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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS |
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Núm. 21 |
Recuperando la confianza (1): sistemas de propaganda y religióin de estado en el "mundo libre" |
| NOAM CHOMSKI Me gustaría comentar algunos hechos corrientes en las democracias occidentales, en el piano doctrinal e ideo-lógico, tomándolos del contexto de su desarrollo interno e internacional. Me centraré en los Estados Unidos, aunque creo que la situación no es, substancial-mente, distinta en el resto de los países del »Primer Mundo» de la democracia capitalista. Se viene observando, amplia y correctamente, que el sistema internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial, se ha deteriorado significativamente hacia la mitad de los años 70. ¿,En qué consistía este sistema internacional? El informe de la Comisión Trilateral «Crisis de la democracia.., lo define de forma bastante simple y exacta: «Durante un cuarto de siglo los Estados Unidos han sido el poder hegemónico en un sistema de orden mundial», el sistema que surgió de las cenizas de la Segunda Guerra, que dejó a los USA en una posición de poder abrumador suficiente como para influir materialmente en los acontecimientos históricos, aunque no para controlarlos totalmente de acuerdo con sus intereses. A pesar de las crisis de los últimos años no ha habido prácticamente ningún cambio institucional o estructural, por loque es razonable suponer que los tines y la política del pasado continuarán, aunque quizá lo hagan de una manera nueva. Al llegar aquí vale la pena que nos detengamos un momento para ver cómo ha sido visto este sistema mundial por las élites de USA. Actualmente, hay dos versiones distintas del papel de los USA en el mundo. En primer lugar, aquello que podemos llamar la «Religión del Estado», un sistema de doctrinas e interpretaciones, que domina al periodismo y a gran parte de lo que se conoce como «la ciencia». De acuerdo con la Religión del Estado, los USA son los únicos, entre las naciones de la historia presente o pasada, que tienen su política basada en principios abstractos morales, tales como los ideales wilsonianos de autogobierno, derechos humanos, bienestar económico y demás, y no por intereses concretos de grupos que actualmente detentan el poder interno, como ocurre en otras sociedades. Además, los USA no son un agente activo en los asuntos mundiales; en realidad, responden a los actos de otros, en defensa de los principios morales de que son depositarios. Desde luego, se reconoce que la crónica histórica no coincide exactamente con las doctrinas de la Religión del Estado, pero estas «desviaciones» se atribuyen a la complejidad de la historia, error, límites del poder americano, inocencia, y otros factores que tienen la virtud de ser ideológica y socialmente neutrales. En los documentos de planificación interior y, a menudo, en la prensa de los negocios, la versión suele ser radicalmente distinta. Como ejemplo de lo primero, considerad el informe documental del importante proyecto «Estudios de la Guerra-Paz» , organizado por el Consejo de Relaciones Extranjeras con la cooperación del Departamento de Estado en 1939-45, que fue dedicado a planear la estructura del sistema global, después de la guerra. Estos grupos de estudio trataban de «las necesidades de los USA en un mundo que se propone conseguir un poder incuestionable». Ellos inventaron el concepto de la Gran Area, una región que incluye el hemisferio occidental, el antiguo Imperio Británico y el Extremo Oriente. La Gran Area fue descrita como una región «estratégicamente necesaria para el control mundial» que debe organizarse para garantizar la salud de la economía USA, ofreciéndole la «libertad de movimientos» necesaria para sobrevivir sin reajustes internos (el último apartado era crucial); se comprendía que el cambio social interno debía eliminar la necesidad de dominación de la Gran Area por los USA, pero no se consideró admisible ningún cambio en la distribución interna del poder, lo que no puede sorprender a nadie, dada la constitución de los grupos de estudio. Se reconocía claramente que estas francas valoraciones de la realidad post-bélica no debían ser conocidas públicamente. Uno de los grupos de trabajo propuso que al final del estado de guerra «deberían forzarse los intereses de otros pueblos, no sólo en Europa, sino también en Asia, Africa o Latinoamérica. Esto tendría mayor efecto propagandístico». Sin duda, se escuchó al grupo, ya que pocos meses más tarde fue proclamada la Carta del Atlántico, suficientemente vaga e idealista como para ser aclamada por periodistas, universitarios, y otros miembros del clero. La Gran Area fue considerada sólo como un núcleo destinado a servir a las necesidades del capital USA. Se desarrollaron planes detallados destinados a instituciones internacionales, y a muchas partes del mundo. Los planes para el Sureste Asiático tiene especial interés, dados los posteriores acontecimientos en la zona. HEREJES IRRESPONSABLES No es necesario decir