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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
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Núm. 21 |
Ante el proximo congreso de la C.N.T. |
| JOSÉ PEIRATS Acordado de una vez el Orden de! Día definitivo del próximo Congreso de la CNT, que tiene una singular trascendencia para esta organización, al ser el primero desde 1936, hemos pedido al que se considera su más importante historiador, una impresión sobre el temario, y sobre los puntos que considera más «cruciales». He aquí su respuesta, condicionada por la premura que exigía !a fecha del cierre de la edición. TENEMOS, ¡por fin!, ante la vista el orden del día definitivo del congreso confederal a celebrar en (?) a partir del 8 de diciembre del corriente año. Muy nutrido nos parece este orden del día con todo y haber sido recortado, pulido, en fin, simplificado, varias veces, y con haber sido motivo de apasionadas polémicas sobre la oportunidad y haberse especulado incluso maliciosos a nuestra vez si señaláramos que algunos que lo iban pidiendo a grandes voces le vuelven ahora grupas a la CNT misma, lo que ya en una muestra fehaciente de la cualidad tornadiza que prima actual-una muestra fehaciente de la cualidad tornadiza que prima actualmente en algunos sectores libertarios de nuestro país. Nos hubiera gustado poder analizar, si no todos la mayoría de los apartados que subdividen los catorce puntos susceptibles de debate. Nuestra ambición, por imperativos de espacio y tiempo, tiene que ser más modesta. Nos limitaremos pues a algunos de los aspectos del quinto y sexto puntos sin apretar el pedal hasta el fondo, siquiera por dos motivos concretos: porque su análisis rebasa las modestas pretensiones de un artículo y por habernos ocupado en varias ocasiones de algunas de sus variantes. La resolución sobre el cuarto punto («Principios, tácticas y finalidades. Anarcosindicalismo, definición y práctica. El comunismo libertario.) constituye a nuestro entender el aspecto medular de este V Congreso de la CNT. El solo hecho de tratarse del V Congreso Nacional Confederal implica que no hay rotura ni solución del continuidad entre la CNT de anteayer y la que ha venido heredando su tradición, en el mismo país de sus fastas actividades, desde que hubo una incuestionable ruptura entre hoy y la cuarentena dictatorial fascista. Este quinto punto se presta a especulaciones en toda suerte de campeones de la ortodoxia. Someter a revisión lo que son los principios tradicionales de la Confederación desde sus profundos orígenes puede parecer herejía en ciertos círculos del cenetismo. Sin embargo, no otra cosa implica el punto en cuestión con sus tres apartados. Repetimos que este enunciado puede ser pasto de temores, suspicacias y también una cierta esperanza en las filas de los revisionistas de todo pelambre. Y, sin embargo, con todos los riesgos que se quieren suponer no hay más remedio que pasar por este aro. Sól0 un congreso de la CNT tiene facultades para someter a revisión principios constitucionales. Así ha venido siendo siempre en sus máximos comicios, notablemente desde el de mayor importancia ocurrido (también en diciembre) en 1919. Desde aquí rompemos una lanza en favor de la continuidad de los principios tácticas y finalidades de la Confederación Nacional del Trabajo de España. No obstante no nos contentamos con cobijar el manoseado argumento según el cual nada resiste a la marcha del tiempo. Estamos y debemos estar siempre dispuestos a recoger el mensaje que acarrea la diaria experiencia; dispuestos a albergar cuantas innovaciones intervengan en el transcurrir de los años; estaratentos, mediante riguroso análisis, exhaustivo, a las innovaciones que marca o puede señalar el compás de a bordo. Y no es menos sagrado empeño observar a la lupa o al microscopio, cuáles de esas innovaciones lo son verdaderamente o, por el contrario, se trata de meras, engañosas apariencias. El siglo que estamos terminando dio un salto prodigioso en muchos dominios, especialmente en uno de los aspectos que tomaron entidad de dogma en el postrero. Al extremo de que hoy se preguntan algunos analistas si verdaderamente las