bicicleta

REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Núm. 20

Latinoamérica. Solución: la revolución socialdemocracia

R.FERRI
(a partir de documentación de
ALTERNATIVA, COMUNIDAD, LIBERACIÓN Y ARCHIVO BICICLETA)

Tras la bunkerización de la revolución cubana y el fracaso de la lucha guerrillera en casi todas partes, el futuro de las dictaduras, semidictaduras, dictablandas, cacicatos democrateros y demás variedades del espectro americano, aparecía como una incógnita difícil de despejar.

Con los comunistas víctimas de los vaivenes e intereses económicos de Moscú y dispuestos a pactar con los Videlas, y la gente antiautoritaria (o de vuelta de los tinglados políticos) empezando a rearmarse ideológicamente en los frustradores exilios europeos o sufriendo la tortura y cárcel anónimas, los ordenadores y las fuerzas decisivas y decisorias de nuestras paranoias geopolíticas dieron al fin con la solución las «aperturas políticas» con la socialdemocracia como protagonista.

Es el relevo a las viejas fuerzas «nacionalistas» y «populistas» en vía de descomposición y crisis (APRA en Perú, Justicialismo peronismo en Argentina, MNR en Bolivia, etc.), tinglados que no resistían ya los cambios sociales de una industrialización controlada, y que eran, potencialmente, desencadenantes de movilizaciones masivas peligrosas. Sobre todo cuando los reformismos se desbordaban con dinámica asamblearia, como en la Bolivia de Torres, y se tenía que intervenir en plan sangriento.

Llegó pues la hora de las «aperturas democráticas» (¿os suena el asunto?). Se trata de amoldarse al nuevo «orden» internacional, a los diseños de la división internacional del trabajo, para la que hace falta fomentar la productividad necesaria a industrias de transformación que vayan sustituyendo al clásico pillaje de materias primas con orgías genocidas y arrasamientos de pueblos enteros. Es necesario, para que todo vaya bien, montar nuevos sistemas de relaciones políticas que no estén basadas como hasta ahora en dar bala cada dos por tres a la gente que pide algo. Es preciso iniciar unas relaciones laborales ordenadas por sindicatos bien controlados. Y..., ¿quién mejor para todo esto que los socialdemócratas?

La salida a la dictadura nicaragüense ha sido el éxito más espectacular de la estrategia. Aún calientes las imágenes de niños sandinistas destripados por los soldaditos de la Guardia Nacional con armamento español y dinero USA, llega sonriente a Managua la primera delegación Internacional de alto nivel. Se trata de una embajada de gala de la Internacional Socialista presidida por Mario Soares y a la que se incorporará también Felipe González. Objetivo: fortalecer el ala «tercerista» socialdemócrata del frente sandinista, canalizando a través de sus hombres toda la ayuda que necesite el país para su reconstrucción, e impedir así la redicalización previsible de un proceso en el que hambre, armas en todos los bolsillos, años de fascismo, etc., hacían presagiar lo peor. De todas formas los USA han alargado la guerra civil lo suficiente como para que la gente no tenga ganas de apoyar ninguna «aventura» con potencial cuota de nueva sangre y más si a cambio se ofrece «bienestar», «modernidad», «paz», «progreso», etc. , desde las mejillas sonrientes de Mario Soares, triunfante apagafuegos en el lío de los claveles portugueses.

Y no se trata de improvisar nada. En el 13 Congreso de la Internacional Socialista celebrado en Ginebra, su presidente
Willy Brandt era bien claro en su discurso: «Las miradas ávidas que los hambrientos del hemisferio sur lanzan sobre las riquezas del hemisferio norte constituyen un peligro permanente para la estabilidad y la paz en el mundo...» La delegación belga al congreso lanzó la propuesta de diseñar una política que canalice la «rebelión de los hambrientos» e impida tanto las «explosiones irracionales» como los «estallidos salvajes» de los precios en las primeras materias.

A repartirse pues la faena. Olof Palme y los nórdicos se dedicarán a África, donde tienen cierto prestigio por sus campañas contra los regímenes racistas, (campañas con trampa como se informaba en BICI, núm. 15). El austriaco Kreisky se encarga de posar con Arafat para servir de puente con el mundo árabe y quede para Soares y Felipe González toda el área latinoamericana, que para eso son la madre patria y todo eso. Ahora bien, del reparto se exceptuará el Brasil, que constituye el mejor mercado (con 120 millones) para que se encargue Alemania de los fabulosos contratos, en materia de energía nuclear por ejemplo. Allí está muy avanzada ya la fabricación de un futuro «partido laborista» con el popular Leonel Brizzola al frente, y de unos sindicatos reformistas fuertes, con formación de «líderes» a cargo de expertos alemanes y americanos.

Pero no es Brasil el único país donde la socialdemocracia va abriéndose paso como fórmula de recambio a las dictaduras. Las luchas heroicas de pequeños grupos armados o tinglados clandestinos, serán un día capitalizadas en Argentina por el partido socialdemócrata que se está creando a partir de una facción del peronismo de origen sindical. En Chile, cuyo partido socialista nunca perteneció a la Internacional de Willy Brant, saltó adelante una escisión de este signo que cuenta con todas las bendiciones y apoyo. En Perú, una vez muerto el viejo jefe Haya de la Torre, se acelera la aproximación al APRA de la Internacional Socialista que mantiene excelentes relaciones con su actual jefe, el diputado Villanueva.

En otros países se «ganan» partidos no inicialmente socialdemócratas o populistas. Como la Acción Democrática de Venezuela. el PLN de Costa Rica, el P.L. de Colombia, el PRH de Honduras o el MNRI (escisión del MNR boliviano). O bien se crean «tendencias» en el interior de partidos o coaliciones, como en el PRI mexicano o el «tercerismo» en el Frente Sandinista, ahora hegemónico.

Tras la experiencia del «cambio sin ruptura» o de la ruptura con control de CIA, dos versiones de un mismo fenómeno en la península ibérica, sabíamos donde acaban las cosas cuando todo se cifra en «programas de unidad para la defensa de las libertades democráticas». Pero que la lucha guerrillera, los millones de torturados y «desaparecidos», los miles de muertos en revueltas campesinas, iban a servir para asentar a la Internacional Socialista como panacea final e irreversible, era algo que no nos podía pasar por la cabeza, ni en nuestras peores noches de pesimismo histórico.

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