JOSÉ
MARÍA ELIZALDE
El compañero Cherna Elizalde, envió este artículo
electoral al diario «EL PAIS» a solicitud de la casa. Como el artículo no ve la luz en
órgano tan serio y liberal, lo recuperamos para BICI, de donde nunca debió haber salido.
Ellos se lo pierden.
De nuevo el bombardeo incitante. Publicitarios
uniformados con policromías ideológicas a la conquista de nuestro voto. Ulular de
sirenas televisivas ya ni siquiera enloquecen los refugios inútiles de la privacidad en
las colmenas suburbiales. Rimbombantes derechos - deberes constitucionales que blanden los
poderosos a golpes de centenares de millones para justificar sus torneos palaciegos con el
ejercicio de nuestra bisiesta soberanía, este año precipitada por el relativo fracaso de
la anterior operación galáctico - refrendataria.
Uno, que pertenece a la resabiada e inclasificable fauna de los que «saben y por eso ni
votan ni contestan», se ve acusado otra vez de todos los males del país miembro
semiatrofiado e impenitente del pasotariado indecente y pecador que al parecer facilita
las maniobras de éstos o aquéllos con su incumplimiento crónico del cívico deber de
delegar la propia y permanente decisión sobre la cosa pública en las manos salvadoras,
organizadas y potentes, de los padres de la patria ... Todos los anatemas llueven sobre el
abstencionista. Y ni los Máximos o Umbrales ahorran dardos de esa tirria que os tienen
los editorialistas.
Al mismo tiempo, la «canalla abstencionista» es escrutada ansiosamente por
técnicos propagandísticos que analizan el contenido de las últimas «Bicicletas» o
«Ajoblancos». ¿Cuáles son sus reivindicaciones? ¿Son susceptibles de arañar algunos
votos que inclinen las balanzas políticas? A lo mejor es divertido jugar a la seriedad
dando carnaza a estos magos del marketing electoral.
Vamos a ver. Dejemos el lenguje cálido de las vibraciones, el rollo, las encinas, los
pájaros y las caricias. Reflexionemos; ¿hay algún problema nacional, o en su defecto
personal, cuya solución uno estaría dispuesto a agradecer de alguna manera, no siendo de
las más onerosas una ocasional concurrencia a las urnas, escéptica en cualquier caso
respecto a toda ligitimación trascendente, o sea descreída por demás de una eventual
eficacia del voto anónimo para verdaderas transformaciones sociales de sentido liberador?
¿Cuál sería el deseo que este contribuyente pediría a la varita mágica de una
hipotética hada madrina que solicitase ahora el voto para algo realmente distinto, que me
tocase en mi vida cotidiana? A riesgo de traicionar a los míos y aumentar mi
vulnerabilidad dando armas a la demagogia televisual, voy a revelar un secreto personal.
Inseguridad laboral
Cada cual hable por sí, que yo lo hago solamente por
mí: y uno, que es por edad y experiencia vital, desde los tiempos de andamio y galería
minera, un currante antes que pasota, confiesa públicamente que sigue angustiado por la
inseguridad laboral. Pertenezco al sufrido colectivo de los PNN (Profesores NO Numerarios
o Pena Negra Negrísima), esos parias de la enseñanza y la investigación que, en
situación de interinidad y contratos leoninos anuales, venimos sosteniendo el dudoso
deber - derecho de la educación estatal en este país; para adaptarme a la coyuntura
electorera y dar más fuerza persuasiva a mi argumento, recordaré que del Ministerio del
ramo dependemos varias decenas de millares, pero que bajo ese patrón supertiránico que
es la Administración, incumplidora de sus propias leyes sobre el derecho a ser fijo de
plantilla tras seis meses de prueba en un trabajo, somos centenares de miles los
trabajadores eventuales, no pocos desde hace decenios, sometidos a la espada de Damocles
del despido inmediato, sin más trámite ni justificación, sin seguro de desempleo ni
indemnización alguna, al borde del abismo de un mercado laboral que se ensombrece día a
día. Del hambre, sencillamente.
