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REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS

Núm. 21

Ágora: por una estrategia de clase a partir de las empresas

UN PANORAMA SOMBRÍO

NO es necesario remontarse demasiado lejos, para poder hacer un balance del proceso de transición que ha trasladado a nuestra sociedad de una dictadura unipersonal, a una dictadura pluralista cuyo punto álgido no es ni siquiera la votación de una constitución (resultado del consenso del reformismo político de la derecha con los partidos de izquierda), sino la figura de los pactos sociales, que inaugurada con el de la Moncloa, van perfilándose como la fórmula idónea para mantener una alianza estructural entre el reformismo del capital y el reformismo obrero. Así se inaugura un sistema de partidos, que se muestra como arma del capital, como agente directo de una política de clase del nuevo sector dominante del capitalismo español.

El Parlamento, la Constitución, quedan así, reducidos a articulaciones, normas, del espacio donde se desenvuelve la política ficticia y mistificadora. Son instrumentos para dirigir un plan de ataque al proletariado y se mantienen por la necesidad de recrear periódicamente el mito de la soberanía popular, ante la incapacidad momentánea de integrar de otra manera a la clase trabajadora.

La proyección de este sistema de partidos a través de los pactos sociales, incide directamente sobre la propia organización de la clase trabajadora, penetrando sus organizaciones populares (asociaciones de vecinos, comités antirrepresivos, etc.) y sindicales, extendiendo de esta manera a su ámbito las fórmulas parlamentarias, desarrollando en su seno la división partidista para recomponer fórmulas de compromiso previamente pactadas con el Gobierno-Capital, reprimiendo así toda iniciativa autónoma del pueblo y los trabajadores, situándolas fuera de su legalidad.

En el ámbito laboral se logra de esta forma, romper la centralidad de la fábrica como ámbito de intervención de los trabajadores, para situarlo en esferas más altas, que escapan al control de estos y dejan en manos de los burócratas y politicos la definición de las posiciones de la clase obrera. Esta es la realidad de fondo de los pactos sociales.

DEBILIDAD DE LA RESPUESTA OBRERA

ANTE esta ofensiva combinada, la clase trabajadora ha tardado en reaccionar, y cuando lo ha hecho, ha sido débilmente. Veamos. Una vez que el reformismo obrero de los sindicatos mayoritarios (CCOO, UGT), desarrolla sus mecanismos para «inyectar» el pacto social en el seno de la clase trabajadora, las otras organizaciones obreras, responden con unos planteamientos «seguidistas», ante el temor de sus partidos-guía de verse desplazados de sus posiciones políticas en el «proyecto democrático» que se está «consolidando» en el país. Así, se critican las posiciones de los mayoritarios, no por un desacuerdo fundamental, sino porque no han podido participar en el juego de los pactos sociales.

¿Y la CNT? La CNT mantiene desde el principio una postura clara en contra del pacto social y su critica a la actuación de las centrales sindicales y el Gobierno es una crítica fundamental. Pero esta posición mantenida en el terreno de los principios, no se traduce en la práctica real en alternativas concretas que lleguen a los trabajadores. En ese momento se inicia el camino hacia un sectarismo ideologista que olvida que la clase trabajadora es plural, que no son lo mismo las «ejecutivas» que «la base» en las centrales reformistas, y en vez de luchar contra la disciplina sindical de aquellas, que fomenta la división cada vez más, con una estrategia de acercamiento en situaciones concretas a los compañeros de trabajo, se anatematiza. se toma la parte por el todo y la CNT comienza su marcha hacia la «ghettizacion» en la que nos encontramos. No se hace una autocrítica seria del proceso y de los planteamientos en cada momento, sino que «como tenemos la razón» se sigue hacia adelante, manteniendo posiciones triunfalistas («cuando se den cuenta de que tenemos la razón ya vendrán a nuestras filas»), en vez de luchar por la defensa de nuestras posiciones de una manera flexible y rompiendo con las valoraciones exclusivamente ideologistas que impiden continuamente un análisis realista. De esta manera se llega a ser antes cenetista que trabajador. Esta situación es puesta sobre el tapete por varios militantes que descubren la necesidad de que la CNT se dote de una estrategia, en vez de ir dando respuestas parciales, en la mayor parte de las ocasiones, sin una perspectiva de futuro, y que hace estériles los esfuerzos de los militantes. La aparición de estas posturas críticas ante la primera ocasión importante que la CNT tiene de confrontación con la realidad, inicia un giro en la unidad de la CNT. En vez de recoger estas críticas y valorarlas, el análisis se centra en las causas internas que han impedido la victoria de nuestras tesis y la sectarización se desarrolla dentro de la organización con una caza de brujas, y el descubrimiento de mil complots de los «enemigos que intentan destruirnos», reacciones estas que encubren la necesidad, descubierta por ciertos sectores de la CNT de «homogeneizar» la organización en torno a unos criterios (los suyos), para evitar desviaciones.