que estos documentos, tan significativos, forman parte del más estricto tabú para el mundo intelectual de los Estados Unidos, y que han sido discutidos solamente desde una posición lejana al tema principal. Lo mismo ocurre con otros documentos cruciales, por ejemplo con los de planificación a alto nivel de los años 40 y principios de los 50, que aparecen en los Papeles del Pentágono, y que son bastante similares a los proyectos de estudios Guerra-Paz, estando involucrados en ellos los mismos intereses y muchas de las mismas personas. Este material, demasiado delicado para permitir su manipulación, sigue siendo ignorado por los estamentos intelectuales, en su mayor parte. El estudio de la Comisión Trilateral, que acabamos de citar, ha encontrado el mismo destino, como otros muchos documentos importantes que no sirven a las necesidades de la Religión del Estado, aunque (o mejor, porque) presentan un cuadro detallado del pensamiento que guía la planificación política. En una sociedad democrática, los herejes que hacen estudios y analizan los informes documentales y la aplicación de la política desarrollada en ellos, no suelen ser quemados o encarcelados. Mejor, se les niega el acceso al gran público, y su trabajo suele ser excluido de lo que la Comisión Trilateral llama exactamente las instituciones «responsables del adoctrinamiento de la juventud». 0, si no, sus puntos de vista se presentan en forma de caricatura, cuando no son desechados como «infantiles» o «irresponsables». No se hace ningún esfuerzo serio para comprender o responder a su trabajo; como en la época medieval, es suficiente con señalar la herejía, aunque la clerecía secular en las sociedades democráticas no alcanza el nivel intelectual de sus predecesores quienes, al menos intentaron, refutar las peligrosas y heréticas doctrinas de los descreídos. Como vemos, la prensa de los negocios, a menudo, no siente tanto la necesidad de adecuarse a las doctrinas de la Religión del Estado; los hombres de negocios, después de todo, se mantienen en contacto con el mundo objetivo, y no necesitan estar constantemente reafirmando su fe Por eso leemos, por ejemplo, análisis tales como éste, publicado en el periódico liberal Business Week, en abril de 1975, justo en el momento del colapso de la posición USA en Indochina: «la estructura económica internacional, bajo la cual han florecido las compañías americanas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, está en peligro... Movida inicialmente por los dólares del Plan Marshall, los negocios americanos prosperaron y se expandieron en todos los aspectos... No importa cuan negativo sea un desarrollo, siempre estará el paraguas del poder americano para protegerlo. El crecimiento de la corporación multinacional fue la expresión económica de su estructura política... Pero este orden mundial estable para las operaciones mercantiles, está desmoronándose.» Este análisis, que es razonablemente exacto, sería raro incluso si se pudiera encontrar en la prensa normal y sólo muy raramente en la intelectual académica. El fracaso de las armas americanas en Vietnam, fue interpretado como peligroso, en dos aspectos principalmente: primero, como el fracaso del poder americano para contener «desarrollos negativos», esto es, desarrollos entendidos como dañinos para los intereses de los negocios americanos; y segundo, por-que las doctrinas de la Religión del Estado se hacían, progresivamente, más difíciles de mantener ante la fachada de la horrible realidad de la guerra. En particular, la doctrina de la «benevolencia americana», aunque en contra de lo que se cree normalmente, la gran masa de los intelectuales americanos se mantuvieron fieles a la creencia del principio al fin, y están ahora asidua y efectivamente trabajando en la restauración de la deteriorada imagen, como lo están sus colegas en cualquier lugar del «Mundo Libre». De acuerdo con las doctrinas de
planificación de la Gran Area, ninguna forma de nacionalismo
económico puede ser aceptable, desde el momento en que limita
la libertad de inversión y explotación. Por eso, el
sistema Imperial Británico tuvo que ser desmantelado, mientras
el capitalismo nacional era bloqueado en Europa por lo que no era
sino «pseudo-comunismo» en el Tercer Mundo. Joan Robinson
se refería una vez a la cruzada americana contra los países
en que fuera posible el comunismo, como una «cruzada contra
el desarrollo». Sería bastante exacto verlo como una
cruzada contra el desarrollo independiente. Y lo mismo se puede decir
