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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Núm. 16

Represión en Italia: ensayo general

La situación en Italia, con la detención de militantes e intelectuales autónomos, ha servido de «test» inapreciable de hasta dónde está dispuesto a llegar el Estado y todas sus instituciones, con papel estelar para los comunistas. La difusión en la prensa, la actuación de los jueces (y hasta su elección), las reacciones internacionales, constituyen un paradigma de la etapa de «orden» que se avecina. A destacar, junto a la pérdida de formas en lo jurídico, el papel desempeñado por los medios de comunicación progresistas que, parecían tener pruebas fehacientes de la «culpabilidad» de Negri, cuando no las tenían ni los jueces ni la policía. Flotando en el ambiente el desprecio a la inteligencia, el montaje para hacer aparecer a los teóricos de la autonomía como intelectuales «perversos» con «doble vida», satanismo, crueldad, condena a muerte de Moro por su propia mano (y no por la de sus congéneres de la Democracia Cristiana), etc.

Todo esto ha sido acogido con alborozo en España. Los corresponsales y los columnistas de por aquí sabían más que nadie de Toni Negri y la autonomía. Los muchachos de «La Calle», tan listos y tan de izquierdas ellos, lo condenaron desde el principio. Sus crónicas podían ser firmadas muy bien por el facha Semprún (sólo que él está especializado en Grapos y ETA). El último número, que en la portada promete un in forme sobre las Brigadas Rojas, titula a toda plana, sobre la foto de Negri: «Intelectuales del terror.

La intoxicación va por muy buen camino, y el ambiente está preparado para organizar algo así aquí cuando haga falta.

El texto que reproducimos, enviado desde Italia, está suscrito por el Colectivo Comunismo Libertario, la redacción de Umanitá Nova, el Colectivo Kronstadt, la redacción de La Questione Sociale, el Colectivo «Cattivo Pensiero», la Federación Anarquista de Bolonia, y otros grupos. Para ellos no está todo tan claro como para los jueces, la policía y «La Calle». Segura-mente es que no están tan bien informados.

La llamada operación antiterrorismo que ha llevado a la detención de compañeros de Padua y Roma, constituye un ataque preciso, de enorme alcance, no sólo a los específicos componentes del Movimiento de la Autonomía Obrera, no sólo contra compañeros que desde hace años desarrollan una intensa actividad teórica y militante dentro del movimiento revolucionario, sino contra toda la autonomía proletaria, en todas sus expresiones. Contra las luchas y los organismos de base implantados en el sector público (sanidad, transporte aéreo, enseñanza), sobre los sectores que en miles situaciones difusas han puesto en discusión el Plan Pandolfi, la reestructuración de la jornada laboral social, el proyecto de reestructuración y de normalización que el capital persigue.

Todo esto llega en un período particularmente «feliz», y al mismo tiempo delicado para la reestructuración capitalista de Italia: desmintiendo la perenne ideología de la «crisis» en los últimos tiempos, el desarrollo ha alcanzado niveles altísimos: un activo de 5 mil millones de dólares en la balanza de pagos de 1978 y otros tantos previstos para el 79, un porcentaje del 11% (respecto al Producto Nacional) en las exportaciones, una revalorización de la lira respecto de otras monedas euro-peas y del dólar hasta el punto de estar junto al marco en los puntos más altos del Sistema Monetario Europeo, etc.

Incluso los «entendidos» en economía de los USA se han congratulado por la actividad desarrollada en las fábricas en los últimos años, por el enorme incremento de la producción en las regiones .'rojas» y por el temperamento «vivo» demostrado por las cooperativas en el mercado capitalista.

Sin embargo, por otra parte, existen directrices muy precisas (esta vez decretadas por el Fondo Monetario Internacional) sobre la reducción del gasto público, sobre las contención de los gastos sociales, etc. En resumen una politica económica gubernativa que sepa cortar las puntas de lucha más significativas. que sepa planificar las necesidades proletarias dentro del desarrollo capitalista, hacer «armónica» cualquier lucha o comportamiento, con la homogeinización del capital a nivel internacional, para conseguir los beneficios esperados.

Y en este contexto el «caso» italiano adquiere un significado politico relevante en el momento en que en toda Europa se dan importantes procesos de reestructuración.

Esta no es una simple maniobra preelectoral, se está produciendo un salto cualitativo por parte del Estado en sus funciones represivas. El objetivo evidente es la destrucción de cualquier proceso de organización y de expansión del antagonismo social que han expresado las luchas de los últimos diez años.

Esta operación no es casual ni aleatoria. Ha estado pensada desde hace meses por la Magistratura, solicitada por todos los partidos del régimen, preparada por una intensa campaña de prensa y de opinión dirigida a la criminalización de las luchas y de las formas autónomas de organización que ponen continuamente en discusión los «equilibrios» soñados por los reformistas y los procesos de extracción de la plusvalía que persigue el capital multinacional.

