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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Núm. 16

Ecología y lucha de clases

MERCEDES ARANCIBA

Dice Marques –Josep vicent Marqués–, que el movimiento ecologista surge a caballo de dos evidencias: la imposibilidad de vivir como ahora y la posibilidad de empezar a vivir como personas. Lo dice, en la página 9 del libro «Ecología y lucha de clases», un pequeño manual de reciente aparición, en el que los apuntes, esbozos de alternativas, y las personales posturas y opiniones del autor, terminan con un saludable capítulo titulado «Para incordiar al capital» y, dentro del más educado y fraternal de los estilos, con la frase: «Gracias por la atención. Salud», indudablemente llena de los mejores deseos para el personal lector.

A Marqués, habitual en las páginas de Bici durante los últimos números, este mes, en lugar de pedirle el artículo de costumbre, le hemos sentado ante una mesa –con su correspondiente carajillo para plantearle alguna de las cuestiones que suscita su firma en un libro sobre problemas ecológicos, y propugna la lucha ecologista. No por inesperado, que la actividad de Marqués, en este campo, es de sobra conocida «allende las fronteras del País Valencià» (hasta París le llamaron para que hablara de Cofrentes); sino porque el tema, como otros, claro, no puede esconder las contradicciones que plan-tea, ni las posibilidades de integración tampoco.

¿En qué terreno se puede situar, aquí y ahora, la lucha ecologista?

A diferencia de lo que ocurre en los países occidentales avanzados, en los que cuando aparece la preocupación ecologista, la clase obrera está perfectamente integrada, hay que pensar que aquí los trabajadores ganan relativamente poco dinero, estamos todavía en un régimen de poca integración en los aparatos políticos burgueses, y los partidos, que podrían trivializar la lucha ecologista, no organizan al conjunto de la clase. Todo eso, plantea una expectativa razonable de que aquí, el ecologismo, no tiene por qué surgir al margen del movimiento obrero. Algo así como que aquí el obrero experimenta las viejas putadas del capitalismo, pero también las nuevas putadas, al mismo tiempo. Ese era un poco el punto de partida del libro. Y la expectativa, que el movimiento ecológico en el Estado español, apareciera no como algo que no es de derechas ni de izquierdas, sino definidamente de izquierdas y además incorporado al movimiento obrero más radical. Digo que esa era una expectativa razonable, pero no que se tenga que cumplir, porque la clase obrera no es independiente de la crisis que padece toda la izquierda a la salida del franquismo. No hay un fuerte movimiento obrero, porque la izquierda ha capeado muy mal el paso del franquismo.

La pregunta iba más bien en el sentido de cómo debería plantearse la lucha, para intentar evitar la integración.

Yo pienso que en la tardía incorporación de algunas consignas ecologistas, por parte de los partidos mayoritarios, hay un grado de seriedad. Diría que se trata de un oportunismo honrado que, sin embargo, todavía no ha cuajado en una presencia real. Y, en cuanto a los sindicatos, vistos desde fuera, su papel es más bien triste. No se han planteado todavía la globalización de la condición obrera. Pero lo que sí está confirmado es que los ecologistas, en todo el Estado, son de izquierdas, aunque son gente reclutada, fundamentalmente, entre quienes no tienen partido y los que no quieren saber nada de partidos: marxistas, anarquistas y gentes sin definir. La mayoría, independientes, o marcadamente anarquistas.

Mi impresión general es un extraordinario auge del movimiento ecologista, y una extraordinaria desorganización. Hay mucho recelo, en las reuniones la gente tiende a pelearse por lo que pueda salir más que por los concretos problemas planteados. Y, además, todavía no hay una práctica política en el terreno de la ecología.

Todo esto lleva a pensar que los movimientos ecologistas pueden acabar por convertirse en partidos o, peor aún, por ser incorporados como una nota de color a los programas de los partidos. ¿Cuáles serían las bases para una lucha ecologista revolucionaria?

Yo no sé si existe necesariamente un planteamiento ecologista revolucionaria, pero si sé que, en las propuestas que hace el ecologismo, hay un impacto reformista inevitable. Aunque sólo sea porque el hecho de plantear los problemas, fuerza incluso a los partidos capitalistas a planteárselos. Y soy consciente de que, salvo que se acentuara algún tipo de catástrofe, el ecologismo no puede convertirse en la reivindicación más sentida por las masas. Me cuesta pensar que el frente principal de la lucha pueda ser la cuestión ecológica si no se produce algo muy gordo, de la misma manera que no creo que en torno al nacionalismo se pueda ordenarla lucha de la izquierda, por más nacionalista que me sienta. Yo creo que, en un lenguaje politico globalizante, lo que habría era qué plantear quiénes van a luchar por un modelo alternativo al capitalismo y quiénes no. Formulado así, el ecologismo tendría más posibilidades de unificar a una serie de fuerzas y de personas.

