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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 11

La natura

Comunmente, al estudio de las relaciones entre los organismos vivos o de los grupos de organismos, con su medio, se denomina ecología. Por tanto, la ecología humana sería el conjunto de conocimientos sobre las relaciones de los hombres y sus grupos, con la naturaleza. Ecólogos serían aquellos que actuaran en este campo M saber. Así las cosas, nos declaramos no ecologistas, ya que no estamos dispuestos a aceptar la dicotomia hominido-naturaleza, que conduce rápidamente a lo de "el rey de la creación''. Nuestro concepto globalizador de las interrelaciones de seres vivos e inertes (¿cuáles serán éstos?), espacio físico y tiempo sideral, de materia y energía, nos lleva a emplear el término natura para representarlo. En consecuencia, nos autodefinimos naturalistas.

El hombre es natura, hijo de la naturaleza, fracción del universo real. En esencia el hombre es natural. Sin embargo, desde los más remotos tiempos dictatoriales, se le han venido inculcando preferencias artificiales. ¡Y ha claudicado! Transform6 a su vieja y fecunda madre en prostituta a la que explota y chulea sin piedad. Igualmente cree que al hacer cosas contra natura se inviste con el poder mágico de la sobre naturalidad (o divinidad) (?), sin darse cuenta que tal dejar de ser natural, solo puede conducir a dejar de ser, sin más, sin otros adjetivos. En otros términos: El hombre es natural, o no es. Asi de fácil, y ello a despecho de pseudomoralistas, legisladoresseudojuzgadores-condenadores, de clérigos parásitos y restantes guardianes de valores eternos, intangibles, absolutos, e... imperiales.

Tal incesto es sádico y poco placentero. Su protoinstancia consiste en sustituir la trama de la vida, basada en la ayuda mutua entre los individuos y entre las especies, por una estructura productivista centrada en un alucinante desarrollo industrial. El procedimiento que se sigue está fundamentado en el máximo lucro de cada unidad monetaria puesta en juego, monedas hechas el día anterior por los que ostentan el poder de dar vueltas a la manivela de la máquina de imprimir billetes, ¡claro! Para eso pagan con ellas a los centuriones. Su meta final es eliminar el indómito factor vivo, incluyendo al humano, y transferir el demencial proceso productivo-consumista a las máquinas. ¡Producir nuevas y más poderosas máquinas; liberar nuevas y más violentas energías que alimenten a las existentes! ¡Reducir las especies vegetales y animales cultivables a unas pocas y mutarlas profundamente, hasta que parezcan máquinas! ¡Generar y formar cachorros humanos en estricta sustitutibilidad, domándoles hasta que sean factibles al recambio, como los bolígrafos! Esto exige que el trabajo no pueda seguir siendo una posibilidad para que el hombre utilice y desarrolle sus facultades, se libre de su egocentrismo y se asocie libremente a otros hombre en una tarea útil común que produjera los bienes y servicios necesarios para la vida. No, el trabajo no debe ser fuente de satisfacción. Tiene que convertirse en una maldición, hay que hacerlo ver a las masas domesticadas, no como el complemento del ocio, sino como su enemigo irreconciliable. Al tiempo, hay que programar el sucedaneo de ocio de que se dispone, de modo que indirectamente sea productivo al sistema. En definitiva, se trata de que ni siquiera se pueda pasar el tiempo humanamente.

Al socaire de este desarrollo, prosperan las grandes ciudades, por aquellos de la facilidad de comunicación e intercambio, que se resuelve en transportes públicos horrendos y teléfonos espiables, costosos ambos. En ellas, como en tremendas granjas avícolas, el hombre, ser anónimo, atomizado, desarraigado permanece en una cárcel azoica, donde plantas y animales cada vez son más desconocidos. Sus descendientes más jóvenes rara vez han visto una mariposa entrar por su balcón. M el habitante de la gran ciudad no puede sentirse hijo de la Natura, porque ni vive ni la vive, le es lejana, incluso la teme ya que no la conoce más que por referencia. Como ignora hasta su mismo cuerpo, no es aut6nomo en su subsistencia, le han dejado inerme frente a la temperie, y por tanto cifra sus esperanzas en un sueldo. No conociendo la vida natural más que por referencia, referencia por otra parte, amañada en documentales y reportajes audiovisuales, no le importa violarla, puesto que el entorno ya se encargó de taparle la cara con la almohada. El apoteosis del estrago queda patentizado con el fin de semanda dominguero, con la exportación de la "vida ciudadana" a lo que un día se resistió a ser ciudad, pero que hubo de rendirse al invasor.