En mi caso son diez años de trabajo docente e investigación, con una larga etapa de
estudio y cualificación previa simultaneada con trabajos duros, los que penden cada
verano de un hilo temperamental, el favor o humor de mi jefe directo para renovarme el
contrato a su discreccionalidad. Eso sí, la llamada seguridad social extrae de mi nómina
treinta y tantas mil pesetas anuales, pero me niega el derecho a un seguro de paro y a un
contrato laboral como el de cualquier peón sin cualificar. El otro gremio de modernos
bandoleros organizados, centralizados y tecnificados, vulgo Hacienda, teñido hoy de
socialdemócrata en sus más altas élites, me descuenta cada mes un millar de duros,
entrega otro tanto de pesetas -por supuesto sin mi consentimiento- a los cuernos
especializados en la violencia legítima para que éstos aseguren la buena marcha de las
otras cuatro quintas partes del negocio, y mientras proclama la modernidad «justiciera»
del despojo, no le queda tiempo para conmutar mi condena a una relación semifeudal, de
vasallaje dependiente respecto a mi jefe inmediato en la escala administrativa; para un
PNN, para cualquier funcionario interino, la condición de trabajador asalariado por cuya
abolición se afanan desde hace un largo siglo las tribus más avanzadas, sin demasiado
éxito por cierto, es aún un objetivo deseable desde nuestra actual servidumbre
personalizada. Y en este punto tanto monta que nuestro señorito - empleador sea bonachón
o irascible.
Oposición, ¿para qué?
La «solución» que nos ofrece el sistema es
conocida; haga Oposiciones, joven, descuartícese contra sus congéneres de interinidad
para conquistar una plaza por cada diez aspirantes, a base de memorización inútil, de
competitividad agresiva, de enchufes vergonzantes, de desprecio al trabajo cotidiano, a la
obra hecha con cariño año tras año a satisfacción de alumnos y compañeros. ¡Deje en
la calle a otro compañero interino ganando una oposición, e instale sus posaderas
conquistadoras en un Cuerpo Estatal, ajeno ya a todo control de su trabajo por quienes
sufren directamente las consecuencias de tan aberrante combinación de centralización
napoleónica con la utilización extensiva de aparceros y jornaleros eventuales en los
latifundios absentistas de los Grandes Cuerpos Burocráticos!
Spot destinado a los políticos responsables de la cuestión: entérense de una vez
que uno no quiere ser Cátedra vitalicia, objetivo que queda para empollones
ambiciosos e insolidarios, uno sólo quiere un contrato laboral, como el de cualquier
trabajador.
Los políticos
Pues bien, uno viene rechazando por convicción
profunda tal «solución» a ese angustioso problema de inseguridad laboral. Desde los
tiempos en que Martín Villa, como Jefe Nacional del SEU, y Conesa, Ballesteros y Cía.,
como titulares de la sobreviolencia semilegítima de¡ sistema, le expedientaban e
interrogaban respectivamente a uno, hasta los tiempos actuales en que todo ha cambiado
para que nada cambie, uno se ha afanado por reunirse, asociarse, manifestarse, expresarse,
hasta suspender temporalmente su prestación laboral (con notorio riesgo de ser acusado de
«terrorista» por integrar un «piquete informativo», y de perder no ya trabajo y sueldo
sino hasta el derecho a ejercer la profesión), por ejercer en fin cuantos derechos
humanos ahora parecen proclamarse y que antaño acarrearon al que suscribe una docena de
expedientes, procesos, multas, encarcelamientos, y hasta batallón disciplinario sahariano
a la hora de la mili ... ¿Y qué ha sacado uno en limpio, mientras hasta las más altas
torres de¡ anterior régimen caían, con tantos años de militancia -ocasionalmente bajo
clandestinas, variopintas e igualmente ineficaces aunque más o menos simpáticas siglas-,
en aras a la soñada reivindicación de un contrato laboral?
Sencillamente, nada. De las más altas cimas de la miseria a las simas abisales de la
nada. ¡Y aún nos llamarán nihilistas!
