Se avecinan vísperas electorales, con exhibición intensiva de urnas y
papelitos generales, municipales y autonómicos.
Todas las abstenciones, activas o pasivas, nos parecen significativas, y ninguna puede
apuntarse el tanto o hacerse cabeza de la «mayoría silenciosa» a lo Nixon. Sería
triste que alguien quisiera repartir carnets de abstencionista y pensase como idiotas a
los demás. Mucho más si esto se diera en el campo libertario.
Que nadietratede imponer sus consignasen unterrenoque lasrechazayse ríede ellas. Ni
aquella vieja gloria de Toulouse derrochando triunfalismo y augurando un futuro próximo
glorioso, ni los que presumen de coherencia exclusiva, burlándose de¡ que, desde el tajo
o la calle, trata de dar pasos adelante o gritar su denuncia.
De los primeros, ya se ha hablado bastante desde estas páginas. Para los segundos puede
estar dicha aquella certera frase de Goytisolo: «muchos de los que pavonean de lúdicos
parecen más bien paralíticos empeñados en ejecutar tristes ejercicios de acrobacia».
Todos vamos por sendas que no son las de la Constitución, todos somos ajenos a la
cuadrícula mortífera, pero, por favor, dejemos a cada cual a su aire. No estemos
disparando constantemente contra nuestros hermanos para matar definitivamente a nuestro
padre.
Por lo demás, poco queda por recordar y casi nada por anticipar. Tendremos pronto
gobiernos de coalición con programa común o ministros de todos los colores, mientras
aumentan, según los períodicos, los indecisos y potenciales abstencionistas. Eso sin
contar con los muchos que se abstendrían si las cuatro horas libres se las dieran de
todas formas.
Si espeluznante es un futuro de Martín-Villas y Suareces no es muy esperanzador, el de un
Felipe González que anuncia medidas especiales y coordinación a escala europea de la
lucha contra el «terrorismo desestabilizador» para cuando esté subido al machito. Todo
está enfilando hacia una solución socialdemócrata que ya sabemos lo que es con nuestros
vecinos portugueses: estabi 1 izaci ón-represi ó n -bases americanas, juegos florales
políticos en la superficie.
Trataremos de seguir sobreviviendo al margen.
Que tingueu sort, companys! B.I.C.I.C.L.E.T.A.
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