En ella todo es irreal, abstracto, mastod6ntico. Todo es artificial. Todo responde a signos convencionales, señales de tráfico. El hombre carece de una visión de conjunto. No sabe donde está, ni quién es, ni que hace, ni para quién lo hace. La ciudad le queda grande. Pero eso sí, tiene que llegar... a cualquier sitio. ¡Y llegar en punto!... Luego, tiene que desplazarse, viajar a prisa... Debe ser viajero perpetuo.

Así, la ciudad es una pista de desenfrenado tráfico arrasada por estruendosos y pedorros vehículos. En esta vorágine se Incluye al currante que vuelve a su suburbio y al ejecutivo que coge el puente aéreo. Se precisa de¡ movimiento perpétuo. No debe haber tiempo para meditar, para pensar. Es mejor así, como los dioses han muerto, pues ya lo hicieron el Tirano, el Judeocristiano y el Progreso, los sustiturrepresores en sus, por más que se diga, concomitantes corrientes ideológicas -todas productivistas, uniformadores, unificadoras y centralistas- con su pretendida universalidad, nos ofrecen un nuevo elenco de dioses o inhibidores -que lo mismo da- a precio de oferta. El fin es claro. Es peligroso pensar y sentir por sí mismo, discrepar o criticar el camino que nos prometen esperanzador. ¡Sacrifiquémonos para un porvenir mejor! ¡Sigamos al mágico estadista! ¡Mañana estarás conmigo en el paraíso! ¡Mañana! que triste palabra.

El bienestar es imposible. No hay tiempo para disfrutar la salud y la belleza, el trabajo y el descanso, el juego y la amistad. Siempre inquietud. Siempre sentido de culpabilidad. Continua vulneración de órdenes farragosas dictadas desde "arriba" que desconocernos o que no hemos tenido oportunidad de impugnar. Unos fantoches fanfarrias tocados de estraños bonetes, atrincherados en el formalismo de los codicilos, ocultan su ignorancia en la prosopopeya, su ineficacia en el anonimato, su crueldad en la hipocresía y su lacayismo en la trarnpa de la ecuanimidad anodina, son las manos blancas de la violencia estructura¡. Detrás de ellos los puñales y las mazmorras, las coacciones y los chantajes. El "bien cornún", en suma. La misma violencia insidiosa a nivel estatal, atenta contra los recursos no renovables y despilfarra los restantes mediante la estulticia de] valor dinerario, se adueña de las calles, de las gentes, de la vida. ¡La ciudad está en guerra! Para que el incesto vital sea más emocionante, es necesario además, el fraticidio, el competir con el hermano para ver quien es el que se lleva al huerto a la madre. Tal coito es poco reconfortante, pero vale por lo que significa la poses16n, de disfrute ante el sufrimiento del vencido.

Pero... ¿Acaso hay otra posibilidad fuera de la ciudad? ¿Qué pasa en el campo? ¿Hay refugio en él? ¿Se está allí a salvo de la Bestia? Creemos que no. De siempre, el hombre civilizado o culto, que por ambos estúpidos nombres se le conoce, ha maltratado las tierras en las que ha vivido, de forma que una vez asoladas, o bien degenera hasta niveles infrahumanos, o por el contrario despoja a otros hombres más sobrios, mediante la violencia, de sus tierras productivas. No respeta el horno sapiens y culto lo que necesita Intervalos geológicos de reconstrucción. El pueril deseo de unos locos de domeñar la naturaleza, lleva a la esterilidad de la natura. 51 en el inestable equilibrio en que tiene lugar la concurrencia natural de los seres reales, el hombre tuvo un día la posibilidad de Salud, Belleza y Permanencia, ahora no. ¡Ahora ya no se trata de eso! Los nuevos profetas, los actuales redentores, seguidos de sus enfervorizadas masas, han decidido que la solución está en mecanizar desproporcionadamente, desequilibrar los elementos del suelo con fuertes cargas de complejos químicos, emplear las técnicas intensivas del monocultivo, industrializar a ultranza. La autonomía del ciclo biológico hay que destruirla. ¡Que desastre, si el cultivo de la tierra supusiera solamente la remoción de los recursos que en ella se encuentran y la extracción de una pequeña parte -la necesaria- para satisfacer las necesidades del que la trabaja! Desaparecerían las acumulaciones de capital. Desaparecerían los gandules, los nobles, los sacerdotes, los militares, los funcionarios y los guardias. No los habría matado nadie,... es que: ¡No harían falta!

