Comunmente,
al estudio de las relaciones entre los organismos vivos o de los grupos de organismos, con
su medio, se denomina ecología. Por tanto, la ecología humana sería el conjunto de
conocimientos sobre las relaciones de los hombres y sus grupos, con la naturaleza.
Ecólogos serían aquellos que actuaran en este campo M saber. Así las cosas, nos
declaramos no ecologistas, ya que no estamos dispuestos a aceptar la dicotomia
hominido-naturaleza, que conduce rápidamente a lo de "el rey de la creación''.
Nuestro concepto globalizador de las interrelaciones de seres vivos e inertes (¿cuáles
serán éstos?), espacio físico y tiempo sideral, de materia y energía, nos lleva a
emplear el término natura para representarlo. En consecuencia, nos autodefinimos
naturalistas.
El hombre es natura, hijo de la naturaleza, fracción del universo real. En esencia el
hombre es natural. Sin embargo, desde los más remotos tiempos dictatoriales, se le han
venido inculcando preferencias artificiales. ¡Y ha claudicado! Transform6 a su vieja y
fecunda madre en prostituta a la que explota y chulea sin piedad. Igualmente cree que al
hacer cosas contra natura se inviste con el poder mágico de la sobre naturalidad (o
divinidad) (?), sin darse cuenta que tal dejar de ser natural, solo puede conducir a dejar
de ser, sin más, sin otros adjetivos. En otros términos: El hombre es natural, o no es.
Asi de fácil, y ello a despecho de pseudomoralistas,
legisladoresseudojuzgadores-condenadores, de clérigos parásitos y restantes guardianes
de valores eternos, intangibles, absolutos, e... imperiales.
Tal incesto es sádico y poco placentero. Su protoinstancia consiste en sustituir la trama
de la vida, basada en la ayuda mutua entre los individuos y entre las especies, por una
estructura productivista centrada en un alucinante desarrollo industrial. El procedimiento
que se sigue está fundamentado en el máximo lucro de cada unidad monetaria puesta en
juego, monedas hechas el día anterior por los que ostentan el poder de dar vueltas a la
manivela de la máquina de imprimir billetes, ¡claro! Para eso pagan con ellas a los
centuriones. Su meta final es eliminar el indómito factor vivo, incluyendo al humano, y
transferir el demencial proceso productivo-consumista a las máquinas. ¡Producir nuevas y
más poderosas máquinas; liberar nuevas y más violentas energías que alimenten a las
existentes! ¡Reducir las especies vegetales y animales cultivables a unas pocas y
mutarlas profundamente, hasta que parezcan máquinas! ¡Generar y formar cachorros humanos
en estricta sustitutibilidad, domándoles hasta que sean factibles al recambio, como los
bolígrafos! Esto exige que el trabajo no pueda seguir siendo una posibilidad para que el
hombre utilice y desarrolle sus facultades, se libre de su egocentrismo y se asocie
libremente a otros hombre en una tarea útil común que produjera los bienes y servicios
necesarios para la vida. No, el trabajo no debe ser fuente de satisfacción. Tiene que
convertirse en una maldición, hay que hacerlo ver a las masas domesticadas, no como el
complemento del ocio, sino como su enemigo irreconciliable. Al tiempo, hay que programar
el sucedaneo de ocio de que se dispone, de modo que indirectamente sea productivo al
sistema. En definitiva, se trata de que ni siquiera se pueda pasar el tiempo humanamente.
Al socaire de este desarrollo, prosperan las grandes ciudades, por aquellos de la
facilidad de comunicación e intercambio, que se resuelve en transportes públicos
horrendos y teléfonos espiables, costosos ambos. En ellas, como en tremendas granjas
avícolas, el hombre, ser anónimo, atomizado, desarraigado permanece en una cárcel
azoica, donde plantas y animales cada vez son más desconocidos. Sus descendientes más
jóvenes rara vez han visto una mariposa entrar por su balcón. M el habitante de la gran
ciudad no puede sentirse hijo de la Natura, porque ni vive ni la vive, le es lejana,
incluso la teme ya que no la conoce más que por referencia. Como ignora hasta su mismo
cuerpo, no es aut6nomo en su subsistencia, le han dejado inerme frente a la temperie, y
por tanto cifra sus esperanzas en un sueldo. No conociendo la vida natural más que por
referencia, referencia por otra parte, amañada en documentales y reportajes
audiovisuales, no le importa violarla, puesto que el entorno ya se encargó de taparle la
cara con la almohada. El apoteosis del estrago queda patentizado con el fin de semanda
dominguero, con la exportación de la "vida ciudadana" a lo que un día se
resistió a ser ciudad, pero que hubo de rendirse al invasor.
