Profundo
conocedor del movimiento ciudadano tras más de diez años de participación activa en el
mismo, promotor de la Asociación de Vecinos de Recaldeberri y de la Universidad Popular
de Rekalde, coordinador de «El libro negro de Recaldeberri», Jesús Omeñaca, hace un
recorrido sobre las causas fundamentales de la crisis del movimiento ciudadano, tras el
que sin negar la difícil situación de¡ mismo, se muestra optimista en cuanto que la
necesidad de nuevos cauces de lucha contra el Capital, una vez comprobado en la práctica
la ineficacia de los procedimientos electoralístas, llevarán a una nueva etapa del
mismo.
Antes de hacer un análisis crítico del Movimiento Ciudadano, desde mi experiencia en
este campo, creo necesario concretar qué es el Movimiento Ciudadano, para salir al paso
de quienes, no pocas, veces usurpan y capitalizan para sí este nombre.
Las Asociaciones de Vecinos no son el Movimiento Ciudadano. Y partimos de esta afirmación
porque es muy corriente leer comun¡cados o Noticias de reuniones o Convocatorias en
nombre del «Movimiento Ciudadano», cuando los autores y partícipes han sido sólo
Asociaciones de Vecinos. Hay otros cauces de organización ciudadana donde se desarrollan
los antagonismo de clase y donde se ejercita la democracia directa, como contra-poder del
régimen político establecido. A modo de ejemplo, podemos citar: Comités antinucleares,
Grupos ecologistas, Universidades populares, Grupos de defensa de los marginados (COPEL,
entre otros), Comités pro amnistía, Movimientos juveniles y de mujeres, Asociaciones de
Padres de Alumnos, Asociaciones de consumidores ...
Todo este abanico, y que no hemos citado exhaustivamente, pertenece tambien al Movimiento
Ciudadano.
¿Cuál puede ser la razón o el interés de quienes se autocalifican «Representantes»
del Movimiento Ciudadano, y cursan instancias políticas en su nombre? Es verdad que las
Asociaciones de Vecinos, por lo general, han sido, y siguen siendo aún, el exponente más
importante del Movimiento Ciudadano; pero no es menos verdad que no es el único cauce por
el que los ciudadanos defienden sus intereses.
No hubiera planteado esta pregunta-crítica, si entendiese que detrás de ello no hay
ninguna malicia. Es verdad que, a veces, inconscientemente, se habla del Movimiento
Ciudadano cuando se está hablando de las Asociaciones de Vecinos. Pero otras veces no es
una simple cuestión semántica, sin malicia, sino que existen intereses partidistas de
aquéllos que quieren dominar, controlar y capitalizar algo tan rico y tan amplio como el
Movimiento Ciudadano, y que no puede ser nunca patrimonio de unas siglas.
Tal vez los fanáticos del partidismo estén pronosticando ya un artículo antipartido en
estas líneas. Muy lejos de eso está mi intención. Lo que ocurre en esos fanáticos es
que no pueden soportar una crítica que les ataña, porque, aunque no lo reconozcan,
anteponen sus intereses partidistas a los intereses generales de la colectividad popular.
La gente honrada y no fanática de esos mismos partidos reconoce que, a partir de la
inauguración del proceso «democrático», las diferentes y encontradas estrategias
partidistas son las que están minando la vida del Movimiento Ciudadano.
El virus partidista
Al afirmar lo anterior, estamos tocando uno de los
cánceres del Movimiento Ciudadano. Y voy a referirme fundamentalmente a las Asociaciones
de Vecinos. El cáncer que puede llegara aniquilar completamente las Asociaciones de
Vecinos está producido por el virus del interés partidista. En el campo político vemos
la ensaladilla de organizaciones que hay. Y esa división, lógicamente, trasciende a las
Asociaciones de Vecinos desdibujado bastante el campo específico de las Asociaciones de
Vecinos, desviándolas hacia estos objetivos netamente políticos y olvidando el campo del
urbanismo, cultura, equipamientos, salud ... No me atrevo a juzgar si eso ha sido malo o
bueno, pero, aunque haya sido positivo para la lucha política global del pueblo, hay que
reconocer que ha sido una de las causas que desligaron a las Asociaciones de su propio
barrio y contenido de lucha revindicativa.
