramburu; los libertarlos peruanos sirviendo de cobertura ideológica a las Fuerzas Armadas peruanas.

Un punto de partida básico, antidirigentista y antipropietarista, tiene que ser el que, junto a la expresión manifiesta, es posible encontrar siempre la existencia de proyectos libertarlos alternativos. Incluso al interior de situaciones o movimientos que expresan esas ideas en su espontaneidad, fruto de influencias, tradiciones o desde su propia creatividad, y de cuya filiación no son conscientes.

Tampoco AMERICA LATINA es homogénea, si bien es cierto que tenemos muchos elementos comunes hay diferencias abismales. Los que salimos de Uruguay hacia Perú, nos encontramos absolutamente extrañados y ajenos cultural y socialmente. Si aquí en Suecia somos rechazados por "cabezas negras" allá lo éramos por «gringos blancos". Buenos Aires y Montevideo son muy diferentes a las zonas agricolaganadera que dirigen y explotan. Lima ya no se puede equiparar a Montevideo, salvo en la realidad de pequeñas minorías. Pero las poblaciones indígenas no tienen parangón en el Cono Sur.

Lo que hay que lamentar no son las diferencias sino la falta de vinculación y de solidaridad. Y que ahora en el exilio se hace mucho más evidente. Porque lo que si tenemos en común son los enemigos y si compartiéramos nuestras experiencias de opresión y de lucha nos encontraríamos con un enorme bagaje común. Seguramente este bagaje común no despierte tanto interesen universitarios y científicos sociales ni tampoco en los grupos dominantes, pero podría mostrarnos un presente y abrirnos hacia un futuro que cada vez pueden sernos más comunes.

Tendríamos que agregar otro nivel de imprecisión. Si lo libertado y lo latinoamericano no están claros, menos lo esta lo revolucionario. Los movimientos sedicentes revolucionarios en general no son más que manipuladores de las fuerzas populares y que aspiran a que "la tortilla se vuelva". Al igual que en la época de la independencia frente a los reinos de España y Portugal impulsan a las mayorías con consignas como "libertad o muerte" pero su proyecto es un recambio en los equipos dirigentes.

Esa tendencia es más visualizable en momentos de crisis profunda. En URUGUAY por ejemplo las cúpulas de los partidos de izquierda, P.S. y P.C., coquetearon con los militares progresistas. A pocos días del golpe defini tivo y que a la larga significó su propia persecución, el partido comunista uruguayo declaraba su apoyo a los postulados de los militares. En su afán de acceder al poder no fueron capaces de prever su propia persecución y tortura. Los militares más inteligentes los vieron como competidores y los eliminaron sin miramientos.

Si como dice Chomsky, en cada etapa histórica lo que debe importarnos es desmantelar las formas de autoridad y de opresión sobrevivientes de otras épocas, podría ser oportuno ver el paternalismo y autoritarismo de los que si llegan al poder. El "Chicho" Allende en su conversación con Debray, cuando este le plantea si ha pensado en la autogestión de los propios trabajadores, afirmo enérgicamente: "No, no. Nosotros hemos planeado como una necesidad la presencia de obreros, empleados y técnicos en un porcentaje en la dirección de las empresas, pero eso no implica que vayan a tener independencia para producir. Nosotros somos y seremos partidarios de una economía centralizada, las empresas tendrán que desarrollar los planes de producción que fije el gobierno

Es evidente que para buscar la presencia libertaria en la realidad latinoamericana tenemos que replantearnos que es el socialismo y la libertad. Y de alguna manera es previo definir que función cumplieron y cumplen los partidos y movimientos autodenominados de liberación nacional.

El nacionalismo que se adjetiva de revolucionario lleva una carga de oportunismo de derecha. En URUGUAY jugo un papel importante en la formación y fracaso de grupos como "Nuevas Bases" (1962) en algunos postulados del Frente Amplio y también estuvo latente en la separación que se dio en el seno de Federación Anarquista Uruguaya. Fue un vector que distorsionó el anarquismo y que ha llevado a muchos a la creación de un nuevo aparato partidista.

