bicicleta

REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Año 1 Núm. 14

Agora: análisis crítico del movimiento ciudadano

Profundo conocedor del movimiento ciudadano tras más de diez años de participación activa en el mismo, promotor de la Asociación de Vecinos de Recaldeberri y de la Universidad Popular de Rekalde, coordinador de «El libro negro de Recaldeberri», Jesús Omeñaca, hace un recorrido sobre las causas fundamentales de la crisis del movimiento ciudadano, tras el que sin negar la difícil situación de¡ mismo, se muestra optimista en cuanto que la necesidad de nuevos cauces de lucha contra el Capital, una vez comprobado en la práctica la ineficacia de los procedimientos electoralístas, llevarán a una nueva etapa del mismo.

Antes de hacer un análisis crítico del Movimiento Ciudadano, desde mi experiencia en este campo, creo necesario concretar qué es el Movimiento Ciudadano, para salir al paso de quienes, no pocas, veces usurpan y capitalizan para sí este nombre.

Las Asociaciones de Vecinos no son el Movimiento Ciudadano. Y partimos de esta afirmación porque es muy corriente leer comun¡cados o Noticias de reuniones o Convocatorias en nombre del «Movimiento Ciudadano», cuando los autores y partícipes han sido sólo Asociaciones de Vecinos. Hay otros cauces de organización ciudadana donde se desarrollan los antagonismo de clase y donde se ejercita la democracia directa, como contra-poder del régimen político establecido. A modo de ejemplo, podemos citar: Comités antinucleares, Grupos ecologistas, Universidades populares, Grupos de defensa de los marginados (COPEL, entre otros), Comités pro amnistía, Movimientos juveniles y de mujeres, Asociaciones de Padres de Alumnos, Asociaciones de consumidores ...

Todo este abanico, y que no hemos citado exhaustivamente, pertenece tambien al Movimiento Ciudadano.

¿Cuál puede ser la razón o el interés de quienes se autocalifican «Representantes» del Movimiento Ciudadano, y cursan instancias políticas en su nombre? Es verdad que las Asociaciones de Vecinos, por lo general, han sido, y siguen siendo aún, el exponente más importante del Movimiento Ciudadano; pero no es menos verdad que no es el único cauce por el que los ciudadanos defienden sus intereses.

No hubiera planteado esta pregunta-crítica, si entendiese que detrás de ello no hay ninguna malicia. Es verdad que, a veces, inconscientemente, se habla del Movimiento Ciudadano cuando se está hablando de las Asociaciones de Vecinos. Pero otras veces no es una simple cuestión semántica, sin malicia, sino que existen intereses partidistas de aquéllos que quieren dominar, controlar y capitalizar algo tan rico y tan amplio como el Movimiento Ciudadano, y que no puede ser nunca patrimonio de unas siglas.

Tal vez los fanáticos del partidismo estén pronosticando ya un artículo antipartido en estas líneas. Muy lejos de eso está mi intención. Lo que ocurre en esos fanáticos es que no pueden soportar una crítica que les ataña, porque, aunque no lo reconozcan, anteponen sus intereses partidistas a los intereses generales de la colectividad popular. La gente honrada y no fanática de esos mismos partidos reconoce que, a partir de la inauguración del proceso «democrático», las diferentes y encontradas estrategias partidistas son las que están minando la vida del Movimiento Ciudadano.

El virus partidista

Al afirmar lo anterior, estamos tocando uno de los cánceres del Movimiento Ciudadano. Y voy a referirme fundamentalmente a las Asociaciones de Vecinos. El cáncer que puede llegara aniquilar completamente las Asociaciones de Vecinos está producido por el virus del interés partidista. En el campo político vemos la ensaladilla de organizaciones que hay. Y esa división, lógicamente, trasciende a las Asociaciones de Vecinos desdibujado bastante el campo específico de las Asociaciones de Vecinos, desviándolas hacia estos objetivos netamente políticos y olvidando el campo del urbanismo, cultura, equipamientos, salud ... No me atrevo a juzgar si eso ha sido malo o bueno, pero, aunque haya sido positivo para la lucha política global del pueblo, hay que reconocer que ha sido una de las causas que desligaron a las Asociaciones de su propio barrio y contenido de lucha revindicativa.