de la «cruzada por los derechos humanos», LA «AYUDA» AMERICANA Pero el fenómeno es, actualmente, mucho más extenso. Un repaso a la Columbia Journalism Review, revela que hasta diciembre de 1978, cuando la política USA empezaba a variar a medida que los tenebrosos proyectos del Shah se iban haciendo evidentes, la prensa USA se mantuvo básicamente en la línea de propaganda estatal, describiendo al Shah como un innovador progresista, y nunca se refería a él como un dictador, y mucho menos aún como torturador o asesino. Lo mismo que no se hablaba de Brasil o Indonesia como violadores de los derechos humanos, sino únicamente de aquellos paises que escapaban a la Gran Area a la que, naturalmente, debían pertenecer. La guerra contra la pobreza y la opresión en el mundo, alcanzó la cúspide con las administraciones liberales democráticas de los años 60, con la considerable ampliación de la doctrina y práctica de la contrainsurgencia, subversión revolucionaria y violencia. Una plaga de estados neo-fascistas se extendió por América Latina, y por todas partes. Brasil, por su tamaño y potencia, era un ejemplo particularmente significativo. Después del golpe militar de 1964, respaldado por USA, Lincoln Gordon, embajador de Kennedy en Brasil y último Secretario de Estado americano para Asuntos Inter-Americanos, describía la «revolución brasileña» como «la simple victoria, más decisiva para libertad en la mitad del siglo XX». Del mismo modo, el golpe en Indonesia un año más tarde, con sus enormes masacres, fue bien recibido en los círculos liberales como una vindicación de la política USA por mantenerse firme en Indochina. La revolución de Cuba, por el contrario, fue interpretada como un poner trabas y amenazas a los derechos humanos y valores civilizados, subversión, terrorismo, embargo, envenenamiento de cosechas y ganados, e incluso ahora mantienen el juicio contra Cuba por sus violaciones de los derechos humanos. La situación en Latinoamérica no es desconocida en los medios del sistema. Por eso, Richar Fagen escribe en Foreing Affairs que «en ningún momento, en la historia reciente del hemisferio, ha sido tan grande la incidencia del orden militar, mayores las violaciones de los derechos políticos y humanos, tan extendido el uso del asesinato, la tortura y la brutalidad, patrocinados oficialmente». Pero de acuerdo con los convencionalismos de la etiqueta de intelectual, no relaciona estos hechos con las iniciativas USA; más bien, concluye, lo que demuestran es que no está dentro del poder estadounidense eliminar la desigualdad y la pobreza, tal y como se ha procurado hacer, desesperadamente, durante muchos años en Brasil, Paraguay, Nicaragua, Guatemala, y otros lugares que pertenecen a su influencia y control. Actualmente es interesante cuestionarse la relación entre las violaciones de los derechos humanos y la ayuda y soporte americanos. Hay, en efecto, una correlación que ha sido planteada en varios estudios, uno de ellos efectuado por Edward Herman y yo mismo. Descubrimos, como hizo Michael Klare en un estudio independiente, que el deterioro del clima de los derechos humanos en algunas partes del «mundo libre» se relacionaba directamente con un aumento de la ayuda y cooperación americanas. Desde luego, hay que ser precavido con las correlaciones estadísticas; la relación que cuestionamos, que sí está demostrada, no debería interpretarse como que los Estados Unidos están buscando grupos dirigentes para el aumento de la tortura, escuadras de la muerte, destrucción de sindicatos, eliminación de instituciones democráticas, descenso del nivel de vida para la mayoría de la población, etc., sino que la correlación entre el abuso de los derechos humanos y el apoyo de USA, deriva de factores más profundos. El deterioro en la situación de los derechos humanos y el aumento de la ayuda y cooperación USA se relacionan, cada uno por separado, con un tercero y crucial factor: llamémosle aumento del clima de inversión. El clima para las operaciones mercantiles crece mientras los sindicatos y organizaciones populares son destruidos, los disidentes torturados o eliminados, los salarios reales rebajados, y la sociedad, como un todo, pasa a manos de una colección de asesinos y de gangsters que están deseosos de venderse al extranjero a cambio de una parte del botín. Y como el ambiente para las operaciones mercantiles aumenta, la sociedad es bien recibida en el «mundo libre» y se le ofrece la clase especifica de «ayuda» que puede favorecer el aumento de estas situaciones. La correlación que acabamos de citar y la obvia explicación, revelan que hay una relación entre la política exterior USA y los derechos humanos, aunque no precisamente la que se airea por el sistema internacional de propaganda. No menos sorprendente que la correlación es el cuidado que la respetuosa intelectualidad pone en ignorar todos estos temas, prefiriendo explicar los infortunados sucesos de Latinoamérica, Indonesia, Filipinas, y cualquier otro lugar, como indicadores de los límites del poder de USA. Y en este contexto, le es posible a un Presidente Americano levantarse y proclamar que los derechos humanos son «el alma de nuestra política exterior» y ser escuchado con respeto. Incluso los críticos, se limitan a notar «contradicciones», «inconsistencias» y «desviaciones», con lo que refuerzan el principio básico del sistema de propaganda, según el cual los USA están encargados de un programa de libertad y derechos humanos (como lo está el Occidente en general), una de las mayores mentiras de la historia moderna, y un terrible indicador del poder de los sistemas de propaganda que se han desarrollado en el «mundo libre». |