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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
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Núm. 19 |
Huelga general en Valencia |
Hay quienes piensan que no está dicha aún la última palabra sobre la burocratización y el encuadramiento reformista, irreversibles, entre la clase obrera española. Que no pueden liquidarse en un par de años tantas experiencias de luchas autoorganizadas y la memoria histórica de la práctica anarcosindicalista y revolucionaria. La huelga general, ilegal y prácticamente espontánea de Valencia, viene a dar cierta fuerza a esa esperanza, a la que la realidad diaria no ofrece muchos asideros. La muerte de un trabajador a manos de la policía. De un militante de un sindicato «minoritario» y marginado como CNT, desencadenó el paro general y la manifestación más importante que se recuerden desde antes de la guerra civil. Curiosamente, la prensa ha silenciado los hechos de forma casi unánime. Valentín González, afiliado al sindicato de Transportes de CNT, inicia junto a varios centenares más de compañeros, una huelga en las «collas» de carga y descarga del mercado, que reúne todos los requisitos legales, avisos, papeles, etc. Por este motivo, los trabajadores ocupan la entrada del mercado para evitar el esquirolaje, o cualquier otra maniobra patronal. De pronto, una carga policial, tan brutal como inesperada. Valentín trata de proteger a su padre, descargador como él, que está recibiendo golpes en el suelo. Casi de inmediato, una bala de goma, lanzada a quemarropa, le tritura tres costillas y le destroza el corazón. La muerte es prácticamente inmediata. Tras los primeros momentos de estupor, la reacción no se hace esperar. No se puede despachar el tema con los clásicos comunicados de protesta, las peticiones de dimisión del gobernador o las notas de prensa al uso. Las palabras «Huelga general» empiezan a correr de boca en boca. Muchos piensan de buena fe que es una locura, que hay mucho miedo, que no hay tiempo de «organizar» nada ..., pero esa misma mañana, antes de que los sindicatos se reúnan y decidan convocar la huelga general, en grandes empresas como Astilleros Elcano o Ford, las máquinas no llegan a ponerse en marcha, empiezan las asambleas. A las pocas horas se difunde la convocatoria de una huelga, para la que no se va a pedir permiso a nadie, pero que va a recibir más adhesión y «seguimiento» que las clásicas «jornadas de lucha» domesticadas. De nada valen las amenazas ni las mentiras con que la prensa trata en un primer momento de deformar los hechos. En uno de los diarios locales, el «LEVANTE» los trabajadores imponen notas y páginas enteras. Si no, el diario no saldrá a la calle. La huelga se va extendiendo de forma que la ciudad queda totalmente paralizada, establecimientos públicos incluidos. Los transportes no funcionan desde primera hora. Hacia las tres de la tarde miles y miles de trabajadores van confluyendo hacia el Hospital Clínico de donde va a salir el entierro. La prensa local (que no suele pasarse precisamente), habla de más de medio millón de personas. Todo el mundo coincide en que no se recuerda nada igual desde antes de la guerra, «desde el entierro de Durruti» dice algún nostálgico. Son gente que recorrerá más de diez kilómetros a pie en un ambiente impresionante desde todos los puntos de vista. Dos notas a destacar tal vez. La ejemplar unidad y confraternización por encima de siglas (al máximo jefe de Comisiones, que pide el carnet a un afiliado por haberle sorprendido rompiendo los cristales de un banco, le hacen callar in situ miembros de la misma central, que por un día olvidan órdenes y disciplinas), y la presencia de las primeras autoridades locales y nacionales: presidente del Consell, Alcalde, presidente de la diputación (socialistas), en medio de la manifestación, sin presidir nada. Una manifestación donde se llama «asesinos con todas las letras» a quienes hay que llamarles así. También habría que destacar el acierto de la CNT, por no tratar capitalizar o ejercer excesivo protagonismo en un acto que sólo puede ser capitalizado por algo colectivo, por encima de siglas concretas o consignas de un momento. En esta línea fueron las palabras de Enrique Marcos, que habló unos minutos a solicitud de los familiares de Valentín González, ante el féretro cubierto por los colores confederales. ¿Qué triunfalismo puede usarse, cuando siguen matando a la gente, por hacer huelga, como hace cien años? |