bicicleta

REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Núm. 16

Ágora: el trabajo

Si se sabe exactamente lo que se va hacer, ¿para qué hacerlo? Si ya se sabe, ha dejado de tener todo interés. Más vale hacer otra cosa.» La frase es de Pablo Ruiz Picasso. De la fecundidad de semejante rechazo de toda programación laboral, no hace falta hablar más. Ahí queda la obra picassiana.

Si tomamos como tema de tertulia para el AGORA de este mes el del «trabajo», es precisamente porque no acabamos de ver qué tiene en común la creatividad que todos llevamos dentro, con la coacción social hacia un curre de cuya utilidad verdadera las más de las veces hay que preguntarse. Desde la ética religioso-capitalista del «castigo bíblico», hasta nuestros variados sentimientos sobre el vago que en el fondo es cada uno, tres martes de tertulia dieron para un montón de opiniones, que desfilan por este AGORA junto con algunos artículos que vienen a cuestionar la vieja exaltación de cierto anarquismo decimonónico hacia el «trabajo».

En la tertulia intervinieron, a saber: CHEMA, apasionado activista, que no puede estar sin hacer nada. LUCIA, estrenando salario y agobio. JORGE, ingeniero, pero kropotkiniano (o viceversa). EMMANUEL, enciclopédico con patas y conversador infatigable. MERCE, perseverante en la inconstancia. MANUELA, futura magistrada, aunque con sentido común. ANDRES, profesional del escaqueo. FRANCISCO, licenciado promovido a mercachifle callejero. PILAR, vital como la vida misma. ANTONIO, sociólogo y CARLOS, HACENDOSO LETRADO.

O sea que de pico y pala poco, piquitos de oro a todo tirar.

COLECTIVO BICI MADRID

(Empezar tan vivencialmente parece ser demasiado duro. Se impone un salto utópico.)

^ CHEMA: Aceptando lo de trabajo forzado y el otro, voluntario, a mí el que me preocupa es ese último. Aunque uno trabaje en lo que le gusta y porque quiere, como ésto de hacer mensualmente la «Bici», no deja de parecerme a veces una alienación más, y a mí personalmente mi droga más fuerte contra los problemas que me superan. Cuando estoy jodido, agacho la cabeza y curro, curro hasta agotarme, entonces duermo y en unos días el problema se va o se resuelve sólo. Esto, además, me hace especialmente vulnerable en una sociedad en la que el trabajo se explota.

^ LUCIA: Yo estoy contra el curre en primer lugar porque me agota. Estoy agotada de levantarme, madrugar, currar horas y horas, y luego que te programen hasta el descanso, vacaciones, fines de semana, sólo para reponer fuerzas. El trabajo te quita las ganas y las motivaciones de hacer montones de cosas que antes sí te gustaban.

^ JORGE: Pero eso es un trabajo forzado, no el trabajo necesario para vivir. Kropotkin. y muchos otros, han dicho que bastaría sobradamente con 20 horas a la semana de trabajo para vivir, para crear excedente, incluso abundancia. Claro que habría que suprimir tareas improductivas, parasitarias, burocráticas, etc. Y una vez cumplida la tarea social, quedaría tiempo sobrado para dedicarse uno a lo que quisiera. Por supuesto, las tareas comunales (limpieza, cocina, etc.) debieran organizarse colectiva y rotatoriamente. En cambio. hoy tenemos una especialización, con una ideología del «trabajo profesional», insolidario, que lleva a despreocuparse de qué se hace en ese trabajo, si se fabrican armas, se construyen centrales nucleares, se es juez o profesor. O sea un opresor, o un verdugo o tantas cosas que se consideran «trabajo».

^ EMMANUEL: Esas cuatro horas de trabajo diario de las que habla Lafargue en «El derecho a la pereza». O Clastres y los antropólogos actuales al estudiar cuánto trabajaba como media la humanidad en el pasado preclasista y preestatal, de hecho podrían reducirse hoy considerablemente con la automatización. Si no se hace, es porque no interesa al sistema.

