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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 13

Reivindicaciones pendientes

JOSÉ MARÍA ELIZALDE

El compañero Cherna Elizalde, envió este artículo electoral al diario «EL PAIS» a solicitud de la casa. Como el artículo no ve la luz en órgano tan serio y liberal, lo recuperamos para BICI, de donde nunca debió haber salido. Ellos se lo pierden.

De nuevo el bombardeo incitante. Publicitarios uniformados con policromías ideológicas a la conquista de nuestro voto. Ulular de sirenas televisivas ya ni siquiera enloquecen los refugios inútiles de la privacidad en las colmenas suburbiales. Rimbombantes derechos - deberes constitucionales que blanden los poderosos a golpes de centenares de millones para justificar sus torneos palaciegos con el ejercicio de nuestra bisiesta soberanía, este año precipitada por el relativo fracaso de la anterior operación galáctico - refrendataria.

Uno, que pertenece a la resabiada e inclasificable fauna de los que «saben y por eso ni votan ni contestan», se ve acusado otra vez de todos los males del país miembro semiatrofiado e impenitente del pasotariado indecente y pecador que al parecer facilita las maniobras de éstos o aquéllos con su incumplimiento crónico del cívico deber de delegar la propia y permanente decisión sobre la cosa pública en las manos salvadoras, organizadas y potentes, de los padres de la patria ... Todos los anatemas llueven sobre el abstencionista. Y ni los Máximos o Umbrales ahorran dardos de esa tirria que os tienen los editorialistas.

Al mismo tiempo, la  «canalla abstencionista» es escrutada ansiosamente por técnicos propagandísticos que analizan el contenido de las últimas «Bicicletas» o «Ajoblancos». ¿Cuáles son sus reivindicaciones? ¿Son susceptibles de arañar algunos votos que inclinen las balanzas políticas? A lo mejor es divertido jugar a la seriedad dando carnaza a estos magos del marketing electoral.

Vamos a ver. Dejemos el lenguje cálido de las vibraciones, el rollo, las encinas, los pájaros y las caricias. Reflexionemos; ¿hay algún problema nacional, o en su defecto personal, cuya solución uno estaría dispuesto a agradecer de alguna manera, no siendo de las más onerosas una ocasional concurrencia a las urnas, escéptica en cualquier caso respecto a toda ligitimación trascendente, o sea descreída por demás de una eventual eficacia del voto anónimo para verdaderas transformaciones sociales de sentido liberador? ¿Cuál sería el deseo que este contribuyente pediría a la varita mágica de una hipotética hada madrina que solicitase ahora el voto para algo realmente distinto, que me tocase en mi vida cotidiana? A riesgo de traicionar a los míos y aumentar mi vulnerabilidad dando armas a la demagogia televisual, voy a revelar un secreto personal.

Inseguridad laboral

Cada cual hable por sí, que yo lo hago solamente por mí: y uno, que es por edad y experiencia vital, desde los tiempos de andamio y galería minera, un currante antes que pasota, confiesa públicamente que sigue angustiado por la inseguridad laboral. Pertenezco al sufrido colectivo de los PNN (Profesores NO Numerarios o Pena Negra Negrísima), esos parias de la enseñanza y la investigación que, en situación de interinidad y contratos leoninos anuales, venimos sosteniendo el dudoso deber - derecho de la educación estatal en este país; para adaptarme a la coyuntura electorera y dar más fuerza persuasiva a mi argumento, recordaré que del Ministerio del ramo dependemos varias decenas de millares, pero que bajo ese patrón supertiránico que es la Administración, incumplidora de sus propias leyes sobre el derecho a ser fijo de plantilla tras seis meses de prueba en un trabajo, somos centenares de miles los trabajadores eventuales, no pocos desde hace decenios, sometidos a la espada de Damocles del despido inmediato, sin más trámite ni justificación, sin seguro de desempleo ni indemnización alguna, al borde del abismo de un mercado laboral que se ensombrece día a día. Del hambre, sencillamente.