Con todo este panorama, ¿qué puede esperarse del Movimiento Ciudadano y, más
concretamente, de las Asociaciones de Vecinos? No quiero ni puedo teorizar, ni mucho menos
referirme al Movimiento Ciudadano en todo el Estado español. Voy a referirme al fenómeno
de resurgimiento que se está dando en algunas Asociaciones que conozco más de cerca y a
los peligros que siguen acechando y que hacen que el futuro del Movimiento Ciudadano sea
incierto.
El desencanto
El desencanto de la «democracia» está siendo
reconocido hasta desde el propio poder. Cada vez cuesta más millones hacer que los
ciudadanos
se acerquen a las urnas. Centrándonos en los problemas urbanos, está claro que los
barrios periféricos de las grandes ciudades siguen empeorando. Que el déficit de
equipamientos ha aumentado. Que la especulación sigue generando más caos urbano. Que la
enseñanza es un desastre cada vez mayor ... Junto a este agravamiento de las condiciones
de vida de la población, ésta cada vez tiene más conciencia de cuáles son sus
derechos, de cómo repercute el urbanismo en la salud física y mental de todos los
vecinos, de cómo la enseñanza sigue discriminando a unos y otros ... Y junto a este
aumento de conciencia, el pueblo va perdiendo la fe en las promesas. Todo esto supone
ahora una contradicción y una lucha que podemos reflejar claramente en una metáfora: Las
Asociaciones de Vecinos, en este momento, son como el pañuelo blanco que cuelga en el
centro de la soka-tira. De un lado tiran muy fuerte fundamentalmente los Partidos
mayoritarios, haciendo promesas, pidiendo un voto de confianza, pidiendo treguas y
consenso a todo hijo de vecino, diciendo que ya no existe espacio político para las
Asociaciones de Vecinos ... De la otra punta tira fuerte también el descontento y la
incredulidad del pueblo, los graves problemas que siguen sin solucionarse, el aumento de
conciencia del pueblo, para el que la democracia delegada está cayendo en descrédito ...
Los Partidos minoritarios que suelen ser situados en la izquierda vamos a ponerlos
también en esta punta de la soga, aunque algunos tiran muy flojo, y a otros ni se les ve
el pelo.
Antes de hacer pronósticos del vencedor de esta
contradicción en pugna, creo importante aludir a un problema grave que puede originarse
con la presencia de esos Partidos minoritarios en el campo de las Asociaciones de Vecinos.
Sería catastrófico pensar que en esta punta de la soga están sólo o se quedan solos
los Partidos minoritarios. Ello supondría que el Movimiento Ciudadano se iba a convertir
en un reducto de los extraparlamentarios, o como suelen acusar los grandes, en un reducto
del pataleo. Si esto llegase a ser así, creo que sería la muerte definitiva del
Movimiento Ciudadano. Por esta razón les he asignado o papel secundario, aunque
importante, en su presencia a este lado de la soga. La fuerza importante es y tendrá que
ser los vecinos, el barrio, el pueblo, sin distinción de credos ni de ideologías.
Incluso aquéllos que, con un algo de esperanza, han votado a Partidos que, desde su
estrategia partidista, se sitúan al otro lado de la soga. Las contradicciones llegan a
todos los rincones de la vida, y una cosa es el voto y otra cosa es ir a la compra o
encontrarse sin plaza escolar para los hijos, etc., etc.
