FRANK
MINTZ
Frank Mintz, conocedor como pocos de los
teóricos consejistas, su evolución, sus contradicciones, sus incursiones en el campo
libertario ... inicia una serie en la que analizará los pensadores y momentos más
interesantes del consejismo. Al de hoy sobre Korsch, seguirán trabajos sobre Paul Matick,
Checoslovaquia, Pannekoek, etc.
El estudio de Douglas Keller (Karl Korsch: «Teoría Revolucionaria»), es magnífico
porque da una visión global de la evolución de¡ pensamiento de Korsch, subrayando las
múltiples manipulaciones del mismo, presentando casi exclusivamente en Francia y en
España como el de un marxista -ligeramente- crítico.
Voy a interpretar la evolución de Korsch: es un profesor de filosofía que estuvo en
Inglaterra en contacto con la Fabian Society, teniendo un buen conocimiento de Kant y de
Marx. Al ser llamado a filas en Alemania durante la primera guerra mundial se negó a
empuñar el fusil, pese a las sanciones y las batallas. Al terminar la guerra, Korsch
entra en el partido socialista y elabora un estudio de los consejos que brotaron
revolucionariamente por toda Alemania.
Es importante constatar cómo en 1920, aboga por una sociedad fundada en los consejos, sin
tutela de partido, sin necesidad de estado socialista. Pero en el mismo año Korsch se
suma al incipiente partido comunista en el que permanecerá hasta 1926, aceptando no sólo
la primacía del partido, sino el liderazgo de la Unión Soviética y del pensamiento de
Lenin. Así cayó en el extremo de escribir: «con el luxerburguismo, debemos exterminar
cualquier trotskismo en nosotros». (En el ensayo «Leninismo y trotskismo», 1925.)
En 1925 Korsch, que era diputado comunista, fue apartado del partido por presiones de la
URSS, y enseguida se lanzó a una crítica a rajatabla del leninismo y luego del marxismo.
¿Cómo explicar estas contradicciones? ¿Qué validez puede tener el análisis de Korsch?
Me parece que es el problema de cada intelectual, con un pensamiento personal, que se
sumerge en la vida de un partido, y en especial del comunista. 0 quizá es el caso
sicológico del neófito, de¡ novato que quiere integrarse a la fuerza, lo más rápido
posible, entre los elementos más fieles de. un grupo: el inmigrante-superpatriota, el
intransigente nuevo adepto de una religión, el capataz ex-trabajador . . ., sobran los
ejemplos. Y si no fue éste su caso, pudo haber sido el tan corriente de cambiar desde el
interior la estructura de¡ partido, tapando y rechazando en lo más profundo de sí mismo
las dudas y las interrogaciones.
El marxismo de Korsch fue la evolución lógica de sus ideas kantianas, fabianas de llegar
al Estado y poseerlo, lo mismo que su antimarxismo fue la respuesta, la continuación de
su estudio sobre los consejos. Y la separación de Korsch del marxismo fue progresiva,
pero profunda, a partir de 1925, y voy a tratar de dar los jalones más importantes.
A principios de 1926, en una conferencia convocada por el partido para que Korsch
explicase su postura, declaró que la política soviética no era más que una
«degeneración de la teoría leninista», lo que poco después acarreó su expulsión
ratificada por el Komintern en junio de 1926. Entonces, Korsch habló sin rodeos -prueba
de que se autocensuraba antes-: la URSS es una «dictadura contra el proletariado, una
dictadura de kulaks» y esto también en el parlamento en el que seguía siendo diputado.
Korsch profundizó su crítica analizando la URSS («Diez años de lucha de clases en la
URSS») como un antagonismo entre una «burguesía contrarrevolucionaria», de Lenin y
Stalin y los proletarios, a veces representados por la Oposición Obrera, Zinoviev y
Trotsky. Dicha burguesía contrarrevolucionaria encajaba en la reacción del poder
burgués tras la primera guerra mundial contra la serie de revoluciones en varios países.
Se constata que este pensamiento implica un análisis global, materialista, de la
práctica de¡ marxismo y por tanto, conducía a plantear por qué fracasaba el marxismo.
«El marxismo hoy por hoy está inmerso en una crisis histórica y teórica». No es
simplemente una crisis dentro del movimiento marxista, sino una crisis del mismo marxismo.
