La cosa viene de lejos. El que no se entera ya, es porque no le interesa.
Todo el mundo sabe que el aparato del estado está absolutamente corrompido. Ahora empieza
a aclararse aquel famoso atentado que costó la vida a más de diez personas y del que se
acusó a gente de izquierdas: estaba montado por la ultraderecha y la policía, se sabía,
pero ha tardado en confesarse.
Las cosas salen a la luz, cuando ya los culpables están seguros con el apoyo policial
para escapar o salir del país. En todos estos rollos están implicados altos jefes de
policía. Como está complicado en tantos affaires el ejército, con generales de los que
todo el mundo conoce su filiación ultraderechista, y que llevan años esperando a que los
USA les den permiso para una noche de cuchillos largos. De vez en cuando se conoce una
reunión, una pequeña conspiración descubierta..., pero da igual. Como da igual que se
sancione por facha o por estar corrompido por las multinacionales para influir en las
compras de material militar. Se sabe que las cosas llegan bastante alto. Hasta el
ministro. Pero nunca llegarán a conocerse todos los datos.
Claro está, estamos hablando de nuestra vecina y querida Italia. De Vito Miceli, de
Franco Freda, de Della Chiesa, de Mario Tanassi, de la Piazza Fontana de Milán. Pero,
¿no estáis tentados de cambiar los nombres por otros más ibéricos? No podríamos
hablar de la calle Correo, de Conesa, de Fernández Cerra o del coronel Rey... ? Pero no
especulemos en terreno resbaladizo. Y centrémonos en un tema: nuestra policía franquista
y post-franquista. Esa de la que Felipe González confesaba en privado que le quitaba el
sueño tras una hipotética victoria socialista, porque sabía como se lo estaba quitando
ya al propio Martín Villa... Pero los socialistas no ganaron, y aunque hubieran obtenido
la mayoría, nada induce a pensar que no habrían hecho como sus colegas portugeses, con
la siniestra PIDE. No ganaron y seguimos con el aparato represivo de siempre. Eso lo saben
bien en Parla y en tantas partes.
Todos los partidos saben que la policía ha torturado y tortura. Se han conocido relatos
espeluznantes de gente que hoy está representada en el Parlamento, y sus culpables, lejos
de haber sido expulsados han sido ascendidos a los más altos puestos del aparato. Salvo
al asesino Matute de Canarias (que ya debe estar libre), aquí no se ha procesado a nadie
mínimamente en serio. Y en cuanto a los grises, salvo a algunos a los que se ha pillado
robando escaparates, cagándose en los portales o enviando granadas de humo y gases en los
ascensores de viviendas particulares todo sigue igual. Y los seguimos viendo como siempre.
Actuando como si estuvieran en tierra de conquista y todos fuéramos enemigos vencidos.
¡Que no nos vengan la ORT, el PC o el PSOE con el cuento de que debemos apoyar a las
Fuerzas de «orden público»! Los hemos visto, sellada la Constitución, repartiendo
palos como siempre, atropellando como siempre, disparando y matando como siempre,
aplicando la pena de muerte -teóricamente abolida ya, salvo en caso de guerra-, a
quinquis, chiquillos, marginados, robacoches, peatones, vecinos ... ¿0 tal vez estamos en
guerra y no lo sabemos?
Pensamos (sin demasiado fundamento, es verdad), que en este primer año constitucional,
las cosas cambiarían al menos en lo más escandaloso. Aunque ya nada podrá devolverla
vida a José Emilio Fernández, o a Felipe Cano (de 16 años), acribillados por la guardia
civil en «controles» de Durango y Sestao. 0 a Dionisio Aguado al que con 16 años se le
aplica la pena de muerte por ir en moto por un parque de Palencia, como se hace en
Barcelona con Luis Fernández por intentar abrir un coche ... Pensamos que acabarían con
el año, costumbres tan curiosas como las del policía de Parets dels Valls, Luis
Agullent, que deja inútil con una bala del 9 largo un niño de 10 años haciendo
«prácticas de tiro» en la verbena del pueblo. Pensamos (sin demasiado fundamento, es
verdad), que se acabarían las casas incendiadas y las balas contra los vecinos -por
ejemplo en Alcalá- por pedir algo tan poco «terrorista» como un paso elevado, que
acabase con el terrorismo motorizado -y sus diarios accidentes.