El movimiento obrero en muchas partes sufrió esta domesticación, que lo desarmó en nombre M "interés nacional". En MEXICO por ejemplo los objetivos del cardenismo fueron: el fortalecimiento del Estado, de sus instituciones políticas corporativas (partido oficial, sindicatos de obreros y campesinos, organizaciones de sectores populares) y el impulso al desarrollo capitalista dependiente.

Allí tuvieron que asimilar e ignorar los movimientos campesinos libertarios, especialmente el zapatista. En la ARGENTINA vivimos algo similar y el peronismo intentó una impostura al postular una clase obrera "nacional" nacida a su impulso, ignorando el pasado de luchas obreras. Se la ponía a disposición de dirigentes demagógicos y burocráticos, al servicio de los planes del gobierno. Pasaron muchos años antes que se reivindicara "la acción directa" y que se reiniciara el rescate del Internacionalismo proletario. Tal vez sea necesario este sufrimiento común de todo el continente para recuperar la memoria del internacionalismo de los orígenes del movimientos obrero argentino ocultado por el manto "nacional" del peronismo.

Actualmente corremos el riesgo de que tanta tortura, cárcel y muertes sufridas e n n u estros países, 11 generosamente" sirvan de base para las componendas de los partidos en el exilio que buscan alianzas con las fuerzas "sanas" de la nación, de cada nación. La lucha de clases y la verdadera dimensión de la lucha desaparece en esas cruzadas unitarias por "derrotar a las dictaduras". Y las minorías dirigentes desplazadas por los militares inventarán las consignas que movilicen a las mayorías para una nueva reubicacion. Contarán además con el beneplácito de los intereses imperialista de turno ya que la política de la Comisión Trilateral (EE.UU., Europa Occidental y Japón) para América Latina se basa en la desaparición de los actuales regímenes militares, sustituidos por gobiernos civiles y democracia formal; en un crecimientos mínimo sostenido e igualitario que aumente el poder adquisitivo del pueblo y estimular nuevos mercados orientados hacia la adquisición de bienes de capital y consumo.

En este encuadre general podemos rastrear la presencia libertaria, determinada por una tradición ferozmente perseguida y debilitada y también por la objetiva necesidad de reivindicar la participación, la libertad y la autonomía de las formas sociales. En el libro "Las pruebas de fuego" Debray descubre al estudiar a los Tupamaros que "en el URUGUAY particularmente, la veta anarquista esta todavía bien viva." Quizás podemos hacer una ronda y aportarnos vivencias e informaciones para nutrir nuestra memoria colectiva y encontrar los focos libertarlos que se generan en el seno de la vida social de los pueblos latinoamericanos y ayudarnos a preparar acciones posibles en el futuro más o menos imprevisible.