Después de esta breve advertencia, vamos a seguir con nuestra metáfora. Lo mismo que el
pañuelo blanco en el centro de la soka-tira o que la pelota en el vértice del tejado, no
está claro tampoco cuál va a ser el futuro de las Asociaciones de Vecinos. La verdad es
que cuando escribí el libro «Movimiento cludadadano: crisis» ésta aún no había
empezado casi a notarse externamente; pero desde dentro la veíamos venir. Creo que aquel
pesimismo mío se convirtió en realidad después. Sin embargo, ahora, después de haber
experimentado todos la ineptitud del gobierno para cambiar «realmente» las cosas -ni
siquiera para disimularlas, a pesar de la pompa con que discurre la democracia formal-,
después de haber constatado el desmoronamiento de la izquierda «revolucionaria» (las
comillas las pongo porque hay una gran contradicción entre ser revolucionario y ser
sectario), después de habernos hecho comulgar la otra izquierda con pactos, consensos y
otras hierbas alucinógeneas, creo que queda poca esperanza para que las cosas cambien
desde los estamentos políticos. Y eso supone que las contradicciones van a seguir
aumentando, y que los que niegan la necesidad del Movimiento Ciudadano están sentando las
bases para que éste sea más necesario y se desarrolle más. Es ley de vida que las
contradicciones tengan que superarse tarde o temprano, y si el Estado sigue manteniendo su
estructura de capitalismo monopolista, surgirá irremediablemente una lucha
antimonopolista que buscará cauces de organización. Y está claro que me estoy
refiriendo a organizarse en la base, no a coger el carnet de una organización. Ahora
bien, no creo en el asambleísmo ni en la lucha espontánea como método para combatir a
esos monopolios. Para mí eso es tan camelo -y hablo por experiencia- como la democracia
delegada. Creo que hay formas de organización que, sin ser espontaneistas y estar sólo
en manos de la improvisación, tampoco necesitan del centralismo democrático que usan los
Partidos ni de las políticas de alianzas. Y una de esas formas de organización puede ser
las Asociaciones de Vecinos, siempre que cumplan un fin organizador y coordinador, pero no
centralizador y controlador de las diferentes luchas que surjan en el barrio. Es decir,
siempre que los intereses partidistas no las echen a perder, capitalizándolas o
abandonándolas.
¿Coordinación o acción?
Ya sé que este análisis, en el que eludo otras
formas de organización superiores dentro del Movimiento Ciudadano (Coordinadoras,
Federaciones ... ), lo tacharían muchos de «localista». Ellos centran su atención en
la necesidad de Federaciones de Asociaciones, en la necesidad de reivindicar planes
generales de urbanismo, de sanidad, de farolas..., y no la farola del barrio. Y en parte
estoy de acuerdo, por lo que no proscribo las Federaciones. Pero sí estoy en contra de
las Federaciones que no federan bases y de las Coordinadores que no coordinan bases,
porque eso no son más que montajes burocráticos para formar esas pirámides que antes
decíamos y copar la cúspide. Creo que si se analiza la historia de¡ Movimiento
Ciudadano -por lo menos en Bilbao así ha sido-, cuando no existía la Federación se
dieron también luchas unitarias y coordinadas entre los diferentes barrios. Y no era
difícil porque había vida y lucha en cada uno de esos barrios. Sin embargo, ahora se
quiere suplir esa unión-para-la-lucha, espontánea, por una unión permanente, a través
de la Federación. En principio, claro que no es nada malo; pero todos conocemos los
peligros que eso entraña: burocratización, manejos partidistas, parlamentarismo
delegado. . . Por eso, aunque me tachen de localista, siempre insistiré que lo importante
es fortalecer la lucha dentro del propio barrio, conseguir cada vez más grado de
participación y conciencia dentro del propio barrio, conseguir cada vez más número de
socios de la Asociación dentro del propio barrio ... La otra supraunión con los otros
barrios, si también están fuertes y activos, será mucho más sencilla. Y quiero
insisitir en esto, porque tal vez sea la carcoma más peligrosa que en estos momentos
esté atacando a las Asociaciones de Vecinos. Y es que es mucho más fácil montar
Coordinadoras o Federaciones de cien barrios que conseguir mil socios en un barrio.
Y una vez que hemos analizado los problemas y obstáculos más importantes del Movimiento
Ciudadano, fundamentalmente de las Asociaciones de Vecinos, sólo nos queda plantearnos
una pregunta que está más que respondida ya por todos los Partidos y Organizaciones
políticas que trabajan en el Movimiento Ciudadano: ¿Qué papel van a tener las
Asociaciones de Vecinos cuando existan unos Ayuntamientos democráticos?