En mi caso son diez años de trabajo docente e investigación, con una larga etapa de estudio y cualificación previa simultaneada con trabajos duros, los que penden cada verano de un hilo temperamental, el favor o humor de mi jefe directo para renovarme el contrato a su discreccionalidad. Eso sí, la llamada seguridad social extrae de mi nómina treinta y tantas mil pesetas anuales, pero me niega el derecho a un seguro de paro y a un contrato laboral como el de cualquier peón sin cualificar. El otro gremio de modernos bandoleros organizados, centralizados y tecnificados, vulgo Hacienda, teñido hoy de socialdemócrata en sus más altas élites, me descuenta cada mes un millar de duros, entrega otro tanto de pesetas -por supuesto sin mi consentimiento- a los cuernos especializados en la violencia legítima para que éstos aseguren la buena marcha de las otras cuatro quintas partes del negocio, y mientras proclama la modernidad «justiciera» del despojo, no le queda tiempo para conmutar mi condena a una relación semifeudal, de vasallaje dependiente respecto a mi jefe inmediato en la escala administrativa; para un PNN, para cualquier funcionario interino, la condición de trabajador asalariado por cuya abolición se afanan desde hace un largo siglo las tribus más avanzadas, sin demasiado éxito por cierto, es aún un objetivo deseable desde nuestra actual servidumbre personalizada. Y en este punto tanto monta que nuestro señorito - empleador sea bonachón o irascible.

Oposición, ¿para qué?

La «solución» que nos ofrece el sistema es conocida; haga Oposiciones, joven, descuartícese contra sus congéneres de interinidad para conquistar una plaza por cada diez aspirantes, a base de memorización inútil, de competitividad agresiva, de enchufes vergonzantes, de desprecio al trabajo cotidiano, a la obra hecha con cariño año tras año a satisfacción de alumnos y compañeros. ¡Deje en la calle a otro compañero interino ganando una oposición, e instale sus posaderas conquistadoras en un Cuerpo Estatal, ajeno ya a todo control de su trabajo por quienes sufren directamente las consecuencias de tan aberrante combinación de centralización napoleónica con la utilización extensiva de aparceros y jornaleros eventuales en los latifundios absentistas de los Grandes Cuerpos Burocráticos!

Spot destinado a los políticos responsables de la cuestión: entérense de una vez   que uno no quiere ser Cátedra vitalicia, objetivo que queda para empollones ambiciosos e insolidarios, uno sólo quiere un contrato laboral, como el de cualquier trabajador.

Los políticos

Pues bien, uno viene rechazando por convicción profunda tal «solución» a ese angustioso problema de inseguridad laboral. Desde los tiempos en que Martín Villa, como Jefe Nacional del SEU, y Conesa, Ballesteros y Cía., como titulares de la sobreviolencia semilegítima de¡ sistema, le expedientaban e interrogaban respectivamente a uno, hasta los tiempos actuales en que todo ha cambiado para que nada cambie, uno se ha afanado por reunirse, asociarse, manifestarse, expresarse, hasta suspender temporalmente su prestación laboral (con notorio riesgo de ser acusado de «terrorista» por integrar un «piquete informativo», y de perder no ya trabajo y sueldo sino hasta el derecho a ejercer la profesión), por ejercer en fin cuantos derechos humanos ahora parecen proclamarse y que antaño acarrearon al que suscribe una docena de expedientes, procesos, multas, encarcelamientos, y hasta batallón disciplinario sahariano a la hora de la mili ... ¿Y qué ha sacado uno en limpio, mientras hasta las más altas torres de¡ anterior régimen caían, con tantos años de militancia -ocasionalmente bajo clandestinas, variopintas e igualmente ineficaces aunque más o menos simpáticas siglas-, en aras a la soñada reivindicación de un contrato laboral?

Sencillamente, nada. De las más altas cimas de la miseria a las simas abisales de la nada. ¡Y aún nos llamarán nihilistas!