En PERÚ vivimos un proceso profundamente desorientador. Un puñado de tecno-burócratas creyeron en la posibilidad de decretar e imponer cambios ascendiendo en la escala social y en la estructura de poder. Ingenuamente aportaron a los militares una fachada ideológica con un total menosprecio de los contenidos reales de las ideas manejadas. As¡ fue como las bases de "la Revolución de las Fuerzas Armadas del Perú" decían textualmente que propulsaban una organización social "socialista, libertaria, participatoria, humanista". En realidad desplazó algunos grupos oligárquicos, inadecuados para la modernización de la explotación y la dominación y el ascenso en especial de los militares, con un crecimiento del capitalismo de estado. Pero, tenemos que ver también, que si esas consignas vendieron un producto falsificado fue porque las mismas encontraban eco en las aspiraciones populares. Y también hubo una primera fase más demagógica y ambigua que permitió un dispararse de algunas experiencias autogestion arias y un ahondar en algunas ideas de participación plena e igualitarias que se incorporaron como una vivencia más a la vida y a la lucha de las organizaciones populares. Algunas comunidades industriales, la Villa autogestionaria El Salvador' las organizaciones de los pueblos jóvenes, la propaganda de la propiedad so^ i cial y la promoción de la participación generalizada, usadas como política de movilización de masas en parte se pueden haber convertido en política de clases, politizando a sectores más allá de los propósitos del gobierno. Todo esto apareció claramente cuando en una Charla reciente que nos diera otro compañero peruano señalaba que en las últimas movilizaciones se daba una fuerte participación popular. Que nuevas organizaciones no tradicionales, en especial a nivel de barrios estaban teniendo un peso creciente. Lima había quedado bloqueada por la "acción directa" de las barriadas de su cinturón que habían bloqueado todas las entradas a la ciudad durante muchas horas. Una creciente autonomía en las bases sindicales ha significado el rebasamiento de las direcciones. En Pucallpa y en Chimbote ciudades del interior, asambleas generales, en las plazas han movilizado a toda la población y puesto en practica mecanismos de democracia directa.

De tanto hablar de la represión y de las formas de poder, internas y externas en América Latina; de tanto hablar de la miseria y los sufrimientos del pueblo, hemos colaborado con el silencio que se hace respecto a las luchas, a la resistencia y al heroísmo de las fuerzas populares. La lucha de clases, la creatividad de grandes o pequeños grupos sociales en respuesta a los intentos opresivos son desconocidos por todos. Los partidos de izquierda solo tratan de demostrar su capacidad de hegemonía, de dirección o de culpar a los otros de los fracasos sufridos. Todos exaltan el poder y los aparatos que inventan para ejercerlo sobre las masas. Aquí tenemos otro frente de lucha. Tenemos que desmontar esa ¡ideología dominante, típica de esta sociedad opresiva que explica todo en función de un héroe mítico, un dios, las leyes de la naturaleza o de la razón. Los partidos "únicos" y proletarios son la expresión más moderna de esa concepción autoritaria y enajenante. Y aunque la historia demuestra que es falsa, esa concepción sigue imponiéndose. Casi todo lo que se lee o se escucha es siempre la historia o los proyectos de los poderosos. Los pueblos son marionetas en todos esos cuentos. Hay que dar vuelta a esa historia. Si hay tortura, si hay prisiones, si son tantos los perseguidores y los exiliados, es por que llegamos a poner en peligro los privilegios y las estructuras dominantes. Si la brutalidad militar fue y es un recurso, es porque los otros procedimientos ya no eran suficientes. De alguna manera la represión es un indicador de la enérgica presencia de otros valores, de otras fuerzas, de otras concepciones de la vida social. Y es allí al margen y contra los poderes establecidos donde está la presencia viva y renovada de lo libertarlo, de la gestión directa, del antiautoritarismo y del socialismo autogestionario.

La historia de URUGUAY, por ejemplo, sería incomprensible sin esa otra cara de la realidad. Ya en los comienzos de este siglo la acción sindical tenia una gran relevancia que creció luego de 1905. Los movimientos populares eran marcadamente anarquistas y se nutrían de inmigrantes con experiencias en la Comuna de París o en la creación del sindicalismo revolucionario. La creación de un "Estado benefactor" lejos de explicarse por la mágica presencia de Batlle, fue la respuesta demagógicamente represiva al desafío planteado a las estructuras sociales y políticas tradicionales por el rápido crecimiento de la población montevideana y el surgimiento de instituciones revolucionarias, en particular sindicatos y grupos políticos. Fue una temprana experiencia de domesticación "socialdemócrata". Aquí los suecos han visto esta relativa similitud y están estudiando el modelo uruguayo como una manera de prever su futuro.

