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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
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Núm. 19 |
Coherencia libertaria(3): Anarquismo y sindicalismo |
| SI repasamos la historia del movimiento libertario, podremos observar que la polémica anarquismo-sindicalismo aparece bastante tarde, a caballo entre los dos siglos. En España la polémica tiene dos momentos importantes, uno a comienzos de siglo y otro en los años veinte, ambas polémicas con matices bastante diferentes. Hoy día parece que vuelve a surgir el debate, aunque, como es lógico, con un sentido distinto al que tuvo en las otras ocasiones. Podríamos empezar directamente con la polémica actual, pero nos parece importante esbozar algunas ideas básicas de lo ocurrido anteriormente, en primer lugar porque no partimos de cero, sino de una tradición de la que siempre podremos aprender algo; pero sobre todo porque lo más asombroso es la superficialidad, por no decir la deformación, con que se está recurriendo a la historia pasada para justificar posturas actuales. HOMBRES NUEVOS SOCIEDAD NUEVA EN los primeros años de la Internacional no surgió ningún problema de este tipo. El anarquismo se identificaba con un movimiento obrero caracterizado por unos contenidos y unas formas organizativas específicas que no parece necesario recordar, pues están en la mente de todos. De todas esas características nos parece fundamental una, la integralidad. Efectivamente, los anarquistas planteaban una revolución integral que afectara tanto a las dimensiones sociales y económicas cuanto a las políticas y culturales, ya fuera en el ámbito comunitario como en el estrictamente individual. Hombres nuevos en una sociedad nueva, podría ser la síntesis de esa actitud específicamente anarquista, lo que les llevaba a mostrar interés por una diversidad de temas, desde las relaciones familiares hasta la educación. Basta releer la prensa o los escritos de la época para comprobar el interés de los anarquistas por multitud de temas que rebasaban con mucho la lucha estrictamente económica e incluso la lucha por la abolición de la propiedad privada y el estado. La importancia concedida a las escuelas o a la huelga general como forma de enfrentamiento de toda la comunidad, no sólo de los trabajadores asalariados, contra la burguesía y el estado, sería las señales externas de esa integralidad. En cualquier caso, la urgencia de unas mínimas reivindicaciones laborales así como la lucha por el derecho a la supervivencia como asociación, hacían fácil la integración de todas las dimensiones en el seno de la Internacional. Más adelante viene la desintegración progresiva del movimiento obrero. El anarquismo va quedando reducido a unos grupos minoritarios, alejados del pueblo y radicalizando sus posiciones, como suelen hacer casi todos los grupos minoritarios. La relación entre anarquismo y movimiento obrero deja de ser algo natural, a lo que contribuye también la difusión-adulteración del anarquismo entre determinados grupos intelectuales. Son los años de un anarquismo más diluido, pero también los años que más contribuyen a formar una imagen popular de anarquista, imagen falsa pero que sigue funcionando. Cuando vuelve a surgir la oportunidad, primero en Francia y a continuación en España, de relanzar un amplio movimiento obrero sindical, gran parte de los anarquistas se entregan de lleno a la tarea, aunque otros sectores, deformada su visión de las luchas sociales por los últimos años de clandestinidad y marginación, se muestran reacios a cualquier forma de organización. Estos sectores van a insistir a cualquier forma de organización. Estos sectores van a insistir más que nadie en las diferencias entre anarquismo y sindicalismo, manteniendo, en general, que el sindicato es un mero instrumento de algo más amplio y más rico, el anarquismo. Pero también los anarquistas que se dedican ala reconstrucción de organizaciones sindicales de amplia base van a favorecer esta distinción, aunque por motivos distintos. Para éstos se trata de aglutinar el mayor número posible de obreros, colaborando incluso con otros sectores socialistas, para lo cual consideran necesario distinguir entre sindicato y anarquismo, en