|
REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
| Año 1 Núm. 13 |
Deporte y autogestión |
Los veintitantos mil valencianos de todas las edades que se echaron a las calles en pantalón corto un domingo de enero para sudar y a veces divertirse, o sufrir, según temperamentos o inclinaciones del terreno, se fueron a casa con más o menos agujetas y tirones, pero muchos también con eso que llaman «satisfacción del deber cumplido». ¿El deporte popular, otro «deber - derecho» más de la democracia constitucional? La fiesta y las instituciones Este invierno, en ciudades mediterráneas y
andaluzas, en barriadas madrilenas y donostiarras, se vieron carreras en plan fiesta
popular, a pie o en bici: fueron muchos, muchos millares, hasta cien mil en la Diada
barcelonesa, muchos más que en los ya gastados mítines políticos, los ciudadanos y
ciudadanas que trataron de respirar a pleno pulmón un rato largo entre asfalto y cemento,
a veces con incidentes provocados por iracundos automovilistas que reclamaban el imperio
del octanaje en las calles, o por policías en exceso de celo, o incluso «ultras» (como
en la manifestación de bicis por libre el 29 de octubre en Madrid, donde pistoleros
fachas respondieron a su modo, desde sus coches, al grito ácrata «Gasolina asesina»)
que querían recordarnos la inconveniencia de confundir la gimnasia con el libertinaje. Ideologías deportivas Está claro que no todos entendemos lo mismo por
«deporte»: además de la necesidad física del ejercicio muscular, y más allá de
campañas oficiales («lo importante es participar», «contarrios contigo» «yo,
gimnasia», etc.), el deporte puede ser una protesta naturista de seres libres ahogados
por metrópolis inhumanas: y en esa dirección van muchos de los actuales festejos
populares deportivo - naturistas. Pero no olvidemos que Deporte suele ser, con el
capitalismo, simplemente una más de las instituciones que, como la Familia, la Escuela,
la Mili, o la Cárcel, inculca los valores del sistema: disciplina, adaptación,
obediencia, sacrificio, preparación física para producir, máximo rendimiento,
competencia para sobrevivir, lucha por la posesión de objetos valiosos (pelota = dinero)
y su utilización para triunfar, recompensa selectiva al éxito insolidario ... Y hasta
puede convertirse el deporte en un arma totalitaria, televisiva o militarizada, para
legitimar dictaduras, como muy bien demostraron los pretorianos argentinos o los triunfos
deportivos de los burocratizados marxismos en el poder. Bicicleta sí, demagogia no ¿Son recuperables para la política parlamentarista
los miles de ciclistas que gritaban «Volem carril» en el diciembre barcelonés, o ese
atleta minusválido que sonreía por las calles de Moratalaz al término de 20 kms, a su
propio ritmo, y con la ayudita de compañeros que echaban una mano empujando su carrito?
Ciertamente que los alcaldes se retratan dando la salida a una «fiesta» que de todas
formas se les va de las manos cuando el pelotón se estira, rompe las barreras y se
extiende en un frente antiautomóvil de más de 2 horas en vez de los programados
«paquetes» de 5 minutos; ciertamente que esos mismos alcaldes envían los grises contra
los ecologistas que cada viernes se agrupan en manifestaciones ciclistas desde la
madrileña plaza de España sin ninguna inscripción previa; claro que del López Rodó al
Tamames les pirra hacerse imagen «deportiva». Ya sabemos que un sistema político
«estabilizado» todo se lo traga, y lo que no digiere e integra, lo expulsa enmerdado.
Pero no deja de tener gracia pedalear tranquilamente sorteando montañas de chatarra
impaciente, de motores humeantes en un atasco inútil cada mañana. La bici no contamina,
no hay taquilleras exigiendo la subida del importe, y poco nos importa que haya que currar
1/2 hora más por un litro de súper..., con bicicleta ya habría llegado. |