Pero aquella derrota, el freno batllista, nunca pudo eliminar las corrientes reprimidas. La historia uruguaya es también la de una tradición histórica que ha popularizado los ideales de autonomía y federalismo, las formas de lucha participación directa. Cuando el modelo batllista se desgastó, sacudido por sucesivas crisis económicas quedó al descubierto el andamiaje irracional y burocrático de ese "estado de bienestar". "La Suiza de América" era un nido de corrupción. La democracia una mera mentira, detrás de la que se mostraba la acción imperialista y la explotación de la minoría local -banca, latifundio y capital industrial. Pero también reapareció en el centro de la escena, la resistencia y la protesta de vastos sectores del pueblo, que no se resignaron a sufrir mansamente y que retomaron los valores y las experiencias latentes en su seno. El movimiento obrero reasumió posiciones de rebeldía y de democracia directa. La tendencia claramente enfrentada a la dirección bolchevique fue creciendo. En los medios estudiantiles y juveniles, en el cooperativismo obrero, en las organizaciones barriales se vivió un proceso similar.

El proceso uruguayo de lento ascenso de militares, a diferencia de otros países, se explica por lo mismo. En URUGUAY no había ni hay servicio militar obligatorio. El rol del militar estuvo siempre despreciado socialmente. No era posible aparecer sin antes buscar u cambio de imagen. Elaboraron incluso comunicados (manifiestos a la población) demagógicos y populistas. Pero solo engañaron a las famosas vanguardias de los partidos socialista y comunista. La huelga general de 1973 fue una respuesta que en si misma es ya una muestra de la presencia viva de las corrientes libertarlas, aún cuando los libertarios no fuéramos ni muchos ni muy organizados, Fueron 15 días de enfrentamiento a la dictadura. Ocupación de los lugares de trabajo, resistencia en las calles, organización a nivel barrial de contrainformación, formas de solidaridad para enfrentar las dificultades con el consumo. Fue un ejemplo y una confirmación. Y allí la dictadura que nacía quedo marcada. Todavía sigue a la deriva buscando una base social posible y necesaria.

En CHILE podernos encontrar síntomas o expresiones similares. El pueblo fue más rico en sus afanes revolucionarios que las organizaciones políticas que buscaban dirigirlo. Toda su cháchara sobre la entrega del poder, por vía electoral, a las clases populares; sobre su ajuste o no a los principios universales del marxismo-leninismo, etc. No pueden ocultar hoy que fueron y son obstáculo para un verdadero proceso de liberación. Pero el pueblo realizó acciones y creo formas de organización que adelantaron en su experimentar radical. En 1972, por ejemplo, las barriadas se organizaron para enfrentar el acaparamiento y el mercado negro de alimentos. Las J.A.P. -Juntas de Abastecimiento y Precios- fueron una experiencia de poder popular. En algunos lugares llegaron a controlar y a distribuir los alimentos para la población. Cada grupo de casas nombraba un delegado para actuar en esa tarea. Eran revocables en cualquier momento, la gente misma controlaba su gestión. Las asambleas y la discusión fueron una manera de capacitarse políticamente en forma directa.

En Concepción se llegó a reclamar la desaparición del Parlamento y a sustituirlo por asambleas populares. La claudicación de la UP demasiado comprometida en la gestión de gobierno, llevaba a la gente a romper su carnet de afiliación a los partidos y buscar formas de enfrentar a la creciente reacción que se manifestaba en marchas y en huelgas como la de los camioneros. En CHILE fue evidente la desconfianza de los dirigentes de la UP en el pueblo y su confianza en las negociaciones y en los militares progresistas. Esta contradicción es inocultable y tiene que orientarnos en los pasos futuros.

El MIR estuvo más cerca de posiciones libertarias sobre todo al promover organizaciones autónomas, tanto a nivel campesino como en las barriadas y campamentos. En 1970 manifestaba claramente que "la conquista del poder por los trabajadores solo será una realidad cuando estos ejerzan efectivamente el poder, cuando las fabricas sean de los obreros, administradas por ellos en beneficio de todos los chilenos, cuando los fundos estén en manos de los campesino@ y su producción sea en beneficio de la mejor alimentación del pueblo".