parte porque de esta forma piensan que reducen las exigencias teóricas y prácticas, favoreciendo una rápida in-corporación de obreros, en parte porque el anarquismo no gozaba de excesiva buena prensa y era necesario recuperar una imagen poco a poco. UN PROBLEMA MAL PLANTEADO DESDE nuestro punto de vista, la distinción entre sindicato y anarquismo era un problema mal planteado y, por lo tanto, insoluble. Por los que se refiere a España, rápidamente la CNT se decanta hacia posiciones netamente anarquistas, tanto en sus formas organizativas como en sus contenidos, siguiendo fielmente, aunque con las ligeras modificaciones que impone el paso del tiempo, la línea trazada por la I Internacional. Nadie, absolutamente nadie, pone en duda la definición libertaria de la Confederación, ni los socialistas catalanes que la abandonan ni las demás Federaciones locales que se van incorporando poco a poco, por lo que fácilmente se llega a una definición anarquista de la Confederación en un Congreso. Pero, al igual que nadie duda que la CNT sea anarquista, tampoco se puede dudar que durante estos años sigue siendo el movimiento obrero el único espacio real donde los anarquistas encuentran una posible realización práctica de sus ideas, a excepción de pequeños grupos que por diversos motivos se limitan a tareas de propaganda. A pesar de todo la polémica vuelve a resurgir unos años más tarde, con protagonistas por todos conocidos. En esos años, años de la dictadura y primeros años de la República, se agudizan las posturas entre los que quieren distinguir sindicalismo revolucionario de anarquismo, considerando ambas cosas como distintas, y los que, admitiendo la distinción, defienden la necesaria orientación anarquista de la organización sindical. El paso de los años permitió decantar las posiciones, deslindándose aquellos que realmente se alejaron del anarquismo y, por tanto, de la CNT, y los que continuaron dentro de ella. De todas formas, la objetividad que nos proporciona el paso del tiempo y el no estar implicados en aquella polémica, nos permite mantener que, aunque se discutiera sobre las diferencias y relaciones entre anarquismo y sindicalismo, el debate real era sobre las tácticas que debía seguirla CNT. Ni Peiró ni Abad de Santillán, por no poner más que unos nombres, pusieron nunca en duda las relaciones entre ambos, sino que sus enfrentamientos obedecían a una distinta interpretación de la línea de actuación que debía llevar la organización. El recurso a la definición de anarquismo o no anarquismo no era más que un pretexto utilizado con frecuencia para invalidar dogmáticamente al rival; en lugar de discutir el acierto o el desacierto de determinadas tácticas, como las Federaciones de Industria, se acusaba al contrario de no ser anarquista, con lo cual se pretendía invalidarle en una organización que había sido, era y seguiría siendo anarquista. No queremos decir con ésto que, efectivamente, algunas de las propuestas tácticas que entonces se discutían estaban en contradicción con los principios elementales del anarquismo, pero lo importante es que entonces, como en gran parte y desgraciadamente ahora, la mayor parte de la polémica se reducía a definiciones dogmáticas con las que se pretendía encubrir debates a fondo. Procedimientos tradicionales de caza de brujas que suelen suceder cuando se pretende practicar un dirigismo o cuando alguien se erige de pronto en el único intérprete válido de las esencias libertarias. CNT Y MOVIMIENTO LIBERTARIO PARA nosotros, por tanto, está claro que la CNT o el anarcosindicalismo no era más que una forma de organización obrera netamente anarquista, dentro de la cual se daban diferencias que afectaban a la interpretación de las líneas de intervención, pero que nunca ponían en cuestión esa definición anarquista. Al mismo tiempo era el único espacio real en el que se ofrecía una práctica anarquista. Si esto es válido durante unos años, a partir de 1927 va a comenzar un nuevo planteamiento. La fundación de la FAI supone ya el reconocimiento de una especificidad anarquista que no se agota en la Confederación, independientemente de que la FAI fuera fundada como grupo de orientación de la CNT y que, en la práctica, toda su actividad se centrara en la Confederación, con