( ... ) Es engañador y hasta falso ver los orígenes de la presente crisis como el
resultado de la perversión o de la simplificación extrema de la teoría de Marx y Engels
en manos de los sucesores. Es igualmente un desenfoque yuxtaponer este marxismo
degenerado, falsificado, a la «pura teoría de los mismos Marx y Engels». («La crítica
de¡ marxismo», 1927, inédito).
Parece que las consecuencias que sacó Korsch le asustaron y/o temía pasar por un
heterodoxo y no las publicó, e incluso siguió publicando ensayos sin dar realmente su
pensamiento, como en el «Karl Marx» (publicado en español, en Ariel, 1975, antes de que
haya aparecido el pensamiento profundo de Korsch), editado por primera vez en 1938. Pero
en el mismo año publicaba un artículo -¡con seudónimo!- en el que destilaba prudentes
críticas al marxismo para terminar retornando a la alteza de miras práctica y no
puramente ideológica con que la Primera Internacional de Trabajadores marxista (y al
mismo tiempo proudhonista, blanquista, bakuninista, sindicalista, etc.), acogió en su
seno a todos los trabajadores que aceptaban el principio de la lucha de clases proletaria
e independiente, como rezaba en la primera de las reglas redactadas por Marx. «la
emancipación de las clases trabajadoras debe ser conquistada por las mismas clases
trabajadoras» «el marxismo y la tarea presente de la lucha de clases proletaria»).
Es característico que Korsch no quiso llegar a un concepto anarquista, porque en el fondo
guardó la ilusión por el gobierno revolucionario, y, conocedor de la realidad española
desde 1931, aprobó la entrada de la FAI-CNT en el gobierno: «que demostró a todos,
excepto a algunos grupos de anarquistas extranjeros desesperadamente sectarios e
ilusionados (que ¡incluso ahora se niegan a manchar su pureza antipolítica respaldando
animadamente el esfuerzo desesperado de sus companeros españoles!) la relación vital
entre la acción económica y política en todos los dominios y, sobre todo, en la fase
revolucionaria inmediata de la lucha de clases proletaria» («Economía y política en la
España revolucionaria»). Juicio que me parece trasnochado y huero, aunque compensado por
la apreciación de las colectivizaciones, tan importantes como la Comuna de Paria,
descritas en un artículo que falta en este libro, como falta en una edición de
Korsch-Mattick-Pannekoek-Wagner, en parte sobre España con el título «La
contra-revolución burocrática» ¡lamentable coincidencia!).
Comentando «Colectivizaciones, la obra constructiva de la revolución españolla»,
Korsch decía en 1938, si bien muy brevemente, que dicho libro: «rompió el círculo de
silencio y de deformaciones gracias a que una parte esencial de la nueva fase del
desarrollo de la revolución española empezada desde el 19 de julio de 1936 y que fue
hasta la fecha casi completamente ocultada a la clase trabajadora internacional». Destaca
la preparación de años de los obreros anarcosindicalistas, tanto en las capitales como
en las aldeas más apartadas, y la importancia de este tipo de sindicalismo: «hasta hace
poco condenado por las otras tendencias del movimiento europeo. por ser tina formación
utópica y destinada al fracaso en caso de conflicto.»
La guerra de España significó seguramente, junto a la constatación de la ausencia de
evolución de Unión Soviética, después de la segunda guerra mundial, cierto
acercamiento de Korsch al anarquismo, como se ve en una carta de mayo de 1948 en que habla
de un futuro estudio de las ideas de Bakunin a partir de la edición española de
«Estatismo y Anarquía» y sus relaciones con el compañero Laín Diez. De pasada, este
compañero, traductor de «La filosofía de Lenin» de Pannekoek y de «Enseñanza de la
revolución española» de V. Richards, se carteó con Pannekoek también, y escribió
abundantemente en varios idiomas, vie -o vivía- en Chile.
Sus «Diez tesis sobre el marxismo hoy día», publicados en 1950, constituyen su último
escrito, puesto que cayó gravemente enfermo después, y sólo fue consciente a trechos
hasta morir en 1961. Como el autor de la antología citada al principio no insiste en
dichas tesis -conclusión de la obra de Korsch y sus investigaciones sobre Bakunin-, ni
tampoco Mattick en su obra sobre Karl Korsch, no resisto la tentación de reproducirlas:
«1. Hoy día no tiene sentido el preguntar hasta qué punto la enseñanza de Marx y
Engels es todavía teóricamente aceptable y prácticamente aplicable.»
