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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
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Núm. 19 |
Cartas |
| Hola gentes de Bicicleta. Me gustaría que publicarais estos párrafos en vuestro próximo número de Bici. Y los párrafos tratan de que jamás llegaré a comprender cuál es el motivo, causa, las condiciones que la literatura, los me-dios de comunicación anarquistas, libertarios, etc., etc., se abstienen de informar y comentar lo que realmente pasa en Euskal Herria actualmente. Y sin embargo, tratan de los movimientos anarquistas italianos o holandeses. Es una pregunta que siempre me hago y que jamás logro encontrar la respuesta. Mi opinión es que enrollarse únicamente con el movimiento anarquista y hablar tan sólo del movimiento anarquista, porque es anarquista, llega a ser pedante y a que lo que pretende ser un medio de comunicación y de información anarquista, pase a ser una revista de las grandes intelectualidades libertarias y demás postres. Quiero decir que se aleje de lo que la gente come a diario, Quiero decir que la Revolución no es patrimonio del anarquismo y que hay miles de prácticas que hoy se están llevando, como por ejemplo la lucha sociopolítica de Euskal Herria, que son revolucionarios aunque no anarquistas (a un nivel teórico). No sé si se me entiende, pero, ¿qué labor es la del subversivo ante una Revolución ola lucha, marcada por el nacionalismo marxista leninista? ¿Rechazar por ser marxista leninista o por ser nacionalista? Yo creo que hay que hacer todo lo contrario porque es Revolución. A juzgar por la total ausencia de información y análisis acerca de lo que hoy ocurre en Euskal Herria, parece que de allí, el movimiento anarquista no tiene nada que aprender o que incluso los anarquistas no quieren saber nada acerca de las luchas que se suceden en los pueblos euskaldunes. Quizás se piense que lo que aquí ocurre, es algo inventado por los bloques politizados y burocráticos y potencialmente económicos, y etc., etc. Si así se piensa, bien falso es. Y el contraste que produce, cuando lees en las revistas de la Anarquía, hablar de los triunfos de las luchas anarquistas italianas o sus practicas y que no mencionen las luchas, realmente subversivas y populares que existen en Euskal Herria, da gracia. No entiendo el porqué de la ausencia... JOSE LUIS HONDARRIBIA _______________________________________ DEFECANDO En ocasiones soy feliz. Durante un momento la vida se abre y me convierto. Una luz limpia asperezas y el telón se levanta dando paso al riego de la existencia. Entonces tiemblo porque aún anda despierto mi sentido y puedo, incluso, reír. Es un baño sedante y acariciador que repele los monstruos. Los grillos duermen y los osos invernan: es el día de mi vida o como si ya estuviera en el cielo. Sin embargo, el purgatorio es mi estado más común. Los modales se agrietan heridos por el desgaste. La nube cubre mi guardilla y llega hasta ella la niebla. Así consumo días y noches y amparo la tristeza. Cabizbajo, con costra o concha de caracol, y andares de cangrejo, rezumo hiel, insatisfacción. Y rompo el día y el cielo. Es la tarde crepuscular, violeta, muchas veces negra de odio. El reloj se para arruinada su maquinaria. Tal vez una copa o una cúpula reparan el instante. Pero, de hecho, todo vuelve un poco mas tarde, cuando el subsconsciente revive, llega la resaca o se ha ido el placer. Pero lo infinito es cuando vivo en el infierno porque soy hombre y miembro de una civilización perdida. Las marchas triunfales caen al abismo. Las trompetas y los estandartes; los saludos también. Pica el escorpión alcanzando a la misma infancia. No importa la hora, ni el día; ni siquiera si la primaveraha muerto o acaba de nacer. Seguramente es invierno. Tartamudeo además de temblar. Y tiemblo, tartamudeando, hasta los huesos. Sólo el cautivo preso en la Torre del Homenaje, con su crimen y su frío, húmeda mazmorra de lo interior, se parece a mí. Deliro y río en el infierno. Río de mí mismo, de mi ingenuidad, de mi lánguido amor, de mi aislamiento y mi acritud. Me río de mí mismo como un bufón de corte se ríe del rey al que divierte. Cada noche las sábanas se transforman en sudario. Y siento los resortes de mis penas rotos en el paisaje de la cama. No me siento ni bien ni mal. Tal vez nunca me enseñaron a estar bien o mal. Y tal vez, como no me enseñaron, yo no lo aprendí. O tal vez lo aprendí demasiado pronto. O demasiado tarde. Y ya no supe defenderme. Me autoausculto y oigo palpitar mi entraña y escucho cómo se queja del trato que la doy. No tengo, ciertamente, una pulmonía avanzada, pero sí que estoy enfermo. Porque enfermedad es querer vivir en plenitud, abriendo los brazos al aire y al hombre, y no poder hacerlo porque has llegado tarde. O demasiado pronto. O porque no has llegado. O porque antes de llegar sucumbiste al pantano de la familia o de la religión o del Estado. O porque te pegaron un tiro en la Universidad. Pero ya ves: yo también no me siento ni bien ni mal. Voy tirando de mi vida como puedo; a veces, muchas, como me dejan. Caigo rendido en un banco del Retiro, altruista vencido, ácrata del aire y del tiempo, y veo pasar las generaciones de leguleyos, abrazados a lindas vírgenes, como patos, caciques vendidos al dinero. Un estertor en el vientre me despierta: hay que cagar. Yo cago de cuclillas sobre la taza del wáter. Cuando era niño mi madre me regañaba porque arañaba; con las botas, los bordillos. Mi padre apoyaba a mi madre. Yo seguí cagando siempre de cuclillas. Y conservo tan higiénicas costumbre, ya que, en esa postura, el vientre se oprime contra los muslos y la defecación es más completa. RAFAEL CLAUDIN MADRID |