lo que reproducía más bien los antiguos planteamientos de la Alianza bakuninista. Posteriormente viene la fundación de las Juventudes Libertarias y más adelante la de Mujeres Libres. En ambos casos aparecen formas de organización anarquistas pero en ámbitos distintos a los del movimiento obrero. Sin poner en duda que la CNT sea un sindicato integral, se descubre la necesidad de unas organizaciones específicas para distintos ámbitos de lucha, insistiendo, especialmente las mujeres, en que su liberación no es exactamente igual a la liberación de la explotación económica y la opresión política. Mujeres libres, por tanto, supone la ruptura de un esquema clásico en virtud del cual todo se realizaba en el seno de la organización obrera. Aunque Mujeres Libres no llegara a ser totalmente reconocida y aunque la revolución que tuvo lugar inmediatamente impidiera su desarrollo, podemos decir que es en esos momentos cuando realmente conviene distinguir entre anarquismo y sindicalismo de una forma fecunda e interesante, mientras que las anteriores discusiones, como ya decíamos, planteaban mal el problema. LA EXIGENCIA DE NUEVOS PLANTEAMIENTOS EN efecto, y con ésto pasamos ya al momento actual, hoy día han aparecido nuevos frentes de lucha contra el actual capitalismo que permiten y exigen un nuevo planteamiento que nos llevaría a distinguir entre una serie de organizaciones distintas, todas ellas inspiradas en el anarquismo, con formas organizativas y contenidos anarquistas, pero con fines específicos. La situación de la sociedad española, como la de todas las sociedades occidentales, ha abierto nuevos problemas, difícilmente reducibles a los que tradicionalmente ocuparon a las organizaciones anarquistas y difícilmente asumibles también por una estructura estrictamente sindical. No voy a extenderme mucho en algo que es de sobra conocido, pero para mí está bastante claro que hoy seríamos ineficaces si solamente nos enfrentáramos al Estado y el Capital en el frente sindical. Problemas como los de la ecología, las centrales nucleares, el feminismo, etc., tienen incluso una importancia mayor a la misma lucha en las fábricas, sobre todo porque estamos en una sociedad en la que la característica central es la opresión más que la explotación y es el pueblo en general, no sólo la clase obrera, el que objetivamente estaría interesado en modificar la sociedad. Desde luego que esto no podría ser asumido por un sindicato, a no ser que cambiásemos tanto el sindicato que dejara de ser lo que era y perdiera la importancia que debe tener en un sector específico de las luchas. No es tiempo ya de entender la integralidad de una organización como el mezclarlo todo dentro de la Confederación, que sería capaz, según esos planteamientos, tanto de luchar en las fábricas como de defender a las mujeres. Nunca se practicó así la integralidad en el anarquismo y no veo porqué tendría que hacerse ahora en que la mayor complejidad y diversidad de problemas exige más que nunca esa integralidad realizada a partir de la confluencia y coordinación de diversas organizaciones cada una de ellas autónomas y con sus propios contenidos. Es decir, para nosotros, en estos momentos, el anarquismo debería ir en busca de nuevas formas organizativas que le permitieran una mayor flexibilidad y que pudieran recoger con más fecundidad las necesidades y aspiraciones que tenemos gran parte de la población. En este sentido propondría yo una distinción entre anarquismo y sindicalismo. Es decir, debería haber un sindicato que siguiera teniendo, sustancialmente las mismas características que tuvieron la FRE, la FTRE, el PUS, SO o la CNT, para mí el nombre es lo de menos a la vista de la variedad de nombres que ha adoptado el movimiento libertario en España. Un sindicato de definición y contenidos libertarios, por lo tanto autogestionario, no burocratizado, llevando luchas no estrictamente economicistas, solidario, federal, etc. No podemos ser tan tontos como para, aun reconociendo como hemos hecho la importancia de otras luchas, negar que la lucha en las fábricas contra la explotación y la opresión sigue teniendo gran importancia. Sigue haciendo falta dentro del mundo obrero una organización libertaria que pueda suponer una alternativa a las otras