En BOLIVIA viví una experiencia fundamental. 3 días de combate, en agosto de 1971, en que el pueblo en armas decidió por si, incluso en los aspectos militares. El MI-N no pudo orientar, estaba totalmente desbordado. El gobierno de Torres a su vez fue un transacción. Pese a que de alguna manera era manejada por los partidos, la Asamblea Popular había funcionado durante dos meses. Se estuvo a punto de lograr un triunfo popular. Quizás la Central Obrera Boliviana hubiera podido asumir el proceso.

Habría que rescatar, en BOLIVIA, al igual que en otros países, las experiencias de autogestión en los poblados mineros, las realizaciones de grupos de teatro o radio autónomas como en Tupiza. Tener clara la potencialidad de las fuerzas populares que no se acallan con la cadena de golpes militares. El 28 de diciembre de 1977, cuatro esposas de mineros, con sus catorce hijos, comenzaron una huelga de hambre reclamando la amnistía general, el libre ejercicio del derecho sindical y la reintegración de los despedidos por razones políticas. Esto despertó una respuesta masiva. En tres semanas eran ya más de 1200 huelguistas distribuidos por todo el país.

En ARGENTINA, ya dijimos, la tradición de lucha obrera y popular es innegable. Incluso han llegado al cine con películas como "La agonía rebelde" y "Quebracho". Los levantamientos populares: el "cordobazo" en 1969 o el "rosariazo" son su expresión activa. El "trabajo a tristeza" es su expresión pasiva, pero que igualmente se enfrenta con los planes de los militares y muestra la capacidad de resistencia y solidaridad.

La ausencia de un movimiento organizado ha hecho que en COLOMBIA la semilla libertaria aparezca entremezclada con organizaciones e ideas de otras corrientes, y que han tratado de esconder o de capitalizar para si las acciones que han protagonizado las bases. En este sentido podríamos rehacer la historia de las huelgas de principios de siglo, en las plantaciones bananeras de la United Fruit, que culminó en masacre masiva. 0 la más reciente "zona liberada" de Marquetalia, que abarcó varios pueblos organizándose autónomamente, y que fue igualmente aplastada por el ejército en combinación con el yanqui. La corriente anarco-sindicalista, acusada por la izquierda tradicional de "pequeño-burguesa" ha - andado siempre muy de la mano de tendencias maoístas, en su rechazo a los partidos y por el activismo y la participación "por la base" que promueven.

Las constantes ocupaciones de tierras que adelantan grupos amplios de campesinos expropiados por el capital y los terratenientes; las luchas libradas en las organizaciones de base campesinas entre las consignas de "tierra sin patrones", levantada por los troskistas para impulsar la estatización y la colectivización forzada, "tierra para el que la trabaja", apoyada por maoístas; las movilizaciones de muchas comunidades indígenas, que podríamos parangonar con la "declaración de Seattle" y el espíritu combatiente de los indígenas norteamericanos contra el capital, la "cultura" y la "civilización". Son todos ejemplos de una posible presencia libertarla. En 1948, el asesinato del líder popular Gaitan, desencadenó la furia popular y el comienzo de una cruda guerra civil en lo que la historia llamará el "Bogotazo", pero que también terminó con un mayor afianzamiento del poder y el Estado capitalista. Entre 1971 y el 73, el movimiento estudiantil universitario lucha en las calles, junto a los obreros, por la autonomía universitaria, por una educación popular, libre y democrática, por la participación de estudiantes y educadores a todos los niveles de decisión.