Esto supone el desarrollo y la consolidación, en la práctica, de una o unas vanguardias que pretenden dirigir la organización y por tanto, definir su estrategia, en vez de proceder a la tarea de hacer una autocrítica profunda que sirviera para dotar ala organización de posturas realistas, que fortaleciendo sus posiciones revolucionarias le permitiera responder a la situación que hemos descrito y pudiera constituir un foco de atracción para una dase obrera desilusionada y desmoralizada.

Estas actitudes en el seno de la CNT, han cristalizado no en una consolidación de la organización en torno a una estrategia, como algunos esperaban, sino en un desmembramiento, abandono y consiguiente debilitamiento de la misma, que la coloca en una posición dificil ante su futuro y el del propio movimiento obrero para el que apareció en un principio como una verdadera alternativa.

Sería incompleta la visión dada, si no se explicita más la respuesta que el movimiento obrero ha dado a la agresión del sistema de partidos. El movimiento obrero ha intentado luchar, aunque con las limitaciones expuestas antes, por lo que esta lucha se ha visto restringida a una posición de resistencia, sin ir más allá. La crisis como instrumento político del capital unida a una campaña tendente a que se aceptase la austeridad como precio de la democracia, ha situado al proletariado en una posición defensiva. De la lucha por la apropiación del salario y por arrancar parcelas de poder al Capital dentro de las empresas, se ha pasado a la lucha por la defensa del puesto de trabajo. De una lucha ofensiva a otra defensiva.

Pero esta política de Estado y su consenso, tienen un precio evidente: el desgaste de todas las fuerzas políticas que de un modo u otro participan en el sistema de partidos. El Parlamento, los ayuntamientos, etc.. como lugares donde se desarrolla su política se separan progresivamente de la realidad social. Las discusiones que tienen lugar en las Cortes no interesan a nadie, la Constitución se manifiesta como un instrumento inservible. Un desinterés cada vez mayor parece extenderse ante la preocupación de todas las «fuerzas vivas». Las fuerzas políticas de izquierda (PSOE, PCE), junto con los extraparlamentarios forzados (PTE, etc.), pierden su carácter de clase, para convertirse en organizaciones que defienden la misma economía nacional, la misma democracia y atacan al mismo terrorismo. Y el problema para ellos es que no pueden abandonar este sistema de partidos, esta alianza estructural. A lo más, pueden intentar formalizarlo de modo distinto, pero la existencia de las diferentes organizaciones políticas está vinculada a la supervivencia y eficacia de este sistema, y esto porque el Capital necesita hacer participe de su represión a las fuerzas políticas obreras, para consolidarse. Esta es la única razón por la que les permite entrar en el juego, y éstas lo saben y no quieren arriesgarse a jugar un papel diferente.


¿QUÉ HACER?

PARECE que sólo caben dos salidas a esta situación: insistir en que sólo nosotros los anarcosindicalistas tenemos la razón y que los demás son unos reformistas, seguir haciendo ampulosas declaraciones abstractas contra el Capital y el Estado, seguir refugiándonos en nuestra gloriosa historia (que por otro lado parece que no lo es tanto) y lanzando anatemas contra todo y contra todos; o bien, abandonando esta postura que parafrasea la «teoría de las piedras» («cuando vean nuestras banderas ondear al viento, los afiliados saldrán de debajo de las piedras para engrosar nuestras filas», que decía un viejo militante), iniciar una reflexión autocrítica de este período de reconstrucción confederal, abrir los ojos a la situación de nuestra clase frente al capitalismo democrático y desde esta perspectiva tratar de poner en marcha una estrategia que sirva al movimiento obrero para reconquistar el protagonismo perdido, construir unas posiciones que basándose en ese protagonismo de la clase trabajadora al margen de la acción parlamentaria, permitan desvelar el sofisma del reformismo para pasar a una acción ofensiva.

Colocándonos en este terreno, habría unas pautas mínimas de intervención a desarrollar, fundamentalmente la recuperación de los espacios propios de la acción popular y de clase, perdidos en manos de la acción política parlamentaria. Aunque es evidente que estos espacios no se restringen al mundo laboral, sino que alcanzan a otros sectores y frentes anticapitalistas como son el movimiento ciudadano, ecologista, etc., me voy a referir exclusivamente a lo laboral puesto que aquí se trata exclusivamente de este tema.