fantásticas transformaciones que parecen reventarnos los ojos son verdaderamente cifra y prueba de verdadero progreso. Si todo nuestro saber infuso no estará, precisamente cuando cree hallarse encaramado en la cima, a punto de desplomarse como castillo de naipes. Se puede dirigir esta pregunta a los próceres del crecimiento-cero, a los preocupantes y preocupados especialistas en biología genética y a los adalides responsables de los movimientos antinucleares. No nos dejaremos conducir por los complicados vericuetos a que nos inviten tan altas preocupaciones, no sólo por toda suerte de deficiencias técnicas sino porque nuestra intención no va más allá de apoyarla afirmación de que las decantadas exigencias de los nuevos tiempos carecen de la necesaria consistencia que le prestan ciertos demoledores de «principios fosilizados». Y por vía de consecuencia, habría que establecer si los principios anarquistas decimonónicos que inspiran el punto de partida de la organización confederal. por su ranciedad han pasado a quedar superados, desintegrados, o a la inversa, conservan su añejo valor. Para resolver este problema el congreso no tendrá tiempo. No lo tendrá para abismarse en valoraciones de tipo histórico, político o socioeconómicas con el objeto de emitir un dictamen que responde a las más caras exigencias; pero sería una verdadera decepción que, so pretexto de que los tiempos han cambiado y cada hora tiene su afán, manejando el ariete, dedicárase a demoler algo que, por lo menos, ha tenido la virtud de demostrar como todas las escuelas autoritarias basadas, velada u ostensiblemente, en el apuntalamiento de Estados diversamente pintarrajeados, no han hecho, hacen, más que deambular por un circuito cerrado. PASANDO al apartado siguiente nos encontramos
con aquello de que los principios pueden ser los mismos pero las tácticas
diferentes. En efecto, sin que entren en juego las tácticas,
todos los principios tienen un valor simbólico por no decir
decorativo. Pero al decir meramente que una cosa son los principios
y otra las tácticas se cae en el peligro de conceder a las
tácticas patente de corso. La historia de todos los movimientos
revolucionarios, sin excluir a la de la CNT, está empedrada
de salidas sofísticas semejantes. Los jacobinos de la gran
revolución escalonaron las tácticas revolucionarias
sin darse cuenta que escalaban el patíbulo termidoriano y asentaban
sobre el mismo el trono En el movimiento confederal, como en los mejores tiempos del anarcosindicalismo, las tácticas deben estar siempre en concordancia con los principios. Tienen que deducirse de los principios mismos. Buscar atajos por oportunismo conduce a situarse en ámbitos que nos son extraños y propicios a nuestros adversarios y enemigos. Por exceso de fineza, por creernos los más avispados en los vericuetos de la política y el corporativismo, se puede caer fácilmente en la trampa que consiste en hacer el juego a intereses extraños yendo a remolque de los profesionales del enredo y el logro, lo que conduce derechamente a perder la propia imagen, a promocionar en nuestros propios medios una casta de logreros. A semejanza del canguro toda revolución cobija la nueva clase. En el terreno de las finalidades la nuestra no puede ser otra que el comunismo. Algunos retóricos han tratado de aberrante la amalgama anarcosindicalista, esforzándose en demostrar que se trata de términos de significación antitética. Cada cual es libre, a falta de mejores menesteres, de cazar gazapos y hasta de buscarle tres pies al gato. Hubo un tiempo en que los anarquistas de cierta tendencia explotaron el filón de la supuesta incompatibilidad. Se olvidaba que en España nuestro movimiento tomó vivencia y desarrollo en tanto que anarcosindicalista. El enfrentamiento de Bakunin a Marx tuvo origen en el empeño del primero por insuflar una finalidad antiautoritaria al movimiento obrero corporativista. Marx pretendía realizarla misma operación con fines diametralmente contrarios. Concebía éste el movimiento obrero como masa electoral en provecho de una élite dirigente y burocrática. EL anarcosindicalismo de la Federación Regional Española hizo su prueba de eficacia contra todos los