El movimiento por la autonomía universitaria, nacido en Córdoba, ARGENTINA, en 1918, tuvo y tiene una fuerte Influencia libertarla. Especialmente en el CONO SUR y en PERÚ. Las ideas de autonomía, de federalismo, de gestión directa y popular se insertaron as¡ en forma definitiva a la historia de América Latina. La creación de Universidades populares, la unidad obreroestudiantil, la extensión universitaria, contra-cursos y escuelas barriales y sindicales son expresión de esa presencia, que se continua en la formación al margen de la cultura oficial de teatros independientes, ateneos populares, publicaciones alternativas. Todo esto es sumamente importante por el creciente papel revolucionario de la juventud y que en América se expresa positivamente en la creación política y social, a diferencia de los países "adelantados" que los arrincona en la marginalidad y la droga.

Otro aspecto significativo de las luchas actuales esta dado por la acción autónoma y directa de nuevos pobladores de las grandes ciudades. En BOGOTA, por ejemplo, emigrantes del campo invaden en masa grandes terrenos urbanos y haciéndose con latas y papel un lugar donde habitar, mantienen altos niveles de lucha y participación. 200 mil habitantes de los "Barrios orientales" de Bogotá, una cadena periférica de barrios de invasión, se enfrentan hoy con las fuerzas policiales y los pulpos constructores, luchando contra su desalojo y su dispersión por la ciudad, con lo que perderían la organización comunitaria lograda en años de lucha y construcción.

En las ciudades es cada vez más visible, también, la búsqueda y efectivización de la solidaridad entre los pobladores del área local. Así surgieron los "paros cívicos'', experiencias locales de solidaridad y acción directa. El 14 de setiembre de 1977 se realizó el primer paro cívico nacional, como una exigencia de las bases y una gran participación popular. Por supuesto que las centrales sindicales y partidistas intentan manipular estas fuerzas, pero encuentran dificultades. Y aquí puede ser significativo señalar el alto porcentaje de abstención electoral, cercano al 50%, con que la ciudadanía demuestra su rechazo a la propaganda y las promesas de los políticos.

Es a nivel de la juventud donde se hace cada vez más expresa la desilusión por la acción política partidista. Es as¡ como muchos jóvenes en las ciudades comienzan a buscar alternativas revolucionarias, y es allí donde reaparece claramente el pensamiento y las practicas libertarias. En general son experimentos e intentos que no alcanzan una amplia cobertura social, y centrados principalmente en la actividad "cultural" alternativa en busca de integrar la acción política, el tiempo libre y el trabajo. En Colombia, en la década del 60, el movimiento nadaísta y el movimiento hippie plantearon a muchos jóvenes la "vuelta a la naturaleza", a formas de vida más humanas, recogiendo el modelo de las comunidades indígenas. Pese a sus limitaciones todas estas acciones cuestionan y critican las formas de organizarse, de producir y consumir, de relacionarse que sostienen e integran el sistema. Y apuntan a desembarazarse de la tutela del poder, del Estado, de los especialistas y dirigentes.

Tal vez este sea el momento para subrayar algunos aspectos y analizar más de cerca experiencias creativas y realizadas desde abajo. En ese sentido pienso que los compañeros que hicieron una experiencia de autogestión en la COMUNIDAD DEL SUR tienen mucho que aportar. Fue una experiencia de gestión directa en la producción, de distribución comunista en el consumo y de educación libertarla, modificando las bases de la educación y la organización familiar. La aceleración de los cambios y la temática que se va imponiendo hoy día hacen que muchos de esos temas sean cada día más importantes y que la experiencia vivida por ustedes sea más valiosa. Ya se que reciben miles de criticas de los "tradicionales". No tuvieron el peso del cordobazo ni de los Tupas, pero quizás apuntaron más lejos y profundamente y con el tiempo tal vez sean de lo más valioso en una perspectiva histórica más amplia.

Lo paradójico, para mi que vengo de otro país y de otras ideologías, es que he percibido un gran respeto y una valoración por parte de gentes de distintas extracciones y lugares. Pero desde un punto de vista "político tradicional" se los ve como si no tuvieran un proyecto cuantitativo. No se ¡os ve agresivos por lograr un espacio político. Quizás sean los propios prejuicios los que determinan esos juicios. Incluso he comprobado que solo conocen aspectos parciales.