Con todo este panorama, ¿qué puede esperarse del Movimiento Ciudadano y, más concretamente, de las Asociaciones de Vecinos? No quiero ni puedo teorizar, ni mucho menos referirme al Movimiento Ciudadano en todo el Estado español. Voy a referirme al fenómeno de resurgimiento que se está dando en algunas Asociaciones que conozco más de cerca y a los peligros que siguen acechando y que hacen que el futuro del Movimiento Ciudadano sea incierto.

El desencanto

El desencanto de la «democracia» está siendo reconocido hasta desde el propio poder. Cada vez cuesta más millones hacer que los ciudadanos
se acerquen a las urnas. Centrándonos en los problemas urbanos, está claro que los barrios periféricos de las grandes ciudades siguen empeorando. Que el déficit de equipamientos ha aumentado. Que la especulación sigue generando más caos urbano. Que la enseñanza es un desastre cada vez mayor ... Junto a este agravamiento de las condiciones de vida de la población, ésta cada vez tiene más conciencia de cuáles son sus derechos, de cómo repercute el urbanismo en la salud física y mental de todos los vecinos, de cómo la enseñanza sigue discriminando a unos y otros ... Y junto a este aumento de conciencia, el pueblo va perdiendo la fe en las promesas. Todo esto supone ahora una contradicción y una lucha que podemos reflejar claramente en una metáfora: Las Asociaciones de Vecinos, en este momento, son como el pañuelo blanco que cuelga en el centro de la soka-tira. De un lado tiran muy fuerte fundamentalmente los Partidos mayoritarios, haciendo promesas, pidiendo un voto de confianza, pidiendo treguas y consenso a todo hijo de vecino, diciendo que ya no existe espacio político para las Asociaciones de Vecinos ... De la otra punta tira fuerte también el descontento y la incredulidad del pueblo, los graves problemas que siguen sin solucionarse, el aumento de conciencia del pueblo, para el que la democracia delegada está cayendo en descrédito ... Los Partidos minoritarios que suelen ser situados en la izquierda vamos a ponerlos también en esta punta de la soga, aunque algunos tiran muy flojo, y a otros ni se les ve el pelo.

Antes de hacer pronósticos del vencedor de esta contradicción en pugna, creo importante aludir a un problema grave que puede originarse con la presencia de esos Partidos minoritarios en el campo de las Asociaciones de Vecinos. Sería catastrófico pensar que en esta punta de la soga están sólo o se quedan solos los Partidos minoritarios. Ello supondría que el Movimiento Ciudadano se iba a convertir en un reducto de los extraparlamentarios, o como suelen acusar los grandes, en un reducto del pataleo. Si esto llegase a ser así, creo que sería la muerte definitiva del Movimiento Ciudadano. Por esta razón les he asignado o papel secundario, aunque importante, en su presencia a este lado de la soga. La fuerza importante es y tendrá que ser los vecinos, el barrio, el pueblo, sin distinción de credos ni de ideologías. Incluso aquéllos que, con un algo de esperanza, han votado a Partidos que, desde su estrategia partidista, se sitúan al otro lado de la soga. Las contradicciones llegan a todos los rincones de la vida, y una cosa es el voto y otra cosa es ir a la compra o encontrarse sin plaza escolar para los hijos, etc., etc.