^ LUCIA: Yo recuerdo un viejo cocinero que se nos acercó a un grupo de ácratas que en un restaurante estábamos con mucha marcha hablando de comernos al mundo cuando lo de S. Sebastián de los Reyes. Y nos dijo que nos admiraba, porque a él después de tantos años de trabajar 16 horas diarias ya no le quedaban fuerzas ni para protestar. Nos dejó a todos sin habla. Aparte del corte, creo que la gente que por lo que sea (hambre, necesidad, alienación) acepta trabajar más allá de ciertos limites, pierde hasta la energía de poner ese límite. Otra cosa es lo que dice Chema; pero un trabajo que has elegido tú, que te divierte, eso ya no es trabajo. Es otra cosa.

^ EMMANUEL: Eso, el caso es no perder el tiempo. «Time is money». El tiempo se gana o se pierde como si fueran moneditas. Maldita ideología esa de «no perder el tiempo», ese frenesí por la acción. ¡Milita, trabaja, cambia de actividad, búscate un hobby! Lo que sea pero no estés pasivo. Por matar el padecimiento, los modernos han designado la pasividad, pero con ella se les ha ido la posibilidad de pasión. Ni del apasionamiento ni de la compasión (está tan mal vista...) puede extraerse beneficio ni control, son gratuitos y no almacenables. Maldita sea la pereza, madre —ya se sabe— de todos los vicios. Y al perezoso se le culpabiliza.

^ LUCIA: Creo que hemos mamado esa culpabilización al que no hace «algo útil», el que escoge no hacer nada sólo encuentra rechazo. Recuerdo lo de la película «El compromiso», nadie comprendía al que quería No hacer.

^ JORGE: La moral subyacente en esta sociedad, pese a ese activismo aparente, es sin embargo parasitaria. En una sociedad de subsistencia, la gente procura autogestionarse sus necesidades. Pero en esta sociedad parasitaria, la contradicción es que hay una moral compulsiva que nos obliga a una actividad inútil, improductiva. Yo el asunto trabajo lo veo en el sentido de que sé que tengo que valerme por mí mismo, en todos los aspectos.

^ EMMANUEL: Aquí no ha calado tanto la moral protestante (Dios premia al que trabaja, se potencia el capitalismo), que es productivista: salvo quizá ahora los del Opus-Rumasa. Aquí prima la hipocresía de la moral católica: lo importante es parecer que hacemos algo, obsesionados por «llenar el tiempo». Es curiosa la altísima valoración social a quién está muy atareado, «no tiene tiempo para nada».

^ JORGE: Ambas parten de la idea del trabajo como castigo bíblico. Y es una de las que tenemos que combatir.

^ MERCE: Yo siempre he visto el trabajo como una actividad necesaria para sobrevivir, y pensando en cómo se ha desarrollado esa actividad me ha llamado la atención de que hasta la revolución industrial el trabajo se regía fundamentalmente por las estaciones. He leído por ahí que a principios del XVIII había más de cien fiestas al año. Es decir, se trabajaba lo justo. Sin embargo, cuando viene el estado burocrático, la concentración urbana, etc., sucede que la gente comienza por una parte a asalariarse fuera de las células más o menos artesanales familiares, y por otra acepta tácitamente la regulación de una vida pública en el aparato estatal, a cambio de que el Estado no se meta en su vida privada. Lo que resulta, en definitiva, es que se crea una disociación total entre trabajo-vivienda. El trabajador —que además es hombre— busca en el «hogar» el poder de mando y decisión que el Estado le niega en la fábrica, y la mujer ve aumentadas sus actividades domésticas que antes se realizaban con la participación de los demás miembros de la familia porque ella misma estaba incluida en el proceso de producción. Esta privacidad obliga a trabajar más y más. La imposibilidad de compartir tareas con otros, la soledad que de ello resulta obliga a emplear el tiempo más y más en tareas que podrían reducirse a la comunalización anterior, para no enfrentarse conscientemente con la neurosis de la sociedad actual.

^ LUCIA: Quizá lo que nos empuja al trabajo, más que soledad, es el aburrimiento.

