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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
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Año 1 Núm. 15 |
¿Y si pasa algo, qué? |
Ahora, después de lo de Harrisburg «las posibilidades de que los dos reactores de Lemoniz lleguen un día a funcionar se hacen definitivamente hipotéticas», ha escrito Pedro Costa Morata en «Triunfo». Y añade que, si ocurriera un accidente «tipo Harrisburg», y la nube radiactiva avanzara sobre Bilbao —teniendo en cuenta la potencia de los reactores y la densidad de población— «la mortandad se mediría en decenas de miles en pocos días». Los planes de expansión de Euzkadi —superpuerto, extinción de bosques, costa vasca nuclear (Lemoniz, Ispaster, Deva), el proyecto de central de Tudela, la fuerte condensación industrial, el proyecto químico de Petronor, como derivado de la nueva fuente de energía nuclear— favorecerán la desaparición de los recursos naturales, el cambio climatológico y orográfico, y la desaparición de formas de vida existentes. En Lemoniz, con un reactor de agua a presión (PUR = Pressurizad Water Reactor), la contaminación líquida se verificará por calentamiento del agua, lo que obligará a utilizar Hipoclorito (contaminación química) para desalojar las masas de mejillones que se agolparán en las bocas de desagüe. En cuanto a la contaminación sólida, el total de residuos anuales de un reactor PUR con una potencia de la mitad que el de Lemoniz, está comprobado que oscila entre los 30 y los 100 metros cúbicos. «Parte de estos desechos pasan a la atmósfera durante el funcionamiento normal de la central, con el fin de que pierdan parte de su peligrosidad. Otra parte, es vertida al agua de refrigeración, a pesar de que las consecuencias biológicas de dichos vertidos, a través de la cadena alimenticia, traen serios problemas a la salud humana.» Los genes pueden padecer profundos cambios estructurales, como resultado de la acción de un número de agentes, entre los que se incluyen las radiaciones nucleares. Una pequeña dosis, sufrida por toda una población, puede producir un daño genético mayor que una gran dosis sufrida por un número escaso de personas. Todo esto, en el caso de Lemoniz, significaría que una zona de más de un millón de habitantes, se vería expuesta a una radiación constante, que pudiera provocar mutaciones continuas. Los efectos genéticos no son apreciados hasta la segunda generación. Todavía hoy se espera conocer resultados de Hiroshima. David Alvarez —el «primer mártir de la lucha antinuclear en Euskadi»— murió a consecuencia de las heridas que se produjo al intentar un sabotaje contra la central de Lemoniz. («Triunfo», marzo 1978) |