Lo importante de la Comunidad del Sur estuvo en su intento de ser a la par que una experiencia autogestionaria a todos los niveles, una forma de participación en todos los niveles posibles de la acción social directa. As¡ fue como aparece vinculada a la fundación de la Federación Anarquista Uruguaya, siendo base de la agrupación barrial del Barrio Sur. En ese barrio de Montevideo justamente se desarrollo una pujante movilización popular a través de una organización de vecinos que atacó tanto temas de la precariedad de viviendas, como la resistencia a los aumentos de los precios del consumo y también de la atención de la salud. Desde allí, y aprovechando las naturales vinculaciones de sus miembros se promovió una vinculación orgánica con el Departamento de Extensión Universitaria. Esto significó una experiencia rica de intercambio entre técnicos y usuarios. En asambleas generales del barrio se elaboraron planes de vivienda, servicios de atención médica y se realizaron censos para conocería realidad. En todo esto participaba todo el mundo en un pie de igualdad.

Creo que uno de los hechos más importantes fue la vinculación de la Comunidad en la creación del Movimiento por la Tierra y el trabajo en relación a UTAA (sindicato de obreros campesinos cañeros) tanto en la construcción de la policlínica del sindicato en Bella Unión como en el acuerdo de intercambiar jóvenes que vivieran alternativamente en el campamento cañero y en la Comunidad.

El problema que se quiso resolver con ese acuerdo era el como modificar la percepción que tenía el militante cañero. Rodríguez Beletti (dirigente cañero) había notado que pese a las lecturas comentadas y los esfuerzos teóricos, en general, la perspectiva que se tenía era la de mejoras salariales o el cambio de un patrón "gringo" y explotador por otro que lo fuera menos. Sin embargo bastaba una experiencia de vida en la Comunidad, sin patrones ni capataces, sin diferencias de retribución pese a diferencias de capacidad o prestigio, con participación en las asambleas del grupo de trabajo y en instancias generales, para que las aspiraciones cambiaran.

Lo valioso de todo esto es ver que paralelamente a una tradición y a un surgir espontáneo de formas y experiencias libertarias, vivimos permanentemente el embate de formas represivas que nacen a derecha y a izquierda. Incluso en el seno mismo de nuestros propios intentos, como lo muestra la historia de¡ movimiento en URUGUAY o en ARGENTINA.

La realidad y la posibilidad del cambio que queremos, esta claro que no pasa por la política en el sentido tradicional de competición y distribución de poder. No son "instancias representativas", partidos, sindicatos, cooperativas, las herramientas para ese cambio. En el exilio son muchos, cada vez más los que comprenden esto. Las derrotas en Brasil (1964), en Bolivia (1971) en Chile (1973), en Uruguay (1976) tal vez resulten saludables si aprendemos definitivamente. Por supuesto que lo digo desde mi historia personal, ya que siempre estuve en estructuras partidistas o más aún en aparatos de tipo militar. Allí teníamos una confusión enorme: el partido era la revolución, el aparato militar que a su vez se comía al partido. El triunfo hubiera sido el comienzo de otra "revolución traicionada".

La perspectiva del exilio, el análisis de esas sociedades altamente tecnificadas, y la conciencia de las nuevas circunstancias históricas y los nuevos problemas de la humanidad tiene que alentarnos a revolucionarnos y a no caer en mistificaciones del pasado o en apatías del presente. Ante el cambio de las condiciones objetivas, toda estrategia alternativa se encuentra ante la Imperiosa necesidad de recrear, reinventar desde el lenguaje a los conceptos y las armas e Instrumentos adecuados. No podemos seguir planteando las cosas como en el siglo pasado, como en 1917 o como después de la guerra.