^ JORGE: Y el miedo a un mañana que en realidad no existe. Es curioso cómo de la fábula de la cigarra y la hormiga se concluye la condena de la frivolidad de la primera para ensalzar la previsión de la segunda; cuando lo cierto es que la hormiga es una depredadora, que tiene esclavizados a otros animales como los pulgones, y todo para acaparar siempre más de lo que durante el invierno podrá consumir. El comportamiento de la cigarra, que la fábula condena, es sin embargo más «sano: no almacena para el invierno por la sencilla razón de que para ella el invierno no existe (se muere antes). Si mañana es la muerte, ¿de qué vale guardar para pasado mañana?

(Y con tan sabias consideraciones nos fuimos todos a la cama ... porque al día siguiente había que trabajar.)

2 JORNADA Y volvemos, todo el personal, dispuestos a seguir enlazando pensamientos y sensaciones. Nos acompañan esta vez Manuela y Francisco.

^ CHEMA: Este fin de semana estuvimos en una comuna que vive en un pueblo abandonado, lindante entre Guadalajara y Madrid. Están a 3 horas andando del pueblo más próximo, que también está semiabandonado, no hay carreteras, no tienen más agua que la de un río próximo, pasan de electricidad, y están en condiciones muy próximas a la Edad de Piedra. Llevan un año, y de la mucha gente que ha pasado, quedan cuatro. Lo que más me impresionó es su rechazo hacia todo tipo de trabajo. Viven en un valle maravilloso, difícil de cultivar, pero que con cierto trabajo iría dando cosas que comer, y sin embargo prefieren estar a lo que caiga, alguna verdura tienen pero casi por inercia natural. Ese rechazo a todo tipo de trabajo, en esa marginación incluso que ellos podrían organizarse su propio trabajo, el vivir al ritmo que pida el cuerpo y considerar la organización y el trabajo como un rollo malo yo creo que es una actitud muy extendida entre la juventud más joven, de la que hemos hablado poco aquí.

^ MERCE: Además de eso de la prehistoria, hay que decir que viven de manera totalmente dependiente del exterior. No son capaces de autoalimentarse, tienen que ir una vez a la semana al economato más próximo a invertir, en comida que otros producen, las cuatro perras que sacan de irse a trabajar en plan asalariado por la comarca, por ejemplo ahora estaban enrrollados con la reparación de una vieja iglesia para un cura que había sacado pasta para eso. Difícilmente puede considerarse como una comuna o vuelta a la naturaleza una actitud así.

^ MANUELA: Ese tipo de experiencia de comuna no parece dejar sitio más que a adultos fuertes, no cabe criar niños allí o que vivan viejos ... Pienso que en todo trabajo hay una componente de actividad, positiva, aparte de la falta de libertad para elegir que normalmente supone el trabajo hoy. Pero esa actividad puede incluir además pensar, discurrir, creo que es casi inevitable como actividad consciente. Por eso, pienso que si la mujer que es ama de casa busca trabajo fuera de su casa, es porque necesita actividad, motivaciones, fuera de un círculo de aburrimiento y soledad.

^ EMMANUEL: Bueno, dentro de la polémica del otro día sobre la salarización del ama de casa, habría que apuntar esa convergencia entre formas de producción pre- y pos-industriales. Como curre con el trabajo doméstico en Italia, con el que se evitan las concentraciones de gente obrera en las fábricas, pero sin la independencia del artesano, son los parados, hostiles al sindicalismo y utilizables por las patronales, los que nutren principalmente este «trabajo negro». Pero también ha dado lugar a muchos de los «autónomos» a formas nuevas y radicales de acción directa.

^ JORGE: Valdría la pena señalar que ya Kropotkin exaltaba la inventiva del taller artesano, especialmente en los países latinos, frente a la gran Industria asalariante.

^ EMMANUEL: Pero aquí no hay creatividad, del artesano sólo se toma la indefensión.

^ JORGE: Kropotkin orientaba su defensa contra la figura meramente negativa del asalariado que crea el capitalismo. También valdría para algunos aspectos del profesional liberal.

^ ANDRES: Yo opino que el profesional liberal es un servidor directo de las capas altas de la sociedad. Aunque tenga más opción de elegir en lo laboral, pierde el contacto con la gente trabajadora, no tiene solidaridad con otros profesionales, sino una actitud competitiva.

