Tip, tip, tip... Atentos los oidos y preparados los transistores porque
pronto, muy pronto van a empezar a emitir en esta España constituida y bien constituida
las antenitas de unas radios diferentes. Aburridos y cabreados de que nos colonicen el
papel, la imagen, el espacio, el tiempo, el éter y todo lo que hace falta colonizar para
mayor gloria del Señor, en Barcelona y Valencia dos grupos han decidido ir con ondas y a
lo loco en pos de la li bertad de expresión. Esto que uno conozca personalmente, porque
seguro que hay más gente por ahí enfrascada en el asunto.
De los dos proyectos, el del "Colectivo Onda Libre" de Barcelona es el más
adelantado, ya que dispone de local y aparato para salir al aire de un momento a otro. Los
de "Onda Libre" han hecho alguna que otra prueba experimental, como la de la
barriada de Poble Sec que ellos mismos contaron en el "Ajoblanco" de noviembre.
En aquella ocasión, siguiendo el propósito de "provocar la palabra, la respuesta,
en gente a la que se le ha enseñado únicamente a asentir", facilitaron el
micrófono al vecindario, a los gasolineros en huelga, a los centros de planificación
familiar, a teatreros y otras especies marginales de la fauna urbana. No faltó música y,
cachondeo, porque como bien dicen: 11 no somos masoquistas ni apóstoles y creemos que una
de las pretensiones de la radio es la de divertir a la gente. Recobrando todo lo que de
placer, juego, fiesta y por lo tanto subversión contienen la diversión de verdad. "
La otra experiencia en marcha, la del valenciano "Col. lectiu Radio Lliure ",
anda ahora en fase de construcción de la emisora y sus puntos de definición son válidos
para todo el movimiento de la contrainf orm ación: rechazo de cualquier autoridad basada
en la coacción o el engaño, e independencia de partidos, sindicatos, grupos de presión
económicos o ideológicos; consideración de la imposible neutralidad de los medios de
comunicación, por lo que si se pretende ser minimamente honesto hay que explicitar de
antemano por quién se toma partido, en este caso por los grupos autónomos y marginados;
busqueda de una información que no oculte sus fuentes; producción colectiva, no
profesional y autogestionada que varíe no sólo los contenidos sino también las formas
de expresión y que ensaye al máximo posible el llamado feed-back, o sea, la interacción
constante entre el oyente y la persona que habla mediante encuestas con magnetofón en la
calle, debates a micro abierto, llamadas telefónicas y otras técnicas alternativas. El
objetivo final sería la abolición de la separación emisorreceptor.
Un sueño posible
En los dos casos hay enrorollado el mismo tipo de personal, todos os lo podeis imaginar:
libertarios sueltos, asambleistas, feministas, ecologistas y demás basca sin Partido ni
Ley ni Orden ni Constitución. Gente que, a lo mejor como vosotros mismos, viene de vuelta
de bastantes cosas -hasta del "paso de todo, tío"-, pero que se sigue
mosqueando por lo que acaece diariamente en el psiquiátrico, en el talego, en la fábrica
o en el barrio. Gente que no se come el coco con grandes proyectos finalistas de
"Revolución a Plazo Fijo", pero que piensa que todos tenemos derecho a buscar
la felicidad en esta tierra, a nivel cotidiano, y a hablar de nuestros deseos, puteos y
luchas que a ningún poderoso mass media parecen interesar. No todos los que malvivimos en
estas tierras sabemos escribir, pero seguro que todos disponemos de la palabra oral. De
ahí la importancia de las ondas como medio de distribución de mensajes. De ahí el
interés de las radios libres de contar con un ejército de colaboradores que abran
canales de información en cualquier parte, momento y dirección.
Y como esto, si el tiempo y la Autoridad lo permiten, pronto no será un bonito cuento
italiano y francés, pues puede decirse cómo se lo han hecho barceloneses y valencianos.
Un grupo de tíos y tías empieza a dar la paliza con lo de la comunicación radiofónica
que ya practican nuestros vecinos de Italia y Francia, que porqué no va a ser posible
aquí, que hay que salir del muermo etc. Extienden el sueño a ¡os grupos disidentes del
lugar y se va creando ambiente. Se recaudan los primeros duros con los propios bolsillos y
con pegatinas, bonos de ayuda, folletos y todo eso. Un abogado amigo intenta aclararse en
el enmierde de lo legal, y mientras tanto puede y debe ir fabricándose el equipo, cosa no
tan dificil ni tan cara: menos de cien mil pelas si se encuentra en manos y mentes
ingeniosas y electrónicas que sepan usar materiales de radioaficionado, de viejas
emisoras etc. En el intervalo, el colectivo pionero se cubre la espalda legalizándose
como asociación cultural o similar, y a partir de este punto la cosa empieza a ser más
"política".
"Para que funcione una radio así lo importante es un respaldo fuerte a nivel
popular. Nosotros no emitiremos hasta estar seguros de haber creado un estado de opinión
favorable en la ciudad, para lo que haremos pruebas previas por barrios, transmitiendo
desde ateneos, asociaciones, centros excursionistas, culturales... Conseguir la
legalización de la emisora es muy jodido, por lo que deberemos forzar la
tolerancia", comentan los compañeros de Barcelona. Por su parte los de Valencia
aseguran: "Aunque la Constitución en su famoso artículo 20 dice garantizar el
derecho a difundir y recibir libremente las informaciones, pensamientos, ideas y opiniones
POR CUALQUIER MEDIO, veremos cuando los de Barcelona, nosotros o cualquier otro grupo se
lance al aire, si toda esa palabrería no se convierte en papel mojado. Lo legal está muy
enfollonado; por ejemplo, la aplicación de los acuerdos de Ginebra sobre radiodifusión
imposibilita en la práctica el funcionamiento de pequeños emisoras por fuera de los
monopolios estatales y comerciales".
Tip, tip, tip... Listos para sintonizar, listos para emitir, listos para crear cientos de
radios alternativas. Cuantas más, mejor. Así es toda guerrilla, la de las ondas no debe
ser excepción.
Javier Valenzuela
Para contactar con los colectivos de radios libres podeis dirigiros a las redacciones de
"Alfalfa", "Ajoblanco" o "Bicicleta". El de Barcelona tiene
un apartado, el 1363; el de Valencia está provisionalmente domiciliado en C/ Visitación,
15.
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