¿Y hacer una organización ecologista?

Yo sigo creyendo posible, y deseable, un tipo de organización que sea tan ecologista, como feminista, como nacionalista en un sentido proletario, como de izquierda. Y pienso que si alguna vez habrá una revolución será a través de un tipo de instancia como ésta. Pero ya sé que ésta es mi opción personal. Lo que me preocupa fundamentalmente, es si hay, o no, posibilidad de hacer un trabajo político de unificación, en torno a unos puntos, de elaboración de alternativas y de continuidad, de lo ecológico. Por ejemplo, con respecto a las centrales nucleares ver qué tipo de organización falta para extender la protesta. Y yo diría que muy amplia. Para mí, contribuiría a ir creando bases amplias ecologistas, por ejemplo, la existencia de algún tipo de equipo capaz de hacer cosas como plantear alternativas intelectuales y políticas, lo que requiere una gran imaginación.

Ya hemos llegado al tema de las centrales nucleares, en el que parece que, en este momento, está echando raíces la lucha ecologista. Por la inmediatez y el sensacionalismo de los últimos acontecimientos, la lucha ecológica está centrada en la lucha contra las nucleares.

En principio ya está bien, porque a través de la lucha contra las nucleares, que ahora es muy sentida, puede uno llegar a plantearse el problema de la sociedad del despilfarro, que es lo importante. Como nosotros no podemos plantearla alternativa, en el sentido de un programa concreto, lo importante es que hagamos ver que se trata no tanto de luchar contra las centrales, como de luchar por el resultado de la aplicación de una determinada forma de energía, en este caso la nuclear, que da como resultado una sociedad policiaca (en base a la seguridad), una sociedad basada en el riesgo, y una sociedad del despilfarro. Está claro que el sistema seguirá inventando cosas, pero hoy, por hoy, el tema de las centrales permiten profundizar en la genie, aunque sólo sea por el peligro inmediato.

Ese es otro asunto. Se está insistiendo en el miedo. Las movilizaciones contra las centrales nucleares están basadas en el miedo...

Cierto, lo que hace que la gente se preocupe es el miedo. Pero a partir de ahí, está por hacer el trabajo revolucionario de profundización en los restantes aspectos: como por ejemplo que, a cargo del presupuesto general, los Estados incrementan el aparato policial, porque las nu- cleares exigen mayor protección. Yo creo que así se puede llegar a reflexionar más, y con más posibilidades de reacción que, por ejemplo, frente al mismo callejero. En el caso de las centrales nucleares, el miedo funciona de otra manera que en el tema de la seguridad en las calles. Porque es más despersonalizado y por eso se presta a la reflexión colectiva.

No te ha mosqueado un poco la cantidad de información que ha habido en torno al accidente de Harrisburg? Porque, según parece, no es el primero que se produce.

Sí, la verdad es que lo he pensado. Pero es que, si cada vez que el sistema concede algo uno se para a pensar los posibles motivos, corre el riesgo de acabar paranoico. Y por otra parte, creo que este tipo de cosas las tiene que hacer el sistema de vez en cuando, para limpiarse un poco. A veces, el sistema tiene fallos de control o se ve obligado a abrir la válvula para poder seguir teniendo credibilidad. Una información detallada como la que están proporcionando puede hacer que la gente que ya estaba muy mosqueada, le dé una cierta credibilidad. Yo no soy muy partidario de centrar la lucha ecológica en lo antinuclear. Pero a partir de esto se puede cuestionar, por ejemplo, por qué gasta tanta energía el sistema capitalista. Y la verdad es que, como tema movilizador, es más efectivo que el de la contaminación, por ejemplo, que llevaba a pedir que las fábricas se instalaran en un sitio donde no contaminaran. En este sentido, el tema de las nucleares lleva más directamente, a plantear el del despilfarro. Es más globalizante.

¿Cómo enjuiciar el «honrado oportunismo» de los partidos, de que antes hablabas?

La verdad es que ellos decían antes que estas cosas eran chorradas. Y, de hecho, el capitalismo ha empezado a usar la energía solar, cuando ellos todavía decían que los ecologistas éramos gilipollas. Después han tenido que decir algo. Lo han dicho cuando lo de Harrisburg, y ahora se lo pueden plantear, en el sentido de que tienen cuatro años de oposición por delante.

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