avatares de los estatólatras ibéricos. En España el anarcosindicalismo llovió sobre mojado, lo que no pudo ocurrir en otros lugares geográficos. Algunos han tratado de explotar la miseria anarcosindicalista actual en países antes fértiles ideológicamente al fracaso del anarquismo en el movimiento obrero. No se les ocurre preguntarse –y si lo hacen se callan la resultante– qué ha ocurrido en los movimientos obreros de esos países desde que volvieron sus espaldas a los principios antiautoritarios. Los que no se han convertido en apriscos del altura autoritarismo estalinista son voraz presa del gagnsterismo tipo American Federation of Labor-CIO o triscan la yerba en los prados del socialismo templado como rebaño lanar. La pretensión de muchos anarquistas (a la salida de las épocas críticas) de convertirse en almas sin cuerpo hizo también el juego, y sigue haciéndolo, a la castración del obrerismo. Los antedichos purgan la pena de no mezclarse con los trabajadores de las empresas (puro prejuicio aristocrático). Las suyas, empresas editoriales, que tan buen trabajo hicieron en tiempos de simbiosis anarcosindicalista, naufragan frecuentemente por carencia de masa de lectores que antes proporcionaban las fábricas, los talleres, las minas, los campos, abundantemente. En cuanto al comunismo libertario, cualquier programa anticipacionista le ocurre como ala piel que se raja en el curso del tiempo. Antes de 1936 hubo una floración de programas confeccionados a gusto y placer de cada proyectista con más buena voluntad que competencia. Pero para la sociedad que vivíamos entonces, el concepto confederal del C.L. hilvanado en el congreso de Zaragoza, con todas sus omisiones y deficiencias, hizo su prueba en tanto que pauta para los colectivistas que se lanzaron al asalto de las fábricas y los campos a partir del 19 de julio. Aquel esquema no nos sirve en un tiempo en que la revolución (todo lo contrario de entonces) parece lejana. El congreso podría poner el acento hoy en día en la efervescencia autogestionaria. La CNT podría hasta cierto punto brindarse como aglutinante de un vasto movimiento colectivista, comunitario, cooperativista, etc.. a fin y efecto de que cada cual, como ocurre ahora, no hiciera la guerra por su cuenta. Uno de los errores del anarquismo clásico fue su rechazar en banda el cooperativismo, so pretexto de la bancarrota inminente del capitalismo y de la revolución a la vuelta de la esquina. No convencen los argumentos de aburguesamiento de las cooperativas libradas a su albur, condenadas y anatematizadas por anticipado. Un movimiento cooperativista con viso socializador (no centralizador) podría serla clave de arco de un comunismo libertario por el comunismo libertario mismo, de la libertad mediante la libertad. Para ello debiéramos inspirarnos en las deficiencias, vicios y torpezas de las colectivizaciones del 19 de julio, que de todo hubo en la viña del señor. Se adoleció entonces de falta de socialización, predominando en ciertas etapas algo semejante al reino de taifas. Los experimentos de engarce socializado quedaron muchas veces en proyecto. El dramatismo bélico como marco acuciante no puede justificarlo todo. Por lo que respecta a la normativa orgánica (punto 6), la al parecer más pugnaz, desgraciadamente, pues no debiera de serlo entre libertarios, es la cuestión del voto. Es contratiempo que este problema no se haya resuelto incuestionablemente antes del congreso. Conocimos las motivaciones que, por cierto, no dicen mucho en nuestro honor. En realidad, tratándose como se trata de un congreso de la CNT que sigue la línea de sus antecesores, el problema está resuelto por el de Zaragoza. Cualquier modificación no podría ser aplicable en este congreso sino en el sucesor o sucesores. La situación se ha complicado por falta de conocimientos de la mecánica sindical. La gente ha creído que bastaban dos telefonistas para formal un sindicato de Teléfonos o de Comunicaciones. Y, por lo tanto, se ha producido una inflación de sindicatos y de federaciones locales que no tienen razón de existir. Cuando se trata de varias actividades profesionales de poca monta, lo correcto no es formar tantos sindicatos como