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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 14

Agora: autonomía y heterodoxia

De libro de Turner, hemos extraído estos párrafos que cuestionan el papel de los urbanistas y reclaman la decisión descentralizada como modo de enfrentarse con el caos de la actual planificación urbana.

El problema en parte sin resolver es el de la identificación de los límites prácticos y necesarios entre la heteronomía y su opuesto, la autonomía. Nosotros reclamamos como necesaria la autonomía en el alojamiento y, por implicación, también en todos los demás servicios personal y localmente específicos. Tal autonomía no es absoluta, ni lo puede ser nunca, pues depende del acceso a los recursos esenciales, habitualmente fuera del control local o personal. En el alojamiento, por ejemplo, la autonomía local y el control directo o indirecto que pueden ejercer los usuarios dependerá de la disponibilidad de herramientas y materiales adecuados (tecnología), suelo y financiación. En general, el acceso a estos recursos básicos depende de la ley y su administración, las cuales, a su vez, vienen dictadas por la autoridad central.

Nos encontramos, una vez más, ante la eterna cuestión de las instituciones humanas y la autoridad. Sin embargo, liberados de las servidumbres impuestas por la creencia en la eficacia de unos servicios personales producidos en serio y disponiendo de una gama mucho más amplia de tecnologías ligeras de bajo consumo de energía y potencialmente descentralizadoras, las posibilidades de un cambio general mediante la acción de los grupos y asociaciones locales serán cada vez más inmediatas.

Si bien es verdad que numerosos estudiantes, arquitectos y planificadores es preocupan (como es debido) de conocer las obras de sus maestros o compañeros, pocos son los que deciden vivir en ellas; incluso los que poseen recursos suficientes como para permitirse cualquier tipo de alojamiento parecen preferir entornos construidos por artesanos o gentes de¡ pueblo según las reglas y costumbres locales. ¿Cuántos admiradores de Brasilia, por ejemplo, permanecen en ese ciudad más tiempo de¡ estrictamente necesario para echar una ojeada a los edificios singulares y, a lo sumo, también a alguno de los superbloques? Y, ¿Cuántos diseñadores de lugares como éste prefleren pasar sus vacaciones en pueblos como Mykonos? El precio cada día más alto de las ya muy escasez existencias de «arquitectura sin arquitectos» reduce el disfrute de lo popular al exiguo ámbito de los adinerados, y esto, en nuestro mundo urbano-industrial, significa que los compradores de dicha arquitectura serán precisamente quienes sirven a las organizaciones que impiden y destruyen lo mismo que ellos adquieren luego mediante los ingresos que tales actividades y organizaciones les proporciona.

Pocos son quienes plantean la cuestión de si la escala humana, la variedad y la participación o responsabilidad en el alojamiento y el asentamiento humano son factibles. En opinión de quienes no cuestionan el sistema actual todo se reduce a un problema mal planteado de agilidad y aceleración o a un cambio en ¡as prioridades presupuestarias que permita desviar más recursos monetarios hacia el sector.

A muchos de los políticos y técnicos que tan equivocadamente suponen que el problema actual de la vivienda en los países ricos es la falta de capital o el ritmo demasiado lento de los mecanismos de producción de alojamiento, lo que realmente los gustaría sería ver grandes solares cuajados de bloques uniformes en los que se segregara a las personas según diferentes categorías; actitud, por supuesto, encubierta bajo las consignas en boga de participación de los usuarios en la gestión de la comunidad y personalización de bienes de consumo y servicios. Los más perceptivos de estos políticos y técnicos se sentirán indudablemente aliviados en su fuero interno ante la evidencia de que tanto la participación como la personalización cuestan dinero y, por tanto, es muy probable que no pudieran salir adelante en un mundo inflacionario. Sin embargo, la naturaleza de las verdaderas posturas de tales personas se revela sin disimulos cuando los consumidores escapan de su rol institucionalizado para actuar a la vez como productores y administradores: entonces surgen inmediatamente las alteraciones emocionales de aquellos a quienes asusta la libertad.

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