En ella todo es irreal, abstracto, mastod6ntico. Todo es artificial. Todo responde a
signos convencionales, señales de tráfico. El hombre carece de una visión de conjunto.
No sabe donde está, ni quién es, ni que hace, ni para quién lo hace. La ciudad le queda
grande. Pero eso sí, tiene que llegar... a cualquier sitio. ¡Y llegar en punto!...
Luego, tiene que desplazarse, viajar a prisa... Debe ser viajero perpetuo.
Así, la ciudad es una pista de desenfrenado tráfico arrasada por estruendosos y pedorros
vehículos. En esta vorágine se Incluye al currante que vuelve a su suburbio y al
ejecutivo que coge el puente aéreo. Se precisa de¡ movimiento perpétuo. No debe haber
tiempo para meditar, para pensar. Es mejor así, como los dioses han muerto, pues ya lo
hicieron el Tirano, el Judeocristiano y el Progreso, los sustiturrepresores en sus, por
más que se diga, concomitantes corrientes ideológicas -todas productivistas,
uniformadores, unificadoras y centralistas- con su pretendida universalidad, nos ofrecen
un nuevo elenco de dioses o inhibidores -que lo mismo da- a precio de oferta. El fin es
claro. Es peligroso pensar y sentir por sí mismo, discrepar o criticar el camino que nos
prometen esperanzador. ¡Sacrifiquémonos para un porvenir mejor! ¡Sigamos al mágico
estadista! ¡Mañana estarás conmigo en el paraíso! ¡Mañana! que triste palabra.
El bienestar es imposible. No hay tiempo para disfrutar la salud y la belleza, el trabajo
y el descanso, el juego y la amistad. Siempre inquietud. Siempre sentido de culpabilidad.
Continua vulneración de órdenes farragosas dictadas desde "arriba" que
desconocernos o que no hemos tenido oportunidad de impugnar. Unos fantoches fanfarrias
tocados de estraños bonetes, atrincherados en el formalismo de los codicilos, ocultan su
ignorancia en la prosopopeya, su ineficacia en el anonimato, su crueldad en la hipocresía
y su lacayismo en la trarnpa de la ecuanimidad anodina, son las manos blancas de la
violencia estructura¡. Detrás de ellos los puñales y las mazmorras, las coacciones y
los chantajes. El "bien cornún", en suma. La misma violencia insidiosa a nivel
estatal, atenta contra los recursos no renovables y despilfarra los restantes mediante la
estulticia de] valor dinerario, se adueña de las calles, de las gentes, de la vida. ¡La
ciudad está en guerra! Para que el incesto vital sea más emocionante, es necesario
además, el fraticidio, el competir con el hermano para ver quien es el que se lleva al
huerto a la madre. Tal coito es poco reconfortante, pero vale por lo que significa la
poses16n, de disfrute ante el sufrimiento del vencido.
Pero... ¿Acaso hay otra posibilidad fuera de la ciudad? ¿Qué pasa en el campo? ¿Hay
refugio en él? ¿Se está allí a salvo de la Bestia? Creemos que no. De siempre, el
hombre civilizado o culto, que por ambos estúpidos nombres se le conoce, ha maltratado
las tierras en las que ha vivido, de forma que una vez asoladas, o bien degenera hasta
niveles infrahumanos, o por el contrario despoja a otros hombres más sobrios, mediante la
violencia, de sus tierras productivas. No respeta el horno sapiens y culto lo que necesita
Intervalos geológicos de reconstrucción. El pueril deseo de unos locos de domeñar la
naturaleza, lleva a la esterilidad de la natura. 51 en el inestable equilibrio en que
tiene lugar la concurrencia natural de los seres reales, el hombre tuvo un día la
posibilidad de Salud, Belleza y Permanencia, ahora no. ¡Ahora ya no se trata de eso! Los
nuevos profetas, los actuales redentores, seguidos de sus enfervorizadas masas, han
decidido que la solución está en mecanizar desproporcionadamente, desequilibrar los
elementos del suelo con fuertes cargas de complejos químicos, emplear las técnicas
intensivas del monocultivo, industrializar a ultranza. La autonomía del ciclo biológico
hay que destruirla. ¡Que desastre, si el cultivo de la tierra supusiera solamente la
remoción de los recursos que en ella se encuentran y la extracción de una pequeña parte
-la necesaria- para satisfacer las necesidades del que la trabaja! Desaparecerían las
acumulaciones de capital. Desaparecerían los gandules, los nobles, los sacerdotes, los
militares, los funcionarios y los guardias. No los habría matado nadie,... es que: ¡No
harían falta!
