De libro de Turner, hemos extraído estos párrafos que cuestionan el papel
de los urbanistas y reclaman la decisión descentralizada como modo de enfrentarse con el
caos de la actual planificación urbana.
El problema en parte sin resolver es el de la
identificación de los límites prácticos y necesarios entre la heteronomía y su
opuesto, la autonomía. Nosotros reclamamos como necesaria la autonomía en el alojamiento
y, por implicación, también en todos los demás servicios personal y localmente
específicos. Tal autonomía no es absoluta, ni lo puede ser nunca, pues depende del
acceso a los recursos esenciales, habitualmente fuera del control local o personal. En el
alojamiento, por ejemplo, la autonomía local y el control directo o indirecto que pueden
ejercer los usuarios dependerá de la disponibilidad de herramientas y materiales
adecuados (tecnología), suelo y financiación. En general, el acceso a estos recursos
básicos depende de la ley y su administración, las cuales, a su vez, vienen dictadas por
la autoridad central.
Nos encontramos, una vez más, ante la eterna cuestión de las instituciones humanas y la
autoridad. Sin embargo, liberados de las servidumbres impuestas por la creencia en la
eficacia de unos servicios personales producidos en serio y disponiendo de una gama mucho
más amplia de tecnologías ligeras de bajo consumo de energía y potencialmente
descentralizadoras, las posibilidades de un cambio general mediante la acción de los
grupos y asociaciones locales serán cada vez más inmediatas.
Si bien es verdad que numerosos estudiantes, arquitectos y planificadores es preocupan
(como es debido) de conocer las obras de sus maestros o compañeros, pocos son los que
deciden vivir en ellas; incluso los que poseen recursos suficientes como para permitirse
cualquier tipo de alojamiento parecen preferir entornos construidos por artesanos o gentes
de¡ pueblo según las reglas y costumbres locales. ¿Cuántos admiradores de Brasilia,
por ejemplo, permanecen en ese ciudad más tiempo de¡ estrictamente necesario para echar
una ojeada a los edificios singulares y, a lo sumo, también a alguno de los superbloques?
Y, ¿Cuántos diseñadores de lugares como éste prefleren pasar sus vacaciones en pueblos
como Mykonos? El precio cada día más alto de las ya muy escasez existencias de
«arquitectura sin arquitectos» reduce el disfrute de lo popular al exiguo ámbito de los
adinerados, y esto, en nuestro mundo urbano-industrial, significa que los compradores de
dicha arquitectura serán precisamente quienes sirven a las organizaciones que impiden y
destruyen lo mismo que ellos adquieren luego mediante los ingresos que tales actividades y
organizaciones les proporciona.
Pocos son quienes plantean la cuestión de si la escala humana, la variedad y la
participación o responsabilidad en el alojamiento y el asentamiento humano son factibles.
En opinión de quienes no cuestionan el sistema actual todo se reduce a un problema mal
planteado de agilidad y aceleración o a un cambio en ¡as prioridades presupuestarias que
permita desviar más recursos monetarios hacia el sector.
A muchos de los políticos y técnicos que tan equivocadamente suponen que el problema
actual de la vivienda en los países ricos es la falta de capital o el ritmo demasiado
lento de los mecanismos de producción de alojamiento, lo que realmente los gustaría
sería ver grandes solares cuajados de bloques uniformes en los que se segregara a las
personas según diferentes categorías; actitud, por supuesto, encubierta bajo las
consignas en boga de participación de los usuarios en la gestión de la comunidad y
personalización de bienes de consumo y servicios. Los más perceptivos de estos
políticos y técnicos se sentirán indudablemente aliviados en su fuero interno ante la
evidencia de que tanto la participación como la personalización cuestan dinero y, por
tanto, es muy probable que no pudieran salir adelante en un mundo inflacionario. Sin
embargo, la naturaleza de las verdaderas posturas de tales personas se revela sin
disimulos cuando los consumidores escapan de su rol institucionalizado para actuar a la
vez como productores y administradores: entonces surgen inmediatamente las alteraciones
emocionales de aquellos a quienes asusta la libertad.
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