Con
la participación de unos 300 compañeros ha tenido lugar en Génova, los días 25 y 26 de
Noviembre, el Segundo Pleno Nacional de los trabajadores interesados en el proyecto de
reorganización de la Unione Sindicale Italiana (U.S.I.), la organización histórica de¡
sindicalismo libertario italiano, destruida por el fascismo en los años 20.
Digamos ya de entrada que ha sido un Pleno bastante contradictorio, importante, más que
por su conflictiva conclusión, por haber representado un momento de reflexión general
acerca de la actual situación de la presencia libertaria en las luchas de los
trabajadores, acerca de su capacidad de incidencia y sus perspectivas.
La infeliz conclusión del Pleno (dos ponencias contrapuestas que no se llegaron a votar
por no haber acuerdo sobre formas de votación) contrasta con la sustancial homogeneidad
manifestada en las intervenciones de los distintos delegados sobre puntos tales con la
dimensión global (y no puramente economicista y sindicalera) de¡ anarcosindicalismo, la
constatación de la progresiva extensión de las iniciativas de lucha del movimiento, su
concretización en estructuras territoriales de coordinación, propaganda, debate y
autoformación, la creación -ya bastante adelantada en algunos sectores, sobre todo en
los servicios- de formas estables de organización típicamente anarcosindicalista, la
explosión de luchas autónomas contra el pacto social y fuera de las estructuras
sindicales reformistas, etc.
Una homogeneidad de análisis que abarcaba también la evaluación de todas las
dificultades objetivas e ínternas que es necesario combatir y superar para el ulterior
desarrollo de la iniciativa de reorganización de la U.S.I., tales como: la escasa
difusión de la iniciativa misma fuera de la militancia libertaria, problemas de
formación anarcosindicalista (aspectos a los cuales se ha empezado a hacer frente con la
publicación de una revista, «Autogestione», que representa un notable esfuerzo teórico
y cuyo primer número salió en ocasión del Pleno), la fragmentación de las luchas, la
resistencia del reformismo político-sindical sobre todo en la industria, la necesidad
para los anarcosindicalistas de deslindar los campos con respecto a la llamada «izquierda
sindical» y a la «autonomía obrera», el escaso empeño militante de muchos compañeros
que prefieren privilegiar la esfera de lo «personal», etc.
Estas coincidencias de fondo, presentes también en las reuniones nacionales de sector que
se realizaron en el ámbito del Pleno, hacían prever una conclusión fácil y
constructiva que, sintetizando correctamente el debate, propusiera intensificar en los
meses sucesivos unos niveles de organización articulados en dos vertientes: por un lado,
ir creando en cada localidad donde fuera posible unas estructuras territoriales
intersectoriales (muy parecidas a las Federaciones Locales Confederales), los llamados
Uffici di Consultazione Sindicale, encargadas de coordinar las luchas de los distintos
sectores a nivel local, ofrecer a los trabajadores esos servicios técnicos necesarios
para permitir un crecimiento de las luchas sindicales autónomas con respecto a la
estructura sindical reformista (locales para reunión, asesoría laboral, instrumentos de
imprenta y propaganda, servicio de archivo y de documentación sindical, etc.), favorecer
momentos de autoformación para los militantes y simpatizantes (conferencias, grupos de
trabajo, seminarios y debates sobre los contratos, sobre las experiencias de lucha,
análisis sobre la fase político-económico-social, actos de cultura militante,
biblioteca, etc.), y posibilitar e incrementar la lucha a nivel de territorio (lucha por
la casa y los servicios, etc.). Por el otro, incrementar la creación y el funcionamiento
de organismos nacionales del sector, encargados de coordinar las luchas a ese nivel,
colectivizar las experiencias, etc.
Desgraciadamente, a la hora de llegar a las conclusiones se manifestó una evidente
fractura acerca de problemas aparentemente formales, pero en realidad cargados de
implicaciones: el problema de la creación de una «secretaría nacional» y el problema
de los tiempos y modos para salir formalmente como U.S.I.