¿Tan difícil es mi reivindicación pendiente, que ningún político ni hada madrina ya ni siquiera puede prometer ni promete? No pido a ninguna varita mágica que convierta en príncipe a este sapo, o que transmute el capitalismo estatal en socialismo autogestionario. Nada que pueda alterar los programas de sus computadoras. Uno sólo agita su banderita regional: por un contrato laboral con seguro de paro, como el de cualquier trabajador, oigan.

En los espacios preferentes y significativos del discurso televisual, o de mi memoria atormentada, Fraga tronará en defensa de las Oposiciones (cuya eficacia queda evidentemente probada al conferir indefectiblemente repetidos números Uno al inefable D. Manuel), RTV - UCD anunciará una reforma ... en el conflictivo nombre de la cosa, en favor del más descafeinado de « habilitaciones» . . . sin tocar por supuesto las esencias permanentes e inalterables de la cosa misma. La Izquierda, prietas las filas de candidatos Numerarios y brillantes Opositores, defenderá sistemas «sui generis» de Concurso - Oposición perpetuantes de los Cuerpos Funcionariales (reconozcamos al PSOE la iniciativa de una legislación reciente aceptando a los interinos un derecho de antigüedad por los años trabajados ... una vez que se integren por Oposición en los cuerpos respectivos), y quedará uno perplejo ante las tajantes afirmaciones del todavía buen amigo pese al carrerón de diputado y alcaldable, Catedrático y Técnico Comercial del Estado, VITALICIO por ambos conceptos, Ramón Tamames, eurocomunista de pro, en favor del DESPIDO LIBRE y las Oposiciones.

Promesas y urnas

Amigo lector, ¿está Vd. harto de esta casuística personal que ha saltado a las páginas de un periódico serio? ¿Quiere Vd. buscar motivos menos «marginales» para el crecimiento incesante del «pasotariado» abstencionista en nuestro país, auténticas reivindicaciones pendientes multitudinarias?

Visite en tal caso a los chabolistas, los hacinados y realquilados hartos de promesas de viviendas, acuda a las colas en las oficinas del paro, escuche los comentarios de los reclutas transportados a provincias lejanas para perder demasiados meses inútiles en reparar forzosa y gratuitamente el automóvil o la cisterna de la oficialidad, participe en las cadenas fabriles a ritmo no precisamente tropical dictados por el plus de productividad y oiga las loas a la «economía de mercado por decenios y decenios» a la hora del bocata, admire la paciencia de los jubilados y pensionistas que han de esperar a cada víspera electoral para que les echen unas migajas de más en el reparto antes de que se las devoren los pajarracos inflacionarios, venere la recta conciencia del prócer que condena a muerte a la mísera abortante en callejón clandestino mientras su propia hija consigue sisarle para volar precipitadamente a Londres: respire a pleno pulmón el aire vivificador de nuestras metrópolis lávese las legañas en nuestros ríos papeleros y químico - farmacéuticos goce sin ir más lejos de nuestras playas de cemento y petróleo, circule oiga, circule en máquinas cada vez más caras, más rápidas y más atascadas, deje paso a los especuladores triunfantes respetados por nuestros dirigentes, y relájese con la brillante pantalla que nos vigila desde las antenas de la Cultura de Masas. Aplauso. Y ahora relea los programas electorales «significativos».

Si a Vd., a pesar de todo, le hacen ilusión las urnas, aunque sólo sea por la manía que le tienen los fachas más sinceros, permítame a mí también una recomendación muy seria (por otra parte inspirada por compañeros neozelandeses, esos que tienen la cabeza hacia donde nosotros tenemos los pies), vote Vd. a NADIE. Nadie es incorruptible. Nadie solucionará su problema. Nadie va a resolvernos las reivindicaciones pendientes. Al menos, nadie a quien votemos, delegando nuestra acción directa. Pero esa es otra historia.

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