La complicidad demostrada por los partidos del régimen, por todos los periódicos y los órganos de «información», sin que se haya podido exhibirla más mínima prueba contra los compañeros implicados, la marcha general de esta pantomima, es indicativa de la premeditación colectiva de la operación, de la unidad de fondo entre todo el panorama capitalista (con los reformistas a la cabeza) en un intento de genocidio político. El Herald Tribune de Londres ha hablado de la preparación de estas operaciones en Bonn hace algunos meses.

Una segunda parte de las acusaciones contra Toni Negri y otros compañeros, es nada menos que la de ser el «cerebro» de las Brigadas Rojas, de haber desempeñado papeles en las negociaciones durante el secuestro de Moro. Esta es una infamia y un insulto a la inteligencia: los magistrados que le han arrestado, los periodistas y políticos que fingen creer en el fundamento de esta hipótesis son los primeros en saber que una divergencia política sustancial separa a los compañeros arrestados, a su actividad, de la de las Brigadas Rojas.

Hay una relación profunda, que no puede y no debe olvidarse entre la homogeneización de todos los países europeos a nivel económico (CEE), monetario (SME), político (Parlamento Europeo), represivo (los llamados vértices antiterrorismo), y lo que está sucediendo hoy en la situación específica italiana.

Los niveles de germanización a que tiende el Estado socialdemócrata italiano son de unas metas represivas verdaderamente ambiciosas: ni siquiera el fascismo se permitía arrestar a intelectuales militantes del movimiento revolucionario con acusaciones para las cuales está prevista la pena de muerte.

En un plano jurídico se está consolidando una recuperación de todas las normas fascistas del Código Rocco y de sus variantes aún más represivas, relegadas en los últimos veinte años, y la extensión de todas las normas «antiterrorismo» contra los movimientos de masas en todas sus variantes.

En esta operación las acusaciones se dividen en una parte (instructoria de Padua) que acusa a los compañeros de ser comunistas, revolucionarios. Las acusaciones de asociación subversiva se intentan siempre extender a la totalidad de los compañeros del movimiento. Un terrorismo de estado difuso del cual se vieron los primeros experimentos en Bolonia en 1977 con el caso Catalanotti ( Juez de Bolonia perteneciente a -Magistratura Democrática- que sigue la linea del P.C.). Además la ocupación militar de ciudades enteras para prohibir cualquier manifestación de masas, puestos de control en las estaciones ferroviarias, como en la reciente manifestación nacional de Padua.

La irritación (real o simulada) de los jueces que acusan a Toni Negri de haber escrito una frase sobre «el paso del arma de la crítica a la crítica de las armas» (que es una frase de Karl Marx) es sintomática de este estilo de trabajo.

La confabulación de los jueces, el tras-lado de una parte del sumario de Padua a Roma, demuestran cómo una vez más asistimos a un montaje con pruebas prefabricadas; si no es repetible un montaje como el que se hizo contra el compañero Valpreda, estamos sin duda ante la repetición de un caso como el de Bolonia para los acusados por los hechos de Marzo.

Pero poco importa la falta de fundamento de las acusaciones, lo importante para el Estado es poder tener secuestrado en sus ghettos a los compañeros revolucionarios, cerrar la boca durante algunos meses (o quizá más) a quien siempre ha desarrollado públicamente, y asumiendo las propias responsabilidades, su militancia política.

La violencia y la brutalidad de este ataque represivo están determinados por el potencial de antagonismo social que existe hoy en la situación italiana; la maniobra pretende prevenir la expresión y consolidación.

Pero es precisamente este antagonismo, la riqueza expresada por las luchas proletarias de estos años y de estos últimos meses, la que indica claramente que hoy no es practicable, no es posible un drástico poner fuera de la ley (ni formalmente ni de hecho) a la autonomía proletaria en sus expresiones más o menos organizadas.

El sentido de esta maniobra es hacer retroceder del terreno de las masas a los compañeros y las realidades organizadas, empujando a sectores cada vez más amplios hacia la impotencia política y la clandestinidad.

El Estado intenta crear un abismo definitivo entre las necesidades y las luchas proletarias por una parte, y la actividad de los compañeros y de las organizaciones revolucionarias que, hasta hoy se han movido dentro del cuerpo social proletario, dentro de la lucha de masas para conducirlos (después de aislarles socialmente) a un terreno de enfrentamiento militar «puro».

Sustancialmente se ha iniciado una carrera represiva que va más allá de las simples operaciones policiacas y que tiene en perspectiva clausurar cualquier espacio de oposición real, que no sea puramente simbólica o encerrada en un plano institucional.

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