Después de esta breve advertencia, vamos a seguir con nuestra metáfora. Lo mismo que el pañuelo blanco en el centro de la soka-tira o que la pelota en el vértice del tejado, no está claro tampoco cuál va a ser el futuro de las Asociaciones de Vecinos. La verdad es que cuando escribí el libro «Movimiento cludadadano: crisis» ésta aún no había empezado casi a notarse externamente; pero desde dentro la veíamos venir. Creo que aquel pesimismo mío se convirtió en realidad después. Sin embargo, ahora, después de haber experimentado todos la ineptitud del gobierno para cambiar «realmente» las cosas -ni siquiera para disimularlas, a pesar de la pompa con que discurre la democracia formal-, después de haber constatado el desmoronamiento de la izquierda «revolucionaria» (las comillas las pongo porque hay una gran contradicción entre ser revolucionario y ser sectario), después de habernos hecho comulgar la otra izquierda con pactos, consensos y otras hierbas alucinógeneas, creo que queda poca esperanza para que las cosas cambien desde los estamentos políticos. Y eso supone que las contradicciones van a seguir aumentando, y que los que niegan la necesidad del Movimiento Ciudadano están sentando las bases para que éste sea más necesario y se desarrolle más. Es ley de vida que las contradicciones tengan que superarse tarde o temprano, y si el Estado sigue manteniendo su estructura de capitalismo monopolista, surgirá irremediablemente una lucha antimonopolista que buscará cauces de organización. Y está claro que me estoy refiriendo a organizarse en la base, no a coger el carnet de una organización. Ahora bien, no creo en el asambleísmo ni en la lucha espontánea como método para combatir a esos monopolios. Para mí eso es tan camelo -y hablo por experiencia- como la democracia delegada. Creo que hay formas de organización que, sin ser espontaneistas y estar sólo en manos de la improvisación, tampoco necesitan del centralismo democrático que usan los Partidos ni de las políticas de alianzas. Y una de esas formas de organización puede ser las Asociaciones de Vecinos, siempre que cumplan un fin organizador y coordinador, pero no centralizador y controlador de las diferentes luchas que surjan en el barrio. Es decir, siempre que los intereses partidistas no las echen a perder, capitalizándolas o abandonándolas.

¿Coordinación o acción?

Ya sé que este análisis, en el que eludo otras formas de organización superiores dentro del Movimiento Ciudadano (Coordinadoras, Federaciones ... ), lo tacharían muchos de «localista». Ellos centran su atención en la necesidad de Federaciones de Asociaciones, en la necesidad de reivindicar planes generales de urbanismo, de sanidad, de farolas..., y no la farola del barrio. Y en parte estoy de acuerdo, por lo que no proscribo las Federaciones. Pero sí estoy en contra de las Federaciones que no federan bases y de las Coordinadores que no coordinan bases, porque eso no son más que montajes burocráticos para formar esas pirámides que antes decíamos y copar la cúspide. Creo que si se analiza la historia de¡ Movimiento Ciudadano -por lo menos en Bilbao así ha sido-, cuando no existía la Federación se dieron también luchas unitarias y coordinadas entre los diferentes barrios. Y no era difícil porque había vida y lucha en cada uno de esos barrios. Sin embargo, ahora se quiere suplir esa unión-para-la-lucha, espontánea, por una unión permanente, a través de la Federación. En principio, claro que no es nada malo; pero todos conocemos los peligros que eso entraña: burocratización, manejos partidistas, parlamentarismo delegado. . . Por eso, aunque me tachen de localista, siempre insistiré que lo importante es fortalecer la lucha dentro del propio barrio, conseguir cada vez más grado de participación y conciencia dentro del propio barrio, conseguir cada vez más número de socios de la Asociación dentro del propio barrio ... La otra supraunión con los otros barrios, si también están fuertes y activos, será mucho más sencilla. Y quiero insisitir en esto, porque tal vez sea la carcoma más peligrosa que en estos momentos esté atacando a las Asociaciones de Vecinos. Y es que es mucho más fácil montar Coordinadoras o Federaciones de cien barrios que conseguir mil socios en un barrio.

Y una vez que hemos analizado los problemas y obstáculos más importantes del Movimiento Ciudadano, fundamentalmente de las Asociaciones de Vecinos, sólo nos queda plantearnos una pregunta que está más que respondida ya por todos los Partidos y Organizaciones políticas que trabajan en el Movimiento Ciudadano: ¿Qué papel van a tener las Asociaciones de Vecinos cuando existan unos Ayuntamientos democráticos?