¿Tan difícil es mi reivindicación pendiente, que ningún político ni hada madrina ya
ni siquiera puede prometer ni promete? No pido a ninguna varita mágica que convierta en
príncipe a este sapo, o que transmute el capitalismo estatal en socialismo
autogestionario. Nada que pueda alterar los programas de sus computadoras. Uno sólo agita
su banderita regional: por un contrato laboral con seguro de paro, como el de cualquier
trabajador, oigan.
En los espacios preferentes y significativos del discurso televisual, o de mi memoria
atormentada, Fraga tronará en defensa de las Oposiciones (cuya eficacia queda
evidentemente probada al conferir indefectiblemente repetidos números Uno al inefable D.
Manuel), RTV - UCD anunciará una reforma ... en el conflictivo nombre de la cosa, en
favor del más descafeinado de « habilitaciones» . . . sin tocar por supuesto las
esencias permanentes e inalterables de la cosa misma. La Izquierda, prietas las filas de
candidatos Numerarios y brillantes Opositores, defenderá sistemas «sui generis» de
Concurso - Oposición perpetuantes de los Cuerpos Funcionariales (reconozcamos al PSOE la
iniciativa de una legislación reciente aceptando a los interinos un derecho de
antigüedad por los años trabajados ... una vez que se integren por Oposición en los
cuerpos respectivos), y quedará uno perplejo ante las tajantes afirmaciones del todavía
buen amigo pese al carrerón de diputado y alcaldable, Catedrático y Técnico Comercial
del Estado, VITALICIO por ambos conceptos, Ramón Tamames, eurocomunista de pro, en favor
del DESPIDO LIBRE y las Oposiciones.
Promesas y urnas
Amigo lector, ¿está Vd. harto de esta casuística
personal que ha saltado a las páginas de un periódico serio? ¿Quiere Vd. buscar motivos
menos «marginales» para el crecimiento incesante del «pasotariado» abstencionista en
nuestro país, auténticas reivindicaciones pendientes multitudinarias?
Visite en tal caso a los chabolistas, los hacinados y realquilados hartos de promesas de
viviendas, acuda a las colas en las oficinas del paro, escuche los comentarios de los
reclutas transportados a provincias lejanas para perder demasiados meses inútiles en
reparar forzosa y gratuitamente el automóvil o la cisterna de la oficialidad, participe
en las cadenas fabriles a ritmo no precisamente tropical dictados por el plus de
productividad y oiga las loas a la «economía de mercado por decenios y decenios» a la
hora del bocata, admire la paciencia de los jubilados y pensionistas que han de esperar a
cada víspera electoral para que les echen unas migajas de más en el reparto antes de que
se las devoren los pajarracos inflacionarios, venere la recta conciencia del prócer que
condena a muerte a la mísera abortante en callejón clandestino mientras su propia hija
consigue sisarle para volar precipitadamente a Londres: respire a pleno pulmón el aire
vivificador de nuestras metrópolis lávese las legañas en nuestros ríos papeleros y
químico - farmacéuticos goce sin ir más lejos de nuestras playas de cemento y
petróleo, circule oiga, circule en máquinas cada vez más caras, más rápidas y más
atascadas, deje paso a los especuladores triunfantes respetados por nuestros dirigentes, y
relájese con la brillante pantalla que nos vigila desde las antenas de la Cultura de
Masas. Aplauso. Y ahora relea los programas electorales «significativos».
Si a Vd., a pesar de todo, le hacen ilusión las urnas, aunque sólo sea por la manía que
le tienen los fachas más sinceros, permítame a mí también una recomendación muy seria
(por otra parte inspirada por compañeros neozelandeses, esos que tienen la cabeza hacia
donde nosotros tenemos los pies), vote Vd. a NADIE. Nadie es incorruptible. Nadie
solucionará su problema. Nadie va a resolvernos las reivindicaciones pendientes. Al
menos, nadie a quien votemos, delegando nuestra acción directa. Pero esa es otra
historia.
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