^ MANUELA: Yo sigo con mi «hilo». Pienso que toda actividad que pueda suponer un grado apreciable de libertad, implica ya la superación de la idea de trabajo como deber. Y si ésto permite además ganarse la vida, creo que es lo que interesa, subsistir con el máximo de libertad posible.

^ EMMANUEL: Yo quería seguir con el «hilo» de la mujer-ama de casa. Las feministas tratan de convertir en asalariada la antigua labor doméstica, y creo que así hacen como los progresistas abolicionistas, que sirven al capitalismo al luchar contra la esclavitud, pues facilitan el mercado de asalariados.

^ CHEMA: Por lo que sé del asunto, la polémica en el seno del feminismo es precisamente entre defensa y supresión de ese trabajo doméstico. Entre socializarlo en plan asalariado o mantenerlo privado pero con remuneración social.

^ MANUELA: Creo que el problema del trabajo doméstico es que es aburrido, repetitivo, solitario... Y que encima no te dan el sobre de la nómina, que da al menos cierto margen de libertad a otros trabajos no menos aburridos (pienso en taquillera del metro), sino que se hace a cambio de una retribución psicológica, con dependencia afectiva y económica respecto al marido, compañero, etc. Las feministas italianas denuncian la «plusvalía indirecta», que el patrono debe retribuir pues se está aprovechando de ella al explotar a sus asalariados que tienen dependiendo de ellos al ama de casa.

^ EMMANUEL: Pese a todo, creo positivo el trabajo en casa porque tiene algún sentido, por rutinario que sea: el fin de controlar qué se hace en cada momento, a diferencia de otros trabajos. Frente a la intercambiabilidad del mercado, ahí se da el apego a lo que se hace. La alternativa sería comunicalizarlo, en el barrio, manzana de casas, etc., y desvincularlo del rol sexual, estableciendo turnos. Pero cuando hago trabajo doméstico, incluso de una forma constante y exclusiva, lo encuento satisfactorio porque me lo puedo organizar yo. Tiene además un sentido. Es de los pocos trabajos cuyo producto se dirige a alguien con nombres y apellidos, no a ese devorador anónimo que es el Mercado.

^ JORGE: Estoy de acuerdo con Emmanuel. Si la salida a la erosión de la familia tradicional es aún más mercantilización, ese trabajo será menos satisfactorio porque le faltará motivación.

^ MANUELA: La comunalización de las tareas domésticas, si no va acompañada de opción, si no hay libertad para cualquier persona con independencia del sexo, estado familiar, etc., no supone personalización satisfactoria de ese trabajo, sino una personalización acompañada de opresión hacia cierto vinculo familiar.

^ CHEMA: Otro «hilo» que a mí me interesaba retomar es el tema del trabajo, en cuanto actividad natural. En todas las civilizaciones se da de una manera regular sobre las 4 horas diarias, y luego que no ya te obliguen, sino que te pueda gustar más allá del trabajo necesario, y te pases de horario, trabajes de noche incluso enrollado, etc. Eso ya no parece natural, pero a veces se da sin obligación alguna.

^ FRANCISCO: Yo cuestionaría esa división entre lo natural y lo artificial. No veo natural el trabajo.

^ JORGE: Lo natural se suele identificar con lo normal o usual, pero la dlversidad que se ha ido viendo en esta conversación hace difícil encontrar esa «naturaleza» del trabajo.

^ EMMANUEL: Empleando la jerga situacionista, el intentar definirlo natural con la estadística sólo nos diría algo sobre la naturaleza de la estadística. Considero que el trabajo, por síi, es sobrenatural, y por eso no tiene sentido la distinción natural-artificial referida al trabajo. Tampoco está de más recordar el origen del nombrecito: el «tripalium», instrumento de tortura ingeniado por los romanos.

^ MANUELA: Creo que sí tiene sentido referirse a una naturalidad del trabajo como equilibrio multifacético. Quizá en un contexto des-naturalizado, pueda ser satisfactorio el desequilibrio que supone ese trabajo más allá del necesario de que hablaba Cherna. Puede suponer también la necesidad de una valoración social. La actividad síes natural, el trabajo como tal probablemente no.