centrales sindicales de las que ahora no conviene hablar. Ese espacio lo podrá llenar la CNT, pero si no sabe hacerlo lo terminará llenando otra organización, con otras siglas pero parecidas características. Los debates en el seno de esa organización no deberán centrarse en el problema del anarquismo-sindicalismo, sino, como decíamos al principio, en la búsqueda de tácticas y formas de lucha que sean coherentes con los principios básicos del anarquismo, evidentemente reformados y enriquecidos gracias a la experiencia que nos ha proporcionado la historia de los últimos cuarenta años. Desgraciadamente nos parece que los últimos enfrentamientos producidos en el seno de la organización han desenfocado el problema, con lo que, si se sigue así, será imposible solucionarlo y seguiremos sin ocupar ese espacio político que podemos y debemos ocupar. UNA LLAMADA A LA IMAGINACION... FUERA del marco sindical deberían existir otras organizaciones que, igualmente inspiradas en los principios básicos del movimiento libertario,atendieran a los diferentes problemas que hoy día nos afectan. No se trataría de elaborar aquí cuáles serían esas organizaciones, sino que se trataría de partir de la realidad y potenciar lo que espontáneamente ha ido surgiendo en los últimos años. Asociaciones de barrio, movimientos feministas, coordinadoras ecologistas, movimientos contra las centrales nucleares, parados, presos sociales, y otras más que se me pueden olvidar. También aquí hay en estos momentos un espacio político importante que puede ser llenado y que está siendo llenado de hecho por los libertarios. Es la realidad en que vivimos, donde necesitamos más encuentros entre nosotros para ir construyendo y definiendo ese tipo de luchas que todavía son bastante confusas y que no cuenta, como en el caso de la lucha específicamente obrera, con una línea divisoria neta entre los intereses de las clases dominantes y de las clases dominadas. Afortunadamente la tradición libertaria nos permite enfrentar-nos con mucha mayor facilidad ante esos nuevos problemas, no reducirlos en ningún momento a meros apéndices de la organización sindical o política a través de los cuales podríamos aumentar el número de afiliados y alcanzar la toma del poder, como se hace desde otros sectores políticos. No debería suponer excesivo esfuerzo, para quienes han pensado siempre que la liberación de las personas tenía que realizarse en todas las dimensiones de la vida y no solamente en la abolición de la explotación económica, no supondría excesivo esfuerzo, decíamos, ofrecer líneas de trabajo atractivas y con ciertas perspectivas de futuro. ...Y ALGO DE COORDINACIÓN EEVIDENTEMENTE que habría que buscar también la coordinación de todas estas organizaciones para poder llevar una lucha unida que no dejara ni a sol ni a sombra a los que actualmente detentan el poder, tanto político como económico o de otro tipo, y que fuera haciendo posible la construcción de realidades alternativas que nos permitieran no sumirnos en ese proyecto social típico del capitalismo actual en el que cada vez estamos más cerca de convertirnos en sumisos borregos aplastados por el peso de una dominación absoluta. La coordinación podría recoger el esquema tradicional de las Federaciones Locales o buscar formas nuevas, siendo posiblemente mejor este segundo camino. Aquí hace falta igualmente imaginación y debate entre todos nosotros para poder llevarlo a cabo, pero es eso lo que nos permitirá tener sentido como organización libertaria y seguir teniendo una activa presencia de defensa de la libertad, la igualdad y la solidaridad. No importaría el que siguiera habiendo una división entre una organización más específicamente libertaria y las otras organizaciones más amplias, pues, como veíamos al principios, la división entre Alianza-FRE o FAI-CNT, respondía a problemas distintos, a los tradicionales problemas del movimiento obrero entre la gente más concienciada y comprometida en las luchas y la gente me-nos concienciada y menos comprometida, o, como se dice en otros sectores, a la diferencia entre vanguardias y bases. Como es de suponer, este último problema rebasa las posibilidades de este artículo y exigiría uno distinto, por lo que renunciamos a seguir en el tema. F.G. |