«2. Hoy día cualquier intento de restaurar la doctrina marxista, como un todo y en su
función original de teoría de la revolución social de la clase trabajadora es una
utopía reaccionaría.»
«3. No obstante, en bien y en mal, los componentes importantes de la enseñanza marxista
siguen eficaces hoy día, si bien con una función transformada y en un ámbito distinto.
Por eso, importantes impulsos de la práctica del movimiento de la clase trabajadora del
principio del marxismo han entrado ahora en los conflictos prácticos de los pueblos y de
las clases.»
«4. El primer paso para restablecer una teoría y una práctica revolucionarias consiste
en romper la voluntad exclusiva del marxismo, de las iniciativas revolucionarias y del
dominio teórico y práctico.»
«5. Marx sólo es hoy día uno de los numerosos precursores, fundadores y pensadores del
movimiento trabajador socialista. Los así llamados socialistas utópicos desde Tomás
Moro hasta ahora son tan importantes como los grandes rivales de Marx, como Blanqui, y sus
enemigos jurados, Proudhon y Bakunin. Y, por fin, no son menos importantes, los
movimientos recientes como el revisionismo alemán, el sindicalismo francés y el
bolchevismo ruso.»
«6. Los siguientes puntos son particularmente críticos en el marxismo: a) su dependencia
práctica de la economía subdesarrollada y de las condiciones políticas de Alemania y
otros países de Europa Central y Oriental donde tenía que adquirir una importante
política; b) su adhesión incondicional a las formas políticas de la revolución
burguesa; c) su aceptación incondicional de las condiciones económicas avanzadas de
Inglaterra como modelo de los futuros desarrollos de todos los países y como
precondiciones objetivas para la transformación del socialismo; y habría que añadir: d)
las consecuencias de las intentonas repetidas, desesperadas y contradictorias del marxismo
de romper estas condiciones.»
«7. He aquí los resultados: a) la sobreestimación del Estado como instrumento decisivo
de la revolución social; b) la identificación mística del desarrollo de la economía
capitalista con la revolución social de la clase trabajadora; c) los desarrollos
ulteriores ambiguos de esta primera forma de la teoría revolucionaria marxista con el
pegote artificial de una teoría de la revolución comunista en dos fases. Dicha teoría,
dirigida en parte contra Blanqui, y en parte contra Bakunin, aplazó la emancipación real
de la clase trabajadora en el movimiento presente hacia un porvenir indefinido.»
«8. El desarrollo leninista o bolchevique apareció en aquel entonces, y fue bajo esa
forma como el marxismo fue transmitido a Rusia y Asia. Así el socialismo marxiano ha sido
convertido de teoría revolucionaria en una ideología que podría ser -y ha sido usada-
para varias metas distintas.»
«9. Desde este punto de vista, las dos revoluciones rusas de 1917 y 1928 deben entenderse
de modo crítico. Y es así como hay que determinar las diversas funciones cumplidas por
el marxismo en la Asia actual y a escala mundial.»
«10. Los trabajadores no alcanzarán el control de la producción de sus propias vidas al
ocupar las posiciones en los mercados internacionales y mundiales que han sido abandonadas
por la llamada libre competencia destructora entre los propietarios de los monopolios de
los medios de producción. Dicho control sólo puede resultar de la intervención
planeada, de todas las clases actualmente excluidas, en la producción que hoy por hoy
tiende a ser regulada de un modo totalmente monopolizador y planificador.»
El texto es a veces muy escueto -la tesis núm. 3, ¿qué son los componentes
importantes?-, pero es un rechazo del determinismo económico, de un modelo equis por e¡
que pasarían los explotadores automáticamente. La evocación de la necesidad de la
emancipación de los trabajadores por ellos mismos tampoco es muy neta en la medida en que
deja por completo la parte psicológica -tendencia autoritaria que ya subrayó Bakunin- y
la parte inconsciente -el papel sexual del fascismo y el masoquismo de los trabajadores,
analizados por W. Reich- Aspectos que en abandono del marxismo y la inconclusión de su
pensamiento Karl Korsch ofrece una indispensable información.
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