^ JORGE: La adaptabilidad del hombre a diferentes climas, altitudes, etc., hace que precisamente mediante el trabajo tenga que forzar las condiciones naturales del habitat que ocupa.

^ EMMANUEL: Es interesante lo que planteaba Manuela de que el trabajo sea una desviación de una víia directa de obtención de placer. Para mí es trabajo toda actividad forzada, y por tanto el trabajo es algo a suprimir. Y no sólo se actúa forzadamente para obtener un salario, sino también para mantener un prestigio o alimentar una idea. Tener que hacer el amor el sábado por la noche es trabajar.

^ JORGE: Un problema que veo sobre trabajo y naturaleza es que mucha gente, si se tuviera que mantener por sí misma, no subsistiría. La ideología parasitaria que permite a unos pocos aprovecharse de lo que produce la mayoría no tiene nada que ver con el trabajo como tal.

^ PILAR: No entiendo todas estas abstracciones. Creo que la denominación «trabajo« encubre bajo la misma palabra cosas muy distintas, del que está picando piedra al que le controla, si la actividad es gozosa o no, etc.

^ MANUELA: Puesto que hay actividades desagradables, la única solución social, en plan utópico por supuesto, seria: 1°. cuestionar si es útil y necesaria esa actividad, 2°. si lo fuera, repartirla por turnos.

^ JORGE: Una vieja costumbre rural a reivindicar era el intercambio de jornales en especie, o sea, trabajar unos para otros según necesidades. El origen de nuestros males pudiera estar en el abandono del colectivismo rural.

^ ANDRES: Yo tengo que decir que a mí no me gusta ningún tipo de trabajo, lo único que me van son actividades contemplativas. Aún el trabajo no directamente productivo, si requiere constancia, es aburrido. De entre las salidas que hay en esta sociedad, he optado por la de trabajador asalariado, porque me permite escaquearme sin prejuicios, no es penosa, me alivia tareas (no tengo que hacerme la comida, etc.), y me da una valoración de -asalariado- que me permite una contestación también puntual (sindical) y social.

^ MANUELA: Pero esa es también una actividad, si te gusta la contemplación y la tertulia, te puede divertir ser portero, ordenanza o así. Puede que ésto tenga que ver con la tensión de cada individuo.

^ ANDRES: De todas maneras, a nadie medianamente equilibrado le gusta la constancia en ninguna actividad.

^ MANUELA: Pero el cambio constante puede ser también una necesidad desequilibrada, compensadora de una sociedad desequilibrante, de cambio constante, mientras que la monotonía puede ser gratificante para otra gente.

^ EMMANUEL: A veces esa misma monotonía es una frontera-defensa con la neurosis.

^ JORGE: Los estudiosos del cerebro dicen que los centros de la memoria y el placer están íntimamente conectados.

^ EMMANUEL: El eco, la repetición, puede plantear placer. Volviendo a la crítica al trabajo, creo que hay dos vías típicas para sufrirlo lo menos posible: o bien encontrar un trabajo como algo satisfactorio en sí; o bien lo que planteaba Andrés, aceptar la condición de asalariado y escaquearse al máximo, que tiene además la ventaja de hacer posible la irresponsabilidad.

^ CHEMA: Es curioso como eso que plantea Andrés es una tendencia cada vez más fuerte. La vieja ideología proletaria de que para protestar hay que ser antes un trabajador cumplidor, ya no funciona.

^ EMMANUEL: La búsqueda de los mil intersticios del sistema para currar lo menos posible es una forma de afrontar el tema del trabajo. No todo iban a ser desventajas en eso de que la Gran Máquina sea cada vez más grande y más máquina.

^ ANDRES: El sindicalista de «izquierda» (especialmente en medios técnicos, de banca, también especialistas del metal, etc.), pese a su responsabilidad profesional por la productividad, o quizá por ella, está hoy muy escaqueado, entre otras cosas porque le niegan el trabajo como represalia.