Creo que, en primer lugar, habrá que poner «democráticos», es decir, entre comillas,
porque no se puede calificar como tal una entidad u órgano por el sólo hecho de haber
unas elecciones. Como condición primera para que sean democráticos, esas elecciones
tendrían que ser también democráticas. Y todos sabemos que esta clase de democracia se
valora en pesetas, que las elecciones tienen presupuestos en pesetas, que los Partidos
valoran sus campañas en pesetas y que los poderosos medios de comunicación se contratan
con pesetas. Por lo tanto es falso el concepto de democracia (= gobierno del pueblo) y
sería correcto el de plutocracia (= gobierno de los ricos). Pero bueno, vamos a ser
generosos con todos los políticos que se empeñan en convencernos de que esto es lo que
se entiende por democracia. Sin embargo, un segundo obstáculo -y en éste no caben
elucubraciones semánticas- se le presenta a ese concepto democrático de los futuros
Ayuntamientos. Todos sabemos que la democracia sin dinero se convierte en democracia
mística. Pero los Ayuntamientos no van a poder solucionar los problemas tan numerosos y
tan graves que van a dejar los «vándalos» anteriores, con misticismos. Unas haciendas
locales hipotecadas y en bancarrota van a exigir, por lo tanto, una autonomía económica
muy cuantiosa. ¿Tiene capacidad y ganas el régimen político establecido en este país
para otorgar esas autonomías económicas a los Ayuntamientos? Creo que es más que
dudoso. Ahí está el problema del paro obrero, el problema de la sanidad, el problema del
medio ambiente..., que no son locales sino nacionales, y el Estado no ha dado ni la más
mínima solución.
Seguimos funcionando
Creo que con este panorama económico-político y la
gran división existente en las fuerzas políticas calificadas de izquierdas es absurdo
pensar en Ayuntamientos democráticos. Y si esto es así, habrá que pensar que poco o
nada va a cambiar en los deteriorados barrios periféricos de las grandes ciudades. Por lo
tanto, el papel de las Asociaciones de Vecinos, lejos de haber cumplido ya su misión,
como dicen algunos entendidos, va a verse incrementado si los peligros internos que las
acechan, como antes hemos expuesto, son superados. Y cuando digo que va a incrementarse su
papel, me refiero a lo siguiente: A partir de ahora las reivindicaciones del Movimiento
Ciudadano irán siempre acompañadas de una exigencia de responsabilidad política a unos
gobernantes, alcaldes, concejales..., que van a pedir nuestro voto cada cuatro años.
Junto a esta responsabilidad política de los Administradores está, además, la mayor
conciencia de los administrados que, si durante muchos años han tenido que comulgar con
ruedas de molino, haciéndoles creer que sus derechos eran tutelados por el Estado, hoy
resulta más difícil para los estrategas del Poder seguir contentando al pueblo con
ayunos y abstinencias.
Por último, un breve análisis crítico de una teoría bastante extendida y que siembra
confusión. Quienes creen y confían en el verdadero carácter democrático de los futuros
Ayuntamientos nos preguntan: ¿Y suponiendo que sean realmente democráticos en su
elección, seguiríais insistiendo en la necesidad de las Asociaciones de Vecinos? Nuestra
respuesta es clara y rotunda: Claro que sí. Y eso no es un empeño absurdo o que encubra
estrategias de Partidos extraparlamentarios. Yo no milito en ningún Partido. Por eso creo
que soy objetivo al salir en defensa de esa acusación que se les hace. La razón de
nuestra afirmación es sencilla: Los Ayuntamientos no son algo al margen del Estado, al
margen del Poder político establecido. Son el último eslabón del Estado. Por eso
quienes piden que las Asociaciones depongan sus armas tendrán antes que responder a una
pregunta nuestra: ¿Es nuestro el Estado o pertenece a los poderosos, a los monopolios, a
las multinacionales, a, las inmobiliarias ... ? No necesitamos la respuesta.
Y al hacer mención a ese carácter del Ayuntamiento como último eslabón del Estado, no
quiero poner punto final sin afirmar categóricamente la necesidad de que el Movimiento
Ciudadano sea autónomo. No son pocos los programas políticos donde se plantean las
«Comisiones mixtas» en las que se plantearían y solucionarían los problemas de los
ciudadanos, participando en ellas miembros de Asociaciones y Ayuntamiento. Esto encierra
un grave peligro para esa autonomía tan necesaria y esencial que requiere un movimiento
reivindicativo como es el de las Asociaciones de Vecinos. Podrían llegar a ser la
instauración de la democracia delegada llevada hasta el último extremo, lo cual
supondría un R.I.P. para las Asociaciones.
JESUS OMEÑACA
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