Tratar de explicar de una manera mínimamente comprensible para el lector español los
motivos de fondo de las tres posturas -luego reducidas a dos- que se manifestaron al
respecto es harto difícil, si no imposible.
Simplificando mucho, aún a riesgo de deformar los respectivos planteamientos diremos que
para el sector mayoritariamente representado a nivel geográfico (la totalidad de
delegados de Milán, Bolonia, Reggio Emilia, Florencia, Nápoles, Cosenza, y algunos
delegados de Roma y otras ciudades) se trataba de crear «infraestructura» antes que
«superestructura», organización en la base antes que secretarías, es decir,
privilegiar la creación de unas realidades organizativas mínimamente consistentes a
nivel sectorial y local, auténticos organismos de lucha alternativos con respecto al
sindicalismo reformista, capaces de crear militantes y de imponerse como realidades de
lucha públicamente reconocidas, dotándose de todos los instrumentos técnicos
necesarios, no últimos los de formación y propaganda (la revista teórica, boletines,
folletos, periódicos), antes de ir a la creación de estructuras representativas en las
que de entrada se reconocerían solamente los anarquistas (y ni siquiera todos) y que en
las actuales circunstancias y dados los niveles organizativos existentes serían más
burocráticas y formales que fruto de necesidades reales y prácticas. En una palabra,
imponerse antes como realidad -aunque necesariamente mínima- en los distintos sectores y
localidades, y luego también como organización formal; empezar la casa por abajo y no
por el tejado, creando conciencia anarcosindicalista y no estructuras condenadas a
albergar solamente a los grupos específicos, convertidos para la ocasión en organismos
sindicales.
Otro sector, formado por la mayoría de delegados de Roma, más identificados con las
«indicaciones inmediatistas» del «Secretariado Permanente» de la A.I.T. (representado
en Génova por Ramón Liarte), planteaba el problema exactamente a la inversa: proceder a
la inmediata reconstrucción formal de la U.S.I. para relanzar el anarcosindicalismo en
tanto que realidad estructurada en las luchas sociales, y por tanto: lanzar oficialmente
la sigla, crear una secretaría nacional como instrumento, capaz de impulsar los niveles
organizativos y apertura del proceso de afiliación. Una postura mucho más en línea con
el proceso de reconstrucción seguido por la C.N.T., pero que en opinión de la gran
mayoría de delegados implicaba grandes peligros de aislamiento entre una clase obrera que
está empezando ahora, a niveles masivos, a contestar la práctica burocrática del
sindicalismo reformista. El aislamiento de estos compañeros en el Pleno fue tan patente
que optaron por no presentar su ponencia y unirse a la presentada por el tercer sector.
Este sector, formado por los delegados de Génova y de su región y de alguna otra
localidad, mantenía una postura intermedia entre las dos citadas: subrayaba la necesidad
-de impulsar la organización a nivel sectorial y local y abogaba por la creación de una
secretaría nacional y por dejar libres las varias realidades locales de empezar a
utilizar la sigla U.S.I. cuando lo estimaron conveniente.
Los intentos de mediación entre las dos ponencias mayoritarias no dieron resultado. Los
problemas mayormente conflictivos que quedaron de pie fueron:
1) La importancia de las estructuras locales: para la primera ponencia el desarrollo real
de dichas estructuras, vistas como las piernas de la organización y como medio de
extensión de la práctica anarcosindicalista entre los trabajadores, era de capital
importancia y anterior, como objetivo inmediato, a cualquier reconstrucción formal, vista
más como proceso de agregación que como decisión voluntarística de los grupos
específicos. Según esta ponencia el problema de la reconstrucción oficial podía
plantearse sólo cuando ya existiera un mínimo de práctica anarcosindicalista
consolidada. Para la segunda ponencia la importancia de dichas estructuras locales y de
sector, sin ser negada, era en cierto modo subordinada a la reconstrucción formal
nacional de la organización.