^ MANUELA: La filigrana, que también se da, de chantajear con la represalia el mismo trabajador provocando a ver si se atreven a echarle, aunque esté muy difundida, no cambia la relación social explotadora. Y cuando el escaqueo perjudica a otros compañeros, puede encabronar a la gente con esos líderes o representantes sindicales.

^ EMMANUEL: Precisamente un truco del nuevo corporativismo sindical es privilegiar a los representantes sindicales. Incorporarles a esa tecnoburocracia de los especialistas de la organización desligados de la creación o producción directas.

^ ANDRES: Bueno, sin personalizar más mi caso, creo que el problema del curre es no currar. Creo que eso puede tener una ética de contestación.

^ CHEMA: Si, hay un cambio de moral desde el trabajo de nuestros padres como deber-esfuerzo, a una rebeldía hacia la sociedad que obliga a repetir gestos y corta la creatividad. Para mí, en sentido profundo, no dependiente de esta sociedad de dominación, trabajar es crear, en todos sus aspectos. Y me gusta.

^ EMMANUEL: De lo que decía Andrés y de la búsqueda de los intersticios del sistema. El problema es que te pringas cada vez más, luego acabas pidiendo más horas sindicales, más privilegios corporativos, o que haya más pasta a consumir para el mercachifle en la calle.

^ FRANCISCO: Sin darme por aludido en lo de marcachifle, claro que la ética es distinta si tienes que engañar al personal para sobrevivir. Se trata de estar tranquilo, si Andrés está más a gusto en su solución, no veo a qué darle la paliza, ¿o cuáles son las otras salidas? Mientras no exista una vida comunal, una distribución del trabajo comunal, no hay salida, y no hay que darle más vueltas.

^ MANUELA: Pero si puedes encontrar satisfacción, tranquilidad, sin fastidiar a otros, siempre lo veo yo mejor.

^ ANDRES: Admito que la solidaridad puede estar por encima del escaqueo, aunque sólo sea porque es más grata, siguiendo con el planteamiento de lo placentero.

(Con el trabajo, hasta hablar de él agota. Otra vez a la piltra a descansar. Para la 3' y última jornada se incorporará gente seria: Antonio, sociólogo él; y Carlos, también marxistón. Curiosamente la charla se nos fue hacia el ocio y la vagancia.)

2 JORNADA

^ ANTONIO: Sobre el concepto de trabajo, la mejor aportación es la de Max Weber, ligando trabajo y ética religiosa. Aunque no tengo claro el concepto, creo que trabajo es una norma social, si no trabajas eres asocial. Puede haber trabajo al margen del mercado (escribir una no-vela que permanezca inédita), pero, ¿por qué no admitir el derecho a no trabajar?

^ CARLOS: ¿Tú admites el vago como papel social?

^ ANTONIO: Hay que admitir que el trabajo no ha sido el mismo en todas las sociedades. Existe hoy una tendencia a la «sociedad del ocio»

^ EMMANUEL: Pero ese ocio, compulsivo socialmente, es tan socialmente obligatorio como el propio trabajo. Pierde así la gratuidad. Yo reduciría el concepto de trabajo a la actividad que el contexto social te exige realizar.

^ CARLOS: Pero el artista no encaja en ese concepto.

^ EMMANUEL: Hay un mercado en el que se cotiza la obra artística. Así que hay una presión social que convierte su actividad en producción con ciertas formas de compulsión, cotización, exposiciones, relaciones, etc.

^ CARLOS: El trabajo se dirige también a modificar el medio social, aunque no tenga una gratificación ni compulsión.

^ JORGE: A nivel social, la dicotomia trabajo-ocio no siempre es clara.

^ EMMANUEL: Yo sí tengo claro cuándo hago trabajo porque estoy forzado. Ahora por ejemplo, si yo no pudiera irme de esta tertulia cuando quisiera, sería trabajo. Invertiría la definición ocio versus negocio, como trabajo y no-trabajo. El no-trabajo no es el ocio, es un espacio indefinido e indefinible. Si interesa conocer qué cosa es el trabajo, para mejor combatirlo, en cambio prefiero no hablar del no-trabajo, dejémosle a su aire.

^ ANDRES: Podríamos seguir hablando del trabajo y del ocio desde nuestra perspectiva actual, pero no podemos olvidar que no ha existido una valoración uniforme del trabajo a través del tiempo.