Pero la realidad es que hay que despersonalizar el agro, hay que ir hacia la dependencia en la producc16n agraria respecto a la Industria, y aplicar todo tipo de despilfarro material y energético que elimine trabajo humano. La dieta campesina debe ser a base de sopa de sobre, sucedáneo protéico y mejunjes carbónicos. Con ello los logros se hacen patentes: El campo se convierte en un habitat espúreo, sin aliciente, sin asistencia médica hospitalaria (je, je, que risa, tía Felisa), sin educastradores especializados, sin porvenir para la masslumpen-micidel-class. Todo queda preparado para huir, ¿Pero a dónde? Está claro: ¡A la ciudad! Sus luces son tan cegadoras... Mientras la humilde pescadilla se muerde la cola, las gentes serias, Iryda, ¡cona, las & Co y demás, con sus compras y conciertos atajan la desertización. ¿De qué Señor serán Vasallos?

El panorama de la vida contemporánea, es pues la apología de la antinatura. Nuestro mundo, -naturaleza y hombre, hombre y naturaleza-, natura en suma, es desabrido, desolado, gratuitamente violento, sucio y tóxico, es en fin, un inmenso basurero de residuos biodegradables asentado en una delicada pradera de múltiples y variados hierbas y hierbajos. Dentro de este terrible encuadre, del que no nos olvidamos, ¿qué es el Colectivo Natura? ¿Qué pretende?

El Colectivo Natura está constituido por un grupo de homínidos afines, que piensan que los dioses han muerto para siempre, y que ya no resucitarán bajo ninguna forma o aparición, ni natural ni etérea, ni política, ni filosófica, ni científica, ni técnica, ni patriótica, ni.... lo que se le ocurra a su Excelencia de turno.

Estamos convencidos de que el hombre es natural aunque se empeñe o empeñen en lo contrario.

Solo creemos en el hombre y en nuestra respectiva y peculiar interpretación del universo. Con Bakunin afirmamos: "La libertad del hombre consiste únicamente en que obedece a las leyes naturales porque las ha reconocido como tales, y no porque le hayan sido impuestas por una voluntad extraña, divina o humana, colectiva o individual cualquiera... Fuera de ellas no somos nada, no somos. ¿De dónde nos vendria el poder y la libertad de sublevarnos contra ellas?"_ "Solamente en la naturaleza tiene el hombre su única dignidad y toda la libertado posible".

No somos un grupo progresista, en el sentido de huir hacia adelante, ni conservador, como expresión de desdén hacia lo evolutivo. En el ambiente desequilibrado que nos toca vivir, buscamos un equilibrio, el menos nuestro equilibrio personal.

Pensamos que nuestra mayor riqueza es la Salud, en su sentido más amplio, como bien personal e intransferible. No somos maniqueos creyendo que el trabajo es maldición y el ocio bendición. Estimamos la actividad voluntaria no asalariada, como el mejor estímulo, aunque agote.

Al prestigio, el brillo social, la autoridad, la riqueza, la inmortalidad y otros alicientes burgueses, anteponemos la dignidad humana y la calidad de vida.

No somos visionarios de otra Orden Templaria destinada a desatar una nueva "Cruzada Verde contra el infiel", ni buscamos imponer a los demás nuestro particular sentido de la armonía vital. En cambio, dentro de nuestras limitaciones nos proponemos denunciar los abusos que conozcamos contra la madre natura, sin caer en actitudes reivindicativas ante autoridades que no reconocemos; criticar los comportamientos propios y ajenos respecto a ella; y fomentar, por la acción directa, la estimulante sensación de integrarse en su seno.

Esperamos ¡a colaboración de compañeros de todo el mundo. Dirigios a Colectivo Natura. Campo Abierto. c/ Pinilla del Valle. núm. 1. Madrid 2.

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