2) La secretaría nacional: para la primera ponencia ésta debía de ser, en la
actualidad, un simple momento de coordinación entre las distintas estructuras locales ya
creadas y operantes y por las estructuras nacionales de sector. Estaría formada por un
delegado de cada «Ufficio di Consultazione Sindicale» y por un delegado de cada
organismo nacional de sector. Para la segunda debía de ser un organismo permanente
formado por delegados regionales y por delegados nacionales de sector. Los primeros
contestaban lo de delegados regionales, no considerándolos necesariamente representativos
de «realidades de lucha».
3) La utilización de la sigla y la apertura de la afiliación: para los primeros podía
hablarse de U.S.I. y por tanto empezar a utilizar públicamente la sigla cuando ésta
significara realmente algo, es decir, tras un proceso de creación de estructuras locales
(Uffici) y de sindicatos nacionales con un mínimo de realidad a sus espaldas. Se dejaba
pues este problema para un Pleno sucesivo encargado de verificar los progresos
organizativos hechos en las dos direcciones apuntadas. Para los segundos se trataba de
dejar libertad en la utilización de la sigla y consiguiente abertura del proceso de
afiliación a la decisión de las distintas localidades, teniendo en cuenta las
dificultade que comportaría una decisión unánime y contemporánea a nivel nacional
sobre este problema.
No pudiéndose llegar a una mediación entre las dos posturas y teniendo que recurrir al
voto para decidir a favor de una u otra se abrió un problema difícilmente solucionable.
Se propuso un voto por localidad representada en el Pleno, en consideración de que en
todas ellas había embriones organizados, sin mucha diferencia numérica en los efectivos,
pero la propuesta no fue aceptada por los delegados de Roma y Génova. Se propuso entonces
un voto por delegado presente en el Pleno y tampoco fue aceptada en consideración de que
había sectores de una misma ciudad que habían enviado más de un delegado. Por fin se
propuso un voto por delegado por sector y ciudad, se aceptó, pero a la hora de votar se
vio que Roma y Génova solas tenían más delegados que el resto del Pleno. Los
compañeros de otras ciudades protestaron alegando que muchos de esos delegados no
representaban estructuras reales de lucha, sino a sí mismos, y la votación fue
interrumpida cuando aún no había llegado ni a la mitad. Tras mucho desconcierto se
decidió unánimemente pasar las dos ponencias a la discusión en las distintas
localidades y resolver los problemas pendientes en un próximo Pleno.
Los comentarios de la prensa anarquista han sido muy duros con el intento de forzar la
reconstrucción formal por parte de los delegados de Roma y Génova. «Umanita Nova»,
órgano de la Federación Anarquista Italiana, en su editorial del 3 de Diciembre,
escribía: «A este punto, al momento de ir a las conclusiones, hemos asistido a un
espectáculo bien feo: intentos de forzar las decisiones, una lógica de grupitos que se
manifestaba en el comportamiento de algunos delegados. El objetivo era el de imponer un
sombrero al debate que se había desarrollado hasta ese momento: la constitución de una
Secretaría Nacional Provisional de la U.S.I. Este elemento ha introducido en el Pleno
contradicciones externas al debate anarcosindicalista, presentando como necesidad de la
base preocupaciones y deseos típicamente verticistas, en evidente contraste no sólo con
el Pleno y todo lo que hasta entonces éste había expresado, sino también con el mismo
espíritu federalista y autogestionario que ha caracterizado siempre al anarcosindicalismo
... »
En definitiva, un Pleno sin conclusiones oficiales, pero importante como momento de
clarificación interna y que lejos de significar un estancamiento en la reconstrucción de
la organización anarcosindicalista italiana provocará -así lo esperamos- un mayor
esfuerzo constructivo en todos los compañeros.
EL CORRESPONSAL
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