^ CHEMA: Pero hay mezclados retazos históricos muy diversos, junto a la ética del trabajo hay la vieja moral aristocrática parasitaria que desprecia como humillante al trabajo, especialmente al manual. Hay también el pasotismo marginal creciente que arrambla contra esta sociedad del despilfarro y la hipocresía, no hay una linealidad al estilo marxista en el cambio de la ética hacia el trabajo.

^ EMMANUEL: En este país hay también una tradición popular, andaluza-islámica, contra el curre. Hay la mar de chistes sobre eso.

^ ANDRES: Yo recuerdo en un número de BICI que tradujimos un artículo sobre la relación inversa entre trabajo y número de orgasmos, o entre salario y orgasmos. Era favorable a los del hampa y a los ejecutivos, y demostraba cómo los de menos orgasmos eran los que más trabajaban.

^ EMMANUEL: Volviendo a lo del vago, siempre habrá quien no quiera trabajar porque tiene otros criterios. Recuerdo lo que contaba Carrasquer sobre una colectividad aragonesa en la que uno no curraba y los demás le defendían ante los forasteros que le reprochaban, y era que contaba chistes y alegraba a los demás. Vago es aquel cuyas habilidades no están valoradas socialmente, y de lo que se trata es de ampliar la sensibilidad social para que cualquier habilidad o inclinación sea valorada y confortante para otros.

^ ANDRES: Aunque haya habido diferentes valoraciones del trabajo, nunca se ha defendido socialmente el derecho a la vagancia, tan querido para alguno de los contertulios.

^ EMMANUEL: Antes, el vago tenia una función social, estaba en instituciones...

^ JORGE: Permitía a otras «almas» salvarse con la limosna.

^ EMMANUEL: Sí, pero hoy el vago es perseguido sobre todo por inclasificable.

^ CHEMA: En la excursión en bici que hemos hecho estas vacaciones, teníamos una vida comunal unas 50 personas, y había que organizar el trabajo. Siempre tienes gente que procura escaquearse, a esos les llamábamos los «perlas», que generalmente eran muy vistosos pero no servían para nada. Creo que incluso en un grupo ahí donde la presión social se reduce a lo estrictamente necesario para subsistir, hay gente más vaga. Hay que aceptar eso.

^ CARLOS: Mi problema personal es que me jode la gente que es vaga por la jeta.

^ EMMANUEL: Pero el que más jode no es ese «perla» oficial, sino el inclasificable, que a veces hace y otras no, y que creo que es el vago no institucionalizable.

^ ANDRES: ¿Por qué te molesta el «vago»?

^ CARLOS: Porque creo que se están aprovechando de mí, y eso no me gusta.

^ ANDRES: Normalmente, en un curre, ese es el encargado. O el jefe.

^ CARLOS: Creo que es un principio de justicia que todo el mundo trabaje. Creo que esa gente que describía Emmanuel es muy lista, y que trata de pasar desapercibida, admiro más aunque me fastidie al vago-jeta-gracioso que va habitualmente de gorra a todos lados.

^ EMMANUEL: Si tú pagas la comida a uno que cuenta gracias, tú le aceptas. Si te cabrea es porque temes el fondo de vago que tenemos en todos y lo rechazamos.

^ ANDRES: ¿Por qué ha de fastidiarnos más el que descansa que el que curra cuando lo que apetece es descansar? ¿Por qué cuestionamos como vago al que no trabaja y no al que explota y vive del trabajo de los demás, aunque tenga el pomposo título de consejero de Administración o delegado de no sé qué puñetas?

^ EMMANUEL: Como en la película «Themrock», el problema de los que rechazan el trabajo es que su ejemplo es muy contagioso. Y en una comuna el nivel se adapta al de quien trabaje menos.

^ CHEMA: A lo mejor el rollo del trabajo, como todos, se reduce a un problema de comunicación, o de soledad, de como la gente se entiende o no se entiende.

(O sea, que «a labrador tonto: patatas gordas». Y aquello otro de «no por mucho madrugar amanece más temprano.» Salud.)

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