Creo que, en primer lugar, habrá que poner «democráticos», es decir, entre comillas, porque no se puede calificar como tal una entidad u órgano por el sólo hecho de haber unas elecciones. Como condición primera para que sean democráticos, esas elecciones tendrían que ser también democráticas. Y todos sabemos que esta clase de democracia se valora en pesetas, que las elecciones tienen presupuestos en pesetas, que los Partidos valoran sus campañas en pesetas y que los poderosos medios de comunicación se contratan con pesetas. Por lo tanto es falso el concepto de democracia (= gobierno del pueblo) y sería correcto el de plutocracia (= gobierno de los ricos). Pero bueno, vamos a ser generosos con todos los políticos que se empeñan en convencernos de que esto es lo que se entiende por democracia. Sin embargo, un segundo obstáculo -y en éste no caben elucubraciones semánticas- se le presenta a ese concepto democrático de los futuros Ayuntamientos. Todos sabemos que la democracia sin dinero se convierte en democracia mística. Pero los Ayuntamientos no van a poder solucionar los problemas tan numerosos y tan graves que van a dejar los «vándalos» anteriores, con misticismos. Unas haciendas locales hipotecadas y en bancarrota van a exigir, por lo tanto, una autonomía económica muy cuantiosa. ¿Tiene capacidad y ganas el régimen político establecido en este país para otorgar esas autonomías económicas a los Ayuntamientos? Creo que es más que dudoso. Ahí está el problema del paro obrero, el problema de la sanidad, el problema del medio ambiente..., que no son locales sino nacionales, y el Estado no ha dado ni la más mínima solución.

Seguimos funcionando

Creo que con este panorama económico-político y la gran división existente en las fuerzas políticas calificadas de izquierdas es absurdo pensar en Ayuntamientos democráticos. Y si esto es así, habrá que pensar que poco o nada va a cambiar en los deteriorados barrios periféricos de las grandes ciudades. Por lo tanto, el papel de las Asociaciones de Vecinos, lejos de haber cumplido ya su misión, como dicen algunos entendidos, va a verse incrementado si los peligros internos que las acechan, como antes hemos expuesto, son superados. Y cuando digo que va a incrementarse su papel, me refiero a lo siguiente: A partir de ahora las reivindicaciones del Movimiento Ciudadano irán siempre acompañadas de una exigencia de responsabilidad política a unos gobernantes, alcaldes, concejales..., que van a pedir nuestro voto cada cuatro años. Junto a esta responsabilidad política de los Administradores está, además, la mayor conciencia de los administrados que, si durante muchos años han tenido que comulgar con ruedas de molino, haciéndoles creer que sus derechos eran tutelados por el Estado, hoy resulta más difícil para los estrategas del Poder seguir contentando al pueblo con ayunos y abstinencias.

Por último, un breve análisis crítico de una teoría bastante extendida y que siembra confusión. Quienes creen y confían en el verdadero carácter democrático de los futuros Ayuntamientos nos preguntan: ¿Y suponiendo que sean realmente democráticos en su elección, seguiríais insistiendo en la necesidad de las Asociaciones de Vecinos? Nuestra respuesta es clara y rotunda: Claro que sí. Y eso no es un empeño absurdo o que encubra estrategias de Partidos extraparlamentarios. Yo no milito en ningún Partido. Por eso creo que soy objetivo al salir en defensa de esa acusación que se les hace. La razón de nuestra afirmación es sencilla: Los Ayuntamientos no son algo al margen del Estado, al margen del Poder político establecido. Son el último eslabón del Estado. Por eso quienes piden que las Asociaciones depongan sus armas tendrán antes que responder a una pregunta nuestra: ¿Es nuestro el Estado o pertenece a los poderosos, a los monopolios, a las multinacionales, a, las inmobiliarias ... ? No necesitamos la respuesta.

Y al hacer mención a ese carácter del Ayuntamiento como último eslabón del Estado, no quiero poner punto final sin afirmar categóricamente la necesidad de que el Movimiento Ciudadano sea autónomo. No son pocos los programas políticos donde se plantean las «Comisiones mixtas» en las que se plantearían y solucionarían los problemas de los ciudadanos, participando en ellas miembros de Asociaciones y Ayuntamiento. Esto encierra un grave peligro para esa autonomía tan necesaria y esencial que requiere un movimiento reivindicativo como es el de las Asociaciones de Vecinos. Podrían llegar a ser la instauración de la democracia delegada llevada hasta el último extremo, lo cual supondría un R.I.P. para las Asociaciones.

JESUS OMEÑACA

Inicial - Índice