Lo difícil es aceptar esta inseguridad e ignorancia. Nos cuesta ser creativos pese a nuestro cacareado revolucionarismo. Pienso que aunque doloroso estamos al comienzo de un periodo rico de cambios posibles. Dependerá en gran parte de nuestra capacidad de inventiva y experimentación. En ese sentido sigo creyendo en que es muy valiosa la experiencia de los compañeros de Comunidad del Sur. Hay que rescatar su historia y documentarla Ver en la experimentación social, en los grupos alternativos, en las comunidades, herramientas importantes, ni únicas, ni totales, pero si una practica imprescindible. Como sucedió con las primeras formas sindicales al comienzo de la revolución industrial, corresponde a los revolucionarios darle el vuelo posible y necesario para convertir su emergencia espontanea pero limitada, en un fuerte y definitivo movimiento de transformación total. No debemos olvidar que América Latina es un campo experimental tanto para la industria como para la política. La mayor parte de los problemas profundos, como el agotamiento del petróleo y su posible sustitución por energía nuclear, amenazan a todos por igual. Incluso es posible que toda la experimentación se haga al amparo de las dictaduras y las desequilibradas apetencias de poder de los militares y de los candidatos a sustituirlos. El negocio del siglo, entre Brasil y Alemania, apunta en ese sentido a convertir al pueblo brasileño en conejito de indias de la construcción y experimentación de plantas de energía nuclear y de explotación de industrias indeseadas por los altamente desarrollados.

En Suecia (o en Alemania, Francia o donde sea) se hace evidente que todo cambio revolucionario de la base material tiene que estar acompañado de nuevos valores, emergentes de nuevas formas de vida que nieguen y reemplacen a las ya caducas postulaciones de la cultura occidental moderna. Para eso es Imprescindible una revisión critica y sistemática de las ideologías, los conceptos y los valores que orienten la acción. El marxismo ha anegado la mayoría de los movimientos, y el anarquismo ha quedado recitando algunos principios básicos -pero insuficientes. El pensamiento libertario podría estar en condiciones de asumir la tarea de impulsar las tendencias revolucionaria empírica Ello exige sacudirse cierto arcaísmo propio del siglo pasado, la manía compartida por los grupos marxistas de revisar y expurgar textos clásicos, pero también es necesario evitar los fáciles modernismos contraculturales.

Nuestra América, paralela y complementariamente con un cuestionamiento en el seno de las regiones "centrales" del sistema mundial, necesita imperiosamente reencontrar caminos para su liberación. Los proyectos de democratización al uso y al gusto de la USA, van a encontrar la condescendencia de los partidos políticos de todos, izquierda y derecha. Los pueblos seguirán de espectadores y luego de la primera esperanza volverán a la apatía y a la indiferencia o a buscar caminos verdaderos de lucha. La actual Asamblea Constituyente en el PERÚ es una muestra: la "Izquierda" crece y la desilusión también. Los pactos sociales y las amnistías nos quieren reintegrar a nuestros países Impotentes y felices.

La experiencia en CHILE me mostró la rica disponibilidad del pueblo para los cambios y la estrechez de mira de los pretendidos dirigentes. Faltaron modelos que impulsaran las fuerzas disponibles. Una lucha de liberación no puede ser emprendida sin esos modelos viables y lo suficientemente positivos como para convocar las energías creadoras de todo el pueblo. Tenemos que crear nuevas formas de organización y de hacer "política". Inventar nuevas prácticas sociales a partir de las necesidades reales en la vida real de la gente. Tenemos que cambiar las formas de producción, el proceso de trabajo. Tenemos que aprender a unirnos, a proyectar y realizar juntos, sin dirigentes. Aprender a dividir los bienes producidos en función de las necesidades de todos y de cada uno, sin privilegiados. América ha quedado descubierta, despojada por imperialistas de fuera y explotadores de dentro. Lo que ahora corresponde es armarse para volver a sus playas y construir un mundo nuevo.

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