actividades profesionales sino agruparlas todas en un Sindicato de Oficios Varios. Si en la misma localidad una de las actividades profesionales adquiere una cierta importancia (importancia que tendrá que fijar el congreso), esta actividad profesional puede constituirse en Sindicato único, quien junto con el sindicato de Oficios Varios formará la Federación Local. En el seno del Sindicato de Oficios Varios las variedades pueden constituirse en Secciones Técnicas con desenvolvimiento autónomo para sus asuntos profesionales respectivos. Lo mismo en el sindicato único. Pero en caso de un Pleno local o regional o de congreso, la sola representación la ostentará el sindicato de Oficios Varios y el sindicato Único. Regional, local, comarcal o nacionalmente no se reconocen más que sindicatos. Por este procedimiento se evitarán conflictos a la hora de proceder a la votación. SABIDO es que el voto oficial es el proporcional y dos individuos o tres que se hayan constituido en Sindicato no puede esperar tener la misma cantidad de votos que otro sindicato compuesto por doscientos o mil quinientos. Por este procedimiento apócrifo una minoría del congreso con escasos votos podría copar todas las votaciones si llegase a ponerse de acuerdo. Además, y extremando las cosas, podría aparecer una pluralidad de sindicatos unicelulares constituidos a última hora con fines desaprensivos. Los mismos enemigos nuestros podrían colarse de rondón en un congreso nacional. Supongo que los comités confederales tendrán esto en cuenta a los fines consabidos y pueden tener dispuesta la parada. A menos que se vaya a la formación de Federaciones de Industria, la relación de los sindicatos debe establecerse directamente con los comités federales en sentidos ascendente: Federación Local, Regional, Comarcal y Nacional (Congreso Nacional), aunque eventualmente (no regularmente) se pueden relacionar dos sindicatos de la misma localidad. Pero lo regular la relación es por medio del Comité de enlace, Local, Comarcal, Provincialmente. No sé hasta qué punto sería
prudente, de una manera global, proceder a las federaciones nacionales
de industria, dada la incipiencia de los efectivos industriales. Dichas
federaciones, constituidas en 1931 con los inconvenientes que se sabe,
tardaron en oficializarse casi seis años. En el 6-5 tropiezo con las «Plenarias» y «Conferencias». A mis cortos alcances donde existen Plenos huelgan las Plenarias, eminente cacofonía. Y donde hay congresos nos tendrían que explicar que pito tocan las Conferencias. Creemos que se trata de vicios de organización. Si por Plenarias se quiere significar Plenos de información. en los que los sindicatos de una localidad, Comarcal o Regional, son convocados sin orden del día para fines de información, basta con un Pleno de información en el que los sindicatos se limitarán a escuchar o pedir informaciones pero sin potestad para tomar ninguna resolución salvo en casos de suma emergencia , a condición de informar a su vez rápidamente a las asambleas respectivas. Habiendo Plenos nacionales de Regionales periódicos estimamos que huelgan las conferencias las cuales a nivel histórico no tuvieron otro efecto, que sustituir a los congresos. Y un congreso no puede ser sustituido sino por otro congreso. Finalmente, llama nuestra atención el punto o apartado 6-8, notablemente lo referente a expulsiones y desfederaciones. Un militante no debiera ser expulsado sino por traición o por inmoralidad comprobada. En los demás aspectos pueden serle aplicadas sanciones temporales fijas. En todos los casos el afectado debe ser convocado por el organismo denunciante para que pueda dar explicaciones y pueda con tiempo necesario preparar su defensa. Y, por último, en cuanto a derechos y deberes, debiera también quedar bien establecido si un afiliado que desempeña cargo en un comité local, regional o nacional, sigue representando a su sindicato o bien al conjunto de la organización. ¿Quién tiene jurisdicción sobre un miembro local, regional o nacional? Si la jurisdicción la tiene la organización general del órgano que desempeña no puede tenerla su sindicato de origen.
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