Pero la realidad es que hay que despersonalizar el agro, hay que ir hacia la dependencia
en la producc16n agraria respecto a la Industria, y aplicar todo tipo de despilfarro
material y energético que elimine trabajo humano. La dieta campesina debe ser a base de
sopa de sobre, sucedáneo protéico y mejunjes carbónicos. Con ello los logros se hacen
patentes: El campo se convierte en un habitat espúreo, sin aliciente, sin asistencia
médica hospitalaria (je, je, que risa, tía Felisa), sin educastradores especializados,
sin porvenir para la masslumpen-micidel-class. Todo queda preparado para huir, ¿Pero a
dónde? Está claro: ¡A la ciudad! Sus luces son tan cegadoras... Mientras la humilde
pescadilla se muerde la cola, las gentes serias, Iryda, ¡cona, las & Co y demás, con
sus compras y conciertos atajan la desertización. ¿De qué Señor serán Vasallos?
El panorama de la vida contemporánea, es pues la apología de la antinatura. Nuestro
mundo, -naturaleza y hombre, hombre y naturaleza-, natura en suma, es desabrido, desolado,
gratuitamente violento, sucio y tóxico, es en fin, un inmenso basurero de residuos
biodegradables asentado en una delicada pradera de múltiples y variados hierbas y
hierbajos. Dentro de este terrible encuadre, del que no nos olvidamos, ¿qué es el
Colectivo Natura? ¿Qué pretende?
El Colectivo Natura está constituido por un grupo de homínidos afines, que piensan que
los dioses han muerto para siempre, y que ya no resucitarán bajo ninguna forma o
aparición, ni natural ni etérea, ni política, ni filosófica, ni científica, ni
técnica, ni patriótica, ni.... lo que se le ocurra a su Excelencia de turno.
Estamos convencidos de que el hombre es natural aunque se empeñe o empeñen en lo
contrario.
Solo creemos en el hombre y en nuestra respectiva y peculiar interpretación del universo.
Con Bakunin afirmamos: "La libertad del hombre consiste únicamente en que obedece a
las leyes naturales porque las ha reconocido como tales, y no porque le hayan sido
impuestas por una voluntad extraña, divina o humana, colectiva o individual cualquiera...
Fuera de ellas no somos nada, no somos. ¿De dónde nos vendria el poder y la libertad de
sublevarnos contra ellas?"_ "Solamente en la naturaleza tiene el hombre su
única dignidad y toda la libertado posible".
No somos un grupo progresista, en el sentido de huir hacia adelante, ni conservador, como
expresión de desdén hacia lo evolutivo. En el ambiente desequilibrado que nos toca
vivir, buscamos un equilibrio, el menos nuestro equilibrio personal.
Pensamos que nuestra mayor riqueza es la Salud, en su sentido más amplio, como bien
personal e intransferible. No somos maniqueos creyendo que el trabajo es maldición y el
ocio bendición. Estimamos la actividad voluntaria no asalariada, como el mejor estímulo,
aunque agote.
Al prestigio, el brillo social, la autoridad, la riqueza, la inmortalidad y otros
alicientes burgueses, anteponemos la dignidad humana y la calidad de vida.
No somos visionarios de otra Orden Templaria destinada a desatar una nueva "Cruzada
Verde contra el infiel", ni buscamos imponer a los demás nuestro particular sentido
de la armonía vital. En cambio, dentro de nuestras limitaciones nos proponemos denunciar
los abusos que conozcamos contra la madre natura, sin caer en actitudes reivindicativas
ante autoridades que no reconocemos; criticar los comportamientos propios y ajenos
respecto a ella; y fomentar, por la acción directa, la estimulante sensación de
integrarse en su seno.
Esperamos ¡a colaboración de compañeros de todo el mundo. Dirigios a Colectivo Natura.
Campo Abierto. c/ Pinilla del Valle. núm. 1. Madrid 2.
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