La recuperación de estos espacios dentro del ámbito sindical, pasa por recuperar la fábrica, la empresa como centro principal de organización de la clase trabajadora, de desarrollo de las iniciativas de lucha, de formación de la conciencia revolucionaria y de solidaridad de clase. En nuestros medios, significa fortalecer las secciones sindicales o comités de empresa-CNT, no como ghettos cerrados a los anarquistas o anarcosindicalistas, sino como estructuras abiertas y de afiliación, capaces de unificar en una sola organización distintos niveles de conciencia junto a la militancia revolucionaria. No se trata de regalar carnets, sino de ofrecer una organización abierta al debate, con un funcionamiento interno cristalino y que sin dogmatismos sepa recoger y valorar las propuestas de sectores radicales de trabajadores, aunque no estén organizados en CNT y colaborar críticamente con ellos, hasta donde la coincidencia de objetivos nos permita como sindicalistas revolucionarios y anarcosindicalistas y ganar de esta manera a todos aquellos trabajadores, que en este proceso descubran las contradicciones de los políticos que diciendo defender la autonomía de la clase trabajadora, más pronto o más tarde tratan de imponer su estrategia.

El análisis de las propias experiencias como de las ajenas debe convertir a la sección en el foco de formación militante más importante, así como el lugar de donde debe partir todo el trabajo organizativo.

Esta potenciación de la sección como órgano básico de la intervención de la CNT, debe implicar el dotarla de un peso mucho mayor en la vida orgánica. Así la estrategia del sindicato debe fraguarse y elaborarse desde ellas, así como los órganos de gestión del sindicato deben descansar sobre los militantes de las mismas. Se enriquece así la trabazón necesaria entre la práctica sindical de base en la empresa y la gestión orgánica, evitándose la burocratización que viene imponiendo la permanencia en estos órganos de aquellos, que sin tener ninguna actividad sindical de empresa, bien porque estén jubilados, sean trabajadores autónomos o estén en puestos directivos en sus empresas, se pasan la vida en los locales y son los «enterados» en todas partes. Tengamos en cuenta que todo lo que nos planteamos separado de estos órganos de base de CNT adolecerá de la falta de contrastación necesaria con la realidad.

CNT debe potenciar desde aquí todo tipo de conflicto por pequeño que sea; decidir y desarrollar desde aquí campañas y acciones en torno a problemas concretos, buscando la unificación con otros para acabar en acciones realmente eficaces. Sin este trabajo que nos sirva para preparar nuestras armas, las de la organización y las de la clase obrera, pensar en acciones generalizadas tipo negociación de convenios de ramo o en la superación de estos, es falso, no sirve. Hay que pensar que si no nos hemos ganado el crédito de nuestros compañeros de empresa por nuestra acción cotidiana, difícilmente van a acompañarnos en actuaciones que superan el marco de la misma, aunque sea por reivindicaciones que realmente les interesen.

El sindicato se convertirá así en la estructura coordinadora, de encuentro y contraste de las experiencias reales de los trabajadores, así como de la solidaridad y apoyo necesarios, para dejar de ser un local, nido de burócratas, donde sólo van los que tienen un chisme nuevo que contarse o algo que criticar.

Esta perspectiva plantea también otro tema de importancia capital para el desarrollo de la organización: la participación. Hay que conseguir que en las decisiones que afecten a las posiciones de la organización participe el mayor número de afiliados; conciencia de organización sólo se desarrolla con la práctica de participación, y para que ésta se dé, hay que facilitarla, creandolos cauces necesarios y ampliando los existentes, que hoy se reducen a la asamblea del sindicato. En esta búsqueda hay que tener en cuenta el criterio de que aquella fórmula que permita una mayor participación debe ser el cauce para la toma de decisiones. En muchas ocasiones el apoyo de una acción depende del grado de participación que se haya tenido en su decisión.

La puesta en práctica de estas premisas significan la apertura de nuestra organización a la clase trabajadora, la salida del ghetto, que no supone ni más ni menos que llenar de contenido nuestros planteamientos anarcosindicalistas. El secreto del éxito de la CNT en el movimiento obrero español, estuvo siempre en haber sabido vivir dentro de la piel de la clase trabajadora, haber sabido recoger sus aspiraciones, problemas y vivencias, haciendo de ellos la razón de su existencia.

CARLOS RAMOS

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