Pero ya con las víctimas inocentes de
lo que va de año, hay un apretado dossier en la mesa de Bici, que no puede quedar
archivado sin más. Estos son algunos, y que conste que no incluimos en esta antología
criminal a los muertos en enfrentamientos más o menos armados (en estos casos, repetimos,
todos los muertos son para nosotros igual de lamentables como personas, aunque no estaría
de más que las circunstancias quedaran siempre claras). Nada más empezar el año, el 5
de Enero, la policía mata en un callejón, tras la consabida «persecución» y tiro en
la tripa, a un chaval de 17 años. El mismo día, en Las Palmas, el guardia civil Enrique
Fernández, se carga a un vigilante nocturno después de armar la gresca en un bar. Estaba
obsesionado con que «la ETA le perseguía» contaron los periódicos al día siguiente.
El día de Reyes, la guardia civil de Tráfico, mata al niño de 15 años José Luis
Muñoz Pérez, que viaja de forma sospechosa con sus padres y su abuela desde Leganés. La
guardia civil asegura primero que «se ha desmayado del susto», luego hablan de que
habían dado el alto, etc., aunque la familia del niño desmiente rotundamente a la
guardia civil. Unos días después, y también en las afueras de Madrid, la policía mata
a Manuel Martínez de 20 años a la salida de un Club, tras ser reconocido como culpable
de haber dejado su consumición sin pagar. El mismo día, en otro barrio de Madrid, le
disparan en un brazo a Enrique Olmo, «por no respetar un control».
El 16 de Enero, en San Sebastián, le destrozan un ojo con una bala de goma a María Luisa
García, 17 años, por ir por la acera cuando pasaba una manifestación. Dos días
después, en Barcelona, la policía se carga al niño de 14 años Eduardo Gómez «para
repeler su agresión». El 21 de Enero, en las fiestas de la «Tamborrada» de San
Sebastián, y dentro de una operación de castigo por supuestos ultrajes masivos a la
enseña patria, Carlos Gaztelumendi, pierde un ojo de un pelotazo de goma.
También en San Sebastián, y en medio de una violenta represión a una manifestación
antinuclear, varios policías persiguen escaleras arriba al joven Jaime Chivite, que
camina con dificultad. Una vez derribado en un rellano, le muelen a palos, centrándose
con particular sadismo en una gran cicatriz en el cráneo, de una reciente operación. De
resultas, Jaime (que iba hacia misa, y no participaba en la manifestación) queda en
estado irreversiblemente grave.
Abogados y familiares de heridos de San Sebastián denuncian repetidas veces que los
elementos «incontrolados» están perfectamente coordinados y destinados a crear un clima
de «terror». El 8 de Febrero, después de que un grupo de fachas dispara contra varios
jóvenes que tocan el txistu, el gobernador acaba reconociendo que los «incontrolados»
son policías.
Casualmente, anda por el País Vasco la Brigada Conesa, con su jefe (repetidamente acusado
de torturador, infiltrado, etc.) a la cabeza. Se está trincando agente a mansalva. Las
detenciones llegan hasta cargos del Colegio de Abogados que, por haber defendido alguna
vez a militantes de ETA, se ven sacados de sus casas de madrugada, como en los viejos (?)
tiempos.
En Barcelona, y en circunstancias aún sin aclarar la policía acribilla dentro de un
coche, el 26 de Enero, a Enric Marcó. Es Catalunya fuente constante de muertes
incontroladas y «repelimiento de agresión» con final mortífero. En Tarragona, el 30 de
Enero, un joven militar es herido en estas condiciones, y niega con energía la clásica
versión policial: «no hubo advertencia de la policía, ni mucho menos persecución, el
suceso fue provocado por la policía...»
Dentro de un jeep, otra vez en el País Vasco, el arma de un guardia civil se dispara
contra la cabeza de Felipe Vaz (19 años) dejándole muerto en el acto. Curiosamente, para
tratarse de un disparo «fortuito y accidental» la bala atraviesa la mano del joven antes
de llegar a la sien. En las mismas fechas, muere, en Madrid, Andrés Mellado, tras recibir
un tiro de la policía mientras «manipulaba» en el interior de un coche.
La lista se haría interminable. Acabaremos el itinerario en «Parla» con Ursino Gallego
(15 años), muerto por una bala de goma recibida a corta distancia en el pecho, en medio
de una manifestación de vecinos que pedía agua.
Todo sigue igual como vemos en este primer año. Igual antes y después de depositar el
papelito. Igual con o sin investidura. Y lo que es peor, cada vez son más escasas las
denuncias. Cada vez actúa con más impunidad la policía, sin que nadie exija
responsabilidades. A pesar de todo, en su revista «Policía Española», editada por la
D.G.S. se quejaban el otro día de que la población «no colabora». Lo mejor sería que
todos bajásemos a la calle, formásemos una ordenada fila, y nos entregásemos sin oponer
resistencia. Al menos se evitaría gastar munición en balde.
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